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Carlos Monsiváis
Carlos Monsiváis
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28 Marzo 2010 04:00:52
La sabiduría del autoengaño
Nada más lógico y, a su modo, más aleccionador, que la estrategia de persuasiones de los más calificados y autocalificados funcionarios del Gobierno federal. Si hemos de traducir este sistema, describámoslo así y dejémoslo así: “A la sociedad o al pueblo ya no se le convence, ha perdido el don divino de la credulidad, y, o no están informados de nada, o se nutren de internet, radio, incluso noticieros de televisión, celulares, o twitters. Y los que no, ni se enteran ni les importa, y con dificultad saben el nombre de alguno de nosotros, lo que llamamos aquí analfabetismo onomástico.

Entonces, ¿a quién persuadir?, pues a los más enterados, a los más competentes, a los que rigen los destinos de la nación, nos referimos naturalmente a nosotros mismos. De esta manera nuestra estrategia mediática y nuestras redes sociales se dirigen a ese objetivo maravilloso: convencernos a nosotros mismos. Si logramos eso, lo demás ya no importa. Hablamos para oírnos y, sin broma alguna, la técnica es de una gran profundidad: el que persuade a las élites, persuade a lo más elevado del país”.

Desde fuera, el asunto se podría ver distinto: un laberinto de afirmaciones que indignan de forma sistemática pero efímera, ya que las siguientes expresiones de los poderosos irritan aún más. Influido por esta táctica, me explico para entenderme. No ves que los altos funcionarios (la altura se mide por el salario real, las prestaciones, la importancia que se les concede y el número de fuerzas de seguridad que los acompañan) crean en lo que dicen. Esto sería abusar de su candor. Más bien, el procedimiento va así: el funcionario declara a sabiendas de que nadie le va a creer y en la ruta hacia la decepción con este pueblo ingrato, oye y lee sus propias palabras y queda encantado. ¿Por qué no se le habrían ocurrido a él primero? Luego, al ver las cuantiosamente reproducidas en los noticieros y en los periódicos se anima por completo. Vaya que tengo razón, me lo confirma ese alto funcionario que, por coincidencia, lleva mi nombre. A los críticos no los lee porque eso sería un desgaste visual innecesario.

* * *

No estoy ironizando ni haría falta tratándose de la cadena de acontecimientos interminables y veloces que, cuando no queda otra, nos usa de testigos. Cómo explicarse de otra manera que el secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont hable del fuego cruzado en el combate en el Tec de Monterrey y afirma como si a alguien le constara que los estudiantes asesinados habían estado del lado bueno y por ello los habían ultimado los sicarios. No le importa lo realmente ocurrido, el despojo de las identificaciones, el secuestro de los videotapes del Tecnológico, la granada que destrozó a uno de los jóvenes, la imposibilidad de que hubiesen sido los narcos.

Todo eso pertenece al reino de lo inconvincente, y esto no lo dice en serio como funcionario del ramo, lo dice y muy en serio como primer oyente y lector de las palabras del secretario de Gobernación. Y luego va rectificando, no porque rechace lo sucedido, sino porque en el laboratorio del autoengaño, que es la primera función gubernamental, se inventó una sección llamada “Desmentidos por si acaso” y allí, en vez de las pruebas de balística que debieron ser lo primero, se acude ahora al cotejo de versiones, aunque la primera es la mejor y es la única. Si por casualidad resulta que los soldados asesinaron a los estudiantes, el secretario dirá: “Siempre dijimos que había culpables”.

* * *

Tómese el ejemplo del secretario de Economía Ernesto Cordero, podría decirse con amargura que es un accidente su profesión de economista, su verdadero oficio es el de ilusionista a la antigua, de esos de las ferias donde hacía su debut la inocencia infantil. Nada por aquí, nada por allá, no es una crisis lo que están ustedes viendo, señores, señoritas, jóvenes, personas adultas que me hacen favor de seguir mis movimientos y la conducción de la economía, fíjense bien, no le crean a sus sentidos, hijos del mal y la frustración, crean en lo que les digo, no vean lo que ganan, ni los índices del desempleo, ni la quiebra de pequeñas y medianas empresas, ni lo que dice el INEGI sobre febrero del 2010, el peor tiempo de la recesión, ni ninguna de esas vaciladas, no señores, señoritas y demás edades, júntense para no perderse mis palabras, aunque luego las repita igualitas, fíjense lo que les digo, no le den vueltas, la economía se ha recuperado casi todita, es un milagro de los que hacían antes para prestigiar la nueva religión, la economía levita, el Gobierno multiplicó los caudales y los platos de lentejas, fíjense bien, ayer había una catástrofe, hoy el peso camina sobre las aguas.

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El secretario del Trabajo Javier Lozano ofrece con alegría desdichadamente no contagiosa, su proyecto de reforma laboral: “No le den vueltas, sujetos a los que nunca llamaré amigos porque mi puesto no es una tienda de condescendencias.

Lo que el Gobierno les ofrece es respetar con puntualidad ciega la Constitución pero estableciendo leyes aparte para no tocarla y sí modernizarla. ¿Qué prefiere el desempleado: que no lo pongan a prueba un tiempo indeterminado para que si no funciona de acuerdo a los criterios de la empresa lo corran con el salario anterior al mínimo?

A ver, legisladores, sindicatos y frentes auténticos, no se opongan a las bondades de la explotación, opónganse a las iniquidades del comunismo subversivo. Con la reforma laboral que proponemos, y que es la justa porque es la que a nosotros nos convence, se acabarán muchos problemas, para empezar la existencia de problemas, ese invento de los desocupados.
21 Marzo 2010 04:01:52
Un alegato a favor de los subtítulos
Atiéndase la plegaria de los grandes protagonistas de este melodrama de estafas a la nación, el rezo confusamente cívico de Enrique Peña Nieto, gobernador del estado de México y causante del conflicto donde el PRI y el PAN se alían, se pelean y se denuncian, todo por ese año tan peleonero, 2012. Peña Nieto se sintió en la necesidad de acudir a su carisma para suspender la batalla, los comentarios, los análisis políticos y el mero rumor maligno. Así lo dijo: “No es momento de debates. En este momento de gran crispación política, de gran encono político, de grandes diferencias que se han venido presentando hoy entre partidos y entre actores políticos, entre las distintas fuerzas… Tenemos que mirar más allá de estas diferencias, más allá de estos enconos que no deben entramparnos en un debate que no nos lleva a ningún lado”.

¿Alguien habrá pensado en un sistema de traducción simultánea de lo que dicen los políticos, no de lo que quieren decir, algo que pertenece al insondable reino de la conciencia, sino de lo que dicen? El inventor de este sistema tendría garantizada una clientela amplia y entusiasta. ¿Qué quiso decir Peña Nieto? En primer lugar, quizás aludió (el quizás es inevitable en estos casos) a la contienda y a la crítica numerosa que despertó el pacto gracias al cual, y a cambio del apoyo a la reforma fiscal de Calderón, el PAN se comprometía a no aliarse con nadie en las elecciones de 2011 en el estado de México. Pero a nada de esto se refieren las palabras de Peña Nieto. ¿De dónde saca el futuro ex presidente (Peña Nieto dixit) su idea del enmudecimiento patriótico? Con que éste no es momento de debates sino de saltarse las diferencias, meter los enconos al refrigerador, extirpar los desacuerdos y aceptar que la patria lo que quiere de sus políticos es una hilera de abrazos, perdóname si te ofendí, compadre/me disculpas, pero es que andábamos todos muy alebrestados por los líos del Cruz Azul/Sí, a todos se nos pasó la mano, pero qué bien hace Enrique Peña en llamarnos a la unanimidad/los mexicanos somos y seguimos siendo una gran nación porque en los momentos de crisis renunciamos al debate.

