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Saltillo de suerte: Azar o destino

  Por Ruta Libre

Publicado el lunes, 3 de agosto del 2015 a las 19:16


La capital de Coahuila ha destacado por el número de ganadores de lotería. En el 2014, el premio mayor cayó en siete ocasiones.

La capital de Coahuila ha destacado por el número de ganadores de lotería. En el 2014, el premio mayor cayó en siete ocasiones, sumando más de 20 millones de pesos

Por Rodrigo Flores | Saltillo, Coah.- Daniela salió de su casa directo a la tienda de “la suerte” como todos los días. En esta ocasión tenía un presentimiento, una señal en su interior le decía que algo grande estaba por venir. En su casa tomó una servilleta y anotó cinco números que le vinieron a la mente y salió corriendo, eran las últimas horas para participar en uno de los sorteos Chispazo del mes de mayo.

“Buenos días”, saludó a la expendedora de boletos de lotería, una mujer de pelo largo, delgada de piel morena, quien con su voz alienta a los compradores mientras les hace plática y les pregunta cómo va su día.

La mujer entregó la servilleta donde anotó los números y la despachadora los ingresó a la máquina. Por 10 pesos Daniela participaba por una bolsa de 100 mil pesos. “Mucha suerte”, le dijo la empleada y ella se retiró.

El día esperado llegó. Transcurrieron 24 horas y el ama de casa volvió al mismo lugar para revisar si sus números habían resultado ganadores. Los nervios se apoderaron de ella después de ver la cara de la despachadora de boletos de lotería, su rostro fue de sorpresa no porque arrojara un resultado, al contrario, la máquina escribía “favor de cobrar en pronósticos”.

Daniela desconocía el significado de eso, nunca había ganado nada, después de tantos años de ir todas las mañanas e invertir 10 pesos en una combinación de números, por fin le había “pegado al gordo”.

Si el afortunado resultó premiado con más de 9 mil pesos, por seguridad, las máquinas de los puestos de pronósticos y venta de billetes de lotería no dicen la cantidad ganadora, remite directamente al ganador a la lotería nacional, donde se expide un cheque y en el banco se hace la transacción.

Sin embargo, la ganadora quería saber cuál era su premio, la cantidad exacta, cuántos ceros tenía su premio, por lo que manualmente y con ayuda de la mujer de la lotería, comenzaron a ingresar los números vía internet.

Uno por uno: 2,2,3,5,2, el número participante estaba completo, su premio tenía un número non y cinco ceros: había ganado 100 mil pesos mexicanos. Incrédula, aún no sabía qué hacer, hasta que se le dijo que pasara a reclamar su premio a la Lotería Nacional. Boleto en mano, salió del local a cobrar su premio. A la fecha, sigue comprando su boleto de 10 pesos.

LA RANA DE LA SUERTE

En los últimos años, la capital del estado ha sido destacada a nivel nacional por el número de ganadores de lotería. Tan sólo en el 2014 el premio mayor cayó en siete ocasiones, una bolsa superior a los 20 millones entre los ganadores, algo histórico para Saltillo.

Por semana se realizan cuatro sorteos: martes, miércoles, jueves y domingo, cuatro oportunidades de ganar en los diferentes concursos, llámese Lotería Nacional, Melate, Chispazo o Zodiaco, la gente acude a comprar sus boletos y probar suerte.

De acuerdo a datos extraoficiales, un local comercial de venta de billetes de lotería, puede llegar a alcanzar ventas semanales superiores a los 150 mil pesos, y si el premio mayor se vende en algún establecimiento, la Lotería Nacional le otorga el 10% de la bolsa ganadora.

Patricia Munguía lleva dos años como encargada de un punto de venta. Por más de 20 años ha trabajado en una plaza comercial del norte de la ciudad, y hasta hace un par de años comenzó a darle suerte a la gente vendiendo boletos.

Es un espacio de tres por dos metros, sobre la ventana están colgados los billetes de lotería, con los números a la vista del comprador. En un costado aparecen diferentes “raspaditos”, esos que cuestan 5 pesos y que si aparece la misma figura que la del premio, ganas la cantidad señalada.

Tiene una pequeña barra para que se apoyen quienes compran ciertos sorteos y puedan marcar los números elegidos, ahí, a un costado de la ventanilla donde se entregan y reciben los boletos, está “la rana de la suerte”, una figura de unos 30 centímetros de alto que tiene una hoya llena de monedas.

Quienes acuden a probar fortuna pasan su boleto por la vasija o tocan la rana para que les dé buena vibra. A unos les ha funcionado, a otros no.

“La rana es para la suerte, la gente tiene la creencia de que si la tocas te da buena suerte; yo no compro, no tengo tanta, más bien yo doy, es lo que me dice la gente; pocas veces he comprado un boleto, dicen que afortunado en el amor, desafortunado en el juego”, comentó Patricia.

