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hace 7 años
[Especial]

Cuenta regresiva para Salaverna

Rodrigo Flores

Más de 100 familias están a punto de perder su patrimonio, al ordenar el desalojo de sus viviendas, para extraer oro y plata

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Saltillo, Coah.- Han pasado dos años y el día ha llegado. El próximo 15 de abril fue la fecha pactada por la empresa minera Tayahua para que los pobladores del ejido Salaverna, a unos kilómetros de Mazapil, Zacatecas, desalojen sus viviendas. El pueblo será derrumbado.

Fue en abril del 2010 cuando los habitantes recibieron la noticia de parte de la compañía minera, en la que se les notificaba que tenían que desocupar sus tierras, debido a un proyecto ambicioso de extracción de oro y plata que se encuentra bajo sus pies.

Son más de 100 familias las que están a punto de perder su patrimonio, el cual quieren conservar no sólo por ser lo único que tienen, sino porque es el lugar donde nacieron motivo por el cual tienen un sentimiento especial hacia estas tierras.

Bastarán unos cuantos días para que el pueblo sea derribado por completo. Las máquinas de la compañía minera han comenzado a acabar con los más de 100 años de existencia del pueblo, tras la demolición de las primeras viviendas, acción que atribuyen como una presión por parte de la compañía para que los pobladores abandonen sus hogares.

Hasta el momento, según la versión de los habitantes, la compañía sólo ha tenido cuatro audiencias en los dos últimos años, en las que nada más se han limitado a notificarles que tienen que abandonar sus casas, porque serán derribadas para darle paso a la construcción de una de las minas a cielo abierto más importantes de la región.

SIN APOYO DEL GOBIERNO

A pesar de que han pedido la intervención del Gobierno del Estado de Zacatecas y del Municipio de Mazapil, las autoridades no han metido las manos en el caso.

De forma extraña, comentan que todo el interés que se puso sobre el caso cuando comenzó el problema, en 2010, desapareció.

Se formó una comisión en el Cabildo para ver las negociaciones entre Tayahua y los habitantes, y de la noche a la mañana dejó de prestar interés, incluso desconocen si aún existe.

Los diputados zacatecanos dieron números de teléfonos a los afectados para que reportaran los avances, y cuando han intentado hablar con ellos sólo se les dice que “no tienen tiempo”.

En dos años el alcalde de Mazapil, Mario Macías, sólo ha ido una vez y desde entonces no ha regresado. Inclusive a la junta que tendrían el pasado viernes 30 de marzo en Salaverna envió a un “asesor” en su representación, el cual se limitó a decir que ss múltiples ocupaciones no le permitían estar presente.

El problema es que el Edil ha declarado que los habitantes ya firmaron el acuerdo para su reubicación, situación que no ha pasado.

El pasado viernes 30 de marzo, autoridades de la mina y habitantes del pueblo tendrían una reunión para afinar los últimos detalles de la reubicación, ya que hasta el momento no han podido llegar a un acuerdo que convenga a ambas partes.

Luis Chapa, asesor del Municipio, acudió a la reunión, mientras que de la compañía no se reportó nadie, por lo que de nueva cuenta los habitantes siguen sin conocer el proyecto real.

Ante esto, el asesor municipal mencionó que no se puede hacer nada, ya que ellos sólo están para llegar a una conciliación entre ambos involucrados, aunque sí aceptó que la minera ya ha hecho los trámites correspondientes para la construcción de las nuevas casas y la demolición del pueblo.

“Nosotros, como Municipio, en el Departamento de Obras ya tienen los permisos que corresponden, en este caso que no se presenta, nosotros simplemente el lunes me reporto con la empresa, les digo se programó esta reunión, ustedes no vinieron, y vemos qué vamos a hacer, que ellos nos digan qué día nos vemos, pero depende de ellos”, dijo.

NUEVO SALAVERNA

La empresa minera ha mostrado el interés de reubicar a los pobladores, quienes legalmente son propietarios de las mil 200 hectáreas que conforman el pueblo por el derecho de posesión pacífica y continua que el Código Civil concede luego de 5 años de cumplir los requisitos.

La inconformidad de los afectados es debido a que se les está construyendo casas en un predio a no más de 8 kilómetros de su ubicación actual, las cuales no son de las dimensiones de sus viviendas actuales.

