Arte

Publicado el sábado, 15 de noviembre del 2025 a las 04:02
Ciudad de México.- Que intereses políticos y comerciales se impongan sobre la protección del patrimonio no es algo que suceda sólo en México, y el caso de los Paisajes del Olivar Andaluz, en España, es ejemplo de ello.
A través de un extenso trabajo multidisciplinario de varios años, tal iniciativa buscó el nombramiento patrimonial de la UNESCO en la tipología de Paisaje Cultural para 14 componentes territoriales dentro de ese “mar de olivos” con una extensión de más de 1.5 millones de hectáreas, desde la Sierra de Segura hasta las campiñas de la baja
Andalucía.
Sin embargo, el elaborado proyecto de pronto enfrentó manifestaciones en contra por parte de quienes acusaban que lo que en realidad sucedería es que se les prohibiría cultivar el olivar, según narró la noche del miércoles Marcelino Sánchez Ruiz, coordinador de la candidatura, durante una conferencia magistral en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), campus Azcapotzalco.
“Decían que íbamos a prohibir, que íbamos a expropiar incluso los olivares”, contó el experto en patrimonio cultural, gestor y académico español, invitado por el posgrado en Diseño, Planificación y Conservación de Paisajes y Jardines de la mencionada casa de estudios.
“Un proyecto que era de 10 se tumba y decae”, lamentó. “Y una candidatura que era de 10 para la propia UNESCO, de pronto se viene abajo”.
Al centro del frustrado empeño estaba la reflexión -muy documentada en un amplio expediente que derivó en una suerte de “atlas geohistórico olivarero”, disponible en www.paisajesdelolivar.es/candidatura- de que dicho paisaje cultural, agrario, evolutivo, productivo y vivo, entraña la historia misma de Andalucía.
Esto partiendo, por ejemplo, de la labor de desmonte y cultivo acometida por los jornaleros de mediados del siglo 19, entre otros capítulos de “la formidable empresa de domesticación del bosque mediterráneo, que se prolonga hasta nuestros días”, a decir de Sánchez Ruiz.
Referencias en canciones de flamenco, en la poesía y en la pintura, además de su papel esencial en la gastronomía, dan cuenta de la importancia cultural e identitaria de un elemento como el aceite de oliva, considerado un bien milenario desde que se domesticara el acebuche silvestre –árbol que da lugar al olivo– en lo que actualmente es Siria y Palestina, “esa zona que ahora está, desgraciadamente, tan bombardeada”, apuntó el español.
En fin, aunque motivos había de sobra para justificar la protección del olivar, el súbito rechazo de ciertos actores tumbó 14 años de trabajo respaldado tanto por el Ministerio de Cultura español y gobiernos locales como por organizaciones no gubernamentales, ambientalistas, arquitectos, agricultores e historiadores, entre varios otros.
“La propia UNESCO y los propios documentos de Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) nos recomiendan el contacto con los verdaderos artífices del patrimonio que queremos defender. ¡Pero en este caso íbamos de la mano!, teníamos mesas con todos (…) Hemos cambiado incluso cosas por sugerencia y por imposición de los productores”, subrayó Sánchez Ruiz.
“Desgraciadamente, la decisión política fue no seguir adelante con la candidatura”, continuó el experto, quien estima que quienes insuflaron tal rechazo entre la gente fueron las empresas que han hallado en las campiñas de Jaén un territorio perfecto para la instalación de paneles solares.
De ahí que, con ironía, Sánchez Ruiz señalara que a pesar de lo engorroso que suele ser la tramitología para ese tipo de proyectos energéticos, de pronto todo estuvo listo; “de hecho, ya están expropiando terreno y ya están poniendo placas (solares)”, acusó.
Aquí en el país, por ejemplo, la empresa de capital francés Engie México pudo seguir adelante con la instalación de más de 730 mil paneles solares para su Parque Fotovoltaico Nueva Xcala, entre los estados de Tlaxcala y Puebla, a pesar de las advertencia de daño a la riqueza ecológica y valor patrimonial del también llamado Monte de Malpaís (Reforma, 21/09/2020).
Además, entre muchos otros casos, del propio ecocidio perpetrado por la construcción del Tren Maya, con sus columnas de hormigón y los miles de kilómetros de vías que laceran la selva, a lo que Sánchez Ruiz se refirió como “afán de querer poner escaparates muy aparatosos para grandes elementos
patrimoniales”.
Por su parte, Saúl Alcántara, coordinador del mencionado posgrado de la UAM y miembro del Icomos, compartió que por parte de la UNESCO ya hay una misión reactiva respecto al impacto del Tren Maya en Calakmul, “un sitio mixto patrimonio mundial”.
Finalmente, pese al tropiezo de la candidatura de Andalucía, Sánchez Ruiz destacó el valor del trabajo realizado como sustento de una visión integradora del paisaje.
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