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Hugo Balboa
Hugo Balboa
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14 Diciembre 2016 03:00:00
Cómo fracasar exitosamente
Las empresas más innovadoras incorporan la experimentación en su estrategia y extraen el máximo aprendizaje de sus errores. ¿Cómo una persona normal puede aprender de esto?

Hay dos enfoques clásicos para el fracaso. Uno de ellos, resumido por Winston Churchill: “El éxito consiste en pasar del fracaso al fracaso sin perder el entusiasmo”. Tal y como los empresarios de Sillicon Valley, que llevan sus arranques fallidos como distintivos de honor en este campo. En algunas ocasiones la palabra fracaso resulta ser demasiado desmoralizante para algunas empresas, que la mayoría trata de evitarla.

El segundo enfoque se resume mejor en las palabras del cantante norteamericano Johnny Cash: “Tú construyes el fracaso, úsalo como un peldaño, cierra la puerta del pasado, no te detengas en ella. No dejes tu energía ni tu tiempo, ni nada de tu espacio ahí”. Esta es la respuesta por defecto de muchas grandes corporaciones al fracaso: mantenerlo callado, ignorarlo y esperar que se vaya.
¿Cómo puede dar a su negocio la mejor oportunidad de sobrevivir a través de la innovación? Tim Harford, autor de Adapt, dice que hay tres pasos esenciales: probar cosas nuevas, en la expectativa de que algunas fracasarán; sobrevivir ante el fracaso, porque será común; y asegurarse de que sabe cuándo ha fracasado. Esto suena como un plan excelente. Entonces, ¿por qué no más gente lo hace?
La mayoría de las empresas adopta un enfoque de cero tolerancia al fracaso, la persona que falla es despedida, y todo el mundo recibe el mensaje de que esto no debe volver a suceder. Pero esto crea una cultura de miedo, la gente sigue las reglas, si tienen sentido o no, y nadie se atreve a probar nada nuevo.

Caso contrario a la actitud que mostró Tom Watson, CEO de IBM, en los años 60 y 70, cuando un alto vendedor perdió 5 millones de dólares en un proyecto. Watson no lo despidió: “¿Por qué te despediría? Acabo de gastar 5 millones de dólares en tu educación”.

No todo en los errores o fracasos es malo si cultivamos un pensamiento reflexivo, el pensar con el propósito de crecer.

El pensamiento reflexivo permite procesar los sucesos de la vida y mejorar después. Al examinar lo que funcionó y lo que no, se es capaz de extraer lo mejor de los éxitos y fracasos, y utilizar el conocimiento para avanzar. Como siempre, tratando de mejorar.

Algunas preguntas que debemos hacernos son; ¿Qué planes funcionaron? ¿Qué decisiones produjeron buenos resultados? ¿Qué decisiones terminaron siendo incorrectas? Si tuviera que abordar la situación de nuevo, sabiendo lo que sé ahora, ¿qué haría yo de manera diferente? ¿Por qué?

Los errores más grandes suelen producir las lecciones más grandes, así que piensa profundamente para evitar que tus mañanas caigan en las mismas trampas que tus ayeres.

Secretario del IMEF Coahuila Sureste.
05 Octubre 2016 03:00:00
Y tú, ¿cómo mides el éxito?
Peter Drucker, considerado el padre del management del siglo 20, mencionó en una de sus muchas frases de negocios que “lo que se puede medir, se puede mejorar”. Bajo este esquema de métricos o indicadores de desempeño, muchas empresas han mejorado un sinfín de procesos y aumentado su productividad y rentabilidad. General Electric y Citibank son algunas de las empresas pioneras en la construcción de modelos de seguimiento y control de objetivos basados en indicadores.

Históricamente, los métricos financieros han sido los más utilizados, pues son el reflejo de lo que está ocurriendo con las inversiones y el valor añadido económico; de hecho, todas las medidas que forman parte de la relación causa-efecto, culminan en la mejor actuación financiera.

Todo lo que pasa en cualquier empresa es un conjunto de hipótesis sobre la causa y efecto entre métricos. Cualquier acción que se ejecute tendrá un impacto directo sobre otra variable. Lo importante es saber que ninguna perspectiva funciona en forma independiente, sino que puede iniciarse una acción con alguna de ellas y repercutirá sobre todas las demás.

En el caso de las personas aplica la misma frase, “lo que se puede medir, se puede mejorar”, para esto es necesario que podamos tener una referencia cuantificable de lo que queremos lograr o superar. Por ejemplo, un jugador profesional de tenis, si quiere llegar a ser el No. 1 en el ranking de la ATP, necesita saber en qué puesto del ranking está actualmente y de esta forma podrá saber la diferencia entre dónde está y hacia dónde quiere llegar, y conociendo la diferencia conseguirá establecer los medios necesarios para alcanzarla.

Tony Robbins hace mención en sus seminarios sobre cuáles son los métricos en tu vida que realmente te van a ayudar a ser una mejor persona en todos los sentidos, que es lo que te va a mantener moviéndote hacia adelante.

Cada persona puede ser motivada por diferentes métricos. Primero hay que preguntarnos: ¿Cuál es la misión de mi vida? ¿Ser feliz sin importar lo que pase a mi alrededor? ¿Generar dinero para satisfacer mis necesidades y ayudar a los demás? Segundo: ¿Cuáles son las creencias que tengo? ¿Cuál es mi forma de pensar y si realmente esa forma de pensar me está ayudando a cumplir la misión que me propuse en la vida? Cada individuo puede llamarle a sus métricos de diferente manera.

Los métricos de cada persona pueden variar dependiendo de lo que realmente quiere lograr en la vida, pero por qué no comenzar hoy pensando en qué área de mi vida personal o profesional quiero mejorar y ponerle un métrico, el cual puede ser del 1 al 10 o de la forma que queramos medirlo, y empezar un plan para mejorarlo, recordando que todo lo que se puede medir, se puede mejorar.

Secretario y expresidente del IMEF Coahuila Sureste.

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