Javier Contreras, quien habita en Salaverna desde 1952, menciona que la empresa hizo un proyecto que presentó a los involucrados, pero nunca se les entregó una copia de lo que iba a contemplar en el Nuevo Salaverna, por lo que su futuro es incierto.

“Vino la empresa para plantearnos cómo nos va a reubicar, pero todo ha sido verbal. Desde un principio hemos pedido que se sienten con nosotros, que nos digan qué nos proponen, tráete un proyecto, y dinos cómo va a quedar”, dijo.

Inclusive, en un principio se les notificó que serían trasladados hasta Concha del Oro, pero la gente está acostumbrada al campo, por lo que rechazaron esta propuesta.

Comenta que su reubicación se debe a que presuntamente el terreno está hundiéndose, por lo que sus viviendas se caerán, motivo por el cual tienen que dejar sus hogares y trasladarse al Nuevo Salaverna, nombre que se le dio al lugar donde edificaron las casas que los ejidatarios dicen son de Infonavit.

Agregó que se les dio como fecha límite para el desalojo el próximo 15 de abril, pero la construcción de lo que será su nuevo hogar aún se encuentra a medias, por lo que temen que ya siendo reubicados no se cumpla con el acuerdo.

“Ahora nos dicen que ya tenemos que dejar las casas, que en 15 días, pero todavía les falta mucho, no está la capilla, no está la clínica, dicen que por mientras la misa sea en una carpa y que consulten en una casa. Entonces, si nosotros estamos a gusto aquí ¿para qué nos mueven?”.

MENOS TERRITORIO

Salaverna tiene una extensión territorial de mil 200 hectáreas, mientras que Nuevo Salaverna será edificado en una superficie no superior a las 7 hectáreas, una reducción a 7% del territorio actual.

Esto originó un problema, que es la dimensión de las nuevas propiedades, ya que dicen que el acuerdo que quieren llevar a cabo es de “casa por casa”, aunque los afectados perderían más de la mitad de sus terrenos si aceptan.

“Quieren darnos una casa que no está de acuerdo con las necesidades de nosotros, son más chicas. Aquí yo tengo cerca de 500 metros cuadrados de construcción, y es mi tienda, falta la casa, y me quieren dar una más chica. ¿Dónde me voy a meter? O que nos den una indemnización”, demandó.

Desde hace unos meses, la compañía Tayahua ha comenzado a ejercer presión, principalmente en las personas de la tercera edad, para que abandonen sus propiedades, además de los trabajadores, pensionados y viudas, a algunos de los cuales se les notificó que no serían beneficiados con esas casas.

Algunos trabajadores han sido amenazados con perder su empleo si no firman el convenio, debido a que la empresa les otorga en “comodato” algunas viviendas a sus empleados mientras están en la mina, por lo que forzosamente han aceptado la reubicación por miedo a quedarse sin trabajo. Son cerca de 20 empleados que se encuentran en esta situación.

La situación se complica para dos o tres personas que son viudas o tienen casas pequeñas, ya que no entrarían en la reubicación.

DIVISIÓN DEL PUEBLO

Debido a la incertidumbre, casi 50% de los pobladores ha aceptado la reubicación, sin contemplar las deficiencias en su nuevo hogar, ya que tienen miedo a quedarse en la calle. “A las casas les están poniendo muchas condiciones. Hay a quienes les dicen ‘Tú no tienes derecho a la casa porque tienes dos cuartos’; ‘tú sí, tú no’. Haga de cuenta que quedamos huérfanos, estamos desamparados. Hemos ido Presidencia, pero no nos han recibido; no sé qué sea más importante para ellos, pero esto es grave”, agrega Javier.

Otro de los problemas es que la mayoría de las personas viven del ganado, y en las nuevas casas no tendrán un espacio para sus animales, ya que sólo se les contempla una casa con tres habitaciones y los servicios básicos, en un terreno de 200 metros de construcción, lo cual resulta insuficiente para ellos.

CANSADOS DE LA ESPERA

Catalina Delgadillo nació el 20 de enero de 1923 en Salaverna. Sus padres emigraron a esta zona por cuestiones de trabajo y fue ahí donde hicieron sus vidas.

Hoy, la mujer, que vive sola tras la migración de su hijo a Saltillo y el casamiento de su hija, tiene miedo a quedar en el desamparo. Los últimos días sólo ha escuchado chismes sobre las nuevas casas que serán entregadas a los pobladores, tras la construcción de una mina a cielo abierto de la empresa Tayahua en lo que hoy es su hogar.

