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Revista Saltillo
Publicado el lunes, 14 de mayo del 2012 a las 21:38
Aracely Gallegos | Saltillo.-Su belleza no se compara con la de ciudades como Guadalajara, Querétaro, Zacatecas o la Ciudad de México, pero su valor es único por tratarse de un patrimonio particular de los saltillenses.
Caminar por sus calles y observar con detenimiento sus edificios resultará una experiencia útil para descubrir un origen, pero sobre todo un valor histórico.
La belleza de sus edificios contrasta con el deterioro de las viviendas que se encuentran en su corazón y a las que el paso del tiempo ha vencido y han terminado por abrir la puerta a una modernidad que se ha llevado parte de nuestra identidad.
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Así es el Centro Histórico de Saltillo, un patrimonio que a lo largo del tiempo se ha ido perdiendo, pero del cual todavía están en pie muchos indicios de nuestras raíces españolas y tlaxcaltecas, que hay que preservar.
Las telarañas de cable, la “capirotada” de estilos en edificios y anuncios o el deterioro de banquetas son algunos de sus más sentidos problemas, pero también sus grandes áreas de oportunidad.
Los edificios públicos que están en uso son funcionales y adecuados, pero lo más común es el deterioro de casas de adobe y algunas de ladrillo que datan de fines del siglo 19 y principios del 20, y que están abandonadas.
Algunas están intestadas y en otras los propietarios consideran que tienen una inversión en el terreno, pero prefieren esperar a que se caigan porque es caro restaurarlas.
La mayoría están construidas de adobe y fue hasta principios del siglo 20 cuando se empezó a usar el ladrillo en la ciudad.
Las fachadas de adobe se recubrieron con ladrillo, pero con el tiempo éste se fue separando del adobe y provocó fisuras, fracturas y desprendimientos.
Algunas de estas viviendas son valiosas desde el punto de vista arquitectónico.
Una de ellas está ubicada en la calle Zaragoza 359, antes de llegar a Pérez Treviño, en su estructura tiene remates de cantera tipo neoclásico y pretil labrado, pero tiene años olvidada.
ADIÓS IDENTIDAD
A decir del historiador saltillense Carlos Recio Dávila, el problema del Centro Histórico es muy añejo.
Su destrucción empieza en los años 60, cuando inicia una “fiebre modernizadora”, durante la cual se pensó que los edificios ya no eran funcionales y que había que hacerlos nuevos, pero al poco tiempo tampoco resultaron funcionales.
“Estamos en una carrera sin fin, donde estamos metiendo parches y espontaneidad y no hay una identidad.
“En Saltillo todavía existe un poco de identidad en el Centro Histórico, pero insensiblemente se va perdiendo”.
El Centro Histórico de Saltillo tiene edificios y viviendas históricas que datan de los siglos 19 y 20.
“Lamentablemente se caen o las derriban (las casas) para construir viviendas muy poco afortunadas, desde el punto de vista arquitectónico, a veces ‘maquilladas’ al estilo antiguo, pero que definitivamente rompen con lo que fue su estilo”.
De acuerdo con el historiador, fue en las décadas de los 50 y 60 cuando se desató una “fiebre modernizadora”, que consistió en ampliar calles, derribar fachadas y construir edificios con una idea de modernidad muy de la época de postguerra.
“Y de pronto en Saltillo conviven todos esos estilos modernos con los antiguos”, explica.
“Esto causa una sensación curiosa, se ve muy ‘capirotado’, como si fuera una lluvia de confeti con estilos y colores”.
Luego, en los años 70, en la época del gobernador Óscar Flores Tapia, inicia otra “fiebre”, ahora de estilo colonial y todo lo que tenía pocos años de haberse construido se empezó a disfrazar o a maquillar de antiguo, con material como la cantera, aunque la estructura fuera de metal, como el caso del edificio de Bancomer.
“Adicionalmente a la cuestión del cableado y de los anuncios que son más discretos en el Centro Histórico que en los años 80, yo pienso que falta mucho, mucho todavía para crear una verdadera conciencia histórica y de respeto por los edificios de Saltillo”.
Esta falta de respeto por los edificios de Saltillo y que lleva poco a poco a una pérdida de la identidad, provocó en Recio Dávila la resistencia a que el Edificio Coahuila fuera demolido.
“No estuve de acuerdo con que se derribara el Edificio Coahuila porque si bien no es hermoso, forma parte de la historia de Saltillo en el periodo de la postguerra, era totalmente funcionalista y tenía coherencia con la estética de la época”, indica.
“Fuera del Hospital Universitario ya no tenemos otra obra tan representativa de los años 60 como era el Edificio Coahuila. Se dijo que tenía fallas estructurales, pero yo veo que no, porque están tumbándolo con toda la mano, es decir, se está derribando un edificio que estaba bien construido y que estaba descuidado, pero creo que se podía haber conservado”.
Así como le pasó al Edificio Coahuila, en la década de los 60 pasó con el Banco y Hotel de Coahuila, ubicado donde hoy es Bancomer, en la esquina de Victoria y Allende.
