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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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03 Octubre 2013 04:00:56
La silla robada
Sin duda, el presidente Enrique Peña Nieto salió bien librado de las catástrofes naturales de septiembre en veinticuatro entidades del país; y siguió lloviendo. Hemos hablado, igualmente, que la industria de los damnificados suele conceder a los mandatarios, al federal y los estatales, la oportunidad de cercanía con quienes más sufren aireando con ello las frecuentemente archivadas banderas sociales. En el caso actual han quedado al descubierto las componendas que propiciaron la creación de infraestructura defectuosa, como en la Autopista del Sol, con enormes ganancias para las empresas concesionarias, sobre todo las de allende el mar que cubren las espaldas de nuestros gobernantes cuando terminan sus respectivos periodos... o los engañan como al emperador Cuauhtémoc, arrastrado hasta su muerte, en Campeche -exactamente en el actual municipio de Candelaria-, luego de ser torturado hasta la saciedad de los sátrapas invasores.

Salió bien Peña por su decisión de no viajar a las zonas siniestradas para tomarse las fotos respectivas –como solían hacerlo sus antecesores, salvo los señores Fox quienes ni siquiera se presentaron en Pasta de Conchos, Coahuila, en febrero de 2006, luego de las explosiones que cercenaron las existencias de sesenta y cinco mineros calcinados-, y presumir de su “entrega” personal a las causas sociales. Las falacias no podían sostenerse. En el caso actual, el mandatario optó por convertir a Guerrero, concretamente Acapulco, en su cuartel de guerra y no cesó en su empeño de alentar a los pobladores a la reconstrucción. Pero faltó mucho para que la historia tome en cuenta este gesto, al igual que el de esposa, la actriz Angélica Rivera Hurtado –por cierto, sobrina del ex mandatario Miguel de la Madrid Hurtado, lo que enfatiza el relevante papel de la “aristocracia” mexicana mil veces refrendada a nuestras espaldas, sobre todo por ignorancia-, como parte de su sello o estilo personal de gobernar, como recitaría el primer gran ensayista del sistema político vigente, Daniel Cosío Villegas.

¿Qué faltó? Sencillamente la justicia básica, levantando indagatorias sobre los constructores de carreteras, autopistas, puentes, condominios, urbanizaciones, etcétera, colapsados por el paso de las aguas y los terremotos; esto es, sin considerar las condiciones climáticas básicas que, de antemano, se conocen. En la ciudad de México, de vez en cuando los movimientos telúricos nos sacuden la conciencia y obligar a recordar que, tarde o temprano, enfrentaremos una catástrofe de peores consecuencias a la de los sismos de 1985, con todo y los ensayos y simulacros inventados para que las autoridades se curen en salud. A lo hora de un terremoto de altas proporciones –mayor a ocho puntos en la escala Richter, como se dio hace veintiocho años-, sólo nos quedará encomendarnos al ser supremo... y esperar.

Pero en las regiones costeras y selváticas, con condiciones climáticas cambiantes para mal como efecto del deterioro incesante de la atmósfera, bien se sabe que los dramas llegarán cada año. Y así es, con mayor o menor grado, a la par con la negligencia o no de las autoridades acostumbradas a paliar con temporales y sacudimientos de la tierra casi como parte del legado político.

Tenemos, como ejemplo, el caso de Ángel Aguirre Rivero, gobernador de Guerrero, quien en ejercicio del mismo cargo, en 1997 y dieciséis años después, debió acompañar a los mandatarios federales para salirle al paso a los efectos, primero, de “Paulina”, el huracán devastador, y en este año a la conjunción, casi diabólica del huracán “Ingrid” y la tormenta tropical “Miguel”, de inicio.

Caramba, lo único que cambió en el escenario fue que el mandatario era priísta durante la primera emergencia citada y perredista –con los consabidos corifeos-, en la segunda. La democracia alcanza para ña simulación, no para preservar a los más pobres quienes ven volar sus casas cronológica y sistemáticamente.
Por eso, no se trata de extender limosnas ni de lucrar con la miseria en tanto no se ofrezcan soluciones sólidas y se persiga a los negligentes criminales que no construyeron con bordos y pasos de agua las autopistas y carreteras pagadas a precios de oro, como es el caso de la española TRIBASA , cuyo principal accionista, cuando se construyó la ruta entre Cuernavaca y Acapulco, “en solidaridad” –esto es bajo el mandato de carlos salinas, en minúsculas por usurpador-, David Peñaloza Sandoval fue aprehendido por fraude en 2002 luego de mal usar fondos de Nacional Financiera para transacciones ilegales en España y los Estados Unidos. ¡Ah! Y no fue en México en donde se le encarceló porque aquí sus socios, como salinas, dieron la cara y pagaron sus facturas “morales” con cargo a la vida de cientos de mexicanos. La historia es dolorosamente real.