Al revisar los acontecimientos de la cámara lo que más llama la atención no es el intercambio de epítetos, ni la transformación de un órgano colegiado en un coro de agresiones, ni la denuncia de los diputados priístas que le adjudicaron a Felipe Calderón el robo de la Presidencia (“¡Espurio!”), ni la diputada panista que le achacó a Enrique Peña Nieto un uxoricidio (ver diccionario), sino la urgencia de subtítulos, la necesidad de subtitular casi todas las intervenciones para que quienes las emiten sepan algo de lo que están diciendo, y los que las oyen o las leen vayan enterándose del contenido de la política en uso. Lean “El documento que garantizaba el apoyo del PRI y la colaboración del PAN en la elección de 2011 en el Edomex, se firmó el 30 de octubre de 2009 y se divulgó el 4 de marzo de 2010: Las partes se obligan a revisar conjuntamente la normatividad jurídica que regula la formación y funcionamiento de las coaliciones electorales y, en su caso, promover las reformas correspondientes, a fin de evitar que dicha figura sea utilizada como instrumento de coyuntura electoral. Al efecto deberán considerar, entre otros, criterios de temporalidad, compatibilidad ideológica (sic) y cobertura territorial mínima”.

¿Qué quiere decir el texto de este convenio? Algo tan enredado que las palabras se estrangulan por su cuenta, un caso de suicidio verbal. Y como ya pasó la traducción simultánea, es un derroche de tiempo intentarla, es mejor, como se ha dicho, acudir a los subtítulos. En el caso anterior irían así: “Los contrayentes harán caso omiso de lo que digan las leyes electorales, que para el caso, y por si alguien se molestase, avisar que en la fecha correspondiente se darán las reformas pertinentes para que la crítica insistente se calle por inoperante.

Téngase en cuenta que este pacto es nomás por ahorita, en 2012 ya no tendrá sentido ausentarse de las elecciones de 2011. Por lo demás, el pacto ha de durar el tiempo necesario para que Peña Nieto llegue a la Presidencia, el PAN y el PRI se hermanen para la destrucción de las libertades civiles y se demuestre que el estado de México no ocupa la totalidad del territorio”. Se dirá que es mucho texto, pero nadie lee ni los pactos ni las interpretaciones bien intencionadas.

* * *

Hablar para escucharse, y desprender del tono de voz la ideología profesada (los gritos o las voces que abren rumbos en el cielo patrio son compromisos del alma consigo misma). Beatriz Paredes, lideresa histórica del PRI, explica a los diputados de su bancada por qué no informó del acuerdo firmado con César Nava, (nota de Enrique Méndez y Roberto Garduño, La Jornada, 10 de marzo de 2010): “Siempre habrá alguien que quiera manipular con una nota de primera plana o cambiar una nota de ocho columnas. Por eso no les digo nada”. Acúdase otra vez a los subtítulos: “Si les digo algo en confianza, les va a dar por el chisme, que es la pasión pública de los políticos (la pasión secreta es negar que fueron ellos los difusores); si les confío algo importante, el que ustedes lo sepan lo convierte de inmediato en algo banal; si le apuesto a su discreción estaré arando en la tierra, acción ya más difícil que arar en el mar. Así que me conformé con no decirles nada, garantizando así que los chismosos serían otros.

¡Ya ven! Los salvé de que les dijeran boquiflojos”. Se diluye otra vez enfrentar las consecuencias de un hecho tan patético y tan francamente ilegal. Que la historia, que viene detrás, pague.

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¿Para qué se necesitan los subtítulos? Entre otras cosas, para mejorar la relación entre los gobernantes y los gobernados, para evitar que estos últimos digan que no agarran la onda. Recuerden un segundo encuentro de Felipe Calderón con los habitantes de Ciudad Juárez, muy seleccionados y rigurosamente vigilados. A su manera, Calderón desestimó el enfrentamiento (crónica de Mayolo López, Reforma, 18 de febrero de 2010): “La verdad es que yo en mis tiempos también era muy bravo, esto hay que decirlo: entonces uno encuentra en la vida las compensaciones que necesita. Vamos a dejarlo así”.

¿Qué quiso decir? Aquí van los subtítulos: “Ustedes son como niños o como adolescentes, y son bravucones porque tienen un papá que los defiende, que en este caso soy yo. Pero el ‘nos vemos a la salida’ pertenece a la adolescencia, etapa de la vida sin la cual no hay juventud y, viéndolo bien, tampoco madurez, requisito indispensable para la senectud. Todo en la vida es compensación, nacer compensa por el hecho de morir, divorciarse compensa por el hecho de casarse, aplaudir compensa por el fastidio de oír un discurso político. Vamos a dejarlo así”.

En eso quedamos, la solución de la clase política es la existencia institucional de los subtítulos. De esa manera nadie se llamará a engaño, lo que oyó o leyó tiene algún sentido, pueril si se quiere, pero sentido al fin.
14 Marzo 2010 04:00:13
La divina pléyade
El espectáculo se centuplica. Se discute el pacto que a lo mejor fue secreto durante 24 horas donde el PAN se abstenía de aliarse con el PRD en el Estado de México y el PRI se comprometía al apoyo de la reforma fiscal de Calderón. Eso fue el principio durante dos o tres días, y luego la Cámara de Diputados se convirtió en un reality show, con la peculiaridad de la demolición del sonido, una legión se precipita al encuentro de la frase que no llega sustituida por un triste lugar común, los oradores repiten una y otra vez lo que hace un siglo quizá era una novedad, los legisladores atienden muy a ratos, el fastidio retumba, cada diputado procura sentirse aludido para intervenir “por alusiones personales”, las interpelaciones son la prueba, la única al alcance, de que alguien escucha, las descalificaciones se emiten en pro del carácter teatral de la política.

Alguien le atribuye al opositor lo que éste no dijo pero podría decir, o lo que éste sí dijo aunque ya lo había dicho antes; los participantes procuran indignarse para extraer de su repertorio la respuesta iracunda que los justifique ante la historia o ante otro periodista que esté presente.

En materia de citas, el personaje ubicuo de estas sesiones no es el PAN ni el PRD ni el PRI; es el “agente social” siempre mencionado desde el siglo 19, el Pueblo, la entidad que sólo cobra forma si un diputado la evoca con tal de conmoverse y ganar tiempo para ver si encuentra el tema que justifique su presencia en tribuna.
* * *

Así va la retahíla en un debate a mil caídas en la Cámara de Diputados:

—¿Qué cuentas le vamos a dar al Pueblo?/ Aquí falta entre nosotros el que tanto espero de nuestra presencia y el que ahora le damos igual aunque lo representamos vivo o muerto, hablo del Pueblo, señores, a él me refiero, compañeras./ El triste espectáculo que estamos dando nos obliga a pedirle perdón a los que sufren, a los que no tienen empleo, a los que no consideramos en esta lucha, al Pueblo que tanto confía en nosotros y al que tanto hemos desconocido./ Es una vergüenza lo que aquí sucede, nos peleamos y perdemos el tiempo que deberíamos usar para crear empleos…

* * *

Lo más penoso del asunto es la calidad de las intervenciones. A diferencia de otras legislaturas, esta vez, en su mayoría, no vienen de la relación con colectividad alguna, muchos hacen planes por si no ligan algo en 2012, por lo menos terminar su doctorado, no son pocos los que han tenido (y tienen) empresas bajo su responsabilidad, un buen número egresó de universidades privadas, han sufrido con la dignidad del héroe las acusaciones de enriquecimiento ilícito, son hijos de la Generación del Esfuerzo Para Qué, ya no hablan tanto de sus compadres sino de sus compañeros de generación. Y responden a las ventajas del destino con el gesto de suficiencia que tan adecuadamente capta la cámara de televisión…

Lo más común: cambiaron a los seguidores por los asesores y a los maestros por cursos en DVD, localizan sus escuelas de conducta política casi sin darse cuenta, educan su voz en la escuela del hablar recio y sin noción alguna de ritmo, creen ser irónicos cuando ni siquiera se asoman al sarcasmo, manejan sus manos en tribuna como si duplicaran los gestos de los oradores de 1940, lanzan su mirada vigorosa para dominar a la muchedumbre que va a llegar tarde. Son políticos porque de algún modo debe llamárseles, se entrenan en pos de la furia instantánea que brota al subir a la tribuna o al intervenir desde sus curules, y pertenecen al tiempo político ignorante de la forma y vacío de contenido.