En el siglo 19 el parián era un mercado popular, luego fue un edificio neoclásico, pero en 1900 un grupo de saltillenses adinerados construyeron el banco y el hotel con cantera traída en tren desde San Luis Potosí, lo cual era un lujo.
Ahí se hospedó Francisco I. Madero durante su campaña presidencial.
Era un banco que producía su propio billete. Con el paso de los años, los propietarios pensaron que no era funcional y lo derribaron, pese a que hubo un grupo de saltillenses que se oponía y fue a quejarse con el Gobierno; no se pudo hacer nada pues era una propiedad privada.
AL RESCATE
En los años 80 se crea un organismo que de manera incipiente inicia con la protección del Centro Histórico, pero según Recio Dávila, no ha procurado el cuidado que se debiera.
Para lograr esta preservación, lo primero que hay que hacer es respetar las viviendas y los edificios que son más valiosos y conservar la esencia de lo que podría llamarse “el barrio”.
Uno de esos barrios representativos en Saltillo es el Águila de Oro, ya que por una de sus principales calles, Simón Bolívar, bajaban las diligencias en el siglo 19 para acercar productos a Saltillo.
“Ahí hay una serie de casas sin ninguna gracia arquitectónica, pero ahí estaban las fábricas de sarape, entonces el barrio del Águila de Oro es muy emblemático, pero hay muchas casas que se están cayendo”, dice Carlos Recio.
Para la conservación de este patrimonio hay dos vertientes, por un lado que los gobiernos estatal y municipal apoyen y fomenten la conservación de estas casas y barrios.
“Y por otro lado que la gente tenga conciencia de que en la medida en que conservemos algo que perteneció a nuestros antepasados vamos a dejar una buena herencia arquitectónica y un lugar agradable para vivir a nuestros descendientes”, afirma Recio.
En Saltillo, los edificios y casas se distinguen porque están construidos con tres elementos básicos: el adobe, ladrillo y cantera, esta última se utilizaba muy discretamente en marcos de puertas y ventanas o para edificaciones de mucho lujo, como el Casino de Saltillo, la Catedral o el Palacio de Gobierno, que en el siglo 19 era de cantera blanca.
“Como saltillenses tenemos un compromiso con el futuro, yo considero que lo que hemos heredado de nuestros antepasados se hizo con mucho esfuerzo y a veces modestamente, porque el adobe es un material modesto.
“Debemos despertar esa conciencia por conservarlo porque lo disfrutamos mejor si valoramos esta trayectoria histórica y podremos transmitirlo a las generaciones futuras”.
CASAS INCOSTEABLES
Durante 300 años, desde la fundación de Saltillo hasta fines del siglo 19, las casas y edificios del Centro Histórico estaban hechos de adobe y techos de terrado.
Estos techos se componían de morillos, tabletas y arriba tierra, pero cada vez que llovía se le echaba más tierra, de modo que a veces llegaban a tener hasta medio metro y se volvían pesados y riesgosos si no se les daba mantenimiento, ya que podían derrumbarse.
El adobe es un material ideal para esta zona semidesértica, pues resulta térmico, ya que es caluroso en tiempo de frío y fresco en verano.
Su desventaja es que requiere mantenimiento, y cuando éste no se realiza a tiempo y de forma apropiada, la humedad de las lluvias afectan la vivienda y los cimientos.
Después de este daño, la reparación resulta costosa e incosteable y lo mejor desde el punto de vista arquitectónico es ejecutar una nueva obra.
Por ese motivo, en muchas viviendas del centro la negligencia y descuido de los propietarios los orilla a preferir que la vivienda se caiga y no a mantenerla.
“En Saltillo lamentablemente tenemos la idea de que hay que tener algo aunque no se utilice y hay la idea entre los propietarios de que si la casa se cae es mejor, pues así sólo sacan los escombros y construyen algo más moderno”, afirma el historiador.
“Hay casas en Saltillo que tienen 300 años y son de adobe, pero hay que tener sensibilidad para percibir la belleza en ellas”.
Los edificios donde se encuentra el Museo de La Angostura, el Centro Cultural Vito Alessio Robles, la Secretaría de Cultura y la Escuela de Artes Plásticas son casas del siglo 17 ó 18, construidas de adobe que han sido bien acondicionadas y son hermosas y frescas
UNA JOYA ARQUITECTÓNICA
Para el delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Francisco Aguilar Moreno, el Centro Histórico de Saltillo es una joya que los habitantes debemos valorar.
Entre los edificios más valiosos que tiene Saltillo están la Catedral de Santiago, que se distingue por su torre de más de 70 metros de altura, el estilo churrigueresco de su fachada o el tipo de madera en sus puertas.
También destaca el Palacio de Gobierno, la Secretaría de Cultura, el Casino de Saltillo, la Casa Purcell, la Benemérita Normal de Coahuila, el Centro Vito Alessio Robles o la Escuela de Artes Plásticas.
