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Arturo Sarukhán
Arturo Sarukhán
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07 Agosto 2019 04:00:00
Una muerte anunciada
La predilección de la Administración Trump por las bravuconadas y el fanfarroneo, la ausencia de una visión geopolítica coherente y consistente, la conmoción perpetua en la Oficina Oval y los ires y venires de altos funcionarios, así como la predilección por desdeñar todo lo que precede a la gestión de este presidente, se han convertido en un coctel peligroso para las relaciones internacionales. El viernes pasado, Trump dio otro paso hacia la destrucción de un sistema internacional basado en reglas. Ese día, Estados Unidos cumplió con su amenaza -anunciada en febrero- y se retiró de un crucial pacto nuclear con Rusia. Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso confirmó que el tratado está “formalmente muerto”.

El histórico acuerdo, conocido como INF por sus siglas en inglés, fue firmado en diciembre de 1987 por el presidente Ronald Reagan y su homólogo soviético Mijaíl Gorbachov para terminar con el despliegue de misiles nucleares balísticos de alcance intermedio y sus vectores -los misiles Crucero y Pershing estadunidenses y los SS-20 soviéticos- en suelo europeo. De un plumazo no solo eliminó -con la destrucción de un total de 2 mil 692 misiles- una clase completa de armas; finiquitó la amenaza más significativa al corazón de Europa y se erigió en un hito que consolidaría el proceso de deshielo bipolar y el fin de la Guerra Fría.

En 2014, Barack Obama y la OTAN acusaron a Rusia de violar el tratado después de que este país probara de manera encubierta un nuevo tipo de misil Crucero, el SSC-8, que viola los límites al alcance de ese tipo de armas. Pero Obama finalmente optó por no retirar a EU del tratado bajo el argumento de que ello podría detonar una carrera armamentista. Por su parte, Moscú acusó a EU de violar el tratado al desplegar un componente de su sistema de defensa antimisiles con capacidad ofensiva, utilizar misiles prohibidos en distintas pruebas y también drones armados que son, según Rusia, efectivamente misiles Crucero vetados. Tras años de desmentidos, el Kremlin reconoció la existencia de su sistema de misiles, mientras Putin cacareaba el desarrollo de misiles Crucero hipersónicos.

Pero en el trasfondo de las violaciones que efectivamente se han dado al tratado y los dimes y diretes entre ambas potencias, para Washington está también el contexto chino. La Administración Trump argumenta que el Tratado INF supone una desventaja para EU frente a China, que no se enfrenta a ninguna limitación para desarrollar misiles Crucero y de alcance intermedio en el Pacífico, al no formar parte de ese tratado.

El problema es que, además, se han juntado la proverbial hambre con las ganas de comer. Por más provocador que haya sido el comportamiento ruso, la decisión de EU de retirarse del acuerdo en paralelo al hostigamiento constante de Trump a sus aliados de la OTAN en vez de juntos buscar pactar con Rusia en un esfuerzo serio para reiniciar pláticas y traerla de regreso a la mesa de negociaciones, solo minará en el largo plazo la seguridad tanto europea como de EU. Pero ni Washington ni Moscú movieron un dedo para salvar al tratado. Por ello, si bien su muerte es ciertamente desafortunada, también es sintomática de un problema mucho mayor: el colapso del marco de estabilidad estratégica entre EU y Rusia, lo cual a su vez está alimentando la tensión y animosidad mutuas.

Para México, que forjó un gran legado multilateral en materia de desarme y no proliferación, todo esto abre un reto seminal para retomar nuestro liderazgo en la materia, sobre todo a la luz de la decisión de buscar regresar al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente para el bienio 2021-22. Pero para ello, tendremos antes que conciliar esa presencia, necesaria en el siglo 21, con la persistencia de invocar principios de política exterior, como la no intervención, que son del siglo 19 y que corren a contrapelo de las responsabilidades que implica sentarse en ese recinto. El control de armas y el desarme son herramientas valiosas que las potencias nucleares -y la comunidad internacional- están en peligro de perder como resultado de una combinación de negligencia, ignorancia, autocomplacencia y cálculos erróneos. Y ello puede tener efectos desastrosos para todos en el actual sistema internacional fluido, volátil y multipolar.
29 Julio 2015 04:06:12
Los frutos de la diplomacia
Winston Churchill alguna vez apuntó que la razón por la cual una nación conduce relaciones diplomáticas con otra no es para dispensar cumplidos sino para asegurar un beneficio.

