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Alejandro Villagómez
Alejandro Villagómez
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Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profesor investigador de la División de Economía del CIDE, de la cual fue su director del 2000 al 2003. Ha sido consultor y asesor del gobierno mexicano, organismos privados y organismos internacionales. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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12 Enero 2011 04:13:01
Europa se calienta
En esta ocasión quisiera profundizar poco más en este asunto, ya que esta semana podría ser crucial en definiciones futuras cuando algunos países, en particular Portugal, salgan al mercado a obtener recursos. La respuesta de éstos será muy importante.

El ambiente en los mercados europeos se ha venido calentando en las últimas semanas, abonando a una mayor volatilidad e incertidumbre. El principal reflejo de esta situación se registra en al menos dos indicadores inmediatos: un mayor deterioro en el euro y un aumento en los spreads o diferenciales de tasas de interés de la deuda soberana de los países de la región. Esto ocurre para Grecia e Irlanda, a pesar del "rescate" de que han sido objeto. También se observa en el caso de otros países ubicados en la lista "negra" como Portugal, España o Italia. Pero el fenómeno se está extendiendo a otros como Bélgica, e incluso los spreads franceses han registrado ligeros aumentos.

Tal parece que los mercados no están convencidos de que las acciones tomadas hasta este momento sean suficientes para evitar una situación de insolvencia o restructuración de estas deudas. En realidad esto no debiera sorprender ya que desde hace tiempo se ha venido señalando que el mecanismo existente en la región para hacer frente a este problema ha mostrado serias limitaciones. Pero probablemente de mayor importancia es la crítica de que el enfoque utilizado para resolver este conflicto es incorrecto de raíz. Es decir, la medicina utilizada corresponde a un diagnóstico de iliquidez y no de insolvencia, y los problemas que enfrentan varios de estos países tienen un fondo mayor, incluso de carácter estructural.

El problema es que en estas circunstancias se generan dinámicas perversas que tienden a auto realizar los escenarios más pesimistas. Sabemos que varios de estos países tienen en puerta vencimientos de deuda con montos importantes durante el 2011. Entre Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, se estima una cifra superior a los 500 mil millones de dólares. A esto hay que agregar los vencimientos en el sector privado correspondientes a bonos corporativos. El problema es que el deterioro en la confianza de los mercados se traduce en un aumento en los spreads y en un encarecimiento de los recursos necesarios para refinanciar sus compromisos, afectando aún más la confianza. Un círculo vicioso y explosivo.

En este contexto, la percepción de que la debacle en Portugal es inminente ha venido creciendo en las últimas semanas. A esto hay que agregar reportes que señalan presiones de Alemania y Francia para que este país recurra al apoyo financiero. Aunque estos países lo nieguen y Portugal insista en que no los requiere, la triste memoria de un proceso similar en los casos de Grecia e Irlanda abona en el sentido contrario.

Pero existen argumentos más técnicos que hacen suponer que las medidas que se han tomado en los países en conflicto pueden ser poco útiles. En febrero del año pasado explicaba en este espacio cómo puede ocurrir una dinámica explosiva e insostenible para la deuda de un país. Señalaba que el cambio en el acervo de deuda (como % del PIB) de un país en un periodo dado se explica por los siguientes dos componentes. El primero es el déficit público (como % del PIB) en ese lapso, que tiene que ser financiado con nueva deuda, y el segundo componente sería lo que se agrega por el pago del servicio de la deuda existente. Esto es, la deuda multiplicada por un factor compuesto por la diferencia entre la tasa de interés nominal que se paga y la tasa de crecimiento nominal del PIB (i-y).

El primer componente (déficit público) refleja la estructura fiscal ya que depende del gasto e ingreso. El segundo componente es el que me interesa destacar porque contiene los elementos que hacen explosivo el problema. Para estabilizar la deuda se requiere que la tasa de interés que se paga por ella sea menor que el crecimiento nominal de la economía. En otras palabras, las tres variables claves son el spread que se paga por la deuda, el crecimiento real del PIB y la inflación. La combinación deseable es baja tasa de interés, alto crecimiento real y baja inflación. Pero en las condiciones actuales, los spreads van en aumento, mientras que el crecimiento real esperado en estos países será muy pobre, particularmente debido a las acciones de austeridad adoptadas. Y hay que recordar que la posibilidad de que estos países recurran a otras acciones correctivas es limitada como miembros de la zona euro.

Es decir, no pueden optar por una depreciación de su moneda, e incluso una mayor competitividad para crecer más vía sector externo requiere de reducir salarios. Por cierto, ya vimos el efecto social y político que estas acciones han provocado en Grecia e Irlanda.

Como puede verse, el problema de deuda que enfrentan estos países es complicado y su solución, además de dolorosa, no queda clara aún. Las próximas semanas seguramente serán cruciales en el desarrollo de este problema y habrá que seguir de cerca a Portugal y Bélgica. Por lo pronto la temperatura en las economías europeas sigue en aumento.

*Investigador del CIDE.
08 Diciembre 2010 04:09:15
Riesgos inflacionarios por alimentos, ¿segunda llamada?
Peor aún, la dinámica de estos problemas ha provocado que la mayoría de los comentarios se enfoquen a explicar y analizar lo ocurrido o lo que está sucediendo, sacrificando en análisis prospectivos que pueden ser útiles para la adopción de políticas públicas preventivas.

En esta ocasión quisiera referirme a un tema, que si bien ha sido mencionado por algunas autoridades o analistas, considero que aún no se le ha colocado en una dimensión adecuada dada su posible gravedad en un futuro cercano. Me refiero al problema de los precios de los alimentos en los mercados internacionales, y en particular el de ciertos productos básicos como son los granos o cereales, entre otros.

Sería útil revisar rápidamente los últimos reportes referidos a la perspectiva mundial sobre este tema, elaborados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los cuales resultan preocupantes. Incluso, siendo algo temerario, podría hablar de una crisis (potencial) alimentaria en algún momento no tan lejano como el 2011.

Este no es un fenómeno nuevo y ya lo estábamos viviendo desde 2007, y aunque la crisis global sólo lo pospuso, ha vuelto a retomar cierta dinámica preocupante. El problema central lo podemos resumir en un posible faltante mundial de ciertos productos y el aumento desproporcionado de sus precios en los mercados internacionales. Las causas tampoco son nuevas: creciente demanda de algunos grandes mercados emergentes en Asia, particularmente China e India, cambio climático, especulación y el desarrollo creciente de los biocombustibles.

Algunos datos de la FAO sobre la evolución de los precios internacionales pueden ser ilustrativos. El índice de los precios de los alimentos, que considera carnes, lácteos, cereales, azúcar, aceites y grasas, que alcanzó un máximo en 2008 al llegar a 191 (2002-2004=100), alcanzó 205 en noviembre pasado. Pero el índice de precios de los cereales llegó a 225, mientras que el de azúcar alcanzó los 375. Lo más preocupante es que esta misma organización proyecta que los precios promedio de los cultivos durante los próximos diez años para los productos básicos estén por arriba de los niveles de la década anterior a los máximos alcanzados en el 2007-2008, tanto en términos reales como nominales. Por ejemplo, en el caso del trigo y cereales secundarios, se estima que estarán hasta 40% (en términos reales) por arriba de lo observado en el pasado.

Para México este tema es de gran importancia. Hay que recordar que no somos autosuficientes en la producción de varios de estos productos, por lo que se ha tenido que recurrir al mercado externo. Pero a nivel mundial se ha observado una producción menor a la esperada y una disminución no deseada de inventarios. Como señalé antes, las perspectivas son de una menor oferta respecto a la demanda esperada.

Un efecto negativo inmediato se observa sobre la inflación. Este ha sido un elemento importante que explica por qué no se ha logrado alcanzar la meta de inflación de 3%, a pesar de haberse experimentado una fuerte contracción en la demanda agregada. De acuerdo a datos del Banco de México, el componente no subyacente de la inflación, que incluye a los productos agrícolas, superó 8% hacia finales del 2008. Pero el subgrupo de agropecuarios llegó a superar 12% en 2009. En la actualidad, el repunte inflacionario que se está observando se explica nuevamente en gran parte por este componente no subyacente. Aunque los precios administrados y concertados tienen buena parte de la responsabilidad, la información ya muestra con claridad la aceleración en el comportamiento de los precios agropecuarios.

Pero este tema rebasa el asunto de la inflación y la política monetaria, e incluso puede ser considerado de seguridad nacional. Hay que recordar que cuando se registró el fuerte aumento en los precios internacionales y un creciente desabasto en el mundo, en muchos países se registraron importantes movilizaciones sociales y protestas. Es en este sentido que resulta crucial que las autoridades mantengan un seguimiento cercano y sistemático de la evolución de estos precios. Pero de manera más importante, es urgente que se tomen las medidas adecuadas de prevención que permitan estimular la producción interna de productos claves así como la recomposición de inventarios. No soy experto en este tema y no sé exactamente cuáles sean los márgenes de maniobra, pero lo que si me queda claro es que la información disponible parece ser contundente y si se cristaliza una crisis no podrá argumentarse “sorpresa”. Si no se actúa con tiempo, los costos podrían ser muy altos y los niveles de arrepentimiento mayores.



15 Septiembre 2010 03:18:48
1910 – 2010: una reflexión
“…También la economía entró en una grave crisis coyuntural, que vino a sumarse a las debilidades estructurales, como su dependencia del exterior, las disparidades regionales y sectoriales, y la concentración de los beneficios en muy pocas personas. Sucedió que…hubo una crisis internacional que provocó la reducción de las exportaciones mexicanas… Para colmo, los préstamos bancarios se restringieron. Por lo tanto, sin mercado ni insumos ni créditos, los industriales disminuyeron su producción, lo que los obligó a hacer reducciones salariales o recortes de personal, tanto de empleados como de obreros…

En resumen, la crisis económica golpeó los dos escenarios, industrial y rural, y afectó a todas las clases sociales. Más aún, el declive de la actividad económica afectó los ingresos del gobierno, pues disminuyeron los cobros por….derechos de exportación y los impuestos que se aplicaban…El gobierno…respondió con dos estrategias a la reducción de sus ingresos: congeló los salarios y las nuevas contrataciones de burócratas y buscó aumentar algunos impuestos, medida que resultó, como era previsible, muy impopular. Para colmo, dado que la crisis económica tenía carácter internacional, regresaron al país muchos braceros que perdieron sus empleos en Estados Unidos, pero como la situación económica nacional no permitía integrarlos al mundo laboral mexicano, vinieron a aumentar las presiones sociales y políticas que planteaban los desempleados del país…”

Este texto no está tomado de algún periódico o revista de circulación reciente, sino que lo he reproducido de un magnífico e interesante texto del historiador Javier Garciadiego, El Porfiriato (1876 – 1911), que forma parte del libro Historia de México, FCE, recientemente publicado a propósito de estos festejos. Estos párrafos, que edité para eliminar nombres, fechas y algunos datos relevantes a la época, narran la situación económica del país a unos meses del Centenario de la Independencia, en 1910.

Son sorprendentes las similitudes en la descripción de ese entorno económico con los tiempos recientes, a cien años. Con algunos cambios y precisiones, algunos menores (ojo, yo sólo eliminé algunas frases y no agregué nada), Javier estaría perfectamente realizando una crónica de la situación económica del país a poco tiempo de celebrar los segundos cien años de nuestra Independencia.

Es cierto, el México del 2010 no es el mismo al de 1910 y hay que reconocer las transformaciones importantes que ha sufrido su estructura económica. Pero esto no excluye el deber moral y académico de reconocer también, de manera crítica, aquellos elementos que parecieran acercarnos más a 1910. En estos cien años, nuestro crecimiento y desarrollo han sido muy disparejos. En el agregado baste comparar los años de crecimiento sostenido durante la fase del desarrollo estabilizador en los sesentas con la década pérdida de los ochentas, cuando el crecimiento promedio fue nulo. Pero estas divergencias se acentúan a nivel sectorial y regional. En el México actual coexisten zonas de alto desarrollo como el DF o Nuevo León, con regiones que mantienen un atraso sorprendente en Oaxaca o Chiapas, lo que sugiere la persistencia de la polarización.

Sin embargo, si el objetivo último del avance económico en una sociedad es lograr una mejoría sostenida de los niveles de bienestar de su población, en el sentido más amplio, entonces éste elemento puede ser un buen criterio para valorar lo que ha sucedido en los últimos cien años. Considerando la ya célebre frase “la Revolución nos ha hecho justicia”, después de estos cien años los resultados son muy desiguales. Se estiman actualmente 106 millones de mexicanos, de los cuales más de 50 millones son reconocidos oficialmente como pobres. Pero para aquellos que se encuentran en pobreza extrema, la distancia relativa entre las condiciones existentes en 1910 y las actuales no es sustancial, y hablo en términos relativos considerando cien años de distancia. En este caso es claro que la revolución les ha quedado a deber. Pero si volteamos al otro extremo, nos encontramos con que estos millones de mexicanos pobres coexisten con un reducido grupo, algunos de los cuales son miembros distinguidos del “listado Forbes”, para quienes los frutos del progreso en estos últimos cien años han sido más que abundantes. Para ponerlo de otra forma en un comparativo acotado geográficamente: la coexistencia de la modernidad ejemplificada por Sta. Fe y el lacerante rezago y marginación aún existente en Chalco.

No me importa la creencia política, ideológica o el paradigma económico que se defienda. Esto que describo son simplemente hechos conocidos por todos. Es una realidad que vivimos todos los mexicanos, los de arriba y los de abajo, y es una realidad que debe ser considerada seriamente en el análisis y evaluación de los resultados en los últimos cien años. La historia es muy útil para recordarnos esto, sobre todo aquella crítica y objetiva, por lo que hay que conocerla y repasarla con mucho cuidado. Pero más importante es voltear para el otro lado, y pensar y decidir qué queremos para los próximos cien años.





11 Agosto 2010 03:29:19
Debatiendo la legalización de las drogas
En el contexto actual considero pertinente reproducir parte de él con la finalidad de aportar algunas ideas que podrían ser útiles a este debate.

La violencia asociada al narcotráfico se ha incrementado paulatinamente en nuestro país, alcanzando en fechas recientes niveles dramáticos, no sólo por la cantidad de muertes y ejecuciones entre los mismos narcotraficantes, sino porque el número de víctimas inocentes también ha aumentado.

En este marco, el tema de la legalización de la droga regresa a la discusión como una acción que puede contribuir a la solución del problema. Notar que hago referencia al término “una acción”, ya que la intensidad y magnitud del problema requiere de acciones múltiples, unas de corto plazo y de carácter represivo o disuasivo y otras con una visión de mediano y largo plazo en un esquema de solución integral.

En el campo de la teoría económica este tema se ha discutido desde hace ya muchas décadas, siendo Milton Friedman uno de los principales defensores, aunque no el único, ya que existe una amplia lista de economistas reconocidos en la academia, en el gobierno y en organismos internacionales que también abogan por esta solución.

Hace algunos años se le encargó a un profesor de Harvard, Jeffrey Miron, encabezar un grupo de trabajo que analizara este tema para Estados Unidos, aunque con énfasis en su impacto fiscal, reporte que fue apoyado por al menos 500 reconocidos economistas. Hace pocos meses, Miron comentaba en una entrevista a CNN que la prohibición crea violencia porque empuja a que el mercado de las drogas sea subterráneo. Esto significa que compradores y vendedores, no pueden resolver sus disputas mediante canales legales o arbitraje, por lo que terminan utilizando vías violentas. Señalaba que la violencia fue común en la industria del alcohol, cuando fue prohibido, pero no antes o después de este periodo. Miron agregaba que la violencia es la norma en los mercados de apuestas ilegales, no en los legales; es rutina cuando la prostitución está prohibida, no cuando se permite; es resultado de las políticas que crean mercados negros y no de las características propias de los bienes o actividades en cuestión. La única forma de reducir la violencia, por lo tanto, es legalizando las drogas.

Mirón añadía que, de manera fortuita, la legalización es la política correcta por otras razones adicionales.

La prohibición de las drogas corrompe a los políticos y a los encargados de hacer cumplir el orden al poner a la policía, jueces y políticos en una posición que hace peligrar las ganancias de un comercio ilegal. Es por esta razón que el soborno, la amenaza y el secuestro son elementos comunes en las industrias prohibidas.

Y remataba señalando que la historia reciente de México ilustraba dramáticamente este hecho.

Como señalé antes, ésta es una visión compartida por muchos economistas y expertos en políticas públicas y cuya fundamentación descansa en sólidos planteamientos teóricos y empíricos. Un punto central es que la legalización debería transformar el tema de las drogas de un problema legal y de violencia a uno de salud pública, que es como debiera ser considerado y tratado. Algo similar a lo que sucede con el alcohol y el tabaco. Incluso, esto permitiría que los gobiernos pudieran regular su comercio y obtener recursos fiscales que fueran utilizados para educar a la población sobre los riesgos de estas drogas así como sufragar los gastos derivados del tratamiento de los adictos.

Este tipo de argumentos son los que sustentaron las declaraciones de los ex presidentes de Brasil, Fernando Henrique Cardoso; Colombia, César Gaviria y México, Ernesto Zedillo hace más de un año en el sentido de descriminalizar la tenencia de mariguana e incluso la legalización de estas sustancias.

Estas declaraciones las hicieron en su calidad de líderes de una Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia que pretendía impulsar un cambio de paradigmas en el combate a las drogas.

No intento argumentar que ésta es la solución mágica a un problema tan complicado como el que estamos tratando. De hecho, no existen este tipo de soluciones. Pero se cuenta con suficientes estudios y argumentos que apuntan a que puede constituir parte de una solución integral.

Queda claro que ésta es una discusión compleja, e independientemente de su resultado, celebro que el Presidente haya colocado el tema sobre la mesa. Sin embargo, tiene razón Calderón cuando declaró hace tiempo a CNN que esta acción no tiene sentido si no es adoptada simultáneamente por Estados Unidos. Este también es un punto central que ha sido planteado y discutido en el pasado. Si en algún momento se considera esta propuesta como una acción legal, su efectividad dependerá de que sea adoptada por ambos países, e incluso, considerar la participación de otros como Colombia en un acuerdo amplio.

Éste es un tema muy polémico, pero creo que es útil considerar de manera abierta todas las posibles acciones que pudieran contribuir a una solución de largo plazo.
21 Julio 2010 03:29:35
¿Pierde energía la economía mundial?
"Sin duda, ésta es la gran interrogante y preocupación en todo el mundo.
¿Está perdiendo impulso la recuperación?
¿Regresaremos a una situación recesiva?"


Los niveles de desempleo en muchos de los países que pertenecen a la OCDE han alcanzado niveles históricos y una recaída en la actividad económica mundial sería dramática. Parece que esta preocupación es mayor en los países avanzados, cuyos crecimientos esperados de por sí son bajos. Pero también es un serio problema para las economías en desarrollo y emergentes, ya que si bien han estado mostrando mayores tasas de crecimiento, los niveles de pobreza son por mucho mayores y una recaída en la producción y el empleo tiene efectos más devastadores en término del bienestar de las sociedad. Desde luego que para México el problema es particularmente alarmante, en la medida que la recuperación de la economía depende fundamentalmente de lo que suceda con la estadounidense.