Desde los llamados raspaditos, hasta los tradicionales sorteos, todos los días recibe gente de diferentes clases sociales. Hombres, mujeres, jóvenes, adultos, no importa las condiciones sociales, la fortuna es para todos.

“Aquí tengo dos años y también hemos vendido el premio de lotería instantánea de 200 mil pesos, Melate, premios grandes, ese lo checan en internet o vienen nada más a validar el boleto y van directamente al banco a cobrar, pero sí hemos entregado buenos premios”, dice la mujer encargada de la Herradura de la Suerte.

Explica que el Melate es uno de los favoritos de la gente, por 15 pesos, si eres el afortunado podrías recibir más de 400 millones, que sería algo histórico, casi imposible. Las combinaciones son del 1 al 56, se eligen seis números sin importar el orden, quien participa tiene que atinarle por lo menos a tres para conseguir un premio, si salen los seis números se lleva la bolsa acumulada.

La constancia es clave en los ganadores, no es tanto de suerte, sino de quienes no quitan el dedo del renglón; tienen que estar buscando el número ganador, son pocos los que gracias a un golpe de suerte ganan a la primera.

“Son personas constantes, no es de que un día sí y otro no, son personas que les gusta jugar; aquí la mayoría son personas grandes, 40, 50 años en adelante, no son personas jovencitas, las personas jóvenes te compran el Progol, Ganagol, mi Progol, que son cosas que se entretienen, de pronósticos”.

“En la otra sucursal que tenemos en el Mercado Juárez, ahí van personas más grandes pero allá vendemos más estos boletitos, la gente les tienen más fe, el raspadito, y ahí hemos dado los 200 mil pesos en un raspadito de 5 pesos, sí ha salido, allá damos más premios, mil pesos, 500 pesos, en los raspaditos por lo mismo que se vende más”, precisa.

Dice que son personas ya conocidas, pues el ir y venir todos los días crea un vínculo entre el vendedor y el comprador, una amistad que los une o los desune. En su experiencia ha habido de todo: a algunos ganadores jamás los volvió a ver, mientras que otros le han mostrado su gratitud.

“Algunos sí regresan después de ganar, me han dado propinas; hay clientes agradecidos y clientes que no, nos dan ahí para los refrescos, lo más que nos han dado es como 800 o mil pesos, pero porque ganan su buen premio, como ya lo puedes checar por internet, no tienes que venir directamente aquí, pues ya no regresan”, comentó Patricia.

DATOS:

-En el 2014 el premio mayor cayó en siete ocasiones en la capital del estado.

-El local que vende del boleto ganador se lleva un 10% del premio mayor entregado.

-A la semana son cuatro sorteos diferentes.

-Los llamados “raspaditos” son de los boletos más vendidos.

-Hay personas que gastan más de mil pesos en boletos.

-Un expendedor de boletos de lotería puede llegar a ingresar más de 200 mil pesos en una semana de venta.

MILLONARIO

En Saltillo existe una serie de leyendas urbanas sobre aparecidos, personajes, y también los ganadores de lotería. Así se recuerda al “Gordo Gómez”, un hombre que tenía una tapicería al norte de la ciudad y del que hasta la fecha se desconoce su paradero.

Según cuentan algunos de sus vecinos, hace cerca de seis años desapareció sin dejar rastro luego de haber ganado el premio mayor, motivo por el que huyó a los Estados Unidos.

En esa época, en el 2007, la delincuencia en Saltillo comenzaba a repuntar. Decidió huir con el premio cobrado, ante el temor de ser despojado de todo el dinero que había ganado en la Lotería Nacional.

La versión que sostienen los vecinos de la colonia Los Ángeles, en donde tenía un negocio de tapicería, es que el “Gordo Gómez” llegó al local y liquidó a sus trabajadores, a cada uno le dio lo que le correspondía por antigüedad. Les dejó la tapicería, les dijo que les heredaba su patrimonio.

Hoy en día, la tapicería continúa en operaciones. Sin embargo sus trabajadores desmienten esa leyenda urbana que los ha perseguido desde entonces. Dicen que nunca supieron nada de él, sólo se fue casi sin despedirse y ellos continuaron con su trabajo.

“Era el anterior dueño pero él ya no está aquí, le perdimos la huella, yo creo que por lo mismo, que se sacó la lotería y se fue, dicen que nos dejó todo, hay muchas versiones, se dice que nos dejó el negocio, el dinero, pero no es cierto, de lo que nos tenía que dar por el tiempo que estuvimos nosotros no nos dio nada de dinero”, comentó Francisco González.