* * *

La novedad no es el agotamiento del discurso, el término inevitable; la novedad es la certeza de que alguien, en este momento, quizás en alguna oficina de Gobierno, posiblemente en el cubículo de un politólogo, está viendo la transmisión en vivo en el canal del Congreso. Se le ceden al equipo televisivo las responsabilidades de la historia, aunque a media hora de iniciada la transmisión la historia sale del recinto y sólo quedan, qué fastidiosos, los deberes partidarios y los gestos de personalidad iracunda por si la cámara los busca. La dirigente del PRI en la Cámara se aburre intensamente aunque, quizás, no evita dar noticia de su ánimo consternado. Los panistas se burlan del gobernador que quiere ser Presidente; los priístas sacan a relucir el fraude de 2006; los mensajes inaccesibles al ignaro (yo, por ejemplo) cruzan y se alojan en donde se debe; la antigua noción de respeto a los poderes yace indefensa.

¿Qué se vive? Elija usted, tú eliges: ¿el fin de una época, el fin de un sistema, el fin de un falso sistema parlamentario, el fin de la política que los analistas desentrañan cada semana, el fin de las oposiciones y las imposiciones leales, el fin de la eficacia de la mentira “en lo oscurito”, el fin de artículos indagatorios como el presente? Las especulaciones van de un lado a otro, nadie apuesta por temor a ganar, sube a la tribuna el diputado a fin de cuentas anónimo, baja de la tribuna el brioso legislador al que nadie felicita, los politólogos de oficio y los improvisados hacen cálculos sobre el vencedor aunque nadie duda de la identidad del vencido: la sociedad.

Si hay tal cosa como la nota roja de las intervenciones, los denuestos y las imputaciones. Las sesiones en la Cámara de Diputados son de la nueva nota roja, donde no hay que buscar al culpable sino al inocente, que varios habrá, incluso en esta legislatura.
07 Marzo 2010 05:07:28
La memoria a través del olvido
El 30 de octubre de 2009, en un acto ungido por la credibilidad de las instituciones electorales, que desde el IFE y desde todos los tribunales electorales disponibles, bendicen la unión, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, y el secretario de Gobierno del Estado de México, Luis Enrique Miranda, atestiguaron el pacto entre el PRI, representado por Beatriz Paredes, y el PAN, comandado por César Nava, en uno de los descansos de su campaña contra las bodas de la semejanza.

En el convenio el PAN y el PRI se comprometen a abstenerse de formar coaliciones electorales en el Estado de México (para las elecciones de 2011), con otros partidos cuyos principios e ideología sean contrarios a los que sostienen en sus declaraciones de principios. El pacto, no necesariamente parecido al de Ribentropp y Molotov en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, tuvo como base la obligación del PRI de apoyar en sus términos, en el Senado, la Ley de Ingresos previamente aprobada en la Cámara de Diputados.

Según Nava, recientemente nombrado “panista histórico”, por una encuesta donde lo situaba en primer lugar como posible candidato a la Presidencia, el PRI incumplió el acuerdo, ya que el 5 de noviembre de 2009 sólo ocho de los 33 senadores priístas permanecieron en el salón de plenos, absteniéndose de votar a favor de la Ley de Ingresos. Nava, con el júbilo del político descubierto fuera del pedestal, concluyó su viaje alrededor del ridículo: “Ante el flagrante incumplimiento del PRI, el acuerdo quedó sin efecto alguno”. ¡Qué tristeza! Tan bien que se iba en el camino de allanarle a Peña Nieto los pequeños escollos, tan bonito que se veía la repartición del poder: “El Estado de México para ustedes; la reforma fiscal para nosotros”.

* * *

A César Nava se le pueden achacar muchos defectos, pero no, en modo alguno, la posesión de virtudes de liderazgo, con carisma adjunto en ocasiones de contento. Véase su entrevista del 4 de marzo:

“— ¿Por qué mintió a la opinión pública al declarar que no había firmado acuerdo alguno o pacto con el PRI, y por qué no se notificó al Comité Ejecutivo Nacional del convenio?

— En primer lugar, este acuerdo no fue puesto en el conocimiento del CEN, precisamente porque el incumplimiento del PRI lo hizo innecesario. Estaba contemplada la posibilidad de hacerlo del conocimiento del comité nacional para su eventual aprobación; sin embargo, al quedar sin efecto, al quedar sin vigencia ni validez alguna, no fue necesario hacer esta presentación. Por otra parte, es cierto que en un primer momento no hice pública la firma de este acuerdo. Lo hice por respeto al principio de confidencialidad que rige esta clase de relación y de acuerdos políticos”.

Es arduo elegir el adjetivo que le conviene a Nava, el político: sagaz, bravío, inocente (traicionado), paciente (en cuanto a la información que le debe a su grey), astuto… Véase lo que consigue: aceptar que mintió; reconocer que no informó a los suyos porque no los quería afligir con la historia de una traición; considerar eterna la confianza en él depositada; manejar con habilidad póstuma los plazos del entusiasmo por la hazaña maniobrera o de la autocrítica por el fracasito; traer a cuento “el principio de confidencialidad”, inaplicable en casos de violación de la ley electoral. Y según él, lo hizo todo solito, sin consultarlo con presidente alguno.

* * *

Beatriz Paredes reconoció el pacto tan traicionadito, pero luego se siguió de frente y en el aniversario del PRI, ante la clase política por antonomasia, se jactó de sus funciones de salvavidas: “En 2006 los legisladores del PRI evitaron una crisis de gobierno durante el ascenso de Felipe Calderón a la Presidencia de la República. Quién iba a decir que apenas tres años después el partido del Presidente, que fue repudiado y calificado de espurio por otra fuerza política, celebraría alianzas con aquellos que han sido los detractores principales de su abanderado y con quienes no tienen coincidencias programáticas ni en derechos civiles ni en el desarrollo económico para México.

Amnesia sobre los principios y las posiciones programáticas o apetito de poder sin el menor respeto por los ciudadanos, o simplemente ambición y oportunismo y mayor desprestigio de la política ante la sociedad…”.

Una posición tan enfática, que brota luego de reconocer el pacto secreto, lleva únicamente a la piedra de sacrificios de la contradicción: para favorecer la mercadotecnia triunfal de Peña Nieto, se acepta que con el PAN se tienen coincidencias programáticas, en derechos civiles y en posiciones frente a la economía.

Si nos atenemos a documentos y discursos, en lo único en lo que el PRI coincide plenamente con el PAN es en materia de criminalizar a las mujeres que abortan.
28 Febrero 2010 05:08:07
Preso de conciencia
El 24 de febrero de 2010 muere, luego de una prolongada huelga de hambre, el preso cubano Orlando Zapata Tamayo. El albañil y plomero negro de 42 años, del pueblo de Banes, pertenecía al grupo de 75 disidentes detenidos en 2003 por “desacato, desorden público y desobediencia”, delitos más propios de un Estado totalitario que del “país más libre del mundo”, como aseguran sus fieles. A los detenidos se les aplicaron penas de hasta 28 años de cárcel, aunque Zapata Tamayo, cuyo agravante era la defensa de los derechos humanos, recibió una condena de hasta 36 años de prisión.

