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Por
Joaquín Guerrero
Publicado el sábado, 4 de mayo del 2013 a las 14:00
Piedras Negras, Coah.- Como cada día de la Santa Cruz -cuyo origen se remonta a tiempos bíblicos y en México nos refiere a los trabajadores de la construcción-, este día muchos voltean la mirada al trabajo de los albañiles, hombres rudos, “piroperos”, pero sobre todo hombres que como dice don Benito, “no le sacan la vuelta al trabajo”.
Benito Dávila, de 61 años de edad -muchos de los cuales los ha pasado bajo el sol cargando la carretilla o batiendo la mezcla-, habla un poco de lo que significa ser albañil en esta ciudad y de cómo aprendió el oficio del que dice sentirse orgulloso.
“Aprendí como todos, desde abajo, como ayudante y llevándome unas buenas friegas, porque este trabajo sí es pesado, así como todos dicen”, comentó.
Y es que así como don Benito, todos los trabajadores de la construcción entienden los escalones que deben subir en este oficio y que los llevan de ser “chalán” o ayudante, hasta “media cuchara” o “maistro albañil”.
Según don Benito, ser albañil no es trabajo fácil y la mayoría de la gente que cree que este trabajo es pesado, rudo y extenuante, tiene razón.
“Sí es muy pesado, es rudo, es difícil porque además de todo lo hacemos a la intemperie, con frío, calor o como sea, pero también es como cualquier trabajo que si te gusta y le pones amor se te hace un polvo”, aseguró.
Don Benito asegura querer de verdad su trabajo y hacerlo con ganas, lo que le da casi tanta santificación como el sueldo que recibe, y que aunque no es mucho, dice, le alcanza para ser feliz.
“Los albañiles no ganamos mucho, pero yo no me quejo, a mí me alcanza y estoy bien aquí donde trabajo”, dice con una sonrisa sincera.
Y es que luego de un sondeo rápido, podemos decir que un albañil en esta región gana entre 800 y mil 500 pesos por semana, un salario que parece digno, pero que tal vez no corresponde al esfuerzo y rendimiento de estos incansables trabajadores.
Otra satisfacción, dice el albañil, es sin duda la de ver una obra terminada, un trabajo que lleva tiempo y sobre todo esfuerzo.
“Uno siempre ve cómo avanza una obra desde los cimientos hasta que está terminada y siempre le da gusto a uno saber que se hizo con nuestras manos y mucho trabajo”, agrega.
Aunque podría haber muchas anécdotas en el trabajo de un albañil, otra cosa que todos relacionan con esta labor son los creativos, a veces groseros, pero muy tradicionales piropos.
“Pues con todos mis años de albañil no podría decirte que no es cierto, los albañiles sí somos piroperos, pero tampoco se molesta a las muchachas que no quieren que las molesten”, confiesa don Benito.
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