El año inició con un relativamente vigoroso ritmo de actividad económica en la mayor parte del mundo, después de que se empezaron a mostrar signos de recuperación durante el segundo semestre del año pasado, afortunadamente antes de lo que se esperaba. Las cifras de producción y comercio exterior durante el primer trimestre fueron muy alentadoras. Pero conforme ha pasado el tiempo, este dinamismo parece estar perdiendo fuerza y diversos indicadores tienden a mostrar resultados mixtos que están generando creciente preocupación. No es que estemos viendo una contracción nuevamente, sino que diversas variables están mostrando una reducción en sus crecimientos. Esto es importante tenerlo en mente.

Por ejemplo, el indicador de la producción manufacturera global estimado por JP Morgan mostró un menor crecimiento por segundo mes consecutivo. En el caso particular del componente de órdenes nuevas, aunque se mantienen en expansión, el ritmo es mucho menor. Da la impresión de que el vapor de la máquina está empezando a faltar.

En el caso particular de los países europeos, los indicadores recientes no son nada alentadores, tal vez con la excepción de la producción en Alemania. Pero aún en el caso de este país, este crecimiento ha estado empujado por su sector exportador, ya que su mercado interno no muestra igual dinamismo, como lo registran reportes recientes sobre las ventas al menudeo, los cuales han sido desalentadores. Esta situación puede complicarse hacia finales del año, cuando se empiecen a sentir los efectos de los programas de austeridad que están implementando estos países en el marco de sus políticas de consolidación fiscal. En último caso, si la economía mundial pierde fuerza ¿a quién exportarán?

Pero seguramente el caso chino es el que está generando mayor preocupación ya que es la economía de la cual se espera sea uno de los principales motores de la recuperación actual. La producción manufacturera desestacionalizada en junio se contrajo por primera vez en varios meses; el indicador de servicios también se debilitó mientras que las órdenes de compra del exterior disminuyeron en junio. Datos preliminares sobre el crecimiento del PIB de este país para el segundo trimestre indica un menor ritmo, 10.3% en dato anual, comparado con el 11.9% registrado el primer trimestre. La ventas al menudeo en junio también mostraron menor crecimiento mientras que la producción industrial en ese mes creció 13.7% comparada con el 16.5% registrado en mayo. Como menciono, no hablamos de una contracción sino de una desaceleración.

En Estados Unidos, el último comunicado de la FED redujo sus previsiones de crecimiento para este año a un rango de 3%-3.5% comparado con el 3.2%-3.7% anterior. Entre los comentarios de este organismo destaca su previsión de que podrían requerirse de cinco a seis años para que la economía regresara a las condiciones registradas previas a la crisis. Entre los últimos indicadores reportados destaca una sustancial caída en el índice de confianza del consumir en julio, que se redujo de 76 a 66.5. Adicionalmente, la caída en 0.1% en su índice de inflación ha reanimado la discusión sobre una posible deflación, que en lo personal considero aún poco probable.

El panorama mundial no parece muy alentador, y si bien creo que estos reportes aún no pueden definir un cambio en la tendencia y por lo tanto la probabilidad de una nueva caída o recesión es aún baja, sí son datos que provocan mayor preocupación. Como inicié esta nota, una desaceleración de la economía mundial sería un evento dramático considerando la situación de muchas economías, pero sobre todo, los niveles de desempleo en diversos países. Y aunque México registre menores niveles de desempleo, el problema está más vinculado a los niveles de pobreza de buena parte de la población, los cuales necesariamente aumentarían.
30 Junio 2010 03:00:05
¿El fracaso del G-20?
Al menos esa es la sensación que deja la crónica de la reunión del G-20 el fin de semana pasado en Toronto y el comunicado que emitieron al final. Creo que éstas son malas noticias para la economía mundial.

Este grupo, que incluye a las economías desarrolladas y a las principales economías emergentes, surge con la finalidad de generar un foro que sirviera como mecanismo de guía y coordinación de las acciones de política económica a nivel mundial, ante la relativa pérdida de hegemonía de las grandes potencias. Sin embargo, esta reunión sólo mostró las enormes diferencias que se producen en situaciones críticas, como las que ha vivido el mundo en la reciente crisis y la falta de coordinación que resulta, por más que se maquille en los documentos oficiales.

Si se revisa con detenimiento el comunicado oficial emitido al final de la reunión, además de encontrarse con un largo y tedioso documento, lleno de párrafos ambiguos de redacción barroca y compromisos poco claros, lo único que se puede constatar es una enorme descoordinación. Prácticamente cada quien puede jalar para donde quiera. La frase favorita es “…las medidas serán implementadas a nivel nacional y serán diseñadas de acuerdo a las circunstancias de cada país…”

La agenda de la reunión presentaba dos puntos centrales motivo de la polémica: a) el tema fiscal, que refleja la visión que se tiene sobre la situación económica mundial y la necesidad de mantener o retirar los estímulos fiscales y b) la posibilidad de introducir un impuesto a las transacciones financieras a nivel mundial. En el segundo caso, la propuesta provenía fundamentalmente de Europa, con el patrocinio de Alemania. De hecho, este país anunció una medida en este sentido hace algunas semanas, la cual aplicaría en su sistema financiero. Sin embargo, no fue apoyada por la mayoría de los países europeos ni por el resto de los miembros del G-20, por lo que el “acuerdo” fue que cada país considere la mejor acción posible para reducir el costo a los contribuyentes de futuros posibles rescates derivados de otra crisis financiera.

Pero el tema más candente y que dominó la reunión fue el fiscal, y en este tema, Estados Unidos prácticamente se quedó solo frente al bloque de “los otros”, bajo el liderazgo de Alemania. En realidad, este desencuentro refleja dos visiones distintas sobre cómo enfrentar la situación económica actual. Las dos visiones pueden coincidir en que la condición económica mundial es aún frágil, la recuperación endeble y el desempleo agobiante, pero el camino a seguir es diferente. Para Estados Unidos es fundamental mantener los estímulos fiscales que permitan apuntalar el crecimiento futuro, por lo que retirarlos de manera anticipada puede ser contraproducente. En cambio, para Alemania es urgente regresar a la disciplina fiscal que permita reequilibrar las finanzas públicas de los distintos países, reduciendo su déficit y niveles de endeudamiento como proporción del PIB. Sólo esto puede garantizar un crecimiento sostenido en el largo plazo. Desde luego que el contexto que enmarca cada una de estas posiciones es distinto. Francia, y particularmente Alemania, sienten la enorme presión y costo derivados de los problemas que enfrentan países como Grecia, España o Irlanda. Obama, por su parte, seguramente refleja su enorme frustración por la economía que heredó y las pobres expectativas que se presentan para el resto de su administración, lo que lo obligará a entregar cuentas raquíticas a un electorado que tenía en mente otro panorama.

En otro nivel, este desencuentro también refleja dos visiones teóricas distintas en la economía. La posición ortodoxa que considera como distorsionante la intervención del Estado en el ciclo económico y que la única posibilidad para garantizar un crecimiento sostenido en el largo plazo es mantener acotada esta participación en el marco de un presupuesto balanceado. Por otro lado, estaría la visión de que, en las condiciones actuales de una demanda deprimida y alto desempleo, existe margen para que las políticas públicas permitan mitigar los efectos negativos del ciclo económico. Este es un debate añejo en la ciencia económica, y en particular en la macroeconomía, que podría abordar en otra ocasión.

Al final, la forma en cómo dirimen su desencuentro los miembros del G-20 es acordando impulsar “una consolidación fiscal amigable con el crecimiento”. Para ser honesto no sé si entiendo exactamente el fondo o sustancia de este concepto. De repente parece más una idea vacía, sin sentido, y una solución de los “burócratas” responsables de redactar un documento que intenta esconder los desencuentros y la descoordinación existente en el grupo. Pero realmente lo preocupante es lo que podría suceder en el futuro. Queda claro que la única forma de recuperarse de una crisis global, como la que vivimos es a través de acciones globales y coordinadas. Si esto no ocurre, difícilmente podrán superarse los desbalances mundiales que en parte fueron responsables de esta crisis.

Comentarios: .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo),
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09 Abril 2010 03:37:23
Legalizar las drogas y la guerra al narco
La violencia asociada al narcotráfico se ha ido incrementando paulatinamente en nuestro país, alcanzando en fechas recientes niveles dramáticos, no sólo por la cantidad de muertes y ejecuciones entre los mismos narcotraficantes, sino porque el número de víctimas inocentes también ha aumentado

Las acciones vandálicas y violentas se han expandido escandalosamente en distintas ciudades del país. En este marco, el tema de la legalización de la droga regresa recurrentemente a la mesa de las discusiones como una acción que contribuya a la solución del problema. Notar que hago referencia al término “una acción”, ya que la intensidad y magnitud del problema probablemente requiera de acciones múltiples, unas de corto plazo y de carácter represivo o disuasivo y otras con una visión de mediano y largo plazo en un esquema de solución integral.

En el campo de la teoría económica, el tema de la legalización de la droga como solución a este problema se ha discutido desde hace ya muchas décadas, siendo Milton Friedman uno de los principales defensores, aunque no el único, ya que existe una amplia lista de economistas reconocidos en la academia, en el gobierno y en organismos internacionales que también abogan por esta solución.

Hace algunos años se le encargó a un profesor de Harvard, Jeffrey Miron, encabezar un grupo de trabajo que analizara este tema para Estados Unidos, aunque con un énfasis en su impacto fiscal, reporte que fue apoyado por al menos 500 reconocidos economistas. Hace pocos meses, Miron comentaba en una entrevista a CNN que la prohibición crea violencia porque empuja a que el mercado de las drogas sea subterráneo. Esto significa que compradores y vendedores, no pueden resolver sus disputas mediante canales legales o arbitraje, por lo que terminan utilizando vías violentas. Señalaba que la violencia fue común en la industria del alcohol, cuando fue prohibido, pero no antes o después de este periodo.

La violencia es la norma en los mercados de apuestas ilegales, no en los legales. La violencia es rutina cuando la prostitución está prohibida, no cuando se permite. La violencia es resultado de las políticas que crean mercados negros y no de las características propias de los bienes o actividades en cuestión. La única forma de reducir la violencia, por lo tanto, es legalizando las drogas. Mirón añadía que, de manera fortuita, la legalización es la política correcta por otras razones adicionales. La prohibición de las drogas corrompe a los políticos y a los encargados de hacer cumplir el orden al poner a la policía, jueces y políticos en una posición que hace peligrar las ganancias de un comercio ilegal. Es por esta razón que el soborno, la amenaza y el secuestro son elementos comunes en las industrias prohibidas. Y remataba señalando que la historia reciente de México ilustraba dramáticamente este hecho.

Como señalé antes, ésta es una visión compartida por muchos economistas y expertos en políticas públicas y cuya fundamentación descansa en sólidos planteamientos teóricos y empíricos. Un punto central es que la legalización debería transformar el tema de las drogas de un problema legal y de violencia a uno de salud pública, que es como debiera ser considerado y tratado. Algo similar a lo que sucede con el alcohol y el tabaco. Incluso, esto permitiría que los gobiernos pudieran regular su comercio y obtener recursos fiscales que fueran utilizados para educar a la población sobre los riesgos de estas drogas así como sufragar los gastos derivados del tratamiento de los adictos.

Este tipo de argumentos son los que sustentaron las declaraciones de los ex presidentes de Brasil, Fernando Henrique Cardoso; Colombia, César Gaviria y México, Ernesto Zedillo hace poco más de un año en el sentido de descriminalizar la tenencia de mariguana e incluso la legalización de estas sustancias. Estas declaraciones las hicieron en su calidad de líderes de una Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia que pretendía impulsar un cambio de paradigmas en el combate a las drogas.

No intento argumentar que esta acción es una solución mágica a un problema tan complicado como el que estamos tratando. De hecho, no existen este tipo de soluciones. Pero se cuenta con suficientes estudios y argumentos que apuntan a que constituye parte de una solución integral. No obstante, existen múltiples obstáculos, incluso sólo para su discusión amplia y abierta. Ya declaró el Secretario de Salud que no está de acuerdo con esta propuesta y seguramente el presidente Calderón está en esa misma posición.

Sin embargo, en algo tiene razón el Presidente cuando declaró hace algunos días a CNN que esta acción no tiene sentido si no es adoptada simultáneamente por Estados Unidos. Este también es un punto central que ha sido planteado y discutido en el pasado. Si en algún momento se considera esta propuesta como una acción legal, su efectividad dependerá de que sea adoptada por ambos países, e incluso, considerar la participación de Canadá en un acuerdo amplio y tripartito.

Estoy consciente de que éste es un tema muy polémico, pero creo que sería útil considerar de manera abierta todas las posibles acciones que pudieran contribuir a una solución de largo plazo.
04 Noviembre 2009 04:57:20
Ahora habrá que repartir el pastel
Después de uno de los procesos más tortuosos de los que tengamos memoria en épocas recientes para definir las fuentes de financiamiento del gasto público, finalmente en las primeras horas del domingo quedó aprobada la Ley de Ingresos que aplicará en el 2010 (quedaron pendientes algunos puntos que se definirán los próximos días)

2009-11-04

Pero a grandes rasgos, el legislativo está proporcionando al ejecutivo los recursos solicitados para financiar su gasto propuesto. Debe quedar claro que este paquete de ingresos terminó, como es costumbre, en un enorme conjunto de parches y de ninguna manera ataca el problema estructural, aunque hay que reconocer que algunas de las medidas aprobadas apuntan en el sentido correcto. En todo caso, tenemos ya el pastel y ahora ha comenzado el proceso de su repartición, desde luego, entre los invitados al festín.

En principio, el gasto público debería reflejar los intereses de la sociedad. En este sentido, la secuencia debería ser primero definir y acordar en qué y cuánto queremos gastar como sociedad y luego definir cómo financiamos ese gasto. En la realidad las cosas no funcionan así. Para empezar, hay que recordar que la mayor parte del paquete presupuestal (alrededor de 85% a 90% en promedio) está compuesto por lo que denominan gasto “irreductible” o inercial.

Esto es, el gasto requerido para mantener la estructura y programas ya existentes, muchos de los cuales fueron creados hace mucho tiempo y no necesariamente reflejan los intereses de la sociedad en este momento, pero que por diversos motivos (técnicos, políticos, etcétera) son difíciles de modificar. En consecuencia, la discusión termina siendo sobre el remanente.

En realidad, el llamado gasto irreductible no debiera ser inamovible. Absolutamente toda la estructura administrativa del sector público y sus programas debieran ser susceptibles de evaluación, y aquello que constituya redundancia, que muestre ineficiencias o represente programas fallidos por no haber logrado sus objetivos, debieran ser eliminados, fusionados o reestructurados. Por cierto, esto no puede realizarse en un par de semanas, por lo que independientemente de lo que suceda en estos días en el Congreso, sería muy útil que los legisladores acordaran entrar a un proceso con mayor tiempo que implicara una verdadera evaluación de la estructura actual de este gasto para tomar decisiones más serias el próximo año. En todo caso, poco veremos ahora en este sentido, más allá de algunas propuestas del Ejecutivo federal, por lo que la discusión será sobre los márgenes.

¿Qué puntos novedosos propone el Ejecutivo? Probablemente algo de lo más relevante es la propuesta de reducir ciertos gastos. En particular propone eliminar tres secretarias: Turismo, Reforma Agraria y Función Pública. Adicionalmente propone reducir en 5% las estructuras de altos mandos y estructuras administrativas en la Administración Federal. También reducir en 10% el gasto correspondiente a embajadas y representaciones y de delegaciones federales. En realidad es poco lo ofrecido ya que no es difícil asumir que existen mucho más rubros a los que se puede recurrir, pero creo que lo mejor sería hacerlo en el marco de una verdadero proceso de evaluación, profunda y documentada. Lo más curioso es que si bien, durante estas últimas semanas oímos muchas voces urgir una reducción en los gastos del sector público, ahora oiremos también muchas voces defendiendo a estas tres secretarías y a otros programas y gastos. Al final resulta, que con excepción de los sueldos y prestaciones de los altos funcionarios, todos los demás son gasto necesarios. Nadie quiere entrar a un proceso de evaluación profunda y reconocer que seguramente alguna parte de su presupuesto no pasaría pruebas más estrictas en esta evaluación. Y esto no sólo incumbe al gasto del gobierno federal, sino que se extiende a los otros poderes de la federación, así como a los Estados. Por ejemplo, frente a una propuesta de reducir los recursos destinados a los partidos políticos oímos todo tipo de argumento en defensa. Son gastos prioritarios o su reducción constituye una cantidad poco significativa. Es decir, no existe la posibilidad de que mediante múltiples ahorros se logre acumular un monto significativo, independientemente de que este es un gasto típicamente poco transparente.

Finalmente, el elemento dominante en la discusión de los próximos días será el tratar de “jalar agua para sus molinos”. Esto es, veremos grupos de legisladores, que bajo argumentos “convincentes” de defender a los pobres, a la educación y la ciencia, a la seguridad social, al campo, a los pequeños productores u otras funciones centrales para la sociedad, buscarán aumentar partidas que permitan legitimizarlos frente a su electorado. Como lo dije antes, reconozco los serios problemas de las finanzas públicas, pero no creo que el camino tomado sea el mejor en este momento o el único. Se nos pide un sacrificio. Espero que el Legislativo y los partidos políticos correspondan con su parte.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
14 Octubre 2009 03:32:38
El Nobel de Economía y nuestra economía
El primero es un reconocido economista que se ha mantenido en la lista de los posibles ganadores desde hace ya varios años. La sorpresa probablemente fue Ostrom, quien es la primera mujer en obtener este reconocimiento y es poco conocida entre la mayoría de los economistas, probablemente porque no es en realidad economista, sino politóloga, pero quien ha realizado importantes trabajos en el campo del desarrollo económico. Pero más allá de estos datos anecdóticos, lo importante es entender qué es lo que se está buscando premiar.

De manera más general se está reconociendo a una escuela denominada la Nueva Economía Institucional. Tampoco es la primera vez que seguidores de esta corriente obtienen este premio, siendo el más reciente Douglas North, a principios de la década pasada.