Fue excarcelado el 7 de marzo de 2003, y se le detuvo nuevamente el 20 del mismo mes, mientras participaba en un ayuno junto a Martha Beatriz Roque Cabello y cuatro ayunantes más, a favor de Óscar Elías Biscet González y demás presos políticos. Se le enjuició el 18 de mayo de 2004 y fue sentenciado a otros tres años de prisión. Cumplía su condena en la penitenciaría de Guanajay en provincia Habana, hasta que el 15 de enero de 2005 fue trasladado para la prisión Taco-Taco, en la provincia de Pinar del Río. Amnistía Internacional lo adoptó como prisionero de conciencia.

El disidente inició la huelga de hambre al negarse el Gobierno a sus demandas, entre ellas, vestir la ropa blanca de disidente y no el uniforme de recluso común. Además, protestó por las condiciones de vida de los presos políticos y rechazó la comida del penal alimentándose de lo que, cada tres meses, le llevaba a la cárcel su madre. Desde febrero, Zapata Tamayo fue sometido periódicamente a un tratamiento con suero, para la hidratación de su organismo. Él alertó: “Si muero, el Gobierno intentará responsabilizarme”.

Al enterarse de la noticia el presidente Raúl Castro lamentó la muerte y produjo la explicación más insólita: “Este hecho es el resultado de la relación con EU, en la isla no existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base (estadounidense) de Guantánamo” (Información de Gerardo Arreola en La Jornada). Según el Gobierno cubano, no hay disidencia en la isla y quienes así se identifican trabajan para el gobierno de Washington. Según el escritor cubano Antonio José Ponte, Zapata en marzo de 2009 fue sometido a una operación por el coágulo cerebral producido por los golpes de sus carceleros. Hace unos días, 40 presos políticos cubanos le pidieron al presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, que visitaría Cuba, su intercesión a favor de Zapata Tamayo.

De acuerdo con Ponte, es creíble la hipótesis de que los Castro Ruz “aceptaron el reto que les tendía un preso… ¿Cuánto pesa un huelguista de hambre muerto cuando se tiene la eterna coartada del bloqueo estadounidense? Las coartadas de libertad e independencia nacional, perfectamente comprobadas por el régimen desde hace medio siglo, han de prestarse ya a tapar este escándalo. Y, una vez más, se le abrirá expediente al asesinado, inventándole alguna misión de inteligencia estadounidense o destino parecido”.
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El cadáver de Zapata se trasladó al pueblo de Banes, en la provincia de Holguín, mientras decenas de opositores eran detenidos en el este del país para impedir su presencia en el sepelio, informó Elizardo Sánchez, de la ilegal pero tolerada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. El control en la población fue riguroso. La policía tomó la entrada de Banes y detuvo a todos los vehículos pidiendo documentación. Se devolvía a los carentes de “razón justificada”.

El entierro fue como se esperaba, con la policía que reemplazaba a los deudos, a los que no se dejó llegar. Los agentes de la Seguridad de Estado tomaron Banes, y detuvieron o encerraron en sus hogares a 50 disidentes de Holguín. Pero se impuso una voz, la de su madre, Reina Tamayo, se alzó por encima de la represión: “¡Acabaron con Zapata, acabaron con Zapata! Fue un asesinato premeditado. Lo dejaron 18 días sin tomar agua en Camagüey. El gobierno totalitario de Fidel Castro es el responsable de la muerte de mi hijo”. (En Público de España, 26 de febrero de 2010).

Doña Reina afirmó en un video difundido por la bloguera Yoani Sánchez que el caso fue “un asesinato premeditado” y pidió al mundo “que exijan la libertad de los demás presos… para que no vuelva a suceder lo que ha sucedido”. Yoani fue detenida brevemente al querer firmar el libro de condolencias instalado en La Habana (El Nacional).

El arzobispo de Santiago, Dionisio García Ibáñez, aseguró en un comunicado: “En varias ocasiones pedí visitar a Zapata sin lograrlo”. De acuerdo con Gerardo Arreola, la opositora Caridad Caballero, residente en Holguín, pasó unas 20 horas detenida sin cargos en el Órgano de Instrucción de Seguridad del Estado.

Ella aseguró que habría en ese lugar unos 20 activistas detenidos, igualmente sin acusaciones concretas. Entrevistado por periodistas brasileños, Raúl Castro respondió a las acusaciones de los organismos de derechos humanos sobre el trato a la disidencia: “Esto es porque estos grupos son como la prensa que publica lo que quieren los patrones”.

Al inquirir otro reportero por la ausencia de periodistas no brasileños, fue contundente (versión aproximada): “Reconozco que en Cuba no tenemos una libertad de expresión. Pero si Estados Unidos nos dejara en paz, eso podría cambiar”.
21 Febrero 2010 04:54:59
Del cinismo
El 16 de febrero de 2010, Francisco Rojas Gutiérrez, coordinador de la fracción del PRI en la Cámara de Diputados se jactó con alborozo: “Negociamos con el Gobierno federal la aprobación del paquete hacendario —que incluyó un aumento al 16 por ciento del IVA y a 30 del ISR— y tapar el supuesto boquete fiscal de 2009 y 2010, a cambio de evitar una alianza del PAN con el PRD y de asegurar condiciones electorales equitativas”.

Y añadió: “El PRI empujó la negociación para asegurar que la equidad en las elecciones de julio próximo se pudiera dar y también vimos el interés del país, y coincidimos ambos y así es”. Ante la pregunta de un reportero: “¿No es desleal, sucio, trabajar de esa manera? ¿Poner los intereses políticos sobre las finanzas de un país?”, Rojas Gutiérrez contestó: “No lo veo como usted dice, en el tiempo y en el país hay evidentemente cuestiones que se deben ir resolviendo sobre la marcha y casi todas en paralelo. Porque así es la vida del país, una circunstancia tras otra, un hecho tras otro”. Si éste no es un estadista, el Estado falló en vano.

El 16 de febrero de 2010 el secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont, señaló: “Mis responsabilidades como funcionario demandan discreción para preservar la funcionalidad del Gobierno y la estabilidad de régimen. Mi estrategia para negociar con el PRI la Ley de Ingresos fue una decisión personal de la cual no le informé previamente al presidente Felipe Calderón. Está en la lógica de un secretario de Estado tomar decisiones porque la lealtad que se le debe pedir a un funcionario es servir al Gobierno y al Presidente y nada tiene que tener de todo informado…”.

Si el oportunismo ha sido una técnica de salvamento, el cinismo ha conformado un gran prontuario de salud mental al alcance de los vencedores ganosos de sentido del humor, y de los sometidos ansiosos de mitigar o exorcizar sus derrotas. Cínico, de acuerdo con el “Diccionario de Uso del Español” de María Moliner, es la persona que comete actos vergonzosos sin ocultarse y sin sentir vergüenza por ellos, y admite estos sinónimos entre otros: cara dura, desfachatado, desvergonzado, fresco, impúdico, inverecundo, poca lucha, sin vergüenza, descarado. (El cómico Jesús Martínez Palillo en su rosario de insultos enderezados contra los priístas usó siempre inverecundo, poca lucha y méndigos).

En materia de ética y moral el cinismo constituye una de las garantías de “salud mental” de muchos políticos, probablemente la mayor. Uno de los primeros que lo establece con nitidez es el cacique de San Luis Potosí Gonzalo N. Santos con su apotegma: “La moral es un árbol que da moras o sirve para una chin*ada”. Y en la paremiología o ciencia de los refranes del cinismo se enlistan joyas como la siguiente: “Detrás de cada político honesto hay una mujer mal vestida/ Hasta que le hizo justicia la Revolución/ Honrado, honrado, honrado, no lo es; honrado, honrado, tampoco; honrado puede que sí;/ Vino a gritarme a la oficina que el fraude era inadmisible. Le pregunté: “¿A ti te consta que las balas no te duelen?” Se salió hecho un corderito/ De un jactancioso a un priísta: “Yo nunca he votado por ustedes”.

