Espectáculos

Publicado el viernes, 10 de abril del 2026 a las 04:05
Ciudad de México.- Un hombre desaliñado, empapado por la lluvia y visiblemente alterado (Sam Rockwell), irrumpe en un restaurante Norms de Los Ángeles a las 22:10 horas con una idea imposible: viene del futuro para salvar al mundo y necesita voluntarios. Cree que un grupo específico de clientes puede ayudarlo a lograrlo, pero como no sabe cuál es la combinación correcta, lo intenta una y otra vez. Este es su intento número 117.
Así arranca Buena Suerte, Diviértete, No Mueras, una comedia negra de ciencia ficción que mezcla el absurdo con temas urgentes como la inteligencia artificial, la salud mental, el libre albedrío y la violencia en Estados Unidos.
En entrevista virtual, el director Gore Verbinski –quien habló a distancia– reconoce que el proyecto nació de una sensación de urgencia. “Sentí que tenía que hacer esta película, que había una urgencia. Sólo mira a tu alrededor, creo que el mundo está gritando. Hay tanta incertidumbre que es palpable”, afirma.
El cineasta, responsable de títulos como El Aro, Rango y las primeras entregas de Piratas del Caribe, llevaba casi una década alejado de la dirección tras los tropiezos comerciales de El Llanero Solitario y La Cura Siniestra. Ahora regresa con una historia que, según él, debía hacerse sin demora.
“
Leí el guion de Matthew Robinson y sentí que era una película que había que hacer rápidamente. Todos sentían que algo andaba mal, y alguien tenía que hacer algo. No iban a ser las instituciones, sino estos clientes de Norms, los inadaptados”, explica.
Para este regreso, Verbinski reunió un elenco encabezado por Michael Peña, Juno Temple, Zazie Beetz y Haley Lu Richardson, quienes interpretan a Mark, Susan, Janet e Ingrid, los reclutados para intentar salvar al planeta.
Cada uno representa una grieta social distinta dentro de la trama: profesores sometidos por alumnos adictos a redes sociales, una mujer que vive con alergia al WiFi y deseos suicidas, y una madre marcada por la pérdida de su hijo en un tiroteo escolar.
Farsa que incomoda
Michael Peña destaca que el filme usa el humor para abordar temas incómodos. “Cuanto más conscientes somos de la tecnología, menos conexión tenemos y más solos nos sentimos”, reflexiona.
Añade además una experiencia personal reciente: “Fui al Vaticano con mi hijo y vi a jóvenes intentando ver el arte mientras miraban el celular. Se perdían todo. Eso te hace sentir solo incluso en medio de la gente”.
Para el actor, el filme logra algo poco común: hacer reír mientras expone heridas sociales profundas. “El humor es el crítico más duro. Y el tema de los tiroteos escolares fue una razón para hacer la película. Nadie más lo aborda. Captar el trauma y lo normalizado que está fue el mayor desafío”, concluye.
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