Arte

Publicado el viernes, 19 de diciembre del 2025 a las 04:05
Ciudad de México.- ¿Qué sucede cuando una escritora se enfrenta al silencio, cuando se ha quedado sin ideas?
Esa interrogante está en la cabeza de Lavinia Melín, la protagonista de La Ausencia (Planeta), la más reciente novela de Mónica Lavín (Ciudad de México, 1955).
Ese vacío, que suele nombrarse rápido pero vivirse con angustia, aparece en el libro como un territorio donde la identidad se tambalea.
Para Lavín, ese bloqueo no tiene que ver con la página en blanco, sino con la desconexión entre la vida y la mirada que permite convertirla en historia.
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La escritura pide disciplina, pero también pide un pacto. Cuando entras a una novela, entras a otro mundo y no sabes cómo te va a ir”, relata la autora en entrevista.
En la novela, Lavinia, buscando una chispa, vuelve la vista hacia el pasado, hacia un episodio ocurrido en 1941: tres voces de la literatura estadunidense, Carson McCullers, Katherine Anne Porter y Eudora Welty, coinciden en una residencia artística en el norte de Nueva York. Un día nadan en un lago cercano y algo ocurre: una joven autora llamada Beth desaparece sin dejar rastro. Ninguna vuelve a ser la misma. Un misterio que las acompaña y alimenta culpas, silencios y obsesiones.
A partir de ese hecho, real o imaginado, Lavinia se adentra en un universo donde la frontera entre la vida y la ficción se vuelve movediza. Y es ahí donde la novela encuentra su pulso.
Lavín reconoce que no habría podido escribir esta novela antes. La Ausencia es una reflexión sobre el oficio, sobre lo que sostiene a un narrador y lo que lo derrumba.
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Siento que esta novela tiene que ver con el hecho de escribir, con el artificio que es la escritura de una novela, de ser un narrador que siempre juega con la ficción, con la imaginación y con la realidad y que tiene que construir un un mundo verosímil, real persuasivo, pero en un terreno de artificios”, apunta. “Tiene que ver con indagar de qué está hecha la escritura y cuál es su fortaleza, cómo los escritores nos enfrentamos a esa tarea, cómo negociamos entre vida y escritura”, añade la autora.
También es un juego: la autora abreva del tono irónico e ingenioso de Truman Capote, que aparece como un guiño y marca el ritmo del libro, que transita entre la nostalgia de la literatura estadunidense de los años 40 y las dudas existenciales de una escritora contemporánea. Durante su estancia en la residencia literaria de Yaddo en Saratoga Springs, Estados Unidos, es que Lavín descubrió que McCullers, Porter y Welty habían coincidido ahí décadas atrás.
Ese cruce de destinos la intrigó y se sumergió en sus biografías, en sus cartas con editores y en los momentos pequeños que rara vez entran en los libros: los perfumes de Porter, los conciertos que inspiraron los cuentos de Welty, las decisiones radicales de McCullers frente a su propia identidad y su cuerpo.
De esos fragmentos construyó personajes que existen entre lo público y lo privado.
Para la autora, esa dimensión íntima revela lo que importa: cómo envejece el cuerpo, cómo cambia la ropa que se usa, cómo se sostiene una vocación frente a los propios demonios. “Necesitamos una habitación propia en la cabeza”, afirma. Y Lavinia busca exactamente eso.
Además de La ausencia, que se presentó en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ya disponible en librerías, Lavin estrena Capítulo uno, un audiolibro lanzado bajo el sello de Everand Originals donde la autora comparte su pasión por la literatura.
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