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Se esfuman pesadillas de ‘niña del helicóptero’

  Por Orquídea López Allec

Publicado el domingo, 6 de abril del 2014 a las 15:00


El viento fuerte que hacía volar su negra cabellera despertó a la pequeña de escasos seis años de edad…

Piedras Negras, Coah.- El viento fuerte que hacía volar su negra cabellera despertó a la pequeña de escasos seis años de edad.

Lucero con la mirada perdida, no decía nada.

Sólo veía cómo descendía el helicóptero de la Border Patrol en un solar ubicado frente al centro comercial ubicado en la colonia Central, en el que ella y sus primos Diana y Emmanuel fueron llevados.

Eran alrededor de las 4:00 horas del 5 de abril de 2004.

Una fecha muy significativa para Lucero, pues es el cumpleaños de su mami.

Pero la madre de Lucero no estaba con ella.

La pequeña de seis años de edad en esos momentos sólo esperaba que el sol saliera para poder ir a buscar a su mami, quien se quedó en Villa de Fuente con su abuela y su bisabuela.

La niña acababa de vivir un momento sumamente traumático.

Quizás por ello casi no habla y sólo observa todo en su entorno con esos ojos grandes que ven con sorpresa y sin entendimiento lo que pasa.

Hay personas por todas partes buscando a sus familiares.

Ahí está su papá quien llegó con uno de sus tíos por ella, tras ser rescatada de uno de los grandes nogales en los que se resguardaba luego de desbordarse el río Escondido que se llevó, según datos oficiales, 38 vidas y que desapareció a 7 personas.

La salvan en árbol

Han pasado 10 años, una década de esa inundación que marcó su vida para siempre al arrebatarle a tres grandes amores: Su mamá, su abuela y su bisabuela.

Lucero quien vivía en el centro de la ciudad, se encontraba con su mamá en la casa de la abuela, pues hacía unos días que había salido de vacaciones y pasarían el cumpleaños de su mami en Villa de Fuente.

A la niña le gustaba ir al sector lleno de vida. La casa estaba ubicada en un complejo de Infonavit muy cercano a las vegas del río Escondido, a donde los niños corrían a jugar.

Habían llegado tíos y primos de diferentes lados para celebrar y la alegría se respiraba por doquier.

La pequeña tras jugar, observaba a su madre contestar el teléfono. Era su padre preocupado, preguntando cómo estaban y su mamá respondiendo que todo estaba bien.

Pero nada estaba bien. Ya que en ese momento el agua comenzó a subir de nivel y Lucero y sus primos y tíos se fueron al patio.

Su mamá, abuela y bisabuela se encerraron en la casa.

Lucero aún tiene vagos recuerdos.

Pero no puede olvidar cómo su primo Emanuel la subió a la barda donde ya se encontraba su prima Diana y sus tíos.

Aun recuerda cómo la barda vibraba mucho y entonces decidieron pasarse al techo de la casa de la abuela, mientras el agua subía cada vez más rápido su nivel.

La barda cayó. Y lo mismo que se sintiera con la barda, la vivienda se sentía igualmente vulnerable ante la furia y fuerza del agua que llevaba ramas de árboles, basura, animales, aparatos electrodomésticos en su cauce.

Sus primos la cambiaron ahora a un enorme nogal que parecía luchar con gran fortaleza ante el embate del desastre natural.

La vivienda cayó también.

La ahora jovencita de 16 años de edad no recuerda si había gritos, pero sí recuerda cómo los carrizos se estancaban y cómo pasaban los refrigeradores.

Recuerda cómo sus primos trataban de tapar sus ojos al momento en que pasaron algunos cadáveres.

“Pero sí pude ver tres o cuatro cuerpos por lo menos que iban en el agua”, dice.

Hoy está agradecida con sus primos de Saltillo: Diana quien ese entonces tenía 15 años de edad y que hoy ya no está con vida por otro motivo, así como Emmanuel de 19 años de edad y quien está a punto de cumplir su tercera década de vida.

La vida sin mami

Los minutos y horas pasaron y Lucero se aferraba a las ramas del nogal como si fueren los brazos de su mami.

En su inocencia, la pequeña pensaba que su bisabuela, abuela y mamá se encontraban escondidas en algún lugar donde al igual que ella, sus tíos y sus primos habían salvado la vida.

El agua fría y la larga jornada hicieron que Lucero cayera dormida, luego de ser rescatada y entregada a su padre.

Pero al otro día empezó a preguntar por su mami y nadie le daba una respuesta.
Insistía a su papá: “Vamos ya por mi mami, debe de estar ahí esperándonos. Ándale, se nos está haciendo tarde”.

“Como a los tres días de tanto insistirle, mi papá me dijo mija, tu mami ya se murió, ahí entendí”, dice Lucero con lágrimas en los ojos al recordar luego de una década el doloroso momento.

Hace una mueca, tratando de esbozar una sonrisa y voltea a mirar a su tía Tere, quien se ha convertido en una segunda madre para ella, buscando fortaleza para seguir contando su historia.

Comparte que ha sido muy difícil vivir la vida sin su mami, pero ha salido avante con el apoyo de su tía Tere, su papá, sus padrinos y la familia González, a quienes dice les debe mucho.

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