Pese a todo, incluyendo los buenos oficios de la señora Rivera de Peña a quien se ofende en Google con la mayor impunidad imaginable –con montajes grotescos propios de mentalidades enfermas-, en contraste con los injustificables abusos de la peruana Bozzo, de Televisa, quien se subió, en helicóptero, para refrendar su supuesto nivel estelar en Televisa –por favor, es una ignominia-, queda la impresión de que la silla presidencial, como bien me subrayó un lector amigo, sigue “robada”. Si antes fue, en 2006, por la ilegitimidad evidente del pobre de calderón –minúsculas-, quien ahora pretende ser guía moral de una parte de su partido, el PAN, mientras otra lo repudia en uso de la elemental autocrítica, ahora crecen las dudas sobre la autenticidad de las elecciones de 2012, sobre todo por la iniciativa de reforma político-electoral presentada por Acción Nacional, y a ello se suma la dispersión de las reformas propuestas por el titular del Ejecutivo federal y el zopiloteo de sus enemigos en torno a sus enfermedades crónicas.

Porque también se “roba” la silla quien no es capaz de ejercer el gobierno con conocimiento de causa, como sucedió con los Fox, o remite las principales rectorías al gobierno estadounidense, como sucedió con Zedillo, como si el mando político fuera un tumor que debiera extirparse para convertir la función presidencial en decorativa... al estilo de la deplorable monarquía de zánganos Borbones en España, ahora puestos, ya era tiempo, en la picota de la repulsión pública. Pocos los quieren, aquellos mismos que siguen exaltando a Franco quien, por cierto, se inventó al rey Juan Carlos tomándose a la dinastía como merengue, sobre el rastro de cadáveres enterrados de forma clandestina, entre ellos el del gran Federico García Lorca, asesinado a las afueras de Granada bajo vómitos verbales que le señalaban como homosexual y sin detenerse en la universalidad de su figura.

Roban la silla quienes son condenados por haber hecho lo contrario de lo que los mandantes –el colectivo soberano-, exigían y señalaban; nadie fue consultado, por ejemplo, sobre la burda aplicación del mal llamado “liberalismo” social, consolidado por salinas, cuya consecuencia evidente, visible con un simple oteo, fue la depauperación general. No olvidemos: sólo en los dos sexenios anteriores, los panistas, el deterioro real del ingreso familiar fue del doce por ciento.

¿Puede hablarse de un robo peor, más miserable, que éste? Y, mientras, las grandes fortunas especularon de lo lindo además de la nueva colonización española. Por invasiones financieras no paramos con una recesión encima.

La silla no sólo fue robada por Victoriano Huerta, cuando la democracia maderista no fue capaz de negociar la paz con Zapata, el gran revolucionario del sur, hasta enfrentarlo en una lucha fratricida ya inútil, derrotada la dictadura y sin capacidad para exaltar un nuevo modelo político –no lo olvidemos-, sino por los más de quienes fueron sus sucesores y cayeron en luchas caudillistas sin otro sentido que arrebatar el poder, pasar la silla de un lado a otro, entre cualquiera que se sentía con derecho por sus ascensos militares, muchas veces fundamentados en la fuerza y no en la razón.

Robada está, como el cráneo de Villa que rueda por la Unión Americana sin que el gobierno mexicano exija su retorno, esto es como un trofeo infamante para exhibir a quien invadió a los Estados Unidos, en Columbus, único antecedente de los actos terroristas de los islamistas en 2001 quienes también hollaron el suelo norteamericano, y acaso fue asesinado en Parral, el 20 de julio de 1923; ¿y quién puede asegurar que la conjura contra él no surgió de los generales Obregón y Calles... sino de los vengativos estadounidenses quienes dotaban de fusiles a cambio de extender su injerencia?

La Anécdota
Dos de las mujeres más retratadas en los últimos días, vestían ropas de “trabajo” a la hora de repartir despensas, o cuentos. Lo primero, lo hizo la señora Rivera de Peña, siempre muy bien peinada y con una sonrisa en los labios –lo que siempre se agradece aun cuando el mal es brutal-, y lo segundo, la impresentable peruana Bozzo –una “zeta” más que el entrañable “payasito de la tele” de hace medio siglo. Esta última convirtió la tragedia y el set donde realiza parte de su espectáculo grotesco, en una auténtica pista de circo.
Payasos al fin.

Pero sendas señoras, desde luego, entre el marasmo y el dolor, no dejaron de ir acompañadas por sus maquillistas. La de la segunda, una fodonga de tercer nivel –sin que ello signifique una calificación despectiva para las damas-, debió haber sufrido más para pulir el ajado rostro de la cómplice del dictador Fujimori y de su antecesor Montesinos, por lo que estuvo encerrada, en su antigua emisora, durante algunos meses. ¿Vale la pena que Televisa arroje sal sobre las heridas?

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