A diferencia de una visión ortodoxa, en esta escuela destacan conceptos como racionalidad acotada, costos de transacción, contratos incompletos, comportamiento oportunista y el papel central de las instituciones, en un sentido más amplio. Estos no son conceptos triviales, pues trastocan la forma de entender el funcionamiento de nuestro sistema económico y sus implicaciones de política. Como señala John Nye, ex profesor de Washington University (enclave importante de esta corriente y donde también me dio clases junto con North): sus contribuciones ayudan a “entender cómo trabajan los mercados en el mundo real donde los costos de transacción son altos, el establecimiento de mercados que funcionen sin problemas es costoso, la información es incompleta y las opciones de contratación y producción son limitadas. Ellos muestran cómo las empresas, comunidades y organizaciones vienen a resolver estos problemas con la ausencia de regulaciones gubernamentales y cómo las decisiones que realizan pueden ser inhibidas por malas políticas públicas o apoyadas por buenas reglas que promuevan derechos de propiedad estables y contratos confiables”.

En otras palabras, señalan que los mercados no resuelven todos los problemas en la asignación de recursos e incentivos. Pero la sociedad encuentra maneras de hacerlo a través de estructuras organizacionales, arreglos u otras instituciones, valores, incentivos y reconocimientos. En esta agenda de investigación, la empresa no es sólo una función de producción sino una estructura de gobierno, lo cual no es cosa menor.

En uno de sus libros, probablemente el más conocido, Las instituciones económicas del capitalismo, Williamson señala que contrariamente a concepciones anteriores, en donde las instituciones económicas del capitalismo son explicadas en referencia a intereses de clase, tecnología o poder monopólico, el enfoque de los costos de transacción mantiene que estas instituciones tienen el principal objetivo de economizar en estos costos. Es decir, las instituciones juegan un papel central para el buen funcionamiento del sistema y su estructura de gobierno es fundamental.

Puesto de otra forma, a diferencia de una visión ortodoxa, estos planteamientos nos ayudan a entender que en los mercados existen circunstancias que conducen a que no se presente un equilibrio óptimo o este sea ineficiente. En esos casos, el diseño creativo de instituciones, cuya función sea la de provocar que se alcance una situación cercana a un resultado social y económicamente eficiente conducirá a mayor progreso económico y social. Y créanme que estas situaciones no son excepciones en el mundo real.

Es aquí en donde este tipo de desarrollos teóricos tienen mucho que aportar a nuestro país, no sólo para explicar por qué estamos en donde estamos, sino sugerir soluciones. Sabemos que una de las principales causas que nos impiden crecer y prosperar es que no hemos resuelto el problema de generar las instituciones adecuadas que promuevan esta condición, a pesar de las reformas estructurales de la década de los noventas. Nuestra historia ha sido la de generar instituciones que sólo promueven la redistribución de la riqueza entre grupos rentistas, sean del sector público, privado o social, pero no crean nueva riqueza ni promueven progreso. Estos es lo que está detrás de la ahora tan usada frase de que el país está capturado por estos grupos. Esta literatura nos ofrece explicaciones interesantes para entender, por ejemplo, los procesos de privatización y sus resultados, la relación contractual entre empresas privadas y públicas, el papel, funcionamiento y consecuencias de grandes compañías como Telmex, el papel y alcance de la regulación, las relaciones sindicatos-empresas y muchos otros campos en donde se presentan relaciones contractuales, pero en donde la existencia de costos de transacción requiere de idear las mejores estructuras de gobierno para conducir a resultados que beneficien a todas las partes involucradas. Creo que sería muy útil que nuestros responsables del diseño y ejecución de las políticas públicas en nuestro país se “echaran” un clavadito en esta literatura.

Investigador del CIDE y de la EGAL-ITESM-MX

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30 Septiembre 2009 03:41:48
¿Es posible crecer y tener reforma fiscal?
Todos coinciden en que ambos son problemas que deben atenderse urgentemente, pero al priorizar el crecimiento, encuentran contraproducente una reforma fiscal simultánea

Ésta es LA PREGUNTA, pero casi nadie parece darle respuesta afirmativa. Prácticamente todos coinciden en que ambos son problemas que deben atenderse urgentemente, pero al priorizar el crecimiento, encuentran contraproducente una reforma fiscal simultánea. Desde mi perspectiva, creo que el principal problema se encuentra en ubicar en un esquema temporal acotado el cumplimiento de ambos objetivos.

Nuestra actividad económica está pasando por una de las peores contracciones en su historia. El costo más visible es la pérdida de empleos e ingresos, aunque existen otros. Pero también sabemos desde hace mucho tiempo que las finanzas públicas tienen serios problemas estructurales, lo cual nos impidió implementar una verdadera política contracíclica, a diferencia de otros países. De no resolver esta situación, y entre más rápido mejor, continuará siendo un importante obstáculo para crecer en el futuro. La crisis actual terminó por hacer más que evidente estos problemas. Bajo crecimiento interno produce baja recaudación; bajo crecimiento externo refuerza esto y además deprime el precio del crudo, lo que aunado a la caída en nuestra producción significan menores ingresos públicos por este concepto. Esto se refleja en un enorme “hoyo fiscal” y como la ley señala una regla de balance equilibrado, pues este año se redujo el gasto y se presenta una propuesta fiscal que sugiere cómo atacar el problema en 2010.

Si bien no es la reforma esperada, contiene algunos elementos iniciales. Hay que ajustar el gasto, aunque esto no sólo implica cortar de tajo algunas secretarías. Se requiere de un análisis serio y mayor esfuerzo en esta materia. Por el lado de ingresos se ha insistido mucho en reducir el peso de los petroleros, que son cíclicos y temporales. Pero esto sólo es posible aumentando la participación de los tributarios, vía una mejor recaudación, pero también modificando su estructura actual. Los ingresos por bienes y servicios públicos también son más estables. Otro componente es modificar la regla fiscal respecto al déficit.

Sabemos que aumentarlo conlleva a otros problemas en el futuro y no es deseable si no responde a nuestra capacidad futura de pago. En todo caso hay que observar que tanto una reducción en el gasto como un aumento de impuestos tienen efectos “recesivos” en lo inmediato, aunque no sabemos exactamente de qué magnitud.

Entre los dos objetivos, crecimiento y reforma fiscal, existe consenso de que la prioridad está en el primero, el problema es que cada quien ve una forma distinta de lograrlo. Hay divergencias en la temporalidad y probablemente muchas confusiones. Por ejemplo, aquellos que dicen que hay que reducir más el gasto y no aumentar impuestos porque es recesivo, en realidad no ven que su propuesta sigue siendo recesiva, a menos que estén seguros que el sector privado crecerá de manera importante, lo cual es poco probable dada la lenta reactivación externa y nuestro mercado interno poco dinámico. Nos guste o no, el gasto del sector público constituye por el momento una importante contribución al crecimiento en las condiciones actuales en muchos países. Al menos ésta es mi lectura de las sugerencias del FMI o del G-20 de no abandonar aún los paquetes fiscales.

Por otro lado, la propuesta gubernamental refleja la medicina estándar y “probada”. Controlando el déficit en lo inmediato genera condiciones que favorecen el crecimiento futuro, aunque en el corto plazo tendría un impacto negativo. Lo que parecería no reconocer es que la contracción en el producto en la magnitud actual puede provocar que tardemos mucho en regresar a nuestro nivel de producción tendencial, pero peor aún, que este último se ajuste a la baja, afectando adicionalmente el empleo. Éste es otro costo que no se menciona mucho, pero que está documentado y es en parte una justificación para el uso de paquetes fiscales contracíclicos en la literatura internacional.

Considerando las declaraciones de los involucrados, el mayor riesgo es que se decida por un esquema que al final sólo conduzca a un mayor déficit y deuda, sin garantía de repago y afectemos crecimiento futuro. Sin embargo, me extraña que no se mencione una alternativa que estaba incluida en la plataforma del PRI y que la SHCP ha introducido, aunque tibiamente, al modificar el reglamento de la LFPRH. Ésta constituye un esquema ubicado en un horizonte de tres a cinco años. Aceptar que el gasto público contribuya en mayor medida al crecimiento en lo inmediato y de manera temporal, e incluir un esquema de ajustes en el gasto y en los impuestos, algunos de ellos con cambios temporales, pero en ese mismo horizonte, de tal forma que se garantice de manera explicita el repago futuro de la deuda generada para financiar el déficit actual. Esta opción, que he venido comentando desde hace tiempo y ha sido utilizada en otros países, permite reconciliar crecimiento con la necesidad de una reforma fiscal, pero en cierta forma distribuyendo beneficios y costos en el tiempo.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM

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09 Septiembre 2009 03:47:15
¿Cómo se dará un déficit presupuestal excepcional?
En México la política monetaria se guía por una regla de objetivo de inflación. En los últimos años, la “regla fiscal” ha sido alcanzar un equilibrio presupuestal o déficit cero. Ésta se formalizó en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LFPRH) aprobada en el año 2006.

Si bien resulta positivo el uso de esta regla, tiene el inconveniente que ha reforzado el carácter procíclico de nuestra política fiscal en el pasado, ya que al disminuir el ingreso debido a un choque negativo (por ejemplo una caída en el precio del petróleo), la regla obliga a reducir también el gasto. Desde hace varios años he venido sugiriendo una regla alternativa que, al tiempo de mantener la transparencia, le dé mayor flexibilidad a las finanzas públicas frente al ciclo económico funcionando de manera contracíclica. El concepto es el de déficit estructural o ajustado al ciclo y se usa en otros países. En América Latina la referencia es Chile, lo cual le permitió mayor margen de acción durante esta crisis (obviamente hay otros elementos adicionales). En esta columna, al igual que en mi blog “Tintero Económico Diario” he venido discutiendo este tema desde hace tiempo.

El problema que enfrenta SHCP es una importante contracción en sus ingresos, lo que implicaría, de acuerdo con la regla fiscal, una reducción similar en el gasto. En realidad el problema es más profundo debido a los problemas estructurales en nuestras finanzas públicas. Pero dejando esto de lado, en las condiciones actuales sería desastrosa una reducción en el gasto en la magnitud sugerida por el “hoyo” fiscal debido a su impacto recesivo. Es por eso que la propuesta fiscal en este momento plantea combinar tres componentes: aumentar ingresos, reducir gastos y permitir mayor déficit. Cabe señalar que los dos primeros son necesarios, aunque su efecto en el corto plazo puede ser “recesivo”.

El tercer componente en principio no sería posible según la rigidez contenida en la regla fiscal. Es por eso que también el FMI y la OECD recomendaron este año a nuestro país adoptar la regla alternativa (estructural o ajustada al ciclo).

Parece ser que la autoridad fiscal ha dado el primer paso para ajustar su regla, en cierta forma “a la mexicana”. El viernes publicó el Diario Oficial las modificaciones al reglamento de la LFPRH. El punto relevante está en el artículo 11, que señala en qué condiciones (excepcionales) se puede tener un déficit distinto a cero. En este caso, el balance presupuestal respondería a una meta basada en el ciclo económico y se requiere que el aumento en el saldo histórico de sus requerimientos financieros como proporción del PIB generado en un ciclo económico se revierta en los tres primeros años del siguiente ciclo. Un concepto central en este esquema es el de PIB potencial, entendido como el nivel de producción “óptimo” de nuestra economía. El PIB que conocemos y que se publica es el realizado o actual. El potencial es una variable no observada y tiene que ser estimada. Por eso en el articulado se hace referencia al “nivel de tendencia”, como una aproximación a este valor potencial. Los aspectos técnicos son complicados y algunos detalles se mencionan en los artículos 11A y B.

Para ayudar a comprender un poco más este tema, vale la pena ver la intuición detrás de este concepto que intento explicar de manera sencilla en este reducido espacio. La producción de una economía oscila alrededor de su nivel potencial o tendencial a lo largo del tiempo. Por ejemplo ahora estamos por debajo debido a la recesión. Esto afecta al déficit de manera endógena por varias razones. Por ejemplo, la misma recesión provoca una reducción en ingresos como los tributarios, tal como lo estamos viendo. Si mantengo el gasto aumenta el déficit. Como ya lo señalé, la regla fiscal que se ha usado obligaría a reducir el gasto. Pero además, como esta regla está definida como proporción del PIB actual, al caer éste provoca un mayor aumento en el indicador del déficit, complicando el problema. El concepto de balance estructural intenta separar los componentes cíclicos de los estructurales; dicho de otra forma, aquellos cambios en el déficit provocados por decisiones de política y los generados automáticamente por el propio ciclo económico. Además, al referir la regla a un déficit como proporción del PIB potencial, aunque disminuya el ingreso en el ciclo, dado que este último PIB no cambia (porque es la tendencia), puede aumentar el déficit no estructural (el que conocemos), evitando una contracción en el gasto y respetando la nueva regla. Es por eso que funciona de manera contracíclica. Finalmente, para que esto realmente funcione, es crucial que suceda lo contrario durante un auge, ya que el mayor déficit implica aumento en deuda y es fundamental garantizar su repago para mantener la sustentabilidad fiscal de largo plazo. Habrá que ver qué sucede en la práctica, pero aplaudo la decisión de Hacienda.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM

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22 Julio 2009 03:49:52
El Papa y la economía
Es claro que la Iglesia católica tiene una enorme influencia sobre miles de millones de habitantes en el mundo, por lo que resulta útil realizar una breve revisión de algunos de los conceptos incluidos en este documento.

Habría que señalar que esta encíclica se desarrolla tomando como base otra publicada por el papa Paulo VI en 1967, poco después del Segundo Concilio Ecuménico, titulada “Populorum Progressio” y en la que expresa el punto de vista de la Iglesia católica respecto al concepto de “desarrollo integral de la humanidad”.

En el documento actual se hace referencia a un conjunto de elementos que explican los problemas actuales, destacando el juego de las fuerzas técnicas, la interrelación mundial, los efectos dañinos derivados de un negocio financiero mal manejado y altamente especulativo; la migración de gente a gran escala y la explotación no regulada de los recursos naturales. Éstos son aspectos que requieren de solución.

De manera importante, este documento dedica amplio espacio al mercado laboral y la seguridad social. La reflexión la presenta en el marco de los procesos de globalización. En este sentido señala que la creciente competencia internacional en busca de capitales mediante el uso incentivos fiscales y desregulación laboral también ha conducido a degradar los sistemas de seguridad social poniendo en peligro los derechos de los trabajadores, derechos humanos fundamentales y la solidaridad asociada con las formas tradicionales del Estado social. Esto significa que estos sistemas de seguridad social no pueden cumplir con sus objetivos, particularmente en países pobres y emergentes. Pero en esta reflexión le toca su golpecito a los organismos internacionales, ya que critica aquellas políticas de ajuste presupuestal dictadas por estas instituciones que terminan por dejar indefensos a los ciudadanos frente a viejos y nuevos riesgos, lo cual se agrava por la creciente pérdida de protección efectiva por parte de las asociaciones laborales. A pesar de reconocer los beneficios derivados de la creciente movilidad laboral, también señala que puede crear nuevas formas de inestabilidad sicológica afectando la vida familiar de los trabajadores y conduciendo a desperdicios sociales y nuevas formas de marginalización. En suma señala que “la ciencia económica nos dice que la inseguridad estructural genera actitudes antiproductivas y desperdicio de recursos humanos, en la medida que los trabajadores tienden a adaptarse de manera pasiva a los mecanismos automáticos, en vez de aprovechar la creatividad. En este punto también existe una convergencia entre la ciencia económica y la evaluación moral. Costos humanos siempre incluyen costos económicos y disfuncionalidad económica siempre entraña costos humanos”

El documento va más allá al sugerir que se requiere de una mayor y más profunda reflexión sobre el significado de la economía y sus objetivos, al igual que de una profunda y amplia revisión del modelo actual de desarrollo para corregir sus disfuncionalidades y desviaciones. Disminuyendo el nivel de protección de los trabajadores o abandonando los mecanismos de redistribución de riqueza con la finalidad de aumentar la competitividad internacional del país, termina por afectar las posibilidades de un desarrollo de largo plazo.

Esta encíclica aborda otros conceptos de manera interesante, como sería el tema de las ganancias o el papel del mercado. Critica la concepción binaria mercado-Estado en donde ambos mantienen su poder monopólico, lo que termina por afectar el crecimiento y desarrollo de los países. Aunque reconoce la importancia de los flujos internacionales de capital, crítica el hecho de que éstos se guíen por ganancias especulativas y se pierda la oportunidad se ser reinvertidos produciendo riqueza en el lugar donde se generan estos capitales. Por falta de espacio no puedo profundizar en esta nota, pero invito al lector a revisar este documento, el cual considero interesante y es probable que pueda incluso levantar alguna polémica en los próximos meses. No es mi tema la Iglesia, pero estoy seguro que el papa Paulo VI podría caracterizarse como más liberal y abierto a muchos temas y discusiones que el actual papa Benedicto XVI. Pero no cabe duda que lo profundo y complicado de la actual crisis está provocando un desplazamiento en los ejes y puntos medios de la geometría ideológica en muchos campos.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
01 Julio 2009 03:07:01
Honduras: democracia y crecimiento
Si no fuera por el futbol, la mayoría de los mexicanos sabrían casi nada sobre Honduras, como de la mayoría de los países al sur de nuestra frontera

Este país, con casi 7.5 millones de habitantes, alrededor de 80% menor de 35 años, es un claro ejemplo de la pobreza y el atraso que ha caracterizado a esa región por décadas como consecuencia de estructuras sociales, políticas y económicas que han favorecido a grupos de oligarcas rentistas, apoyados por largos periodos de dictaduras militares.

Aproximadamente un tercio de la población se encuentra ocupada en la agricultura y poco más del 40% en los servicios. Al menos el 20% de la población mayor a 15 años es aún analfabeta. De acuerdo con la CEPAL, aproximadamente el 60% de la población se encuentra en pobreza, medida como un ingreso menor al doble del costo de una canasta básica, y un 26% está en pobreza extrema. Casi el 45% del ingreso se concentra en el último decil, aunque hay que reconocer que esta cifra es muy similar a lo que ocurre con la mayoría de los países en América Latina, incluido el nuestro. Esta foto podrá parecer dramática, pero hace menos de dos décadas era aún peor. El regreso a la vida democrática hace ya algunos años, como sucedió con la mayoría de los países de la región, abrió la posibilidad de sentar las bases para iniciar cambios en todos los sentidos que permitieran revertir esta situación. Cabe señalar que entre el 2004 y 2007, este país creció por arriba del 6% real anual en promedio. Incluso su crecimiento en el 2008 fue cercano al 4%.

Esto me lleva al tema sobre democracia y crecimiento económico, de crucial interés en la ciencia económica. Si bien en su trabajo clásico de 1996, Barro encontró una débil relación entre estas variables, resultados posteriores muestran su relación positiva, a pesar de que “democracia” es una variable difícil de medir para estas pruebas estadísticas. Pero de manera más importante habría que destacar que ésta parece ser una relación de largo plazo, como lo enfatiza Acemoglu, profesor del Tecnológico de Massachusetts. Señala cómo la historia nos muestra que países que fueron creando instituciones democráticas y un ambiente favorable a la “destrucción creativa” lograron crecimientos mayores que aquellos que se aferraron a regímenes autocráticos. Es decir, la democracia no es un remedio mágico, sino que requiere de mucho tiempo para que empiece a rendir frutos.

