Sociedad
Por
Mónica Ceballos
Publicado el viernes, 28 de agosto del 2009 a las 14:00
Saltillo, Coah.- En la vida ocurren acontecimientos que no teníamos planeados cuando nos casamos. En años recientes las parejas jóvenes optan por divorciarse cuando no existe una buena relación, pero ¿qué ocurre cuando ocurre un accidente o se presenta una enfermedad crónica e incurable? ¿Se abandona a la pareja?
En realidad se trata de una situación bastante problemática y muy difícil de sobrellevar, sin embargo, si el amor prevalece, la relación se puede salvar e incluso fortalecer.
Tener una enfermedad como diabetes, artritis o esclerosis múltiple puede generar un conflicto tal que el enfermo siente que su pareja ya no se comporta de la misma manera y la otra parte no sabe cómo debe manejar los cambios y las manifestaciones del padecimiento, así como la forma de mantenerlo saludable, lo que puede generar demasiada presión que alguna vez “explotará”.
Muchos estudios señalan que los matrimonios donde una de las partes tiene una enfermedad crónica es más fácil de disuadirse si la pareja es joven. Y los esposos que están al cuidado de un enfermo son seis veces más propensos a sufrir de depresión que los que no se hacen cargo de un paciente. Incluso en los matrimonios bien avenidos, la situación es muy difícil, porque los involucrados se sienten atrapados, fuera de control y sin ayuda.
Pero si la pareja está decidida a seguir unida con todo y la enfermedad, existen formas en que las parejas pueden lidiar con esta problemática. Inténtelo.
» Comunicación Encontrar formas de hablar claramente es el primer paso para resolver los problemas y de esta manera se incrementa el sentimiento de cercanía que hace que se conforme un buen equipo.
La correcta comunicación es la clave, si la pareja es sólida y puede hablar sobre la enfermedad abiertamente, parte del problema se ha resuelto ya. Si nunca hablan sobre ella y las situaciones que la rodean, entonces el problema se hace más grande. Hay que encontrar el punto medio.
» Emociones estresantes Lo mejor es identificar la raíz de la preocupación que causa ansiedad y encontrar estrategias y recursos para manejarla. Por ejemplo: A) Aprender más acerca de la condición y explorar todos los recursos para sentir más control. B) Considerar siempre terapias de ayuda: puede tomarlas de forma individual o en pareja, ya sea con un terapeuta, un ministro, un rabino o alguien preparado para dar auxilio en un caso como el que vive. C) Vigilar la depresión. La tristeza es una respuesta normal a los estados de una enfermedad crónica, pero la depresión clínica no lo es. D) Estar consciente de que la relación puede sufrir pérdidas, no volverá a ser igual durante la enfermedad. Lo más importante en este punto es que ambos pongan algo de su parte para salvarla y apoyarse mutuamente, conscientes de la situación que viven ahora.
Es común encontrarse con que el compañero enfermo puede enviar mensajes mezclados sobre lo que quisiera y lo que realmente necesita, e incluso que en algún momento aflore su resentimiento por el hecho de estar en esas condiciones. Los expertos recomiendan que los que están enfermos sean claros y directos en lo que quieren expresar o piden, y que consideren que su pareja no puede leer su mente.
Las enfermedades crónicas a menudo hacen perder el balance de la convivencia. Entre más responsabilidades tiene que tomar una de las partes, más inestabilidad habrá. El cuidador podría llegar a sentirse abrumado y resentido, y el cuidado puede sentirse más como un paciente inservible que como un compañero de vida, lo que incrementa la pérdida de seguridad en sí mismo.
Los compañeros necesitan hablar acerca de cómo compartir tareas y responsabilidades cuando sea posible.
» Vigile la salud del enfermo. Aliviar el estrés con la práctica de su actividad favorita, quizás fuera de casa, hace que el problema pueda sobrellevarse. Sobrecargarse en el cuidado de un enfermo puede representar un riesgo y los signos de alerta incluyen: alejarse de los amigos y el resto de la familia, pérdida del interés en actividades que antes disfrutaba, sentirse aburrido, irritable, sin esperanza y sin ayuda, cambios en su apetito, su peso y los patrones de sueño, enfermarse más seguido, necesidad de lastimarse a sí mismo o a la persona de quien se está haciendo cargo, sentirse exhausto física y emocionalmente.
Si alguno de ellos se desarrolla durante el cuidado de un enfermo es tiempo de buscar ayuda para ambas partes.
» Fortalecer las conexiones sociales » Financiamiento insuficiente » Recompénsense uno a otro
Las relaciones pueden sufrir deterioro cuando las personas se alejan, evaden las discusiones de problemas que parecen tener una solución obvia o trivial y eso hace que marquen distancia y nulifiquen cualquier tipo de intimidad.
Sentimientos de tristeza y ansiedad son respuestas normales a una enfermedad crónica. Muchas de éstas, como la esclerosis múltiple, son impredecibles, así que nunca se sabe cómo reaccionar a ellas.
Quien está al cuidado de un enfermo debe estar al pendiente de su propia salud, a fin de no caer en omisiones que puedan provocar una situación peor.
Las enfermedades crónicas pueden ser grandes aislantes. Tener amistades sólidas es una barrera contra la depresión. La convivencia fuera de casa con amigos puede tornarse muy complicada si, por ejemplo, requiere de una silla de ruedas para trasladarse o si sufre de cansancio excesivo y no puede acudir a todos los eventos que quisiera. También el cuidador se siente “atado” al no poder asistir a sus compromisos sociales porque existen limitaciones.
El dinero puede ser una preocupación más para la pareja que enfrenta una enfermedad crónica. Se puede perder el patrimonio en aras de buscar tratamientos que alivien al enfermo. Deben entonces replantear sus gastos y aprovechar las visitas médicas.
Algunos enfermos aseguran que la difícil situación que vivieron hizo que su relación se fortaleciera, se convirtieron en un equipo para sacar adelante a una familia. (Con información
de WebMD)
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