El joven trabajó desde que inició el negocio. Su padre Jorge Alberto González ha sido tapicero desde hace 30 años, y hace nueve años decidieron trabajar con “Gómez” en un negocio que llevaba el apellido de su fundador ubicado en la colonia Los Ángeles.

Según explica, todo fue rápido, el patrón solamente llegó y en tono nervioso les dijo “me voy, ahí les dejo todo”. Por “todo” habla de un par de grapadoras, un compresor y dos máquinas de coser, con lo que no alcanzaba a liquidar por el tiempo trabajado.

El local era rentado, por lo que el propietario del negocio había decidido cerrar, que le hicieran como pudieran pero él ya se iba, ¿a dónde?, no dijo, solamente desapareció de la ciudad.

“Al dueño ya no lo volvimos a ver, nosotros de la noche a la mañana el dueño nos dijo ‘ya voy a cerrar aquí, no les voy a dar dinero, les voy a repartir lo que es la maquinaria’, y quería cerrar, yo creo que por lo mismo, que no quería que quedara huella de él, que no lo encontraran”, comentó el trabajador.

Otro de los rumores que rondan esta historia, es que el “Gordo Gómez” era un apostador compulsivo y que al parecer tenía unas cuentas pendientes, por lo que decidió huir antes de que sus rivales de juego cobraran sus deudas.

Pero para los empleados la historia fue diferente: luego de la desaparición decidieron quedarse y rentaron el local. Los tres trabajadores, Francisco González, Pedro Sierra y Jorge Alberto González empezaron de cero y cambiaron el nombre a Tapicería Los Ángeles.

“No sabemos cuánto se sacó, no quería hablar mucho, a nosotros nos dijo que había vendido unos terrenos que tenía en un rancho, entonces por eso dijimos puede que sea por eso; andaba muy mal de dinero y por eso los vendió. No se nos hizo raro que se iba a dedicar a otra cosa, y nosotros no supimos nada, nos dimos cuenta como al mes que se había sacado la lotería, si ha sabido uno le hubiéramos dicho algo, que nos liquidara, dicen que se sacó buena lana”, cuenta Francisco.

Aun así no guardan rencores y desean que haya disfrutado de su dinero, ya que hasta el momento no se sabe nada de él y lo que fue de su dinero, por lo que siguen trabajando como hace cinco años.

“Ni sus luces, perdimos la huella, pero así les va, el billete que se había sacado, tanta lana y no decir, por lo mismo ha de haber pensado ‘me van a chingar’, en ese tiempo ya estaba muy difícil, por eso también se fue de aquí, y no creas, uno también estaba con miedo porque decía van a pensar que nos dejó feria, pero no, aquí estamos al día, lo que saque uno”, finalizó.

DATOS

-El hombre apodado “Gordo Gómez” se fue del país tras haber ganado la lotería.

-Se dice que era un apostador compulsivo al que le gustaba apostar grandes cantidades de dinero.

-Al ganarse la lotería sólo les dejó dos máquinas de coser, un par de grapadoras y un compresor.

RECUERDOS

En Saltillo el comprar un boleto de lotería se ha vuelto una tradición para algunos. Hay quienes desde hace 30, 50 o más años la han convertido en herencia familiar. Como Rodolfo, quien atiende un modesto puesto de fruta en el Centro de la ciudad.

Recuerda que su padre se ganó un millón de pesos hace más de 30 años. El era pequeño y recuerda que su papá los despertó temprano para ir a la Lotería Nacional a cobrar el premio mayor en aquel entonces.

“Recuerdo muy poco, nada más me acuerdo que mi papá nos llevó a todos allá a recibir el premio, tenemos fotos donde recibió el cheque, en aquel entonces era un dineral, era mucho dinero”, comentó y mencionó prefieren no hablar mucho del tema por la inseguridad que se vive en el estado.

Era tanto el dinero que hasta el propietario de un edificio emblemático de la ciudad le vendía esa propiedad en 300 mil pesos, hoy la modernidad ha cambiado el inmueble al grado de su desaparición, convirtiéndolo en una zapatería.

“Nosotros trabajamos, somos gente de trabajo; ya tenemos más de 30 años aquí, el negocio era de mi papá, fue el fundador de esto, me acuerdo que con ese dinero lo que hizo fue comprar toda una cuadra ahí en la colonia y repartió los terrenos en la familia”, complementó.

Otro de los antiguos ganadores es Antonio Moreno y su esposa Ramona Ponce. Dos saltillenses del norte de la ciudad que desde jóvenes compraban sus boletos de la lotería, lo cual los llevó a pegarle en dos ocasiones a una fuerte cantidad de dinero.

A finales de los 70 la capital del estado se encontraba dividida en dos, por la gente que vivía en la urbe, y los que comenzaron a poblar los alrededores de la ciudad. Éstos últimos se dedicaba al campo y tenían grandes predios donde sembraban maíz, frijol, y criaban animales de granja.