Es un largo proceso que debe incluir la creación de las instituciones que promuevan las oportunidades y el crecimiento. Como señala North (premio Nobel), una condición necesaria para el crecimiento económico es la adecuada definición de los derechos de propiedad y su respeto, lo cual sólo es posible cuando los derechos políticos y civiles están seguros, de lo contrario siempre existe el riesgo de confiscación. O como señala Rodrick, la democratización puede limitar las actividades rentistas si se crea un sistema de contra-balances. Las instituciones democráticas pueden verse como la última instancia para el manejo de conflictos en la medida que permitan que las diferencias de los grupos sociales puedan ser resueltas de manera predecible, incluyente y participativa. Pero insisto que este es un proceso que requiere de mucho tiempo, como lo muestra el ejemplo de nuestro país en donde aún no termina por consolidarse a pesar de los años transcurridos. Pero hay que iniciarlo, invertir en él y evaluarlo sistemáticamente.

Lo que acaba de suceder en Honduras es un grave atropello no sólo a las mínimas garantías individuales, sino a esta lógica. Este país forma parte de un enorme conjunto de países que están urgidos por acelerar su democratización y crear las instituciones conducentes a mayor crecimiento y bienestar. Hace poco lo iniciaron y este golpe es un freno y regreso al pasado, con un enorme costo para la mayoría de su población. Los conflictos internos entre grupos deben ser resueltos a través de los causes institucionales y democráticos y mediante las reglas del juego que predominan en el entorno mundial moderno. No existe ninguna razón para justificar una acción que termina por destruir instituciones y cancelar avances.

Son probablemente estas las razones que han llevado a ubicarse en el mismo lado a gobernantes tan distintos como Chávez y Ortega, junto con Obama y Calderón, para demandar el regreso a la institucionalidad y no reconocer a las nuevas autoridades. En muy pocas ocasiones se había visto una reacción unánime frente a un evento de esta naturaleza. Ahora es importante que esta comunidad internacional efectivamente haga valer su posición y utilice los mecanismos adecuados para ello. Si bien el regreso de Zelaya podría no garantizar la democracia ideal y el crecimiento, mi argumento es que coadyuva a continuar con este proceso que seguramente requerirá de muchos más años y esfuerzos por lo que he señalado arriba. Pero de algo estamos seguros: estos golpes de estado deben ser cosa del pasado. Ya no deben tener cabida en el siglo XXI.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
17 Junio 2009 03:31:00
Carstens y un déficit público transitorio
Lo ideal es contar con una regla explícita que permita una política expansiva en la recesión y permita el repago de deuda durante la expansión

Durante la celebración de los 75 años de la revista el Trimestre Económico del FCE la semana pasada, el secretario de Hacienda realizó varios comentarios en su intervención, destacando las difíciles circunstancias que enfrentarán las finanzas públicas en los próximos meses y en la posibilidad de utilizar algún esquema que permita un mayor déficit transitorio. ¿A qué se refería exactamente el secretario?

Sabemos que la contracción económica en nuestro país ha sido mayor a lo que se esperaba, incluso excluyendo el efecto de la influenza que agudizó el problema. También sabemos que aún registrándose una recuperación hacia finales de este año, este proceso será muy lento, como lo expliqué en mi columna anterior. Si bien este año, el impacto negativo sobre las finanzas públicas se ha amortiguado en parte debido a las coberturas petroleras, la recaudación ha sido menor a lo esperado y las perspectivas para el próximo año son bastante pesimistas, además de que ya no contaremos con esta protección. Esta situación coloca en serias dificultades al gobierno de Calderón, quien ha venido enfatizando su compromiso de mantener una posición contra cíclica en su política fiscal para mitigar los efectos negativos de la crisis actual. Es en este contexto en el que habría que ubicar las declaraciones de Carstens, aunque no dio más detalles.

En los últimos quince años, nuestro país ha realizado serios esfuerzos por corregir los desequilibrios fiscales del pasado, para lo cual ha guiado su política fiscal mediante el uso de una regla que obliga a mantener cuentas públicas equilibradas. Esto elimina la tentación del uso discrecional expansivo del gasto público, lo cual sabemos genera distorsiones importantes y nos castiga en los mercados externos de capital. Pero esta regla tiene una característica pro cíclica, ya que al disminuir el ingreso público, generalmente en una recesión, la obligación de mantener un déficit cero sólo puede lograrse mediante un recorte al gasto, reforzando la caída en la actividad económica. En cierta forma, este es el precio que terminan pagando las economías en desarrollo como consecuencia del uso irresponsable de su política fiscal por muchas décadas. Esto también limita los márgenes en su manejo contra cíclico, como lo hemos visto ahora.

Sin embargo, el costo de no crecer también es alto en términos de producto no realizado, desempleo y pérdida de bienestar. El dilema es cómo lograr implementar una política fiscal contra cíclica sin poner en riesgo el crecimiento de largo plazo. Mantener un gasto elevado vía déficit significa un aumento en la deuda pública, que eventualmente se convierte en un obstáculo al crecimiento futuro. Pero más grave aún es el hecho de que es difícil hablar de un déficit “transitorio o temporal” en el sentido de que tiene que ser creíble para los mercados. Es decir, que tan pronto ocurra la recuperación económica, la autoridad recurrirá a generar superávits para reducir la deuda. Pero este es el problema porque la credibilidad es producto de la reputación, y esto lleva tiempo en demostrarlo.

Una alternativa es contar con un mecanismo fiscal que incluya una regla explícita que permita este comportamiento contra cíclico de la política fiscal, pero de manera automática obligue a la autoridad a respetar la generación de superávits en la recuperación y el repago de la deuda utilizada para financiar un mayor déficit en la recesión. Desde hace tres años he venido sugiriendo en este espacio y en otros escritos, incluyendo un artículo publicado en una revista académica internacional en el 2007 (la referencia y más explicación se encuentra en mi Blog Tintero Económico Diario) la adopción de una regla en este sentido en nuestro país basada en el concepto de Balance Presupuestal Estructural. No es un mecanismo nuevo y Chile lo ha utilizado con buenos resultados desde hace tiempo. Sin entrar a los detalles técnicos de ésta, que son muchos, este concepto ayuda al gobierno a detectar si se requiere un cambio en su política fiscal para alcanzar sus objetivos de mediano y largo plazo: por un lado mantener la sustentabilidad fiscal, por el otro, estabilizar a la economía en el corto plazo. Al mismo tiempo, este indicador puede ayudar a mantener la confianza de los mercados externos de capital y de los inversionistas al ser una regla explícita. Otra virtud de este indicador es que puede usarse para establecer una regla que limite la razón de déficit estructural a PIB, lo que le permite actuar como un estabilizador automático. Durante las recesiones puede mantenerse una política fiscal expansiva para estabilizar a la economía y durante una expansión actúa en sentido contrario, evitando un aumento sostenido en la deuda. Curiosamente, el FMI, en su reporte individual sobre México a principios de éste año recomendó la necesidad de refinar el marco de nuestra política fiscal mediante la adopción de una regla de déficit balanceado que descanse en el concepto de déficit ajustado por el ciclo, que le otorga mayor flexibilidad a la política fiscal frente al ciclo económico y que es exactamente lo que he venido proponiendo desde hace varios años. Es muy probable que el Secretario Carstens tenga esto en mente, pero habrá que esperar. En todo caso, éste será un elemento importante en la discusión fiscal de los próximos meses y conviene tenerlo presente. De todos modos, esto no resuelve la necesidad de una verdadera reforma fiscal.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
10 Junio 2009 03:45:26
¿Cómo acelerar la recuperación de la economía?
En mi nota anterior argumenté por qué existían (por desgracia) pocos márgenes de acción estabilizadora y contracíclica de las políticas monetaria y fiscal en nuestro país.

En particular en el caso de esta última, enfatizaba cómo la crisis actual había mostrado los problemas estructurales que enfrentan nuestras finanzas públicas, por lo que una acción contracíclica agresiva podría poner en riesgo su situación de mediano y largo plazo. Sin embargo, también señalé que sí se contaba con alternativas de política, pero que debería modificarse el horizonte objetivo. Aun iniciando la recuperación a finales de este año, ésta será muy lenta, de tal suerte que nuestra economía regresará a su nivel tendencial probablemente no antes de cuatro años, lo que implicará un enorme costo en términos de empleo y bienestar. Dadas las circunstancias actuales, poco podemos hacer para modificar esta situación y explico por qué.

Históricamente nuestra economía mantiene una estrecha relación con la norteamericana, pero esta situación se ha acentuado en los últimos años, en gran parte como consecuencia de nuestra integración comercial. Existe una fuerte sincronización entre los ciclos económicos de ambos países, lo cual está ampliamente documentado. Por ejemplo, después de la profunda crisis de 1995 pudimos recuperarnos de manera acelerada en gran parte debido a esta situación. Pero de igual manera, la actual crisis nos ha impactado en mayor magnitud (aún sin el efecto influenza) por esta relación económica con nuestro vecino el norte. Este fenómeno es mucho más claro cuando vemos el comportamiento de la producción industrial de ambos países. (Las gráficas pueden consultarse en mi blog.)

Cuando revisamos las previsiones más recientes sobre el comportamiento futuro de la economía de Estados Unidos, nos encontramos que existe cierto consenso de que la recuperación podría iniciar hacia finales de este año, pero será muy lenta, de tal forma que se regresará a su producto potencial hacia 2014. Este producto podemos definirlo de manera simple como el nivel de producción de una economía que no genera desperdicios dado los recursos físicos, humanos y el conocimiento tecnológico, organizacional, etc. con el que se cuenta. Es decir, sería el nivel óptimo de producción que no genere distorsiones, siendo la inflación la más preocupante. Por ejemplo, ahora que estamos en recesión, el nivel de producción se encuentra por debajo de este producto potencial. Esta diferencia se llama “brecha de producto”, y en este caso es negativa, siendo el desempleo una de las manifestaciones más palpables de estos desperdicios. Cuando es positiva existe riesgo de inflación y algunos dicen que la economía esta sobrecalentada. En este contexto, lo que se espera para Estados Unidos es que su actual brecha de producto (negativa), y que es muy grande debido a lo profundo de la actual recesión, se irá cerrando sólo de manera lenta en los próximos años.

Dada nuestra estrecha vinculación con el ciclo económico norteamericano, lo que se esperaría es que nuestra recuperación siguiera un patrón muy similar al de ese país, a menos que exista algún factor que nos permita movernos de manera independiente, es decir, que nos desacoplemos de este proceso. Podríamos pensar en al menos dos alternativas para que esto suceda. O nuestro sector externo se ancla a alguna región del mundo que se recupere de manera más rápida, o logramos que nuestro mercado interno se dinamice de manera importante, convirtiéndose en el motor de nuestra recuperación. Por desgracia, ninguna de estas dos alternativas es factible en este momento sin cambios importantes en nuestra estructura económica. En realidad la primera alternativa podría requerir menos esfuerzo, ya que hemos desarrollado un amplio sector exportador, pero ha sido enfocado a mercados industrializados (principalmente Estados Unidos), economías que no crecerán de manera importante en los próximos años, y nuestra penetración a las que sí lo harán como China, India o Corea es relativamente limitada. La segunda alternativa paradójicamente sería la más viable y al mismo tiempo es la más complicada. ¿Qué tenemos que hacer para dinamizar a nuestro mercado interno? Ésta es, sin duda, la gran pregunta y el gran reto. Pero es precisamente en lo que se debería estar trabajando si se quiere lograr una recuperación más rápida y desacoplada del comportamiento norteamericano.

Y esto nos lleva a la necesidad de abrir nuevamente el tema de las tan mencionadas reformas estructurales. Están en boca de todos, pero ya es momento de darles un contenido preciso y claro, eliminando la basura demagógica. Podemos esperar un mes para no contaminar nuestro sagrado proceso electoral, pero una vez concluido no hay pretexto. La crisis nos ha recordado nuestras vulnerabilidades y cómo hemos perdido el tiempo en el pasado. En este contexto, uno de los primeros pasos deberá ser entrar de lleno, sin prejuicios y demagogia a la discusión de una verdadera reforma fiscal. Mientras no fortalezcamos el Estado financieramente, no lo estamos dotando de las herramientas adecuadas para coadyuvar a un mayor crecimiento. Pero no es cualquier reforma fiscal y éste deberá ser tema de una nota futura.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
03 Junio 2009 03:28:40
¿Más acciones emergentes?
No sólo como consecuencia de lo profundo de la crisis mundial, sino adicionalmente por el impacto de la epidemia de influenza. En estos momentos existe un consenso de que la contracción para 2009 no será menor a 6%, en el mejor de los casos, y esto tendrá serias repercusiones en términos de empleo.

Es en este contexto en el que resurgen demandas para que las autoridades implementen nuevas medidas emergentes para mitigar este impacto. Y la pregunta sería ¿qué más se puede hacer o qué se ha hecho mal?

Por desgracia la respuesta, al menos para 2009, no es muy alentadora. Veamos cuál ha sido el menú de posibilidades.

Las acciones emergentes inmediatas, también denominadas contracíclicas, las podemos agrupar en dos grandes bloques. El primero incluye acciones que buscan estabilizar los mercados financieros y garantizar la liquidez. En su momento el gobierno actuó al respecto, ampliando mecanismos de disponibilidad de recursos o líneas de crédito o garantías para las instituciones financieras y empresas. Por otro lado, el Banco de México actuó buscando estabilizar el mercado cambiario, para lo cual han jugado un papel importante las líneas de crédito en divisas con la Fed y el FMI. Esto último ha dado resultados mucho más objetivos, mientras que respecto a lo primero habrá que evaluar si la intervención ha sido suficiente y adecuada, ya que existen opiniones en contra por parte de algunas empresas.

En todo caso, estos mecanismos deberán seguirse utilizando conforme las circunstancias lo requieran.

El segundo gran bloque incluye a la política macroeconómica, monetaria y fiscal, cuyo objetivo ha sido contrarrestar el impacto negativo sobre la demanda agregada. En relación con la monetaria, la autoridad ha venido disminuyendo su tasa de interés de referencia. Dos puntos relevantes: esto lo hizo con cierto rezago, en gran parte debido a las presiones inflacionarias que persisten en nuestra economía y, segundo, probablemente su potencia sea menor como consecuencia de la rigidez de precios que se observa en muchos de nuestros mercados, incluyendo el esperado traspaso de menores tasas de referencia a menores tasas en el mercado crediticio. Este expediente podrá seguirse usando, pero no esperemos acciones agresivas como en Chile, ni mucho menos situaciones de tasa cero como en la mayoría de los países industrializados, por las razones que ya he señalado. En cuanto a la política fiscal, los famosos paquetes fiscales han sido la estrella. Su objetivo central era impulsar a la demanda agregada a partir del gasto público y/o acciones fiscales para incentivar el gasto privado. Por ejemplo, el FMI recomendó paquetes que representaran 2% del PIB. Algunos países como China optaron por montos mayores, pero hay otros países que se quedaron cortos en función de su capacidad fiscal. México presentó el suyo que se estima representaría un impacto de alrededor de 1.5% del PIB. Si bien es una acción contracíclica no tomada desde hace mucho tiempo, este mismo paquete mostraba ya las limitaciones de nuestra estructura fiscal y del funcionamiento de nuestros mercados y del aparato burocrático. Su eje central es la inversión pública, pero esto mismo hace que se haya sobrevalorado su efecto de corto plazo, y en todo caso veríamos un mayor impacto en los próximos años, y probablemente no de la magnitud señalada. Peor aún, dadas las condiciones actuales y la necesidad de recortar el gasto, como se anunció, el impacto en demanda agregada debiera ser menor este año. Adicionalmente existen otras medidas más particulares, como ampliar el retiro de Afores, con efecto acotado, o apoyos en el mercado laboral que habrá que evaluar conforme se tengan datos disponibles. Pero lo que quiero enfatizar es que, si bien las cuentas fiscales mostraban antes de la crisis una situación favorable no vista en mucho tiempo, el problema estructural de nuestras finanzas públicas no sólo ha impedido que se recurra de manera efectiva y contundente al instrumento contracíclico fiscal, sino que desgastó rápidamente esas “condiciones favorables”.

Seguramente ésta es una reflexión incompleta, pero el punto que quiero enfatizar es que, como ya lo sabemos, nuestros márgenes de acciones que tengan impacto contracíclico inmediato son muy limitados, por lo que poco podrá hacerse para revertir el resultado esperado para 2009. Sabemos que la acción de política monetaria requiere de varios meses para cristalizar sus efectos, por los propios mecanismos de transmisión existentes. Pero adicionalmente ya señalé que no creo que pueda resultar lo suficientemente potente como se quisiera. La política fiscal podría tener efectos más inmediatos (no necesariamente de largo plazo), pero los resultados recientes en finanzas públicas nos han recordado que están enfermas estructuralmente.

Finalmente, esto no quiere decir que no haya nada que hacer. Hay alternativas, pero lo que hay que modificar es el objetivo u horizonte. La previsión es que nos lleve varios años, tal vez cuatro, regresar a nuestro nivel de producto tendencial. Es decir, que la recuperación será lenta y por lo tanto el impacto en empleo se prolongará. Lo que deberíamos estar discutiendo ahora es cómo podemos acelerar ese regreso y aumentar el dinamismo de nuestra economía, buscando minimizar la pérdida en producto y en empleo, ya no tanto en 2009, sino en los próximos años. Tema para notas próximas y para mi blog.

(¡Al fin y tenemos el receso electoral!)

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
27 Mayo 2009 03:27:51
¿Qué sucede con los precios en México?
La semana pasada el Banco de México dio a conocer en su reporte de inflación para la primera quincena de mayo que los precios disminuyeron 0.34%. Aunque en general, su recepción fue favorable por parte del mercado, en lo personal me parece que no fue un buen resultado, como ha sido la tónica en los últimos meses.

Si bien esta reducción fue mayor a la observada en el mismo periodo del año pasado (-0.26%), hay que recordar que desde 2003 este periodo se ha caracterizado por una reducción de precios, explicada en parte por los ajustes estacionales en los precios de la electricidad, y en todo los casos esta reducción fue mayor (con excepción de 2008).