Más allá de la lección básica que conlleva esta máxima para quienes en México de manera simplista aún se empeñan en pensar que el objetivo de la política exterior mexicana es “llevarnos bien con todos en el mundo”, la cita viene a cuento como resultado del acuerdo histórico alcanzado en Viena el 14 de julio entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Alemania y la Unión Europea con Irán, en materia de proliferación nuclear, y de la convicción del presidente Barack Obama de que la diplomacia podría dar la vuelta a décadas de confrontación y desactivar una amenaza en ciernes.

Después de casi dos años de negociaciones, se ha llegado a una situación que conducirá –por lo menos en un horizonte de mediano plazo– al desmantelamiento de dos tercios de las centrifugadoras iraníes que se usan para enriquecer uranio (necesario para desarrollar un arma nuclear); al congelamiento durante una década de esas reservas de material físil; al compromiso de Teherán a no desarrollar o adquirir armas nucleares; y a la instrumentación de un sistema intrusivo de verificación e inspección internacional multilateral.

A cambio de un proceso gradual de levantamiento de las sanciones económicas a Irán, el acuerdo distiende un conflicto que ha dado pie desde ciberataques hasta asesinatos, así como a la amenaza de una nueva confrontación armada en el Medio Oriente que podría succionar al resto de la comunidad internacional.

Es posible que de instrumentarse exitosamente el acuerdo, ni Estados Unidos ni Israel –ni otras naciones de la región– tendrán que confrontar en ese periodo la disyuntiva de tener que aceptar por un lado a un Irán con armas nucleares o, por el otro, tener que usar la fuerza militar para prevenirlo. En ello radica la gran importancia de lo logrado por la diplomacia de estos últimos meses.

Y en días pasados, la Casa Blanca ya hizo llegar al Congreso estadounidense el texto de dicho acuerdo para su revisión. Como resultado de una compleja negociación entre la Casa Blanca y el Capitolio, éste tiene ahora 60 días para determinar si apoya o no lo negociado. Dado que el texto es un acuerdo –en realidad un plan de acción conjunto– y no un tratado, el Congreso no podrá votarlo, pero sí solicitar modificaciones o incluso emitir una moción de rechazo, que de darse, conlleva el veto ya anunciado de Obama.

Una oposición abrumadora en el Congreso al plan de acción dificultaría su puesta en marcha, sobre todo a la luz del impasse político que se abrirá en EU a partir de enero con la elección presidencial y los concomitantes cálculos diplomáticos que ello podría detonar en Teherán y otras capitales del Medio Oriente y Golfo Pérsico.

Si bien hay legisladores demócratas que han manifestado preocupación y hasta rechazo a las conversaciones con Irán –incluso algunos jugaron un papel clave en obligar al Presidente a consultar con el Congreso una vez cerrada la negociación– es la bancada republicana la que se erige como el principal obstáculo para que Washington pueda ir adelante con la instrumentación de lo acordado con el Gobierno iraní.

En parte ello se debe a la preocupación y censura que genera el comportamiento de Teherán en el pasado y a que una vez desmanteladas las sanciones internacionales, sería casi imposible, en caso de incumplimiento iraní, volverlas a aplicar. Y hay que decirlo; Irán ha sido un actor regional poco fiable, burlando disposiciones internacionales en materia de proliferación, financiando a grupos fundamentalistas y articulando una retórica antioccidental y antisemita en muchas ocasiones incendiaria.

Algunos otros republicanos están acicateados por el cabildeo y el rechazo por parte del gobierno conservador israelí a las negociaciones con Irán. Pero muchos otros se opondrán simplemente porque hacerlo es la continuación del partidismo por otros medios; es decir, la manera en que quienes se encuentran fuera del poder puede acusar a quienes lo detentan de vulnerar la seguridad de la nación.

Ciertamente no podemos ser panglosianos. El plan de acción no es perfecto y el trecho a recorrer para su instrumentación cabal no será fácil. Pero lo perfecto es enemigo de lo bueno, y la ausencia de un acuerdo sería muy peligroso. Es un “todos ganan”. Es un logro de la administración Obama; es un logro para Irán y para su transparencia, apertura e inserción al mundo; abre en principio la esperanza de un compás de distensión en la región; y es una victoria de la diplomacia multilateral.

Embajador de México
@Arturo_Sarukhan

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