Así era la vida de don Antonio, quien falleció hace algunos años, un hombre dedicado al campo y gustoso de sus animales, siempre al tanto de sus 14 hijos, a quienes les dio estudio y los convirtió en gente de bien.

Rosario, su hija, recuerda que fue en 1967 cuando se ganó por primera vez el premio mayor. La situación económica de su padre no era la mejor, estaban pasando por una temporada de “vacas flacas”.

“Mi padre tenía animales, propiedades, pero dinero no; él trabajaba como albañil pero siempre le gustó el campo, él era un hombre de animales; en aquel entonces Saltillo no estaba así, eran muchas parcelas aquí donde vivimos, regaban con agua del arroyo y la gente tenía caballos, vacas, chivas, animales de granja”, recordó la mujer.

Conforme la familia fue creciendo, con ello las necesidades económicas, el vestido, la escuela, todo se fue incrementando, por lo que don Antonio comenzó a deshacerse de algunos animales para sostener a su familia.

Su hija recuerda que lo primero que hacía por las mañanas era ir por su boleto de lotería al Centro de la ciudad. Ahí había un vendedor de zapatos con el que hacía vaquitas y le compraba boletos, sin embargo, aquel afortunado día se había olvidado de visitar a su amigo.

“Mamá se fue en la mañana a ayudarle a hacer tamales a una amiga, y le dijo papá, ‘lo primero que vas a hacer es comprar la vaquita’, y le dijo mamá, ‘pero te voy a comprar un número o en dos números’, le dijo ‘tú sabes’, entonces llegó y el señor tenía dos números, mamá no sabía cuál comprar, le dijo el señor ‘póngale 5 pesos a uno y 5 pesos al otro’, y por eso nada más se sacó 50 mil pesos, pero era mucho dinero”, mencionó Rosario.

Siempre compraba el mismo número. El 22088 tras años de buscarlo por fin salió, don Antonio se sacó 50 mil pesos, con el cual pudo recuperar el ganado y los predios perdidos, además de pagarles el estudio a sus 14 hijos. Volvió a sonreír.

Fue un hombre inteligente a quien no le gustaba desperdiciar el dinero según recuerda su hija, ya que todo lo que se ganó lo invirtió, principalmente en tierras, donde podía guardar a sus animales, los cuales terminó vendiendo ya que la mancha urbana comenzó a extenderse y prohibieron domesticar animales de granja en las colonias.

Con todo y sus gastos, al hombre le alcanzó para amueblar la casa, compró muebles para la cocina, para sus recámaras, y algunos obsequios para la familia.

“Mi papá sí tenía la costumbre, siempre lo hizo, si tenía dinero, hasta mil pesos se gastaba, de un solo boleto, pero esa vez nada más compró uno, la segunda vez también, pero teniendo dinero, luego luego, y llévenme, y llévenme, y dos veces le pegó”, agregó su hija.

Siguiendo la tradición, por segunda vez consecutiva el hombre volvió a ganarse la lotería. Esta vez un millón de pesos hace 10 años. Como siempre, comenzó a decirles a sus hijos que lo llevaran a comprar su boleto hasta que lo consiguió, esta vez no tenían el número que siempre había comprado.

Uno de sus hijos, quien lo había llevado, recibió el sabio consejo de su padre. Esta vez don Antonio cedió el número que había agarrado y que posteriormente lo haría ganador, sin embargo su hijo lo rechazó.

“Esa vez lo llevó mi hermano, fueron a donde venden la lotería, y le dijo a mi hermano ‘cómpratelo tú’, y mi hermano dijo ‘no, yo voy a comprar otro número’, mi papá compró un número y mi hermano otro y resultó ganador, un millón de pesos esta última vez”, comentó la señora Rosario.

En esa ocasión el premio fue repartido entre sus hijos, don Antonio falleció pero se fue con la satisfacción de haber criado a su familia y haberla sacado adelante. A la fecha no queda más que el recuerdo y sus propiedades, lo cual consiguió gracias a su perseverancia y continuidad en la lotería, algo que no heredaron sus hijos.

“No hemos seguido la tradición, nada más un sobrino a veces sí es el que tiene la costumbre de comprar boletos, se saca reintegros, o premios chicos, pero nosotros no, ya no, no tenemos la costumbre de seguir comprando”, finalizó.

Datos:

-En 1967 fue la primera vez que don Antonio se sacó la lotería, la segunda fue en el 2010.

-Cada fin de semana compraba un boleto de lotería.

-Es de los tradicionales compradores que hay en la ciudad, ya que siempre compraba boletos.

-Según vendedores, más del 70% de los compradores de boletos de lotería son adultos mayores, el resto adultos jóvenes que le apuestan a los pronósticos deportivos.

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