Pero esto es más preocupante si consideramos el hecho de que nuestra economía está pasando por una de las peores recesiones en su historia, sólo comparable con la registrada en 1995. El dato de producción durante el primer trimestre fue de -8.2%, y se espera que el segundo trimestre registre una valor similar (incluyendo el efecto de la influenza). El choque inicial a nuestra economía fue por una menor demanda externa por nuestros productos, lo que condujo a una contracción en la inversión y producción, una disminución en la confianza del consumidor y en el consumo, retroalimentado por un descenso en la colocación de crédito y un aumento en el desempleo. Adicionalmente tenemos también un choque de oferta como consecuencia de la importante depreciación de nuestra moneda desde octubre del año pasado, lo que ha provocado un aumento en el precio de lo que importamos, aunque esto en el marco de una importante contracción en el comercio mundial. Sin embargo, el choque de demanda sería mayor al de oferta. En estas condiciones se esperaría que, como está ocurriendo en buena parte del mundo, la inflación estuviera cediendo en mayor magnitud que lo que hemos visto durante estos últimos meses. Claramente esto no ha ocurrido y buena parte de la desinflación observada es producto del manejo de los precios administrados y concertados. El componente de mercancías en la inflación subyacente ha sido una de las principales preocupaciones, probablemente reflejando cierto traspaso inflacionario como consecuencia de la depreciación. Pero seguramente esta no es una explicación suficiente de lo que ha ocurrido. Cabe mencionar que esta dinámica de precios explica en parte el porqué en nuestro país el expediente contracíclico de la política monetaria se utilizó con rezago comparado con otros países, aun en economías en desarrollo como Chile.

Seguramente otro elemento importante de la explicación se encuentra en la rigidez a la baja que muestran los precios, producto de la estructura de nuestros mercados, generalmente poco competitivos. Por cierto, la misma disminución de la tasa de referencia de la autoridad monetaria no termina por trasladarse de manera adecuada y expedita a otras tasas de interés relevantes en el mercado que afectan al crédito, reflejando también la estructura de nuestro sistema financiero, por lo que esto disminuye la potencia de esta política. Entonces lo que tenemos es que, a pesar de la fuerte contracción económica actual, los precios de buena parte de bienes y servicios simple y sencillamente no reaccionan a la baja, por lo que cualquier intento de reactivar al consumo privado con una intención contracíclica se ve obstaculizado por este comportamiento de precios. De manera anecdótica (y probablemente no mucho) comento un reportaje del noticiero “Hechos” del viernes pasado sobre el comportamiento de las tarifas aéreas, en donde documentan que no sólo no disminuyen, sino que han aumentado de manera importante. Pero el punto interesante es que en declaraciones del vicepresidente de la Canaero respecto a este asunto, reconocía el hecho y lo justificaba señalando que las tarifas no se reducían porque después costaba mucho trabajo volver a aumentarlas, ya que la gente se acostumbraba a esos precios bajos. Seguramente es una declaración desafortunada, pero también puede reflejar la percepción o visión de cierta parte de los empresarios, así como la baja competencia en distintos mercados, incluso la existencia de comportamientos colusivos, aunque sean tácitos. Lo mismo podríamos decir del sector automotriz, que enfrenta serios problemas en el mundo, pero en donde algunas marcas en nuestro país no sólo no han reducido precios, sino los han aumentado. Y esta reflexión la podemos ampliar a otros mercados de bienes y servicios en nuestro país. En suma, es probable que no veamos una importante desinflación en nuestro país en los próximos meses, pero en el futuro, cuando se recupere el crecimiento mundial y ante el riesgo de presiones inflacionarias como consecuencia de las políticas fiscales actuales, entonces sí seguramente veremos los “flexibles” ajustes al alza en precios en nuestros mercados. Sin reformas que afecten la estructura de estos mercados estamos atrapados en este círculo vicioso.

Investigador de la División de Economía del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM

20 Mayo 2009 03:38:33
¿Cómo se logrará la confianza?
Entre los distintos frentes que ha intentado atacar el presidente Calderón para lograr remontar la difícil situación económica en la que está inmerso nuestro país se encuentra el de la “confianza”.

Desde hace varios meses, el tono de sus discursos y el de distintos integrantes del gabinete, ha sido el de tomar una posición optimista y enfatizar cualquier tipo de “brote verde” o señal positiva que sugiera la cercanía de la recuperación.

Hace algunos meses, este tema aumentó de nivel en el marco de una discusión sobre las previsiones económicas que planteaba Hacienda y las señaladas por analistas privados, e incluso el Banco de México. El argumento central era que ese pesimismo infundado sólo provocaría confusión entre la población y retroalimentaría un ciclo negativo en expectativas. Aún sin el choque negativo de la epidemia de influenza, el tiempo ha dado la razón a los “pesimistas” y las cifras oficiales se han ajustado a la baja. Sin embargo, esta confrontación se mantiene en un “estira y afloje” continuo, tanto en la interpretación de eventos como en las revisiones sobre estas previsiones. ¿Es acaso incorrecta la posición del Ejecutivo en esta discusión? La respuesta es tanto negativa como afirmativa, por lo siguiente.

En el planteamiento del Ejecutivo queda claro el reconocimiento al papel central que juega la “confianza” en la evolución de este tipo de eventos. No es un tema nuevo, pero la relevancia que se le otorga ha sido distinta y no siempre se actúa de manera adecuada para incidir sobre esta variable. En un libro reciente, Espíritus animales, de dos distinguidos economistas, G. Akerlof (Nobel) y R. Shiller, el tema de la confianza es central en su argumento para explicar la evolución del ciclo económico, y en consecuencia las posibilidades de salir de la actual crisis, y ha provocado una gran polémica entre académicos que seguramente tendrá consecuencias futuras. En mi blog “Tintero Económico Diario” podré comentar este libro, pero en su argumento central enfatizan el descuido de estos “espíritus animales” en el análisis y evaluación de la crisis actual, y en el que este concepto hace referencia a elementos sicológicos e incluso irracionales en el comportamiento y las decisiones de los individuos. Los espíritus animales contienen cinco elementos, pero la confianza resulta probablemente el más importante, y que se asocia más a un acto de fe que a un análisis racional en el proceso de decisión (de aquí la polémica). “La confianza no es sólo el estado emocional de un individuo. Es la visión sobre la confianza de otras personas, y la percepción de otros sobre la confianza de otras personas. Es también una visión del mundo, un modelo popular de eventos actuales, un entendimiento público del mecanismo de cambio económico tomado de la información de los medios y de las discusiones populares.” En este sentido tiene un papel central (y multiplicador) en la explicación del ciclo económico al afectarlo. En su libro discuten cómo ocurrió esto en el caso de otras recesiones, como la Gran Depresión. En este sentido, en diversos editoriales recientes, Shiller ha insistido en que mientras no se recupere la confianza, difícilmente saldremos de la situación actual. Es por eso que considero que es explicable la posición del Ejecutivo e incluso correcta.

Pero la segunda parte de la respuesta aborda el asunto de cómo se logra recobrar esta confianza, y ésta tiene que restablecerse sobre fundamentos firmes, con hechos demostrados y el entendimiento claro de los métodos y objetivos a alcanzar. Adicionalmente, en la explicación de estos autores, la confianza de una nación o un grupo amplio de gente tiende a girar en torno a alguna historia, en particular aquella que describa los cambios históricos que permitirán impulsar a la economía a una nueva fase ascendente. Y todo parece indicar que es en este punto donde estamos atorados. Claramente, insistir en previsiones o evaluaciones que intentan “ganar” al mercado no es el camino adecuado, sobre todo cuando la probabilidad de error en el corto plazo es muy alta. No son suficientes las buenas intenciones. Si la autoridad tiene claridad en sus objetivos y acciones, y si cuenta con una historia creíble sobre este proceso (puede ser otro punto de discusión), entonces el problema es que no ha existido capacidad para transmitir de manera adecuada y creíble esta información a la población, y sí en cambio se puede estar retroalimentando la desconfianza actual una vez que los hechos rebasan a las intenciones. Al menos es una explicación.

Como señalé, seguramente que el planteamiento particular de estos autores será un tema de amplio debate, análisis y evaluación en el futuro, antes de poder darle un peso específico a su teoría. Pero creo que sí puede existir consenso sobre la relevancia de la confianza en el proceso económico y la necesidad de encontrar el camino adecuado para restablecerla.

Investigador de la División de Economía del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM

13 Mayo 2009 03:16:33
Crisis económica y mercado interno
No fue nuestra crisis, ni la de los mercados emergentes, pero el tsunami financiero fue brutal y la compleja interconexión económica mundial irremediablemente nos arrastró.

La epidemia pudo haber surgido en casi cualquier otra parte del mundo, pero nos tocó. El caso es que las condiciones económicas desde hace algunos meses se van deteriorando de manera acelerada a niveles no previstos. Por eso todos los analistas, oficiales y privados, hemos entrado al juego de las cifras, en las que el comportamiento suele ser asimétrico, ya que probablemente el costo de quedarse corto en su previsión sea mayor que el de sobrepasarla. Los rangos de contracción prevista para este año oscilan ahora entre 4% y 6%, en donde desde luego la cuota baja es la oficial. En estas circunstancias, y en lo personal, no me parece relevante el dato puntual, sino el rango. Lo que sí queda claro es que este año tendremos una seria contracción en nuestra actividad económica, no vista desde la crisis de 1995. Sólo que a diferencia de aquella ocasión, cuando al año siguiente se pudo revertir la caída de manera importante, en gran parte gracias a nuestra vinculación con el mercado norteamericano y a nuestro comercio exterior, en esta ocasión, éstos son factores determinantes para que ocurra lo contrario. Aunque concluyera la recesión norteamericana a finales de este año, existe un consenso de que su recuperación será muy lenta a pesar de su política fiscal contracíclica. En Europa el panorama es aún más desalentador. Sabemos que el comercio mundial ha registrado una de las peores contracciones en su historia. En consecuencia, éstos no serán expedientes para una mayor recuperación en nuestra economía.

Pero de manera dramática, lo que esta crisis nos está mostrando (o recordando) adicionalmente son nuestras propias debilidades y problemas estructurales. La lista podría ser amplia, pero mencionaré sólo algunos en este espacio. El primero se refiere a las finanzas públicas. Que quede claro. El manejo de política fiscal en los últimos años fue adecuado en términos de buscar equilibrar nuestras finanzas y mejorar el perfil de la deuda. Esto se logró y constituyó un elemento de la tan mencionada estabilidad macroeconómica en los últimos años. Pero claramente no se han resuelto los problemas de fondo: nuestra dependencia fiscal en los ingresos petroleros y la baja tasa de recaudación. Esto obviamente restringe de manera importante nuestros márgenes de acción en circunstancias como la actual. Esto es precisamente lo que nos recordó ayer S&P en su comunicado que coloca al riesgo crediticio del país en posición negativa. Y también nos recordó que éste es un asunto en el que el Legislativo tiene una responsabilidad fundamental. O se plantea ahora sí una verdadera reforma fiscal, o seguimos en esta patética senda de la mediocridad.

Otro punto relevante se refiere a nuestro mercado interno. Simplemente es imposible pensar que en condiciones como la actual este mercado pueda compensar caídas sustancias en el exterior. Aquí también existen muchas historias tenebrosas que explican el porqué de esta situación, aunque ninguna es nueva. Tenemos una población superior a los 100 millones que podrían conformar un poderoso motor para impulsar nuestra actividad, pero el poder adquisitivo de la mayoría está enormemente limitado. Por ejemplo, en otras circunstancias el turismo nacional podría sustituir en buena parte y temporalmente al turismo extranjero. Pero seguimos teniendo una de las peores distribuciones del ingreso en el mundo, y si bien los programas de combate a la pobreza han sido útiles, vemos su fragilidad en situaciones como la actual. Ya nos contabilizarán a cuánto aumenta la pobreza en los próximos meses. Y es que el problema no es la falta de este tipo de programas, sino es más profundo y estructural. Nuestra economía esta plagada de grupos monopólicos rentistas que usufructúan de sus cotos de poder. Otra vez, nada nuevo, pero ahí están, cuidando sus espacios y obstaculizando cualquier acción que constituya el mínimo peligro para sus posiciones. Durante la reciente Cumbre de las Américas, Óscar Arias decía en su discurso: “Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur…. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos. ¿Qué hicimos mal?” Nos toca preguntarnos ¿qué hemos hecho mal los mexicanos? Seguro que su lista, estimado lector, es muy amplia, y también seguro que no coincide completamente con la de su vecino. Pero yo soy de los convencidos de que el mayor problema y tragedia de este país son sus grupos rentistas de poder monopólico, tanto públicos, como privados y sociales. Y no queda claro si alguien realmente quiere resolver esta situación.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
06 Mayo 2009 03:03:04
Crisis económica, turismo e influenza
La semana pasada dediqué este espacio para discutir los costos económicos potenciales derivados de la actual crisis por la influenza. En esa ocasión señalé que de acuerdo a diversos estudios internacionales, en un escenario optimista el golpe a la economía podría ser alrededor de 0.7% del PIB. También mencioné que la mayor parte de estos costos son consecuencia de acciones tomadas para prevenir y evitar el contagio, dentro y fuera del país, destacando el impacto negativo al sector turismo.

Hemos visto ya algunas reacciones inmediatas como la cancelación temporal de vuelos por parte de Argentina, Cuba, Ecuador y Perú o la cancelación temporal de paradas de cruceros. También hemos visto recomendaciones de otros países para que sus ciudadanos eviten viajar al nuestro en estos momentos. Propuestas como la francesa para extender este tipo de medidas en la Unión Europea afortunadamente no tuvieron eco en otros países de esa región ante la misma recomendación de la Organización Mundial de la Salud, en el sentido de que este tipo de medidas son poco efectivas.

En realidad el mayor impacto ocurrirá en las próximas semanas, y posiblemente meses, como consecuencia de potenciales cancelaciones (incluyendo eventos como convenciones) que seguramente se producirán por parte de muchos turistas del exterior como una acción preventiva ante el miedo de que el virus permanezca latente en el país o simplemente por desconfianza. Por desgracia este tipo de eventos generan campañas que terminan siendo altamente nocivas.

Recordemos algunas cifras para tener una mejor idea de lo que representa este sector en nuestra economía. De acuerdo a la Cuenta Satélite de Turismo, 2003-06, publicada por el INEGI (no conozco alguna más reciente), el Valor Agregado Bruto Turístico representó 8.2% del total nacional en 2006. Esta cifra es superior a la generada por actividades como la agricultura y las industrias alimentaria, de la madera, del papel y de la química de manera conjunta. Una cuarta parte de este monto proviene de servicios de transporte; 11.8% por alojamiento y 10.7% por restaurantes, bares y centros nocturnos. Estas actividades generaron 2.4 millones de empleos remunerados, una tercera parte en restaurantes, bares y centros nocturnos. Finalmente, el turismo es una fuente importante de divisas. De acuerdo a la Organización Mundial de Turismo (OMT), México ocupó en 2007 el décimo lugar mundial como receptor de turistas extranjeros (21.4 miles de millones de personas). En términos de ingresos, estamos hablando de casi 13 mil millones de dólares en 2007 y 13.3 miles de millones en 2008. Es el principal componente de la balanza comercial en servicios no factoriales.

¿Qué impacto esperamos? Este sector está ya afectado por la actual crisis económica mundial y la OMT había estimado una reducción generalizada en el turismo mundial durante 2009 de al menos 2%. El impacto es mayor para países en donde este sector juega un papel importante. De hecho, nuestro país ya había registrado una contracción de casi 4% en los ingresos por turismo exterior durante el cuarto trimestre de 2008. Hasta antes del problema actual ya se preveía que se mantendría este ritmo de contracción en estos ingresos, entre tres y cuatro puntos porcentuales. Si quisiéramos ser optimistas (si es que se puede), podríamos asumir que el impacto adicional sería en menor proporción, ya que estaríamos hablando de un efecto en el margen en un contexto de una actividad ya relativamente deprimida. Imaginemos que este evento hubiese ocurrido en un año de alta actividad en el que se esperara una importante expansión. En esas condiciones el golpe hubiera sido mucho mayor, en términos absolutos y relativos. Sin embargo, no hay que minimizar el problema. Desde luego que para algunas empresas en lo individual, este evento podría ser mortal dependiendo de su situación financiera y operativa particular, pero no necesariamente es el caso para el sector en su conjunto. De todos modos este será un año muy complicado para el sector de turismo en nuestro país.

¿Qué opciones existen? Seguramente observaremos una campaña publicitaria agresiva en el extranjero en las próximas semanas, aunque creo que su capacidad de revertir el impacto sicológico y mediático reciente será limitada en lo inmediato. Cabe la posibilidad de buscar una sustitución temporal del turismo extranjero por el nacional, aunque probablemente sólo sea parcial, tanto por la segmentación del mercado como por los niveles de poder adquisitivo, además de que nuestra economía también está en crisis y se observa cierta contracción en el consumo en estos rubros. El gobierno ha anunciado un paquete de estímulos fiscales, lo cual es bueno. Sin embargo, habrá que estimar con mayor detalle su efecto.

El choque fundamental al sector es de demanda y me parece que el paquete actúa más por el lado de costos. Sí ayuda, pero mi impresión es que su efecto es más limitado. A lo mejor es una buena medida para incentivar la formalidad (por el tipo de descuentos), pero mucho del empleo en este sector que mencioné arriba seguramente no se encuentra en esa situación, lo cual ya sabemos que es un problema. Probablemente se requerirán de otras medidas adicionales si la campaña de promoción no funciona. Finalmente, desde una perspectiva de más largo plazo, creo que es buen momento para replantear estrategias y revigorizar al sector. Sabemos del enorme potencial turístico de nuestro país que no ha sido explotado de manera adecuada debido a falta de suficientes inversiones en desarrollos, así como en infraestructura necesaria. Por ejemplo, ¿qué ha sucedido con Punta Colonet?

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
29 Abril 2009 03:14:25
Costos económicos de la epidemia
Usualmente estos eventos son muy costosos para un país en desarrollo, no sólo en vidas humanas, sino por su impacto en la economía

Las abuelas acostumbran a decirnos que las calamidades no vienen solas. Podrá ser coincidencia o sabiduría popular, pero lo cierto es que estamos viviendo uno de esos momentos y seguramente no lo olvidaremos por mucho tiempo. Hace tan sólo una semana nuestra preocupación se centraba fundamentalmente en la crisis económica, pero a partir de la noche del jueves hemos entrado a un túnel más oscuro y escabroso.

Independientemente del dolor que causan las pérdidas humanas y de la angustia, estrés y zozobra en la que se encuentra buena parte de la población, tema dominante en los pocos sitios de reunión colectiva que aún se mantienen, es necesario realizar algunas valoraciones preliminares sobre el costo económico potencial que este suceso necesariamente tendrá para nuestra ya golpeada economía. Desde el sábado pasado inicié esta discusión en mi blog Tintero Económico Diario con algunas reflexiones, y desde el lunes he visto más reflexiones en la prensa escrita, lo que refleja la creciente preocupación por este aspecto del problema. Es importante mencionar que este no es un ejercicio sencillo. Primero, porque el evento está en proceso y no sabemos aún las dimensiones que adquirirá. Segundo, porque muchas de las variables relevantes no son medibles de manera exacta y, tercero, porque hay que imputar valores a varios de ellas.

