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Mauricio Vega
Mauricio Vega
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16 Marzo 2016 03:00:21
La efectividad de las cuotas de género en los puestos públicos
Aunque puede parecer que a simple vista las cuotas no están del lado de la elección popular, son hoy en día una de las medidas democráticas más efectivas en cuanto a representación política.

Las cuotas de género, también conocidas como cuotas de participación por sexo o de participación de mujeres, son una forma de acción positiva cuyo objetivo es garantizar la efectiva y equitativa integración de mujeres en cargos electivos de decisión de los partidos políticos y del Estado.

Es decir, es un mecanismo que utiliza el Estado para garantizar la representación fiel del pueblo en sus cámaras. Muchos países en la actualidad han decidido aceptarlas debido al gran porcentaje de inequidad en la representación popular, la cual causó la presión por parte de organismos no gubernamentales y movimientos populares, quienes demandan daban una solución.

De la misma forma, ha sido una medida criticada por ciertos sectores políticos y académicos que señalan que no es una medida democrática pues argumentan que interviene con el derecho a elegir y ser elegido sin filtro alguno.

El origen del boom de las cuotas se sitúa en un panorama de inequidad. Los puestos de elección popular en países de todos los continentes demostraban una inequidad clara en los puestos de representación parlamentarios. El promedio mundial en el 2006 era de tan solo el 17%, según datos del Banco Mundial. Enfrentar el tema era necesario en todas las democracias del mundo. La falta de representación traía consigo políticas que no incluían la postura de la mitad de la población, de modo que esa mitad vivía en el mundo que la otra mitad ambicionaba y creía adecuado.

Esto era notorio en las demandas de los movimientos feministas en países como Francia, Estados Unidos, España, México, Argentina, y demás países occidentales que centraban en sus reclamos la falta de consideración de sus experiencias y opiniones. Específicamente en el caso del aborto, las causas del problema incluían la falta de representación de las mujeres para decidir sobre su cuerpo y su vida.

La opción de las cuotas fue elegida debido a su eficacia y efectividad, pues al obligar a los partidos políticos a inscribir en sus listas o en sus candidaturas a un porcentaje, usualmente 50%, de mujeres. Otras leyes lo describen como un límite en el porcentaje de personas de un mismo género, el cual en todos los casos resulta ser el masculino. Pero aun cuando es en teoría su mayor atributo, muchas veces las cuotas no han podido lograr la representación deseada debido a que no son elegidas las candidatas o a mecanismos maquiavélicos utilizados por los partidos políticos (viene a mente el famoso caso de las “juanitas”).

Sin embargo, este defecto no demuestra que las cuotas no son necesarias; demuestra que las cuotas no son suficientes. Es necesario medidas a largo y medio plazo, como una mayor concientización, la redefinición de los roles de género tradicionales, la eliminación de leyes machistas, etc, para garantizar la representación. Son una medida de emergencia ante la necesidad de democratizar los congresos. Las críticas contra lo antidemocrático que pueden ser suponen que antes de su implementación los congresos eran verdaderamente democráticos. Con la cifra antes mencionada, es claro que no lo eran. Un congreso o parlamento no se puede decir democrático si la mitad de su población tiene menos de un quinto de la representación.

Según datos actuales, el atributo de efectividad y rapidez para dar representación era correcto y dio resultados. México es un ejemplo en esto: en dos legislaturas el porcentaje de mujeres incrementó en un 20% llegando hoy al histórico 44 por ciento. El cambio es generalizado en resto del mundo (para quién guste revisar cada país, recomiendo:
http://www.quotaproject.org). Hoy en día el porcentaje de mujeres ha aumentado a un 23% de los parlamentos. Es un 5% enorme considerando que es alrededor del mundo e incluye países que no han aplicado cuotas. En la gran mayoría de países ha aumentado considerablemente la representación gracias a esta medida.

Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que esta representación no siempre se traduce en representación de los problemas de las mujeres. Es decir, que en ocasiones el hecho de que haya la mitad de mujeres en las cámaras no asegura que los derechos de las mujeres sean defendidos. Pero esa característica puede atribuírsele por igual a los congresos que no tienen paridad, ya que, en muchos congresos y parlamentos no se defiende el derecho de todos los hombres sino de ciertos hombres y de ciertas causas. Una última crítica dice que la elección de los puestos debería ser basada puramente en “mérito”. Claro, porque con el sistema actual no entra “cualquier persona” ,¿No? Entra de todo. Hace falta mirar a las primarias del partido republicano para darse cuenta que por “mérito” no llegan todos. Si Donald Drumpf merece poder ser candidato, todos y todas lo merecemos. Pues, como dice Amelia Varcárcel, filósofa y feminista española, la igualdad no se habrá conseguido hasta que todas y todos tengamos el derecho a ser igual de idiotas.

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