Respuesta: “¿Y cómo lo sabe?” Una variante: Llega un señor a la casilla que le corresponde y le dice al encargado: “Caray, por una razón y otra hace 30 años que no voto en la casilla de mi pueblo. Por fin, por vez primera, voy a poder hacerlo”. Y el encargado le contesta: “Eso cree”… Otra más: el representante del PRI se entrevista con un experto en fraudes que le enseña cómo manejar las bolas del sorteo de una discusión para que le toque la última y ya no haya réplica. El representante, nervioso, alega la presencia de cámaras y la posibilidad de ser descubierto.

El experto le dice: “Ay licenciado, ¿y así cómo quieren que las cosas salgan legales?”. Otra: el encargado de recoger las urnas ya selladas para llevarlas al local del partido insiste en la hora en que debe pasar por ellas, si a las ocho o nueve de la noche. Discuten, y entonces el representante le contesta: “Mire, si tanto le urgen, lléveselas desde la mañana.

Yo pongo otra de relleno”. Una postrera: el gobernador viaja con frecuencia a la Ciudad de México y pregunta: “¿Y qué dicen de mí en la entidad?”. Respuesta: “Pues mi gober, dicen que nada más va a México a gastarse el dinero de los contribuyentes, a beber con vinos finos que a usted ni le saben, y a pasarla a toda madre con unas modelos impresionantes”. El gobernador reflexiona: “¿Y nada más eso dicen de mí?”. Contestación: “Nada más, señor”. El poderoso recapitula: “Bueno, pero ponte al alba, y al primero que caches diciendo una mentira me lo arrestas”.

Los pronunciamientos del panista Gómez Mont y del priísta Rojas Gutiérrez son de hecho esquelas del cinismo. No hay humor, no hay juegos de salud mental alguna, no hay la gana de burlarse de su propio comportamiento, así sea en privado y con anécdotas. Se presenta la solemnidad que cree no ser contemplada por nadie o, tal vez, no estar frente a una colectividad memoriosa o con capacidad de acción.

Para esta mentalidad política, démosle este nombre, el cinismo ha sido una concesión a las masas o a esa distracción que es el sentido del humor. El cinismo desaparece cuando la impunidad es absoluta.
14 Febrero 2010 05:00:58
Discúlpeme…
A11 de febrero de 2010; El acto oficial en su esplendor ostensible, la presencia de un número de los 9 mil que resguardan el Poder Ejecutivo. Las fuerzas disponibles de Ciudad Juárez aguardan con rostro estoico, según las crónicas televisivas. El presidente Calderón, acompañado de su esposa y del secretario de Gobernación, el otrora panista Gómez Mont, lee un texto de buena voluntad o de entretenimiento presupuestal. En algún momento, emerge la señora Luz María Dávila, madre de Marcos y José Luis, jóvenes asesinados el 31 de enero en Ciudad Juárez en un ataque monstruoso de sicarios. Doña Luz María no se extravía en las escaramuzas: “Discúlpeme, Presidente, yo no le puedo decir bienvenido porque para mí no lo es, nadie lo es. Porque aquí hay asesinatos hace dos años y nada ni nadie han querido hacer justicia. Juárez está de luto… Les dijeron pandilleros a mis hijos. Es mentira. Uno estaba en la prepa y el otro en la universidad y no tenían tiempo para andar en la calle. Ellos estudiaban y trabajaban. Y lo que quiero es justicia. Le apuesto a que si ha sido uno de sus hijos, usted se habría metido hasta debajo de las piedras y hubiera buscado al asesino, pero no tengo los recursos, no lo puedo hacer… Quiero justicia, pónganse en mi lugar, a ver qué siente… Nosotros queríamos que se presentara, que diera la cara y que ahí mismo, públicamente se retractara de todo lo que dijo”.

De entre el repertorio de rostros a su disposición, Calderón elige el de la preocupación contrariada. Antes, de modo un tanto enigmático, ha incurrido en la duda sobre sus propias palabras: “Ante los deudos reconocí el malestar y la irritación que provocaron mis declaraciones acerca de que los estudiantes ejecutados formaban parte de un grupo criminal… Me corregí: eran estudiantes ejemplares. Pero cualquiera que hubiera sido el sentido de mis palabras, les dije a aquellos padres de familia que les presentaba y les ofrecía la más sentida de mis disculpas, si cualquiera de esas palabras hubieran ofendido a ellos o a la memoria de sus hijos”. Las palabras de Calderón en Tokio sólo tuvieron un sentido: inscribir a los jóvenes asesinados en un grupo criminal. Y luego añade: “Todos somos responsables de esta situación. Si esas muertes tienen sentido será para ratificar y reforzar lo que se está haciendo”. Otra vez el debate sobre el sentido de un hecho que el autor del discurso no resuelve: ¿Qué sentido pueden tener las muertes inconcebibles de jóvenes sino el hecho mismo de su desaparición? Buscar el sentido de unos asesinatos es poner a la disposición de los intérpretes la justificación de existencias tajadas tan monstruosamente.

Calderón llevó a Ciudad Juárez un plan de cuatro ejes no tan elocuente como un tanto superficial: salud (extender la cobertura, crear 10 nuevas clínicas o reforzar la atención de adicciones), educación (ampliación de jornada escolar en 89 centros, y becas y estímulos para evitar la deserción), y ayuda social (apoyos a pequeñas y medianas empresas, desempleados, guarderías y también la construcción de un parque deportivo en memoria de los jóvenes ejecutados) El cuarto eje es el reforzamiento de la estrategia policial.

Calderón, ya apurado por la autocrítica, reconoce: en el pasado su gobierno no ha sabido escuchar a los juarenses, a los que pide sumarse a su propuesta. ¿Eso es todo? Uno: Si no se puede crear las 10 clínicas, atender a los adictos, los únicos hospitalizables, por lo visto, en Ciudad Juárez. Dos: Ampliar la jornada escolar en 89 centros (¿cuántos hay en la entidad, y cuál es el sentido de la ampliación?), y dar becas, que como todo mundo sabe, son la respuesta de las ganas de irse de las escuelas, especialmente en Ciudad Juárez, que tiene el récord de la deserción más elevada en la educación secundaria. Tres: Aquí sí la panacea jamás intentada por gobernante alguno: darle a la población todo lo necesario para que los problemas ya surjan por puro capricho: levantar a todas las empresas menores y medias, crear la política de pleno empleo y hacer que mientras juegan basquetbol los jóvenes, ya encuentren el sentido de las muertes del 31 de enero.

¡Ah! y una advertencia ante los reclamos constantes de que salga el Ejército de la ciudad: se queda. Y en cuanto a las más de mil denuncias del comportamiento represivo de los soldados, la reclamación del Ejecutivo-Ministerio Público: “Tráiganme las pruebas”. Y una vez que se las lleven, exigirá que las conviertan en acusaciones, y así hasta el infinito.

Las reclamaciones al Gobierno federal y al estatal, las exigencias de renuncia del Gobernador de Chihuahua, el Alcalde de Ciudad Juárez y el presidente Calderón, la represión contra los activistas que reclamaban justicia, la ciudad tomada para “oír las demandas de los juarenses”, pueden parecer parte de la estrategia de resolver los problemas aplazando sin término la solución. La gran novedad son las palabras de Luz María Dávila y la vehemencia crispada de su intervención. La fórmula elegida es notable: la “descortesía”, gran técnica de igualación: “Discúlpeme, Presidente, no le puedo dar la bienvenida”; el señalamiento del hecho central: “vivimos los efectos de una guerra que no pedimos”; la desolación ante el fracaso portentoso de las políticas del Gobierno federal y el estatal en Ciudad Juárez; la certidumbre de que la justicia prometida nunca ha de llegar; la irritación ante la falta de respuesta de los asistentes exhortados por Luz María a unirse a su protesta. El discurso es breve, la resonancia es interminable.

