Saltillo
Publicado el domingo, 8 de junio del 2025 a las 04:00
Saltillo.- Las calles de Saltillo se tiñeron de arcoíris la tarde de este sábado, cuando miles de personas se reunieron para participar en la Marcha del Orgullo LGBTIQ+. Desde las 5 de la tarde comenzaron a llegar familias, parejas, activistas, artistas, estudiantes y simpatizantes a la explanada del Tecnológico de Saltillo. No era solo una manifestación: era una celebración de la vida, de la diversidad y del derecho a existir sin miedo.

Con pancartas en alto y glitter en los rostros, el ambiente era una mezcla de alegría desbordante y exigencia firme. A las 6 en punto, el contingente inició su recorrido sobre el Boulevard Venustiano Carranza, una de las arterias más transitadas de la ciudad. El tráfico se detuvo, pero el corazón de Saltillo latía fuerte: tambores, música pop, cánticos y risas resonaban entre edificios y banquetas. Las banderas arcoíris ondeaban al viento, mientras otras, como la trans, la lésbica y la no binaria, también formaban parte del mar de telas que cruzó la ciudad.

Antes de comenzar la marcha, las y los organizadores leyeron un pliego petitorio de diez puntos esenciales. En él, se exigió mayor visibilidad para las personas LGBTIQ+, la implementación de políticas públicas inclusivas, y castigo a quienes cometen actos de discriminación, violencia o crímenes de odio. La lectura fue aplaudida con fuerza, como una muestra de que la comunidad está unida no solo por la celebración, sino también por la lucha.

Lo más conmovedor fue la diversidad del público. Había niñas con tutús de colores, niños con banderas amarradas como capas de superhéroe, adultos mayores tomados de la mano, y familias enteras que acudieron para mostrar su respaldo. La consigna era clara: el amor se defiende en la calle, y los derechos no se negocian. Fue una marcha intergeneracional, donde cada paso resonaba con historia, memoria y esperanza.
La ruta avanzó con fuerza hasta llegar a la calle de Allende, donde la columna humana se fue estrechando al acercarse al Centro Histórico. Finalmente, la Plaza de Armas recibió al contingente con aplausos, música y cuadros artísticos que encendieron aún más los ánimos. Drags locales y foráneos ofrecieron números llenos de energía, baile y talento, transformando la plaza en una pasarela de libertad.

El mensaje era contundente: no basta con tolerar, hay que respetar, incluir y garantizar derechos. Las performances no solo fueron entretenimiento; fueron también actos de expresión política, de resistencia estética, de amor propio. Entre canciones, discursos breves y abrazos compartidos, se sentía un aire de comunidad sólida, de que cada persona allí reunida no estaba sola.
A pesar del calor y del esfuerzo físico, el ánimo no decayó. Cada asistente parecía tener una razón poderosa para estar ahí: recordar a quienes ya no están, luchar por quienes aún no pueden salir del clóset, acompañar a sus hijes, exigir espacios seguros o simplemente celebrar la alegría de existir sin pedir permiso.
Así, Saltillo vivió una jornada colorida, pero sobre todo consciente. Porque más allá del brillo, del confeti y de los disfraces, la marcha de este año dejó en claro que la lucha por los derechos LGBTIQ+ está más viva que nunca. Y en cada paso, en cada bandera, en cada mirada cómplice, quedó sembrada una certeza: la diversidad no se esconde, se marcha con orgullo.

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