Por esta belleza arquitectónica, el Centro Histórico está considerado entre los cinco mejores del país, afirma Aguilar Moreno.
“Por eso la preocupación por la conservación de los edificios. En calificación del 1 al 10, estamos entre 8.5 y 9”.
A pesar de que los edificios públicos están bien cuidados y de que se trata de evitar riesgos y mala imagen con las viviendas deterioradas, aún hay problemas con anuncios que hay en esa zona y con el exceso de cables.
Para ello consideró necesario seguir en pláticas con los comerciantes, a fin de que se unifiquen colores y estilos, para que el Centro deje de dar una imagen de “dulce, chile y de manteca”.
“La gran ventaja de Saltillo es que tiene edificios que están muy bien conservados y lo que necesitamos es quitar esa parte ‘feíta’”.
El funcionario mencionó que existe un proyecto para recuperar el Teatro García Carrillo a su estado original, así como la subterranización de cableado, que sería ideal realizar en todo el Centro Histórico, como se ha hecho en las grandes ciudades del mundo.
En el caso de las viviendas, Aguilar Moreno afirma que son los propietarios quienes tienen la obligación de mantenerlas en buen estado.
Las personas que tienen propiedades en el Centro, deben acudir a la dirección del Centro Histórico e Imagen Urbana y con el INAH, para realizar las obras que permitan conservar la arquitectura original de los inmuebles.
Admite que hay edificios o viviendas que han sido demolidos, se han caído o los han modificado y con ello se ha ido perdiendo la identidad de la ciudad.
“Hay algunos lugares donde se pierde la identidad, como el edificio que era la Casa Cabello. Si siguen los derrumbes, vamos a perder nuestra identidad”.
La parte oficial también tiene su participación en estos casos, e incluso una responsabilidad, pues desde el año 2010 dejaron de hacerse las Juntas de Protección.
Éstas tienen la finalidad de sumar esfuerzos entre autoridades de los tres niveles, empresarios, colegios de arquitectos o de ingenieros civiles para conservar el patrimonio arquitectónico.
“Se deben reactivar las juntas de protección que tenían los municipios porque es una forma de coadyuvar entre varias instancias, lo ideal es sumar esfuerzos para conservar”.
Todo ese patrimonio se puede rescatar con la asesoría adecuada para bajar los recursos, la colaboración de los tres niveles de Gobierno y la concientización de la población sobre su respeto y cuidados.
UN RECUENTO
El Centro Histórico de Saltillo actualmente comprende 60 manzanas de 152 que eran en el pasado.
Su perímetro está delimitado al sur por la calle Simón Bolívar, al norte por Presidente Cárdenas, al oriente por Abasolo y al poniente por Emilio Carranza.
Según los registros de la Dirección del Centro Histórico e Imagen Urbana que dirige desde hace tres meses Israel Cuéllar, hay 57 viviendas detectadas con daño estructural.
Entre cinco y siete fueron derrumbadas por el Municipio o en colaboración con el propietario, pero en el resto la demolición ha ido por cuenta del dueño.
Luego de tumbarlas, el dueño decide qué construir en su terreno, pero tiene que respetar la infraestructura y arquitectura del Centro Histórico.
Por ejemplo, ya no se permite hacer edificios modernos o de más de dos plantas y hay toda una reglamentación histórica. Generalmente los dueños piden permiso para hacer estacionamientos.
La mayoría de las casas son muy viejas, están descuidadas, en abandono, intestadas y no reciben mantenimiento.
“Se ha pedido a los propietarios que las demuelan cuando son un riesgo, muchas de ellas ya sólo son la fachada”, indica el funcionario quien agrega que gran parte de los dueños ceden al derrumbe porque no quieren hacer daño a las personas.
“Todas tienen dueño, son propiedades privadas, se les pide a los dueños el arreglo o el derrumbe cuando no implica un daño histórico o patrimonial o que no tienen valor estético”.
Todas fueron desalojadas desde el año pasado por Protección Civil y están vigilando que no se vuelvan a habitar.
Esta tarea se hace a través de inspectores que recorren diario el Centro para detectar problemas en la estructura de las viviendas.
Cuando ven algo raro piden permiso para ingresar al inmueble, se hace un dictamen o se pide el apoyo de Protección Civil para el proceso de desalojo.
La parte más dañada de las casas son los techos porque son de tierra y madera, ésta se va carcomiendo, se cae la tierra y si no tiene mantenimiento se deteriora y derrumba, sobre todo cuando llueve, por el peso del agua, que con la tierra se vuelve lodo.
El funcionario hizo un llamado a todos aquellos que tienen una propiedad en el Centro para que acudan a la Dirección del Centro Histórico e Imagen Urbana, si tienen alguna duda sobre las condiciones de su propiedad.
“Cuando la gente tiene duda de que su casa no tiene la estabilidad necesaria puede acudir a la dirección del Centro Histórico para que un técnico haga una valoración”, indica.
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