Ciudad Juárez ha vivido interminablemente bajo los efectos de la impunidad. Se dio a conocer internacionalmente por las 400 y tantas mujeres asesinadas (sin contar desaparecidas); se ha convertido en un territorio de la lucha de los cárteles y de la secuencia trágica.
07 Febrero 2010 05:08:24
La culpa es de los muertos
La matanza de 16 adolescentes y dos adultos en un barrio de Ciudad Juárez en el transcurso de su fiesta, ha sacudido al país, provocando un brote amplísimo de indignación moral ya inusual a propósito de los asesinatos del narcotráfico. Los 21 o 30 victimados diariamente han amortiguado la sensibilidad social, disminuyéndola las más de las veces al orden de los comentarios resignados. Esto no sin excepciones: el asombro genuino ante la matanza de 24 albañiles jóvenes cuyos cuerpos se encontraron por el rumbo de La Marquesa, y las dos incursiones fatídicas en Centros de Rehabilitación Juvenil, también en Ciudad Juárez. Sin embargo, ningún acontecimiento ha alcanzado las resonancias como el de los adolescentes acribillados en la fiesta. No sólo intervienen las sensaciones generalizadas de indefensión, ni el miedo legítimo ante la canallez interminable del “otro Estado”; también ha sido decisivo la compasión en el sentido original de padecer con otros, junto a otros. Esto, por desdicha, no se advierte en las reacciones del poder federal.

El 2 de febrero de 2010, Felipe Calderón fue visionario: “Probablemente fueron asesinados por otro grupo con el que tenían cierta rivalidad”. En ese momento no existían y aún no existen las pruebas de lo afirmado implícitamente por Calderón: los jóvenes participaban en cierta forma en la delincuencia organizada, en donde ocurren esas rivalidades mortíferas. La reacción de don Felipe fue instantánea, y va de acuerdo con la línea del Poder Judicial: si los asesinos son sicarios, los muertos estaban involucrados. Únicamente así se explica el “probablemente fueron asesinados por otro grupo con el que tenían cierta rivalidad”. La madre de una víctima declaró durante el entierro: “A mi hijo lo mataron dos veces. La primera, los asesinos. La segunda, el gobierno de Calderón al declararlo culpable nomás porque se le antojó”.

* * *

Calderón no está solo en su voluntad incriminatoria (por si las dudas). Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación, a la pregunta “¿Qué mensaje les daría a los familiares de 16 jóvenes masacrados en Ciudad Juárez?”, responde sin ambages: “Lo he dicho y lo reitero, sólo sometiéndose a la ley encontrarán respeto a sus vidas y a sus familias. La lógica de matar para no morir es una lógica que está trayendo destrucción y dolor a la gente”. ¿Qué tiene que ver la contestación del secretario con la pregunta? El mensaje es también de amenaza judicial: si van a tener duelo, si van a sufrir la pérdida, háganlo en medio del más estricto sometimiento a la ley que, el lector infiere, se cuida de que el luto y el sufrimiento íntimo no rebase los límites de lo permitido. Además, Gómez Mont está convencido: es mejor dejarse matar para no traer destrucción y dolor a los demás. ¿Pero cuáles de los familiares están en el trance de “matar para no morir”? ¿Qué información posee el secretario, de seguro de la misma fuente que la de Calderón, que le permite visualizar metralletas en el camino de la pena?

Gómez Mont defiende la primera y la segunda estrategia del gobierno federal contra el crimen organizado (ya se anunció la tercera). Y desecha de un golpe verbal las protestas de las colectividades, de las comisiones de derechos humanos, de la prensa, de los ciudadanos aislados. “No hay ningún argumento serio que diga que esta vía (las operaciones ordenadas por el Ejecutivo federal) está equivocada. Se avisó a tiempo que esa contención podría generar una reacción, pero decidimos y estamos decididos a romper con una lógica que tenga a las instituciones secuestradas o cooptadas por las organizaciones criminales. Le estamos dando frente y la seguiremos dando frente por nosotros, nuestros compromisos y por respeto a nuestros hijos”.

Las protestas y los documentos adjuntos no le significan nada al secretario: no son argumentos serios que hagan ver que el Ejecutivo federal se equivoca. La sociedad no es seria, el gobierno es serio, solemne, inquebrantable y tenaz, y los fracasos deben atribuírseles a los deudos que no se someten a la ley. Al gobierno nada más le interesa “romper con la lógica” de secuestrar o cooptar a las instituciones. Tres años después, con las instituciones secuestradas o cooptadas pero en mayor escala, tal y como demuestra la cantidad de judiciales detenidos, el gobierno no se dobla, para esa acción tan cobarde ya están las víctimas.

La “lógica” del gobierno federal se traslada a los legisladores panistas, a los que no amedrenta ni la muerte ajena ni la resurrección seguida de la muerte instantánea. En este orden de pensamiento, se mueve el diputado federal del PAN José Francisco Javier Landero Gutiérrez, al molestarse en tribuna por la discusión en torno a las responsabilidades del gobierno federal: “Dieciocho jóvenes a los que les desgraciaron la vida… Y si nos pusiéramos a pensar un poco en qué pensarían estos jóvenes si todavía vivieran sobre este debate creo que les gustaría volverse a morir y les daría muchas veces asco ver pura perorata, puro rollo sin fondo”. De modo que los adolescentes acribillados al oír a Landero y acompañantes, se sentirían mejor en la tumba. Una tesis parapsíquica que da idea de los alcances intelectuales y morales de los defensores de las estrategias gubernamentales.

Para igualarse con los panistas, la procuradora general de Justicia de Chihuahua, Patricia González Rodríguez (priísta), se empecina en su postura: si yo no tengo razón, nadie la tiene. Y por eso va tan a fondo como lo permite su capacidad de adivinación: “La matanza de los jóvenes fue realizada por la banda de Los Aztecas o La Línea, que trabaja para el cártel de Juárez, porque creyeron que los muchachos eran miembros de la pandilla rival de Los Artistas Aztecas, al servicio del cártel de Sinaloa… A los sicarios lamentablemente no les importó que en el domicilio al que acudieron había jóvenes que nada tenían que ver con un grupo de pandilla y que quizá había algunos adultos que pudieron estar implicados en pandillas”.

No demando mayor sintaxis de un Poder Judicial apresurado y con las tensiones propias de la época. Pero sí me gustaría formar algún punto de vista luego de estas declaraciones. ¿Debo entender que los sicarios iban y mataban al tanteo porque no disponían, al revés de la Procuraduría de Chihuahua, de un servicio de inteligencia? ¿Me toca aceptar que en el domicilio al que acudieron los jóvenes eran ajenos a la búsqueda pero no a la puntería de los sicarios? ¿Tengo que creer, así nomás, que los sicarios, advirtieran o no que sus enemigos no estaban, decidieran no irse con la conciencia limpia? ¿Qué pruebas tiene la procuradora de la pertenencia a pandillas de los adultos asesinados? Si tiene datos probados, que los muestre, y si no que el Poder Judicial la premie.