Con el sentimiento a flor de piel, doña Catalina sube una cuesta de más de 20 metros para llegar a la junta entre autoridades de la empresa y ejidatarios, quienes pactaron una cita con la intención de llegar a un acuerdo.

El panorama en los últimos días ha resultado difícil, tanto como el camino que intenta subir apoyándose de un bastón a pesar de sus 90 años de existencia.

Comenta que no se les ha dado opción. El haber fundado Salaverna no ha sido motivo para pelear sus derechos territoriales, y hoy están a punto de ser exiliados de la tierra que les vio nacer.

“Ya qué, no podemos hacer nada más que irnos, pero que nos digan bien cómo va a estar, porque con tanto condenado chisme que se ha hecho, ya uno no sabe ni qué pensar, por eso voy a la junta”, dijo.

Todos los rumores le han ocasionado un malestar, tanto que una que otra lágrima se le escapa cuando se pone a pensar en su futuro, más porque el problema ha dividido a un pueblo que se mantuvo unido durante muchos años, y que hoy está partido en dos: los que tienen miedo de quedarse en la calle, y los que pelean por sus predios. “Tengo 90 años, aquí nací, toda mi vida la hice aquí; yo ya quiero salirme, ya estoy cansada, antes de comerme una tortilla a gusto se me atora, me siento insegura, qué le hacemos, porque unos dicen una cosa y otros otra, pero se apartan, no hay unidad, para eso necesitamos unirnos todos”, comenta mientras toma un poco de aire para continuar su camino.

Agregó que hace unos días recibió en su vivienda al vocero de la empresa, un licenciado a quien conocen como Márquez, quien ha presentado unos planos de la nueva ubicación de las casas para que con un dedo señalen su nuevo hogar y en los próximos días firmen ante un notario sus escrituras.

“Pues cómo no voy a extrañar mi casa, aquí viví toda mi vida, aquí tuve 12 hijos, pero nada más me quedaron dos, pero qué hago, cómo me quedo aquí si van a quitar todo, la luz, el agua, a qué me quedo”, comentó.


A DETALLE

» La comunidad de Salaverna está a 18 kilómetros de la carretera Saltillo-Zacatecas, al poniente del kilómetro 231.

*Desde hace más de 90 años los primeros habitantes se asentaron en Salaverna, donde con esfuerzo comenzaron a vivir de la agricultura y la ganadería.

» El resto de los pobladores incursionó en la minería, principal actividad de la región.
» Esta comunidad forma parte de Mazapil, aunque quedaron fuera del reparto rural por causas desconocidas, lo cual atribuyen a que en los primeros años no le daban importancia a los documentos, por lo que el título era sólo “apalabrado”.
» Incluso estas tierras son pobladas por los mismos trabajadores de las minas, quienes tienen un acuerdo de vivienda a cambio de mano de obra.
» Por parte de la minera Tayahua el 15 de noviembre de 2007, el 19 de mayo y el 12 de noviembre de 2008, Javier de la Vega Cobos y Víctor Frías, apoderados de la compañía, solicitaron a las autoridades el derecho de preferencia para ampliar las actividades de exploración y explotación minera.
» En abril de 2010, la minera Tayahua comenzó a ver otras oportunidades de explotación en la región, tras la localización del que podría ser uno de los yacimientos de oro y plata más importantes del mundo. Además se extrae cobre y zinc.
» Se notificó que el pueblo tenía que ser deshabitado porque algunas detonaciones podrían ser peligrosas para la población, inclusive se les dijo que las casas se estaban hundiendo, pero no se les comprobó nada.
» Desde entonces solamente en cuatro ocasiones se han presentado representantes de la mina para obligar a desocupar el pueblo, pero no con un proyecto en mano donde se les señale lo que será el futuro de la comunidad.
» La empresa se ha negado en todo momento a indemnizar a las familias afectadas.
A pesar de todo el daño, principalmente sicológico, que ha ocasionado este problema, doña Catalina Delgadillo no guarda rencores. Mientras dibuja una cruz en el viento, bendice a quienes desaparecerán su pueblo y señala: “Yo nada más les digo que gracias por el tiempo que estuve aquí”.

Para el expediente

» Hace dos años Zócalo Saltillo daba cuenta de las duras condiciones de vida de los habitantes de este poblado.
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