Saltillo
Por
Paola Casas
Publicado el sábado, 2 de mayo del 2026 a las 04:31
Saltillo, Coah.- En el corazón del Centro Histórico de Saltillo, donde las calles aún guardan ecos de fe, comercio y comunidad, la presencia franciscana no sólo forma parte del pasado: sigue viva en la memoria colectiva y en los espacios que dieron origen a la ciudad.
Hoy, esa historia alcanzará un nuevo capítulo con la elevación del Templo de San Francisco de Asís a Santuario, un reconocimiento que corona más de cuatro siglos de legado espiritual, social y cultural.

Reconstruyen la historia
La conmemoración no llega sola. Como antesala, ciudadanos participaron en la caminata cultural Tras los pasos franciscanos, un recorrido que permitió reconstruir, paso a paso, la huella de los frailes en Saltillo, desde sus primeras misiones hasta su influencia en la configuración urbana y social de la región.
La historia se remonta a 1582, cuando fray Lorenzo de Gavira fundó uno de los primeros establecimientos franciscanos en la entonces villa del Saltillo, con el objetivo de evangelizar a los pueblos originarios.
Aquel primer intento fue breve: en 1586, un levantamiento de indígenas huachichiles provocó la destrucción de la capilla primitiva. Sin embargo, los frailes regresaron y reconstruyeron el espacio, marcando el inicio de una presencia que no desaparecería.
Ese primer asentamiento daría paso al desarrollo del conjunto religioso de San Esteban, considerado uno de los núcleos fundacionales de la ciudad. Con el paso de los años, el sitio evolucionó: hacia 1615 se levantó un templo tlaxcalteca, que posteriormente fue sustituido en 1732 por una nueva edificación que integró elementos del anterior.
Este espacio no sólo fue religioso; durante la Revolución incluso fue utilizado como cuartel, reflejando su relevancia estratégica.

Comienza el recorrido
Alrededor del templo, la vida comunitaria floreció. El convento franciscano albergaba las celdas de los frailes, así como espacios de convivencia como la cocina y el refectorio.
A su lado, la Capilla de Terciarios reunía a cientos de fieles seglares desde el siglo XVIII, consolidando una red de participación religiosa que trascendía los muros del clero.
Más allá de lo espiritual, los franciscanos fueron actores clave en la organización social. Frente al conjunto religioso se extendía la plaza Tlaxcalteca, uno de los espacios abiertos más grandes del norte de la Nueva España, donde se realizaban ferias, intercambios comerciales y encuentros comunitarios. En sus alrededores se ubicaban las Casas Reales, la escuela, la alhóndiga y hasta un hospital, evidenciando el papel de los frailes en la vida cotidiana de la población.
La expansión franciscana continuó con la construcción del Convento de San José a finales del siglo XVIII, conocido por los saltillenses como San Francisco. Este espacio no sólo fue un recinto religioso, sino también educativo: ahí se impartieron cátedras de filosofía y funcionó como colegio.
Incluso, tras el restablecimiento de la República, el edificio albergó al Ateneo Fuente, una de las instituciones educativas más importantes de la región.

Hubo conflictos
Sin embargo, la historia no estuvo exenta de rupturas. Durante las Leyes de Reforma, muchos espacios religiosos cambiaron de uso o fueron intervenidos. El templo inconcluso que se proyectaba junto a San Francisco nunca se terminó, y en su lugar surgió la Primera Iglesia Bautista, símbolo de una nueva etapa de pluralidad religiosa en la ciudad.
El propio Templo de San Francisco también enfrentó transformaciones. Tras la salida de los franciscanos en 1926, en medio de conflictos religiosos, el recinto quedó marcado por el abandono temporal. Su regreso en 1944 permitió retomar la vida espiritual del lugar, aunque en 1953 el antiguo templo virreinal fue demolido para dar paso a una nueva construcción, diseñada por el ingeniero Zeferino Domínguez.
La actual estructura, de estilo basilical con dos torres simétricas, se consolidó décadas después con acabados en cantera que hoy definen su imagen.
A través de los años
A pesar de los cambios, el templo ha permanecido como un punto de encuentro para generaciones de saltillenses:
La caminata Tras los pasos franciscanos permitió a los participantes redescubrir estos espacios desde una perspectiva viva.
El recorrido inició en la iglesia de San Esteban, continuó por calles emblemáticas del Centro y concluyó en el Templo de San Francisco, donde se explicó el proceso que llevará a su elevación como santuario.
Durante el trayecto, especialistas y guías compartieron relatos sobre la división histórica de Saltillo entre Nueva Tlaxcala y Nueva Vizcaya, así como el papel de los franciscanos en la consolidación de ambas
comunidades.
También se abordaron temas urbanos, sociales y culturales que evidencian cómo la ciudad creció alrededor de estos núcleos religiosos.
El poder de la devoción
La elevación a santuario no es sólo un acto simbólico…
Representa el reconocimiento de una devoción arraigada y de un legado que ha sobrevivido a incendios, guerras, reformas y transformaciones arquitectónicas.
Es, en esencia, la confirmación de que la historia franciscana sigue latiendo en Saltillo.
Hoy, al recorrer sus calles, es posible entender que la ciudad no sólo se construyó con piedra y adobe, sino con fe, encuentros y memoria.
Y en cada paso, como lo propone la caminata, se descubre que esas raíces no pertenecen al pasado: siguen vivas.
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