¿Cuáles son los componentes a considerar? El primero y más obvio resulta de las pérdidas en vidas humanas derivadas de esta epidemia. El segundo gran componente incluye los gastos realizados para hacer frente a la enfermedad, hospitalarios y medicinas en su mayoría. Asociado a esto viene otro costo imputado que se refiere a las horas hombres no laboradas por los afectados. Un tercer gran componente incluye todos los costos derivados de acciones para evitar contagio. Por ejemplo, horas-hombre no laboradas por suspensión de actividades, o ausentismo debido a tener que atender a familiares enfermos. También incluye el impacto económico sobre aquellos sectores productivos de la rama porcina, debido a una caída en las compras de estos productos, en el mercado interno y desde luego a nuestras exportaciones. Finalmente se incluye el serio impacto a sectores como el de servicios y turismo, que suele ser grande en los análisis mencionados.

Existen diversos estudios sobre el tema, tanto valoraciones del impacto macroeconómico de eventos pasados como de posibles sucesos futuros. Tres que me han parecido serios y que son recientes es uno de la Oficina de Estudios sobre el Presupuesto del Congreso Norteamericano (CBO) elaborado en 2006, otro elaborado por el Banco Mundial en 2008 y uno tercero de la Comisión económica de la Unión Europea de 2006 (referencias en mi blog). Considerando información de eventos pasados, simulan y estiman posibles costos bajo tres posibles escenarios: uno ligero como el de la influenza en Hong Kong en 1968, uno moderado como la influenza en Asia en 1957 y el grave como el de la influenza española en 1918. Desde luego que estos ejercicios tienen amplios márgenes de variabilidad. Pero me interesa destacar dos puntos: a) el costo generalmente es mayor para economías en desarrollo que las desarrolladas, en gran parte porque las actividades afectadas son intensivas de mano de obra y los sectores (como el turismo) tienen un mayor peso en sus estructuras económicas; b) las estimaciones van de poco más de medio punto porcentual del PIB hasta casi nueve puntos, dependiendo de la gravedad del evento y tipo de economía. Por ejemplo, el CBO estimaba que un evento grave en Estados Unidos podría significar una reducción de 4.5 puntos porcentuales del PIB. El BM sugería que un evento leve para los países en desarrollo significaría un costo equivalente a 0.7% del PIB, mientras que el tercer estudio habla de 1.6% en el caso de pandemia.

Aún no conocemos la gravedad del evento en nuestro país, y con lo que ha sucedido hasta este momento, el costo en los primeros dos componentes no parece ser alto, pero seguramente el tercer componente sí tendrá un mayor peso. En estos últimos días se han producido alertas en distintos países europeos y asiáticos en relación a viajar a nuestro país. Esto seguramente provocará modificaciones no sólo en viajes en este momento, sino incluso en planes para el próximo verano. También hemos visto ya prohibiciones a la importación de carne y productos de cerdo de nuestro país por parte de muchos países. Finalmente, la economía de la capital en su sector servicios se ha visto seriamente afectada en estos últimos días.

Como señalo, es difícil saber en este momento la magnitud del problema, pero aun asumiendo la cota inferior de un evento leve en estas estimaciones, de 0.7% para países en desarrollo, esto significaría que al menos la mitad del impacto positivo esperado por el paquete contracíclico implementado por nuestro gobierno quedaría nulificado, aceptando su estimación optimista y que los resultados son efectivos. Un punto a nuestro favor es que dado que ya existía una importante contracción en el comercio exterior, la contribución en el margen de este evento podría ser menor que la señalada en estos estudios. Así las cosas, esta epidemia ha venido a complicarnos la vida en un año ya de por sí muy complicado.
22 Abril 2009 03:52:40
¿Cuánto (de)creceremos este año?
La constante ha sido el continuo ajuste de proyecciones conforme se van conociendo nuevos datos de la evolución económica mundial y nacional, en gran medida reflejando un acelerado deterioro en variables claves que sugieren una recesión relativamente más profunda a la esperada hace algunos meses, incluso semanas.

Como lo he mencionado en columnas anteriores, el espectro de estas proyecciones sí es previsible. En el lado optimista tendremos por lo general a la SHCP. Ésta dio a conocer hace algunos días un documento sobre las condiciones actuales de la economía mexicana y sus previsiones para el cierre de 2009 y para 2010, como una obligación derivada de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria. En él establece su previsión actualizada sobre el comportamiento del PIB para este año, el cual ubica ahora en -2.8%. En un punto intermedio se colocaría el Banco de México, aunque éste se ha cuidado de no actualizar públicamente sus cifras. En su Programa Monetario para 2009 hablaba de una caída de entre 0.8% y 1.8%, pero eso fue en enero (cuando la SHCP aún consideraba el cero por ciento).

En una presentación a diputados del PAN, el 31 de marzo, el gobernador hacía referencia a un dato similar al presentado por Hacienda, aunque la fuente era Consensus Forecasts. Y en el otro extremo tenemos a los analistas del sector privado, cuyo dato promedio más reciente proviene de la Encuesta de Expectativas de Marzo que publica el Banco de México, y que señala una cifra de -3.32%. Claro que algunos de ellos en lo individual hablan de -4% o más.

Como menciono, realizar proyecciones con relativa precisión se ha vuelto muy complicado en las condiciones actuales, pero con la información más reciente, es probable que la cifra esté alrededor de -3.5%. Nuestra referencia más inmediata es el comportamiento de la economía de Estados Unidos, debido a la creciente sincronización de los ciclos económicos. Las previsiones más recientes para el PIB de este país van de -1.2% de la administración hasta -3% sugerido por el CBO (dependencia del Congreso), y desde luego cifras más pesimistas también entre sus analistas privados. Pero un dato importante reciente es el de su producción industrial, ya que esta variable es la que ha mostrado mayor vinculación con la nuestra en los últimos años. La última cifra, para el mes de marzo, muestra una caída importante, de -1.5% lo que sugiere una contracción de 20% durante el primer trimestre a una tasa anualizada. Nosotros no conocemos aún la cifra para México, pero este dato sugiere que será de preocupar.

Como mencionaba en mi columna anterior, mientras no se resuelva el problema del sistema financiero, no podemos hablar de que el desajuste en los mercados financieros ha tocado fondo, como lo han sugerido algunos en virtud del comportamiento de las bolsas en las últimas semanas. De hecho, el inicio de ésta semana nos corroboró esto. Sin embargo, sí existen indicadores que sugieren que se estaría cerca del fondo. Esto se esta reflejando ya en algunas expectativas “positivas” (o menos negativas) sobre el comportamiento esperado de la economía estadounidense, por lo que en encuestas más recientes, como la del WSJ, se observa una estabilización en estas previsiones futuras, lo cual es una “buena noticia” el no ver ya caídas aceleradas. Incluso, esto estaría sugiriendo que la probabilidad del una recesión en “L” se reduciría dando paso a una en “U”, aunque probablemente aún profunda.

Desde luego, para México es buena noticia el que la economía estadounidense recupere su dinamismo. El problema es que aún asumiendo una recesión en “U”, la recuperación será aparentemente muy lenta, antes de que el producto de nuestro vecino cierre su brecha alcanzando su nivel potencial (que se espera sea alrededor de 2014-15). Es por eso que, aunque nuestra actividad no se deteriore mucho más de lo esperado ya en este momento, también nuestra recuperación será lenta. Y no podemos esperar milagros del mercado interno. De hecho, el impacto de las acciones emergentes o política contra cíclica adoptadas por nuestro gobierno seguramente será más limitado de lo esperado por la misma autoridad.

Este es un tema que requiere de un análisis por separado en otra columna, pero basta darle seguimiento a la inversión en construcción para inferir que el gasto en infraestructura no ha impactado aún como se hubiera esperado, considerando que el primer programa se anunció hace un año y el FONADIN se estableció en ese momento. Aunque hay que reconocer que esto no es un a sorpresa pues desde un principio se sabía que este tipo de gasto tiene otra inercia que limita su capacidad contra cíclica inmediata. Así las cosas, las noticias sobre la economía real seguirán siendo malas en las próximas semanas.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM.

http://wwwtinteroeconomico.blogspot.com/
08 Abril 2009 03:31:05
¿Qué implica la línea de crédito del FMI?
* La autoridad debería ser más cuidadosa en explicar cuestiones básicas de estas acciones y no sólo preocuparse por el impacto mediático.

* El lunes pasado participé en el Chat del Universal con el tema: blindaje financiero derivado de la línea de crédito solicitada al FMI.


Realmente quedé sorprendido del enorme interés que existe por estos temas, medido por el número de preguntas, que por cierto me fue imposible contestar en su totalidad debido al tiempo siempre limitado. Por esa razón prometí a los amables lectores que trataría con más detalle este tema en mi columna semanal, así como en mi Blog Tintero Económico Diario. Pero también, tengo que señalarlo, quedé sorprendido por la enorme desinformación de la población, y en esto sin lugar a duda tiene una responsabilidad la autoridad. Siendo temas tan sensibles, es increíble que los mecanismos de difusión e información oficial simplemente sean limitados, y enfaticen sólo aspectos mediáticos sin tratar realmente de explicar cuestiones elementales de educación económica y financiera. No hay que sorprenderse que exista, en muchas ocasiones, ideas equivocadas que pueden ser utilizadas de manera inadecuada por intereses, estos sí muy bien definidos. Trataré de hacer mi parte, desde una perspectiva académica. Por cierto, se publica el comunicado conjunto de la SHCP y de Banxico, pero poco esfuerzo se hace para dar mayor explicación, poco más didáctica. En el comunicado semanal del vocero de Haciendo se hace alguna referencia, pero podría pensarse en una explicación más útil y reducir el espacio otorgado a los reportes de entidades financieras. Que ellos se encarguen de difundirlos. El público quiere saber que piensa la Secretaria. Por espacio sólo aclararé algunos aspectos útiles para entender esta decisión gubernamental, que desde luego considero acertada en principio.

Primero es útil que la gente entienda qué es una línea de crédito. Por ejemplo, cuando se pide una tarjeta de crédito, generalmente ésta se entrega con una línea de crédito definida, digamos 30 mil pesos (lo que algunos llaman tope de crédito). No quiere decir que le deba al banco ese monto. Si uso la tarjeta para pagar una comida, digamos por 500 pesos, entonces en ese momento utilizo ese monto de mi línea de crédito, y esos 500 pesos son mi deuda con el banco (más intereses), no los 30 mil pesos. Puedo usar más o no usar nada. Eso es precisamente lo que implica solicitar la línea de crédito al FMI. Si no se usan los recursos, pues no hay endeudamiento. Por ejemplo, cuando explotó la crisis en octubre pasado, la Reserva Federal otorgó a México (y otros países) una línea de crédito por 30 mil millones de dólares para hacer frente a la demanda de dólares en sus mercados de divisas que estaba provocando un abrupto abaratamiento del peso respecto al dólar (depreciación). Hasta este momento esos recursos no se han utilizado, aunque Banxico anunció que se subastarán 4 mil millones de dólares el 21 de abril. No debemos los 30 mil, pero si se usan los 4 mil, eso si será deuda.

Un segundo tema a explicar con más detalle es la diferencia entre este tipo de préstamo nuevo y el tradicional, que usualmente es un villano en la historia económica de nuestros países. De manera breve, lo que busca el FMI es hacer frente a una contingencia internacional en esta crisis que ha significado una demanda extraordinaria de dólares en los mercados emergentes porque los inversionistas tienen una enorme desconfianza en los instrumentos y monedas locales en este momento. A esto hay que agregar que muchas empresas, en su actividad cotidiana, requieren de dólares para pagar deudas contraídas de manera normal por su tipo de actividad (otra historia es la de los derivados o los especuladores). Este fenómeno provoca un desbordamiento en los mercados de divisas de nuestros países, abaratando las monedas locales. No sólo no entran capitales, sino que salen por este mismo proceso de incertidumbre. Esto puede provocar una crisis en nuestra cuenta de capital en la balanza de pagos, lo que sería desastroso. La idea de estas líneas de crédito es mandar la señal de que la autoridad estará en condiciones de atender esta demanda de divisas, buscando reducir la incertidumbre y evitando una debacle mayor en nuestra moneda (esto es lo que se menciona como garantizar liquidez). Pero, a diferencia del pasado, ahora el país que puede obtenerla debe tener condiciones macroeconómicas “sostenibles”. Por eso al otorgarse no requieren de condiciones o metas a cumplir (no hay condicionalidad). Los préstamos tradicionales eran el último recurso de un país que había caído en crisis profunda porque sus fundamentales macro estaban mal, por eso el FMI imponía condiciones a cumplir.

Finalmente, es entendible que la gente esté preocupada de si esto implica un aumento en deuda y un costo para el contribuyente, lo cual consideran acertadamente injusto ya que algunos beneficiarios directos son empresas que actuaron irresponsablemente. También hay que explicar por qué esto implica un costo menor que no hacerlo. A mí se me acabó el espacio, pero creo que la autoridad debería dedicar más tiempo y recursos a explicar estos detalles, y mayor difusión. Esto es precisamente la transparencia.

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25 Marzo 2009 03:24:23
El plan de Obama para activos tóxicos
Para entender la importancia del plan anunciado por el presidente Obama esta semana sobre los activos tóxicos en el sistema financiero y su impacto en nuestro país, es necesario recordar que el problema fundamental de esta crisis, y que no ha sido resuelto aún, es el referido a la situación de las hojas de balance de las instituciones financieras, en donde la fuerte desvalorización de los instrumentos financieros en general y la insolvencia de los deudores ha significado un ajuste de capital, colocándolas en una posición prácticamente de insolvencia y con posibilidades casi nulas de obtener más capital en el mercado.

Pero peor aún, no conocemos con precisión el tamaño del hoyo negro generado, lo cual explica que después de los primeros apoyos a entidades como Bank of America, AIG o Citi, hayan regresado a tocar la puerta por más recursos. Es difícil estimar el monto de las pérdidas del sistema, pero a inicios de marzo, Goldman hablaba de 2 billones de dólares (trillones estadounidenses), mientras que Roubini de alrededor de 3.6 billones (trillones), de los cuales 1.8 billones correspondían a los bancos y brokers estadounidenses y el resto estaba en el sistema financiero internacional. El problema es que, conforme pasa el tiempo, estas estimaciones van creciendo. No desarrollo más este punto por espacio, aunque lo discutí en mi columna del 11 de marzo y con mucha mayor amplitud en mi Blog “Tintero Económico Diario”. Lo que me importa destacar es la solución propuesta por el gobierno de EU, bajo el entendido de que mientras no se resuelva este asunto, la crisis en el sistema financiero se mantendrá, con todos los efectos que ya hemos visto y otros peores.

Este no es un plan nuevo, sino que forma parte del plan anunciado a principios de febrero, en el que se señalaba, entre otras cosas, la creación de un fondo público-privado para absorber los activos tóxicos del sistema, junto con la introducción de “pruebas de estrés” para detectar las condiciones de los principales intermediarios y definir las acciones a tomar. El plan de esta semana es precisamente el detalle de la parte que corresponde a los activos tóxicos.

Los documentos son extensos y también pueden ser consultados en mi Blog, pero en palabras de Geithner, el secretario del Tesoro, estos fondos tienen tres características esenciales.

Primero, usarán recursos públicos en la forma de capital del Tesoro, y financiamiento del FDIC y de la Fed para movilizar capital de inversionistas privados. Segundo, el programa de inversión público-privado asegurará que estos participantes compartirán riesgos junto con los contribuyentes. Tercero, los compradores del sector privado establecerán el valor de los créditos y activos comprados bajo el programa, que protegerá al gobierno de pagar en exceso por estos activos. Pero al mismo tiempo estos son los principales problemas en discusión.

Dada la difícil valoración de estos instrumentos en la actualidad, parecería que la forma en que está diseñado este programa permitiría que los participantes privados se beneficiaran de las ganancias en el futuro, pero no tomaran pérdidas importantes de no resultar favorable la transacción. Estas pérdidas serían para los contribuyentes. Al menos éste es el punto central de Krugman en su opinión desfavorable sobre la propuesta (entre otros académicos). El mercado aparentemente lo recibió de manera positiva, pero es probable que parte de esta respuesta sea precisamente porque el trato es muy favorable para estos inversionistas privados e intermediarios. La alternativa a este “banco malo” sería el asunto de la nacionalización, pero hemos visto que el tema ideológico ha sido mucho más dominante con esta opción, aunque se trate de algo temporal. También hay un tema de diagnóstico, porque en esta última opción es importante aceptar que la insolvencia es de todo el sistema y no sólo de algunos bancos, como señala Roubini. En todo caso, si Krugman tiene razón, sería una tragedia para los contribuyentes estadounidenses, pero para el resto del mundo, entre ellos México, es realmente urgente que este plan sí funcione, y rápido. Entre más se prolongue y profundice la crisis financiera, peor será el impacto en la economía mundial. Y tal vez una visión optimista de esta propuesta es que, si no resulta muy efectiva en cuanto a su solución técnica o de justicia, al menos parece estar generando una respuesta positiva en términos de expectativas (ver la reacción de los mercados), lo cual podría romper con el círculo vicioso de falta de confianza en los mercados y detener la caída en el precio de los activos financieros. Esto ayudaría a una reversión más rápida de este proceso, si es que el problema de los “espíritus animales”, como señala Shiller, es el principal obstáculo para revertir tendencias descendentes en los mercados. Sólo el paso de los días nos mostrará si estas primeras reacciones perdurarán y sí este es el plan que se estaba esperando como solución factible.

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07 Enero 2009 04:24:46
2009. ¿Qué haremos?
La recomendación mundial, incluso de organismos como el FMI, ha sido la de recurrir a políticas contracíclicas, en particular la fiscal, en la medida de las posibilidades… ¿Cuáles son las nuestras?

Concluido el receso navideño, habrá que ubicarnos en nuestra triste y complicada realidad económica que estaremos enfrentando este 2009 y probablemente 2010 y habrá que reanudar la discusión sobre el camino a tomar en los siguientes días o semanas.

Hay que estar conscientes de que la crisis mantuvo su desarrollo durante estas dos últimas semanas de asueto y en los próximos días empezarán a fluir las cifras de variables clave para diciembre y el cierre de año, lo que permitirá mayor claridad sobre las condiciones del enfermo.

Creo que un primer paso importante es que la autoridad haga pública su valoración sobre el comportamiento de la economía y sus principales variables para este 2009.

Prácticamente todos los analistas han ajustados sus previsiones, no así el gobierno, y esto es fundamental para poder contar con un punto común de partida sobre el tipo y magnitud del problema a enfrentar. Esto además permite sentar las bases para revalorar las políticas macroeconómicas aprobadas en diciembre pasado, en particular la fiscal. Por ejemplo, si bien existe la famosa cobertura sobre el precio del petróleo presupuestado en 70 dólares, no ocurre lo mismo con otros ingresos fiscales. Una menor actividad económica a la asumida significará una menor recaudación impositiva. Una fuerte contracción en el consumo conducirá a un menor ingreso por IVA, y una importante reducción en la producción y empleo afectará al ISR. Supongo que el mantener el aumento en el precio de las gasolinas a pesar de que se está ampliando el diferencial con Estados Unidos (nosotros arriba) es una medida precautoria para este problema de ingresos, pero será limitada. En estas circunstancias, ¿mantendrá el gobierno su posición de un gasto contracíclico? Por cierto, este aspecto también muestra en cierta forma las limitaciones de nuestra estructura fiscal para tomar acciones adicionales como se cree podría suceder.