En los días siguientes veremos, como en acto de magia, la aparición y la desaparición de los culpables, y la certidumbre: las autoridades no se detendrán hasta aclarar los crímenes, irán a fondo, no habrá quien detenga la acción de la justicia y oraciones similares al san Judas Tadeo de las investigaciones. Además, la negativa de la Secretaría de Gobernación, opuesta a ofrecer disculpas a los ediles michoacanos a los que liberaron por falta de pruebas, es otra exhibición de persistencia: ellos nunca se equivocan, ni siquiera cuando tienen razón.
31 Enero 2010 05:03:09
Fantasía no tan futurista
Prólogo a manera de epígrafe para situar de modo conveniente la fantasía de este artículo: Jesús Ortega, líder máximo de su fracción del PRD y uno de los tres integrantes, refrendó su sabiduría (La Jornada, 29 de enero): “Así como para cruzar una calle no se necesitan principios sino dos piernas, tampoco se requieren para buscar oportunidades de gobierno con los panistas”. Es de suponer que lo no requerido son los principios y la calle, sólo la flexibilidad de las dos piernas para cruzar la calle de rodillas. Sigue Ortega: “No estamos haciendo alianzas estratégicas con el PAN, sino apoyando ¡frentes insurgentes opositores! Llegar a un arreglo con Acción Nacional en contra de estos señores de horca y cuchillo constituye una lucha progresista”. Si no tiene razón, que la PGR interponga una demanda de inconstitucionalidad en su contra, y que los señores de honra y cuchillo ya no le inviten a la lucha progresista contra los gays, las lesbianas, las organizaciones indígenas, el SME, el gobierno del DF, López Obrador, el Estado laico, y para qué seguir con las demás causas de avanzada del PAN a las que con gusto se sumará el PRD de Jesús Ortega (siguen tres firmas). Ahora sí continuamos con la fantasía.

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Enero de 2012-Reunión en céntrico hotel de las afueras. Se confabulan y fabulan los dirigentes de todos los partidos políticos existentes o concebibles. El repertorio: política de pleno empleo de los semblantes preocupados, risitas nerviosas, consultas furtivas a Google para ver qué significa “dolencias psíquicas”. Se oye el vuelo de las siglas.

Representante del PRI: En su momento debimos oponernos a que Steven Spielberg filmara en Toluca su superproducción, “Carisma”, su respuesta al “Avatar” de James Cameron. El góber Peña Nieto le ofreció una cena, Spielberg se fijó en él, volvió a verlo un par de veces, despidió a Brad Pitt que con este film iba a despedirse de su madurez, rehízo el personaje central, acortó los monosílabos que le tocaban a Peña Nieto y le ofreció el contrato. El resto es tristeza. El filme resultó un éxito de escándalo, se aprovechó para estrenar el 4D, la técnica que le permite a los espectadores ver simultáneamente el techo, los compañeros de fila y un juego de futbol. La compañía productora invirtió 40 mil billones de dólares, y el Góber renunció a la política y se metió de lleno al cine como primera figura y coproductor.

Representante del PAN: Y desde entonces Enrique Peña Nieto ha filmado Marketerminator, Ángel con o sin alas, Sonrisa de conjunto y Paisaje de un solo rostro. ¡Qué fenómeno!

Representante del PRD: Y la salida del Góber Guaposo tuvo consecuencias. Andrés Manuel López Obrador se retiró de la contienda porque ya no había rivales que lo estimularan y, abrumado por las críticas y los insultos que le enderezaban por hacer mal uso de sus influencias en el cielo. En fin, se despobló el panorama.

PRI: Y el efecto alcanzó al electorado. Ante la ausencia de figuras, la intención de voto por quien fuera, llegó apenas al 0.0001 por ciento. Se generó un conflicto mediático cuando Jesús Ortega anunció su deseo de participar. La intención del voto se fue de México.

PRD: Ese fue un rumor siniestro que corrió Andrés Manuel. Lo cierto es que Chucho se ofreció para reemplazar a Peña Nieto cuando estuvo enfermo y se aplazaba el rodaje de Cascada de simpatías patrocinadas. Pero nunca logró entrevistarse con el director James Cameron y por eso no intervino en la que será la primera realización en 24D.

PAN: Y llegamos a esta fecha sin ningún candidato que, con su capacidad de convocatoria, llene aunque sea un cubículo. Todos se han retirado con prudencia. Santiago Creel recorre el Bajío a ver quién lo sigue en su decisión de no lanzarse. Emilio Gamboa Patrón anuncia que tampoco se lanzará por una primaria de Mérida y Carlos Navarrete está filmando por intercesión digital La silla que no quise, aunque nadie me lo propuso, una cinta que se dilata porque él es el único participante del equipo.

PRD: ¡Qué mala onda! Y el gran problema es que todos los recursos que nos da el Estado no podemos gastarlos debidamente si no conseguimos candidatos. Marcelo Ebrard no era mal prospecto, pero la PGR, en ausencia del clero, envió una demanda de inconstitucionalidad del propio Ebrard, y hay amenazas de excomunión para las urnas en donde se vote a su favor.

PRI: Y el triunfo de Enrique Peña Nieto en la taquilla va para largo. Vean las colas para el estreno de Aquiles Voy, una reconstrucción de la guerra de Troya. Allí Peña se trepa sobre el Caballo de Troya y nomás al verlo, la ciudad se rinde.

PT, Convergencia: Ya tenemos la causa, nos faltan candidatos.

Panal: La maestra Elba Esther no puede competir porque la Historia y los astrólogos dicen que la primera Presidenta ocupará el cargo en diciembre de 2018.

PRI: Y ya contrató Televisa a Enrique Peña Nieto para una telenovela de larga duración Beto el Galán Neto, y por eso no quiere que se le hable de la candidatura. Una Presidencia dura seis años, el estrellato dura la eternidad.

PAN: Lo que podemos hacer es cambiar la Constitución de la República para que en lugar de personas compitan por la Presidencia algunos productos. Esto refrescaría el ambiente electoral, y nos pondría a la cabeza de los estados postmodernos, haigan votado como haigan votado. ¿Se imaginan?

PRI: No es mala idea pero tiene un gran inconveniente: deja fuera a los frustrados históricos, aquellos grupos que durante la niñez o la juventud trataron al nuevo Presidente de la República. Imagínense, no se tendrá el rencor protagónico de los que dicen: “Y a ese sujeto lo llevan a ese puestazo. Si les contara lo que pensábamos de él entonces”. Cada sexenio trae consigo un caudal de resentidos, que enriquecen la salud de la República.

Escritor
24 Enero 2010 05:00:34
‘Nos honra con su ausencia’
“Los mexicanos tienen la televisión que se merecen”, dijo Emilio Azcárraga Milmo. ¿Uno merece lo que no puede evitar o se amolda en los intersticios de lo irremediable? En esto como en todo, las comunidades han sentido que la falta de alternativas se compensa con el círculo vicioso: la disminución oprobiosa de oportunidades se vuelve a fuerza el entretenimiento creativo. “El hombre natural no puede distinguir lo que ve de lo que cree ver”.

Hasta hace unos años, México, según la televisión, es la negación sistemática de las mayorías, a las que suplantan el Presidente de la República, los líderes, la pareja romántica (con sus privilegios), el locutor, los comerciales, y la voz del Gobierno y las empresas. Pero no hay tal cosa como el pueblo o la gente en el enfrentamiento a sus necesidades reales, las apetencias no suscritas por los comerciales, los deseos legítimos y legales no autorizados por la Iglesia. Lo que hay es la invención de las comunidades dóciles y festivas... ¿Y luego qué sucede? Aparece una versión del Pueblo (La Gente), no necesariamente falsa en los detalles pero irreal o mentirosa en el conjunto, porque ante las cámaras y ante el aparato de televisión se actúa de modo finalmente idéntico: la persona escenifica a la Gente, y el Nosotros ansioso de salir en pantalla sustituye al Yo que anhela la posesión de la singularidad. Aun si no está ante cámaras el individuo reacciona a pedido, y lo hace desde el libre albedrío: “Voy a fingir que me divierto para que no me digan aburrido, voy a fingir que me emociono para que no me digan insensible, voy a fingir que me indignan los políticos que la tele denuncia para que no me digan indiferente, voy a fingir que me entusiasman los comerciales porque me dan la oportunidad de estar largo rato con la familia”.

