Coahuila
Publicado el jueves, 18 de febrero del 2021 a las 04:00
Piedras Negras, Coah.- La temperaturas muy bajas cedieron un poco y dieron un ligero respiro ante la pronta llegada del frente frío número 36 y la décima tormenta invernal que podría traer nuevamente una nevada a Piedras Negras. Dereily y Daniel juegan en el albergue que prácticamente les ha salvado la vida.
Daniel recibe una sopa instantánea y se le iluminan los ojos al sentir entre sus dedos el vaso caliente y percibir el olor. Tiene hambre.
Dereily corre con su mamá Delia quien trata de quitarse el frío frente a un calentador de gas, ubicado en el centro del albergue temporal del Club Potros, habilitado por la coordinación en la Región Norte de Protección Civil del Estado.
Delia tiembla del frío, ni ella, ni su hija se habían enfrentado a una temperatura tan extrema.
Ambas son originarias de La Ceiba un puerto del Caribe, en el municipio de Atlántida, al norte de Honduras.
Madre e hija, acompañadas de la pareja de Delia, decidieron emigrar a Estados Unidos desde hace seis meses.
El mar en su paradisíaca tierra natal les hizo una mala jugada. Les arrebató su pequeña casa ubicada en la playa.
Delia está cansada. Han tenido que sortear muchas dificultades en su andar, pero no quieren regresar a su país a pesar de sentir esa nostalgia a cuestas, pues la delincuencia ha mermado sus esperanzas también y tienen miedo del acoso de las pandillas.
“Quiero trabajar, tener algo para mis hijos”.
La mujer tiene otros dos hijos, uno de cuatro y otro de ocho años de edad y solo piensa en todos los peligros que han enfrentado. Uno de ellos, el clima adverso.
En muchos lugares tuvieron que caminar largas jornadas, en otros subieron al tren exponiendo su vida.
Fueron víctimas de asaltos. El sur del país fueron despojados de todo, el poco dinero que tenían, ropa y artículos personales.
Ha trabajado incluso vendiendo chicles para poder tener algo que comer.
Al llegar a la frontera de Coahuila fue de gran emoción, estar a solo unos pasos de la “Tierra Prometida”.
Pero se enfrentaron ella y su pequeña familia a la falta de albergues, de alimento y delincuencia, al ser víctimas de robo nuevamente.
“Nos asaltaron en una casa abandonada donde nos refugiábamos, nos quitaron todo, nos querían matar, pero vieron a la niña y yo creo por eso ya no lo hicieron”, relató triste.
“Nos robaron la ropa, dinero no, ya no tenemos dinero ni para la comida”, añadió.
Delia quiere trabajar, sabe hacer trenzas y ha laborado en limpieza de casas, pero en México no en todos los lugares les dan trabajo.
“Yo lo que quiero es trabajar por mis hijos, comprar un terrenito, ayudarle a mi mamá”, indicó.
Con sus compañeros de viaje se ha sentido más segura, son sus coterráneos que se han encontrado en el camino y con quienes se han cuidado mutuamente.
El domingo pasado, Delia, su hija, su pareja y un grupo de compañeros de viaje se encontraban en una casa abandonada.
La casa sin puertas, ni ventanas fue tomada para refugiarse de la nevada y el clima extremo que trajo temperaturas bajo cero.
Jamás habían sentido tanto frío. Estaban acostados en el cemento, tratando de taparse con la poca ropa que tenían, muchos de ellos sin calcetas. Sentían morir.
Fue en ese momento en que llegaron elementos de Protección Civil del Estado acompañados de policías del Mando Único.
“Teníamos temor que nos llevaran a Migración”, precisó.
Pero fue entonces que les comunicaron que iban a ayudarlos, a llevarlos a un lugar donde pudieran resguardarse del frío intenso y donde pudieran dormir.
Delia con la pequeña Dereily, esperan un nuevo frente frío. Mientras piensan qué harán, si continuarán al vecino país como parte de lo que consideran su salvación o regresan a Honduras con las manos vacías y sin hogar.
“Me siento mal, me siento cansada, ha sido mucho sacrificio, pero no podemos volver no tenemos nada y tengo miedo”, puntualizó sin saber que en esos instantes un niño migrante hondureño falleció al tratar de cruzar el río Bravo con su familia.
“No tenemos nada, ni para donde ir, nos llegó el mal tiempo y se llevo nuestra casa”.
Delia, Migrante hondureña
Busca trabajo
Emmanuel Hernández, también es originario de La Ceiba y mientras espera en el albergue trata de conseguir trabajo para tener cómo mantenerse él y su esposa en la frontera o bien para regresar a su natal Honduras.
Tiene 36 años de edad y dice que busca cualquier trabajo, puede ser en la construcción, pintura, jardinería.
“En cualquier trabajo que sea honesto, para tener dinero para quedarme un rato o para poder pagar los pasajes para regresarme”, indica.
En su andar tuvo la oportunidad de trabajar en Querétaro e Hidalgo, lavando carros e incluso en la construcción de una tienda de Bodega Aurrerá.
“Hay personas que si nos dan trabajo”, resalta.
“Si hay un trabajo que me puedan dar para ganarme la vida, me pueden llamar al 3333730625”, apunta.
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