De todos modos, sobre las acciones a considerar en la discusión, el consenso de la literatura internacional las ubica en dos grandes grupos: a) medidas para recomponer el sistema financiero y b) medidas para recuperar la demanda y restablecer la confianza. Por cierto, esta ya no es sólo una discusión en las economías industrializadas, sino que se ha extendido a todo los países, incluso bajo el “patrocinio” de los organismos internacionales. Destaca en este caso la posición que ha asumido el FMI, que aconseja la adopción de paquetes de estímulos fiscales óptimos a tiempo, grandes, durables, diversificados, contingentes, colectivos y sostenibles, además de otorgarle peso importante al gasto público (en mi blog “Tintero Económico Diario”, wwwtinteroeconomico.blogspot.com he comentado con más detalle estos y otros temas). Sin embargo, también señala que esto deberá valorarse de manera individual por cada país de acuerdo con sus márgenes de acción y su posición fiscal. ¿En qué posición está nuestro país exactamente, después de que en los últimos años se nos ha dicho que hemos logrado una mejor posición macroeconómica y consolidado nuestras finanzas públicas? Este deberá ser un punto de cuidadosa valoración.

Pero el énfasis en la política fiscal se deriva en gran parte del hecho de que la mayoría de los países industrializados han venido actuando agresivamente con sus políticas monetarias y éstas prácticamente han llegado al límite, ahora con tasas cero o casi cero. Esto no ha sucedido en los mercados emergentes, por lo que la presión para que los bancos centrales disminuyan sus tasas aumentará. ¿Cuál será el margen? No hay que olvidar que en el caso de estos países, a la crisis financiera y económica hay que agregar la crisis en el mercado de divisas, y es donde se establecerían probablemente las mayores limitantes. A partir de octubre pasado, los procesos de desapalancamiento y la búsqueda de refugios seguros han provocado salidas de capitales e importantes depreciaciones en sus monedas, y México no es la excepción. La reacción del Banco de México subastando reservas internacionales probablemente ha mitigado este impacto, pero no fueron suficientes para evitar una pérdida de valor del peso de alrededor de 30%. Si bien las causas iniciales de la inflación a principios de 2008 han desaparecido (alimentos y combustibles), aún no sabemos exactamente el impacto derivado de la depreciación de la moneda (traspaso). El dilema estaría en cuánto podría reducirse la tasa para contribuir en los esfuerzos contracíclicos, pero al mismo tiempo evitar incentivar una mayor depreciación. De nueva cuenta, un dilema que no es asunto menor.

Cómo vemos, los márgenes de acción en términos de política fiscal y monetaria no son realmente amplios, pero probablemente esto tampoco signifique que sean nulos. Seguramente estamos en un momento que probará las verdaderas capacidades de nuestras autoridades económicas pues los retos son bastante complicados.
17 Diciembre 2008 04:15:06
Crisis: acciones emergentes
Distintos actores políticos en el Congreso han venido señalando la necesidad de un debate sobre cuáles pueden ser posibles medidas emergentes para hacer frente a la crisis actual y qué márgenes existen para aplicarlas


Un debate en este sentido es provechoso, pero puede (y seguramente sucederá) politizarse rápidamente, por lo que es útil adelantar ideas para definir un marco útil para su desarrollo

Distintos actores políticos en el Congreso han venido señalando la necesidad de un debate sobre cuáles pueden ser posibles medidas emergentes para hacer frente a la crisis actual y qué márgenes existen para aplicarlas.

Aunque tendremos que ajustarnos a los tiempos políticos y esperar a que éste se realice sólo hasta finales de enero, creo pertinente adelantar algunas ideas que sirvan para generar un marco adecuado para dicha discusión, privilegiando aspectos técnicos. Por cierto, esta semana parece que se llevará a cabo una reunión entre el equipo económico de la actual administración y miembros del Congreso, para obtener mayor información sobre las acciones implementadas por el gobierno.

En todo caso, es importante insistir en que no debe olvidarse que, en caso de que se considere necesario algún tipo de acciones, los efectos esperados se obtendrán sólo después de cierto tiempo como consecuencia de los propios rezagos de ejecución e impacto de las políticas públicas. El entorno interno y externo sigue deteriorándose de manera acelerada. Todos sabemos que 2009 será un año complicado, pero 2010 puede ser peor.

Lo primero que debe hacerse es contar con un diagnóstico, lo más actualizado y objetivo posible, sobre la situación actual de nuestra economía y sus principales variables, y determinar cuáles son los mercados o sectores afectados y contar con una adecuada previsión (en la medida de lo posible) sobre estos aspectos para el futuro. “Objetivo” no significa ser alarmista, asunto que obviamente preocupa a las autoridades, sino que es necesario reconocer la profundidad y extensión de los daños y qué más vendrá.

Habrá que perder el miedo a la palabra con “R” (recesión). Si ésta es ya un hecho o es inevitable, pues hay que reconocerla y mejor preocuparnos en cómo mitigar sus efectos. Esto permitirá elaborar un inventario de problemas y jerarquizar la urgencia para su atención.

En segundo lugar es necesario realizar una evaluación de las acciones que ya se han tomado a lo largo de este año. Es importante tener claro cuáles han funcionado y cuáles no. Esto último es importante, ya que es mejor reconocer errores ahora, que eventualmente pueden corregirse, a tener que reconocerlos en el futuro, pero con un costo mucho mayor.

En tercer lugar, hay que ubicar el análisis y discusión en dos planos, que aunque obviamente vinculados, puede ser útil su separación analítica. Por un lado, cuáles son los problemas inmediatos y urgentes a atacar y resolver en el muy corto plazo y, por el otro, tener en mente los objetivos económicos de largo plazo.

En cuarto lugar, teniendo en mente el punto anterior, es necesario realizar un inventario de cuáles son las diversas acciones o políticas macroeconómicas a las que se puede recurrir. En este punto es crucial ser flexibles y suficientemente abiertos, dando cabida a todo tipo de posibilidades. Cada una debe estar técnicamente fundamentada y suficientemente analizada en cuanto a sus posibles impactos sobre los problemas “objetivos”.

En quinto lugar, habrá que realizar un análisis de factibilidad. Es decir, necesariamente tenemos que reconocer las limitaciones estructurales de nuestra economía, y en consecuencia, cuáles son los márgenes reales de maniobra que tiene el gobierno para implementar cada una de las posibles acciones, sin poner en riesgo objetivos de largo plazo. Por ejemplo, un aumento en gasto público sin un aumento en ingresos significa un aumento en déficit que debe ser financiado mediante deuda. ¿Cuáles son los efectos en el corto y largo plazo? Es claro que cada medida que se proponga tendrá un beneficio y un costo (en el corto y en el largo plazo), los cuales deben quedar claros. Y aunque ya sabemos que nuestros márgenes son muy acotados, lo que no se vale es cerrar ex ante la posibilidad a una discusión de alternativas y un análisis de viabilidad técnicamente fundamentado. Creo que en estas circunstancias lo menos útil serán las posiciones fundamentalistas, de uno u otro lado.

Finalmente, es necesario determinar los mecanismos que permitan garantizar que las acciones acordadas sean implementadas a la brevedad y que exista la suficiente información y transparencia para monitorear su desarrollo y resultados. Habrá que profundizar en cada uno de estos puntos, lo cual realizaré en próximas entregas y en la siguiente liga:
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12 Noviembre 2008 04:56:14
El fantasma del desempleo
En los próximos meses el desempleo será un problema en crecimiento y sería bueno que el gobierno reforzara sus medidas buscando mitigar el impacto

Un tema que ya provoca preocupación entre las autoridades y a la sociedad en su conjunto es el del desempleo. Pero esta preocupación aumentará de intensidad en los próximos meses, conforme se vayan profundizando los efectos en la economía real derivados de la actual crisis financiera mundial. Este será un proceso inevitable, pero esto no quiere decir que no se pueda buscar mitigar el impacto y tratar de reducir la pérdida en bienestar que necesariamente viene asociada en este tipo de eventos.

En realidad este tema ha sido bastante complejo en nuestro país desde hace ya varios años porque, en promedio, los resultados en términos de generación de empleo se han quedado por debajo de las expectativas. Obviamente esto se encuentra asociado en buena parte al propio pobre desempeño de nuestra economía, que en las últimas tres décadas sólo ha crecido a una tasa real promedio alrededor de 2.5% anual, por debajo de lo que se consideraría nuestro potencial. Pero adicionalmente se han producido cambios importantes en la estructura económica que afectan la relación producto-empleo, y por lo tanto la capacidad de generación de nuevas plazas.

Independientemente de las causas que provocan este pobre dinamismo en nuestro mercado laboral, y que ya han sido motivo de estudio, por lo que se habla de la necesidad de una reforma laboral, el problema coyuntural que se enfrentará en los próximos meses puede adquirir enormes dimensiones, por lo que se debieran de tomar acciones temporales agresivas que permitan mitigar este impacto.

Para entender este problema es conveniente tener una fotografía de la situación actual. Hay que entender que el asunto del desempleo es acumulativo. Cuando las autoridades hablan de la necesidad de crear alrededor de un millón de plazas nuevas, simplemente están haciendo referencia al estimado del incremento anual que se produce en la población económicamente activa (PEA) y que constituye la población que ingresa al mercado laboral buscando un trabajo.

Esta cifra rara vez se ha cumplido salvo en ocasiones puntuales, lo que quiere decir que nuestro mercado formal no ha estado en condiciones de absorber a esta oferta laboral anual en su totalidad. Obviamente este “fracaso” no se muestra en nuestras cifras de tasas de desempleo, no porque mientan, sino porque el mercado informal en nuestro país se ha convertido en una tabla de salvación para muchos individuos, y los estándares internacionales de medición capturan a este segmento, aunque en muchos casos puedan representar empleo precario o subempleo.

Esto quiere decir que el empleo formal en nuestro país debiera crecer por arriba de las tasa de crecimiento de la PEA, buscando atraer al la formalidad a aquella población que en el pasado no ha encontrado oportunidades en este mercado y ha terminado en la informalidad. Adicionalmente habría que agregar el hecho de la migración, ya que de alguna forma también se ha constituido en una válvula de escape. Tanto la informalidad como la migración han sido una bendición en este sentido, aunque tienen su propia problemática.

Ante este panorama, las circunstancias actuales sólo apuntan a provocar un serio problema de desempleo, que si no es atendido de manera adecuada puede conducir a serios conflictos sociales en el futuro, amén del deterioro en bienestar de una parte de la población. Sólo hay que recordar que se esta previendo ya un flujo masivo de connacionales que regresarán del país del norte en los próximos meses y no volverán a Estados Unidos ante la contracción en el mercado laboral de ese país.

Son diversas las acciones que pueden tomarse, pero una que ha sido ampliamente recomendada por distintos estudios y organismos internacionales y en donde existe amplia experiencia histórica se refiere a los programas temporales de empleo.

Ya existen en México, pero en las circunstancias actuales podría pensarse en un mega programa que se combine con la propuesta de inversión en infraestructura. En particular podemos pensar en trabajos intensivos en mano de obra asociados a la construcción o reconstrucción de caminos rurales o semirurales, escuelas, etc.

Varios de estos programas pueden focalizarse a regiones en donde ya se sabe ocurrirá el grueso del regreso de los trabajadores migratorios. Incluso, en varios casos muchos de estos trabajadores regresarán a nuestro país con algunos ahorros. ¿Por qué no pensar en bonos ciudadanos “regionales” que permitan canalizar estos recursos para contribuir a financiar obras en caminos o escuelas?

Es importante recordar que esta demanda laborar es un programa “temporal” y debe evitarse el generar distorsiones en el mercado laboral, para lo cual existe una amplia literatura que sugiere estructuras y diseños que evitan este problema potencial.
05 Noviembre 2008 04:32:55
¿Estímulos fiscales?
La necesidad de recurrir y reforzar una política fiscal contra cíclica que permita evitar una prolongada y profunda recesión está ganando adeptos entre prestigiados economistas en Estados Unidos

Mientras la crisis financiera prosigue su lenta evolución en los mercados mundiales y vemos cuáles son los efectos derivados de las distintas acciones que han venido tomando las autoridades en todo el mundo, otra discusión está cobrando mayor fuerza, particularmente en Estados Unidos, aunque no exclusivamente.

El tema se refiere a la previsión de una recesión que puede ser profunda y prolongada, lo cual podría tener efectos devastadores para los próximos años en términos de producto perdido y reducción en el bienestar de la población. El punto central de esta discusión gira en torno a las medidas que debieran instrumentarse en este momento para buscar mitigar dichos efectos. Para México esta discusión y su desenlace no es irrelevante en la medida en que lo que suceda con nuestro vecino del norte nos afecta de manera sustancial, pero porque también debiera ser un tema de mayor discusión.

Como mencioné la semana pasada, puede hablarse de un consenso sobre la inminencia de una recesión, pero no aún sobre su profundidad y su duración. Tampoco es muy claro el conjunto de medidas de política que deben instrumentarse. Sin embargo, parece existir una creciente preocupación sobre el manejo de política monetaria y su capacidad para hacer frente a esta situación, en la medida que todo indicaría está llegando a su límite. En los últimos meses la Reserva Federal ha actuado de manera agresiva para colocar su tasa de referencia en un punto porcentual, pero en las circunstancias actuales, aunque se llevara a cero, su impacto sobre los componentes relevantes de la demanda agregada sería aparentemente muy limitado.

Incluso entre algunos académicos se está hablando ya de que se estaría por enfrentar una situación conocida como “trampa de liquidez” y en la cual la demanda de dinero se torna prácticamente insensible a cambios en la tasa de interés y, en consecuencia, se rompería el mecanismo de transmisión del efecto monetario al sector real se la economía. Algo semejante a lo ocurrido en Japón en la década de los 90. Es por eso que las miradas voltean a la política fiscal. De hecho, ésta ya ha sido utilizada en la forma de un conjunto de estímulos por el lado de los impuestos (rebajas y devoluciones). El problema es que existe la presunción de que su efecto ha sido limitado, en gran parte porque lo individuos, en vez de gastar estos recursos, decidieron ahorrar buena parte o cubrir sus deudas.

En este marco resulta interesante la siguiente cita: “...la única forma de prevenir una recesión profunda será mediante un programa temporal de gasto gubernamental. Intentos previos de usar el gasto público para estimular una recuperación económica, particularmente gasto en infraestructura, no han sido exitosos debido a largos rezagos legislativos…. Pero mientras que las recesiones pasadas duraron un promedio de 12 meses, esta caída probablemente será más larga, abriendo márgenes para un gasto contra cíclico exitoso”. Esto no lo escribió un keynesiano de cepa pura, sino Martin Feldstein, reconocido profesor de Harvard y presidente emérito del NBER. Y dicho sea de paso, esta reflexión resulta altamente relevante para la discusión y definición actual de nuestra política fiscal para el 2009 (presupuesto de gastos), que se realiza en la Cámara de Diputados.

Es cierto que éste ha sido el camino por el que ya han optado nuestras autoridades fiscales, pero valdría la pena evaluar si ha sido y será suficiente o si podría realizarse un esfuerzo adicional. Vale la pena insistir en que esto puede realizarse fuera de un marco discrecional considerando la implementación de reglas fiscales (que privilegian la sustentabilidad fiscal intertemporal) como la referida al déficit estructural y que he venido señalando años atrás. Este sería un buen momento para considerarlo seriamente. Hay que entender que en esta discusión desarrollada por nuestros vecinos del norte, destaca que si se ha optado por una política contracíclica, no se puede ser tibio. Es necesario actuar con agresividad si se esta esperando que existan realmente resultados sustantivos.

Pero regresando al debate en Estados Unidos, la posición por el uso más agresivo de una política fiscal contracíclica ha ganado más adeptos, como serían los casos de Krugman, reciente Premio Nobel, y otros prestigiados académicos de ambos lados del espectro político republicano y demócrata. De hecho, éste será el primero y principal punto de la agenda económica del presidente electo y es probable que tendrá que optar por esta vía de manera inmediata, independientemente de sus promesas electorales.

22 Octubre 2008 03:24:22
¿Crisis financiera en México?
Es crucial que la autoridad mantenga un cercano y sistemático seguimiento a la evolución de nuestro sistema financiero y tome las acciones necesarias a tiempo, a fin de evitar un grave problema.

Hace un par de semanas comenté sobre los efectos de la actual crisis en nuestro país. Al respecto, señalaba que se hacía referencia básicamente a los efectos sobre la economía real, los cuales ya se sentían desde principios de año y que conducirían a menor crecimiento y mayor desempleo.

Lo que no se sabía aún era la magnitud del impacto, en la medida que la crisis financiera está aún en proceso. Pero también insistí en los posibles riesgos en el ámbito financiero y que poco se mencionaba, por lo que era importante que las autoridades realizaran una valoración profunda lo más pronto posible para evitar que nos tomara por sorpresa y generaran situaciones de pánico. Estas últimas dos semanas estamos presenciando precisamente parte del impacto financiero y no sabemos cuál puede ser su magnitud.

Este proceso tiene varias aristas.

Va desde aquellos intermediarios que pudieran poseer activos malos que condujeron a esta debacle u otros instrumentos de alto riesgo o sujetos a mayor volatilidad. Pero aún no siendo este el caso, la fuerte caída en las bolsas tiene un impacto importante en los balances de intermediarios financieros y empresas, cuyos efectos aún son difíciles de cuantificar.

Uno de los mayores problemas que se está enfrentando en el sistema financiero mundial en esta fase de la crisis es la enorme dificultad de valuar los activos financieros. Esto fue obvio desde hace meses en el caso de aquellos respaldados por hipotecas, pero en la medida que la incertidumbre y volatilidad se han extendido, ha terminado por afectar otros activos. En gran medida esto se debe a que simplemente estos instrumentos no se están negociando y no se establece un valor de mercado confiable. Además, esto aumenta la desconfianza en el sistema pues un participante no sabe a ciencia cierta si la valuación del balance reportada por otro es la correcta, por lo que decide mejor retirarse del mercado. Esto es lo que provocaba que exista prácticamente una parálisis crediticia, lo que retroalimenta el problema y aumenta la posibilidad de insolvencia y bancarrota.

De aquí que las dos mayores preocupaciones en este momento para todos los gobiernos son la de prevenir un colapso en sus sistemas bancarios y la de buscar los mecanismos para promover el crédito en lo que se recuperan sus intermediarios. En este sentido se entienden las últimas acciones emprendidas por los gobiernos y bancos centrales.

México no es la excepción y las autoridades financieras enfrentan un reto mayúsculo. Es sabido que no todos los intermediarios o participantes en el sistema están sujetos a la misma regulación y supervisión. Por ejemplo, los bancos están monitoreados de manera más cercana a raíz de la crisis financiera del 95, y no se diga en el caso de las Afores. Pero la banca de inversión y la actividad en fondos de inversión son otra historia, de hecho a nivel mundial. Si bien son un segmento menor en el sistema mexicano, no estamos exentos de problemas de contagio o posibles pánicos. La dificultad de valuación de activos es generalizada.

En este sentido puede entenderse un reciente comunicado de algunos operadores de fondos de inversión acogiéndose a la regulación, en el sentido de descontar entre 1% y 4% el precio de ciertos instrumentos en algunos de sus fondos en caso de que el tenedor decida venderlos.

Por su parte, Banxico está tomando acciones para garantizar liquidez y evitar rupturas importantes en el proceso crediticio, como lo refleja su circular 49/2008, en la que anuncia facilidades de liquidez para la banca mediante créditos garantizados y operaciones de reporto.

Lo mismo sucede con la banca de desarrollo. Dada la enorme volatilidad en los mercados de valores, divisas y otros instrumentos y considerando el comportamiento de otras entidades no financieras, los problemas se extienden, como ha sido el caso de algunos corporativos, destacando Comerci. El problema es la interconexión entre estas entidades y las financieras, por lo que esto genera impactos indeseados, como sucedió con el Grupo Banorte.

Es posible que exista mucho “movimiento” detrás del escenario que no conocemos, pero si las condiciones en los mercados siguen deteriorándose, pronto las sabremos, a menos que se tomen acciones preventivas por parte de la autoridad.

¿Estaremos a tiempo?

QUEJA AL VACÍO: es impresionante que Telmex no pueda solucionar un problema técnico en su sistema que afecta una línea telefónica (seguramente otras) en más de una semana.

¿Estas son nuestras empresas de clase mundial? No extraña que nuestra competitividad esté en picada.

08 Octubre 2008 05:34:00
¿Es el rescate la solución a la crisis?
Es una medida impopular pero necesaria, aunque no es mágica. Su efecto sobre los mercados no es inmediato y requiere de tiempo. Mientras tanto, la crisis continuará con su propia dinámica

Creciente temor, incertidumbre y pánico se están registrando en los mercados financieros mundiales, los cuales reaccionan con alta volatilidad. La situación ha rebasado por mucho las fronteras de Estados Unidos y los anuncios de problemas en otras entidades financieras en los principales países se reciben día con día. Este fin de semana, las autoridades en la Unión Europea han intentado contrarrestar estos temores señalando que tomarán las medidas necesarias para evitar un pánico financiero y una corrida en sus instituciones, pero los mercados poco han reaccionado a dichas declaraciones, en gran parte porque aún no queda claro cuál será la profundidad de esta crisis, hasta cuándo se extenderá y cuáles serán sus efectos totales.

La aprobación del paquete de rescate en Estados Unidos la semana pasada no tuvo el impacto esperado en estos mercados, al menos no inicialmente. ¿Es que acaso éstas acciones ya no resultan suficientes para los mercados? Para responder esta pregunta es importante tener en mente algunas consideraciones sobre el origen de esta crisis y lo que está sucediendo en estos momentos, las cuales comento a continuación.

La crisis actual es y será un proceso lento, por lo que es difícil valorar en este momento su duración, profundidad y efectos totales. Recordemos que el origen se encuentra en la ruptura de una burbuja en el mercado inmobiliario norteamericano conjuntamente con la expansión de un mercado de deuda suprime (de muy alto riesgo). La caída en los precios de las casa provocó insolvencia en los deudores con mayor riesgo, lo que a su vez generó problemas en las hojas de balance de los intermediarios financieros involucrados (que mostraban un fuerte desajuste de temporalidad entre activos y pasivos y alto apalancamiento) y ante la incapacidad de obtener recursos de corto plazo en los mercados han tenido que declararse en bancarrota o ser rescatados. En este marco, el punto central es que la disminución de precios en el mercado inmobiliario norteamericano es un proceso lento que continuará en los próximos meses. En este sentido, otros deudores (aún no insolventes) verán disminuido el valor de sus viviendas y de su colateral, por lo que enfrentarán problemas de pago y un mercado de nuevos créditos seco. Esto necesariamente afectará a más intermediarios financieros involucrados.

El paquete de rescate ayuda, pero no es una solución mágica e inmediata. El elemento central es la compra de activos malos para mejorar la situación de las hojas de balance de los intermediarios financieros. Sin embargo, si consideramos el punto anterior, seguramente existirán activos que en este momento no califiquen para ser comprados, pero que en los próximos meses, al deteriorase la situación, sí se conviertan en malos activos. En la medida que el paquete aprobado considere esta situación temporal, el problema se irá enfrentando progresivamente, pero existen riesgos de desajustes en este proceso. Es probable que el apoyo a algunos intermediarios financieros pudiese resultar insuficiente.

La restricción crediticia juega un papel central, pero su efecto es progresivo. No obstante la inyección de liquidez a los mercados que hemos venido observando, los niveles de acceso al crédito serán muy limitados en los próximos meses, lo cual necesariamente esta teniendo impacto en la economía real. Pero son diversos componentes de la demanda agregada y distintos canales de transmisión, por lo que varios efectos están aún por ocurrir. Es por eso que la previsión en esta materia para 2009 no es nada halagadora.

La incertidumbre genera desconfianza, y éste elemento es muy peligroso. Toda crisis va acompañada de mayor incertidumbre y volatilidad, lo cual provoca creciente desconfianza en los agentes. Pero esto afecta necesariamente la formación de sus expectativas, variable crucial en sus decisiones económicas, y muchas expectativas tienden a resultar autorrealizadas.

Los mercados financieros sobre-reaccionan. Esta es una de sus características, y dada las circunstancias actuales, veremos alta volatilidad al menos en las próximas semanas. Eventualmente los precios en estos mercados tenderán a un nuevo equilibrio.

Son sólo algunas ideas que pueden ser útiles para entender la crisis actual.
23 Septiembre 2008 03:38:00
Crisis financiera, ¿fin del capitalismo?
Aunque es un título provocador, es poco probable que esto ocurra cuando se entiende que estas crisis recurrentes son parte del mismo funcionamiento del sistema

Como bomba en los mercados del mundo han caído las últimas noticias sobre la evolución del sistema financiero norteamericano, y no es asunto menor. En pocas palabras, reflejan una seria situación que puede caracterizarse como una crisis financiera, pero que amenaza con profundizarse y ser desastrosa. Lo que ha sucedido con instituciones de la talla de Fannie Mae, Freddie Mac, Lehman Brothers y Merrill Lynch (entre otros) nos coloca frente a un proceso de importantes quiebras y enormes rescates en el país del norte, superando por sus montos a lo observado en otros países en el pasado e incluso podría ser sólo comparable con lo ocurrido durante la Gran Depresión de los años treintas. Otros gigantes como Golden Sachs y Morgan Stanley están tomando acciones importantes para evitar pasar a formar parte de las estadísticas.

El paquete de rescate por 700 mil millones de dólares que se discute en el Congreso representa una enorme suma, aproximadamente cinco puntos del Producto de Estados Unidos en 2007, pero ha sido necesario como una medida que intenta evitar una catástrofe mayor y calmar a los mercados. Como sucede generalmente en estos casos, en estos momentos no se sabe cual será el costo final de esta acción ni cual será el resultado final, pero evidentemente era una medida natural y esperada ante los acontecimientos.

Lo cierto es que estamos presenciando una crisis financiera, que no es la primera ni será la última, si entendemos que éstas forman parte del propio funcionamiento del sistema capitalista. Esto lo sabemos desde hace muchos años, cuando Keynes escribió su Teoría General buscando hacernos entender cómo se comporta una economía capitalista con instituciones financieras sofisticadas, complejas y en continua evolución. Como señalaba Hyman Minsky, un connotado poskeynesiano y profesor de Washington University, “es un hecho que los Wall Streets del mundo son importantes; ellos generan fuerzas desestabilizadoras, y de tiempo en tiempo el proceso financiero de nuestra economía conduce a serias amenazas de inestabilidad financiera y económica, esto es, el comportamiento de la economía se vuelve incoherente”. En este sentido, y haciendo referencia a la creciente inestabilidad económica que se observaba hacia finales de los años 60, señalaba que era resultado de un sistema financiero frágil que emergió de cambios acumulativos en la relaciones e instituciones financieras durante varios años.

No cabe duda que el sistema financiero cumple un papel crucial en el desarrollo económico de un país, no sólo porque permite la intermediación de los recursos, sino porque favorece la cobertura de múltiples riesgos propios del funcionamiento de los mercados, pero su propia evolución dinámica también conlleva a serios problemas derivados de los mismos incentivos inmersos en sus procesos y amplificados por factores como el riesgo moral. Esta dinámica se ha vuelto mucho más compleja en los tiempos modernos ante el acelerado desarrollo de nuevos y sofisticados instrumentos, así como complejas interrelaciones entre los participantes en estos mercados, lo cual es un enorme reto si no se cuenta con las instituciones adecuadas para el manejo de riesgos. A esto hay que agregar fenómenos de masas que terminan por amplificar eventos o procesos originalmente de menor tamaño. En muchos de estos fenómenos están presentes las denominadas burbujas, que como señala Robert Shiller, profesor de Yale y famoso por su best seller titulado Exhuberancia Irracional, el elemento original y central en todas las burbujas es de carácter sicológico, es contagio social.

De acuerdo a su argumento, el inicio de esta crisis esta en la burbuja en el mercado inmobiliario y su origen es este factor sicológico.

Como he señalado, estas crisis son recurrentes en el funcionamiento del sistema capitalista, pero a diferencia de lo que algunos piensan o han vaticinado, no han llevado al fin de este sistema. Sí, en cambio, han provocado importantes modificaciones institucionales y en el funcionamiento e estos mercados financieros. Por desgracia esto incluye un costo, que finalmente se observa en menor crecimiento y mayor desempleo.

En este razonamiento es claro que el sistema financiero sí tiene efectos importantes en variables reales como el producto y el empleo.

En este sentido, es claro que la presente crisis cobrará su cuota en estos rubros, aunque aún es difícil saber el monto, y esto porque también aún es difícil saber si todavía falta lo peor. Pero seguramente dará paso a un nuevo marco institucional financiero.
17 Septiembre 2008 03:11:00
Comentarios al paquete fiscal 2009
Habrá que ver con detalle el precio estimado del petróleo, no porque sea alto, sino porque no es congruente con una visión de un uso no coyuntural de los excedentes petroleros.

Como señalé en mi columna anterior, el material enviado por el Ejecutivo a la Cámara de Diputados es la propuesta de política fiscal para 2009. En un primer momento el paquete enviado da la impresión de que busca minimizar la posible confrontación con los diputados, en particular por al menos tres aspectos:

a) no se incluyen modificaciones en la parte tributaria (miscelánea fiscal); b) se propone un precio estimado del petróleo alto y c) se propone un aumento significativo en seguridad. En relación con el primer punto, no queda claro por qué se renuncia a la posibilidad de realizar ajustes al marco tributario actual a la luz de los resultados pasados, en particular si se acepta que la reforma del año pasado fue limitada e insuficiente, considerando las necesidades de gasto de nuestra economía. Aun suponiendo que los resultados tributarios de 2008 se consideren aceptables o satisfactorios, sabemos que el marco tributario tiene múltiples deficiencias y éste es el momento (cada año) para seguir avanzando en su ajuste. Obviamente también es origen de fuertes divergencias entre el Ejecutivo y el Legislativo, que este año no existirán o serán menores.

El segundo punto se refiere a la propuesta de precio estimado del petróleo exportado (mezcla mexicana). Como lo he señalado en el pasado, esta variable adquiere un papel crucial en la discusión del Presupuesto, porque permite ensanchar los márgenes para acomodar gasto adicional propuesto por las diversas fracciones parlamentarias, con el cual se reivindican ante sus electores y porque los ingresos petroleros representan más de la tercera parte de los ingresos públicos presupuestarios.

Tradicionalmente la SHCP había enviado una estimación conservadora del precio, sabiendo que en el proceso de discusión y aprobación de la propuesta, los diputados terminan por adicionar un par de dólares a dicha estimación. Sin embargo, en esta ocasión considero que la propuesta del Ejecutivo no es conservadora, lo cual podría parecer sorprendente. Veamos por partes este aspecto.

En principio, se supone que este precio es resultado de aplicar el artículo 31 de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria aprobada en 2006, en el que se estipula la regla a utilizar en el cálculo de este precio de referencia estimado, que señala el promedio de dos métodos propuestos. Es difícil replicar el cálculo, ya que en ambos casos se incluye un ajuste “por el diferencial esperado promedio, entre (el precio futuro promedio del crudo de calidad intermedia del Oeste de Texas) y la mezcla mexicana de exportación, con base en los análisis realizados por reconocidos expertos en la materia”, pero para llegar a 80 dólares, o el precio futuro es muy alto o este dato del experto permite mantener un precio mexicano alto.

Pero independientemente de este aspecto, creo que dicha fórmula debería revisarse, no sólo para hacerla más transparente (clarificando el dato del experto, así como el factor de 84% señalado en el segundo método), sino para garantizar que el precio estimado represente una cifra más cercana a un valor de largo plazo.

Obviamente esto último asume que se está de acuerdo en que los excedentes petroleros debieran tener un papel en el largo plazo fortaleciendo un fondo de estabilización. Éste es un tema que estuvo presente en el reciente debate en el Senado, pero parece desaparecer en la propuesta del Ejecutivo. Aun suponiendo que durante el 2009 se observe un precio promedio alrededor de los 80 dólares, no se estarían acumulando excedentes (o serían pequeños). Y si bien los Fondos actuales dispuestos por la Ley están ya a su tope, en realidad son pequeños y este tope es arbitrario. En lo personal creo que el precio propuesto es alto, pero está en concordancia con el punto anterior de no proponer nuevos impuestos.

El tercer punto en realidad es más simple. Refleja y hace eco a una preocupación de la sociedad mexicana y que difícilmente sería rebatido por algún diputado de oposición. Es obvio que en el momento de las tradicionales reasignaciones de recursos, ninguna fracción estaría dispuesta a tocar esta partida sin tener que asumir un costo político ante la sociedad y antes de 2009.

Desde luego que existen mucho más puntos a discutir sobre la propuesta, pero me parece que los tres que señalo permiten caracterizar el paquete fiscal propuesto en esta ocasión.
06 Agosto 2008 04:23:01
Crimen e incentivos
Si no se realiza un análisis adecuado de las causas del crimen, difícilmente se encontrará el esquema de incentivos adecuado para su combate a fondo.

El secuestro y cobarde asesinato de un niño de 14 años, Fernando Martí, ha provocado la obvia ola de reacciones de condena y frustración de toda la sociedad. No existen palabras para calificar este acto a todas luces repugnante. Por desgracia, este es un fenómeno con el que hemos tenido que aprender a convivir, que no a acostumbrarnos.

En esta ocasión, por tratarse de una familia de amplias redes sociales, el hecho ha sido difundido de manera extensa y las reacciones han sido múltiples, pero ¿cuántos niños, adolescentes, jóvenes y adultos han tenido que pasar por circunstancias similares, y de las cuales poco o nada nos hemos enterado? Sabemos que el secuestro se ha extendido ampliamente en nuestro país y que su combate ha arrojado magros resultados. En estos mismos días se difundía una nota señalando el aumento reciente en su incidencia, y esto basado en las denuncias, que sabemos no reflejan el espectro completo de este delito. Dramática realidad a pesar de las declaraciones, a veces patéticas, de las autoridades sobre supuestos, o en el mejor de los casos, limitados avances en su combate.

Pueden escribirse múltiples reflexiones sobre este fenómeno que tiene muchas aristas, y seguramente ningún análisis será completo. Pero es importante realizarlo pues ninguna acción tendrá resultados deseados si no logramos entender a cabalidad sus diversas causas. Es claro que el secuestro tiene enormes costos en los individuos y familias que lo sufren, no sólo económicos, sino por las muchas veces irreparable pérdida o destrucción de vidas. Pero para la sociedad también significa enormes costos sociales y económicos. Una vertiente fundamental en este análisis es ampliamente conocida y se refiere a la Teoría de Incentivos, por cierto piedra central en el análisis económico, aunque no exclusivamente. Esto es, se trata de reconocer que todos los individuos actuamos y respondemos desde que nacemos a los incentivos que enfrentamos día a día, y que son los que nos empujan a realizar ciertas acciones respecto a otras. Estos incentivos, que pueden ser económicos, morales o sociales, y en muchas ocasiones están entremezclados, son los que van moldeando a las instituciones y normas de conducta (formales e informales) que rigen nuestro actuar cotidiano. Todos los conocemos y los utilizamos buscando obtener ciertos patrones de comportamiento de un individuo, aunque esto no quiere decir que lo hagamos de la manera correcta, lo cual ocurre cuando nuestro análisis de las causas del fenómeno que queremos modificar no es adecuado. Es más, el uso inadecuado de incentivos suele conllevar a resultados opuestos a los deseados.

Cuando enfrentamos un aumento en el crimen en general, nuestra reacción inmediata es buscar aumentar el castigo asociado. Sin embargo, la experiencia podría mostrar que los resultados no han sido necesariamente los esperados, seguramente porque este incentivo por sí solo es insuficiente. Después de todo, el costo de oportunidad asociado a una acción empujada por un esquema de incentivos existente puede variar entre individuos. Probablemente para una persona con expectativas favorables profesionales y familiares, 30 años de cárcel implican un enorme costo de oportunidad, no así para otra en condiciones diametralmente opuestas. ¿Cómo explicaría que un individuo estaría dispuesto a detonarse explosivos amarrados a su cuerpo y usted no?

Mucho de este comportamiento está moldeado por una serie de incentivos que enfrenta una persona desde que es pequeña. Esto me lleva a enfatizar que muchas de las causas que explican un fenómeno se remontan mucho tiempo atrás. Suele decirse que el crimen es resultado de la falta de empleo y oportunidades actuales, lo cual es parcialmente cierto, pero es importante considerar el desfase temporal o efecto de largo plazo. Esto es, seguramente muchos de los criminales actuales mantendrían su actividad criminal a pesar de ofrecerles estas oportunidades y empleos. En consecuencia, habría que considerar adicionalmente que muchos de ellos crecieron durante la década perdida de los ochentas, en un entorno de pocas oportunidades y enorme pérdida de bienestar observándose un aumento en los índices de pobreza en nuestro país. Este es un factor que podría explicar parte del aumento progresivo de esta criminalidad en las últimas dos décadas. Dicho sea de paso, valdría la pena pensar que nuestro pobre comportamiento económico en los últimos años podría significar, entre otras cosas, un caldo de cultivo para criminales en las próximas décadas. El tema es muy amplio y complejo y mi espacio limitado. Estas son sólo algunas reflexiones que pueden servir para mayores discusiones.

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