Quizás lo de fingir sea excesivo, ¿pero de qué otro modo calificar el sometimiento del Querido Público (que ha sido República) al medio que distribuye las imágenes? “Si no estoy en pantalla nadie registrará mi existencia, y aunque sé que no tengo por qué salir en pantalla, mi voluntad de aparecer es la imagen previa de que me nutro y que me ampara ante mi insignificancia. La televisión me vincula con las tres familias a la disposición: el mundo, la nación y mi familia, y esa inclusión hace que me eternice ante el aparato esperando el momento de reconocerme en la multitud saludando, o en el estudio, al responder a las preguntas. Algún día saldré, allí donde nunca estuve”.

Características de los años recientes
*El habla de los programas cómicos se sexualiza a través del albur (el ingenio que llega tarde a la repartición de libertades) y se institucionaliza con el costumbrismo.

*El reality show se traslada a la sicología colectiva (en el futuro inmediato todo el mundo tendrá derecho a que su vida sea una telenovela de 100 capítulos por lo menos).

*Los escándalos policiacos atraen desmedidamente, “si no soy el muerto, quiero ver el programa”, y el Gobierno federal aprovecha del escándalo para golpear a sus adversarios y para decir que sus propios escándalos están citados fuera de contexto.

*Se da ya, y de manera sistemática en un sector, la perspectiva de género. El feminismo, en sus diversos planteamientos, es una visión del mundo crítica y complementaria, y las exhibiciones del machismo tradicional carecen ya de la persuasión suficiente como para resultar graciosas. La presencia de conductoras —el caso de Carmen Aristegui— es una de las muchas señales del fenómeno.

*A fin de cuentas, lo que hay de memoria histórica le corresponde a la izquierda. Si algo caracteriza a la derecha es su empecinamiento en los dogmas, no es la memoria histórica. Si quieren elogiar a sus héroes de la Cristiada, los beatifican o santifican, pero no recuerdan sus nombres o acciones. Han eliminado su pasado cultural o intelectual, y no leen a sus clásicos, para empezar a Lucas Alamán. Es, para decirlo pronto, una derecha analfabeta en lo fundamental y casi siempre en lo secundario. Por lo mismo, agradece los servicios de la televisión privada, pero no verifican los detalles. En cambio, las opiniones y los juicios de la izquierda, sí perduran a corto, mediano y largo plazo.

*La aparición de internet es el principio de la Gran Alternativa. Los adolescentes y los jóvenes pasan gran parte de su tiempo frente al PC o laptop, y de allí desprenden lo que van necesitando y la interacción tiene una fuerza que el rating no ha conocido.

*Hay una religiosidad indudable del televidente, en el sentido de experiencia totalizadora. No es que el televidente crea al pie de la letra en los mensajes televisivos, ni que ajuste su vida a lo dictado por los programas; sino que no concibe su vida sin ajustar a diario su sicología ante la televisión. No es el contenido de la televisión, sino su existencia misma lo que norma el uso de su tiempo. Y lo secundario son las versiones del entretenimiento y la información, la captación de la moda, y la obtención de los rumores que auspician la conversación social. (Si, en un nivel, las noticias nacionales en televisión no se oyen como chismes, no son creídas).

*Con la llegada de las series en cable vuelve a instalarse la idea de que los productos televisivos pueden cambiar la vida: Oz, Six Feet Under, The L Word, Desperate Housewives, Sex and The City, Queer as Folk, The Sopranos, todo lo que habla de los nuevos e irrefrenables estilos de vida.

El siglo 21, la aparición de lo mediático y el pleito por la posesión del espacio público.

En el siglo 21, un término, lo mediático, se vuelve el adjetivo último, la referencia al imperio de la imagen. El poderío de las empresas que manejan lo mediático se da cuando los políticos se atienen a su creencia en la televisión como si ésta combinara el ágora, la profecía y el milagro de transformar un discurso inarticulado en un comercial de primera. No aparecer en la tele, no tener continuidad mediática es habitar la obsolescencia planeada (la senectud es una niñez planeada). En su miedo sacramental, los políticos dudan en atribuirle a la televisión la posesión de lo realmente visible y creen que desaparecer de la pantalla es volver a las campañas donde se visitaba todas las casas y se repartían sonrisas en la calle.

Además de las razones específicas (cada ilusión de prestigio es un mundo), lo innegable es el poder del medio, que maneja las imágenes de conjunto de la realidad internacional, de las sociedades nacionales, de la colectividad, de los gustos masivos, del humor que los niños (y los adultos) merecen por indefensos.
Todavía hoy no se discute seriamente la certidumbre que es una condena: la televisión es el único espejo social y gubernamental al alcance, sólo allí nos vemos, nos intuimos, nos irritamos sin esperanzas, nos alegramos, nos reconocemos. De allí el atractivo de los reality shows, y el alborozo ante los controles remotos que son la única prueba de la existencia de la multitud. El gasto desproporcionado en spots, el suponer que el verdadero nacimiento de un político ocurre con su primer spot, lleva a la proclamación del milagro: “Luego de este alud de imágenes, no seré un político sino una aparición”. La televisión muestra y desvanece a las personas y, de no tratarse de momentos climáticos, casi logra lo mismo con la mayoría de las causas. ¿Quién la enfrenta?
17 Enero 2010 05:10:05
Hablar bien
El presidente Felipe Calderón ha exhortado a la población, sobre todo a los viajeros a no desperdiciar oportunidad y verter elogios y llantos admirativos sobre México. Puede estar en lo justo y, para certificarlo, abordo algunos de los motivos para el ditirambo: “México creo en ti/porque el águila brava de tu escudo/se divierte jugando a los volados/con la vida, y a veces con la muerte” (Ricardo López Méndez)

1. La impunidad

Si alguna vez lo fue, la impunidad ya no es una característica de la clase gobernante sino su razón de ser y su esencia, lo que se ha acentuado con el desprecio a la opinión pública, a la que consideran un invento premoderno. La impunidad (la clase gobernante) cree estar sola, algo parecido a una “impunidad autista” y por lo mismo, no obstante la ceremonia de las auditorías, estremecedora en los niveles medios, lo que priva es la creencia gubernamental, empresarial, eclesiástica, de que nadie los supervisa, nadie se entera y nadie se informa.

2. El alud de actos inmisericordes

Súmale a esto el sistema tributario que excluye a los todopoderosos y que acentúa la crisis; la cárcel para los disidentes a los que se les asestan penas monstruosas (el caso de Atenco, con sentencias de 160 años de cárcel); la destrucción del SME, manejada como una operación militar contra un sindicato; la indiferencia a las denuncias por violaciones de parte de representantes de la fuerza pública; la grotecidad del Tribunal Electoral Federal al servicio descarado de las decisiones del gobierno panista.

3. Y tú que te creías el rey de los spots

El régimen de Calderón y la turba de los gobernadores se atienen a la mercadotecnia, la nueva Clío, musa del renombre. Gobernar es anunciarse. El gasto obsceno en publicidad es una inmersión en la fantasía, complementada con las encuestas a pedido: “el 99% de los encuestados declara a Felipe Calderón el mejor gobernante desde Abraham Lincoln o, en su defecto, desde Hammurabi”. A esto, ¿qué se le opone? El descuido, el fastidio, el olvido inmediato. Pero eso no intimida a los mercadólogos. No se admite desde los gobiernos la existencia de un espacio público no regido por la mercadotecnia, y las amenazas y las promesas ridículas.

4. El aplastamiento a como dé lugar: la APPO

Una demostración de las dificultades para transitar de la adquisición de poderes a la falta de poder es el caso de la APPO en Oaxaca, un movimiento anti-autoritario iniciado con fuerza y con un acento utópico considerable. Ante el desafío directo y pacífico el gobernador Ulises Ruiz, que se siente cacique-virrey-capitalista acumulador, ve la oportunidad de ejercer su tiranía y filtra provocadores en la APPO, aprovecha a los ultraizquierdistas que siguen viviendo a la luz de la toma del poder por los soviets, y utiliza los recursos complementarios de la compra de voluntades y de la represión.

5. “Tú no me escuchas pero yo no me fijo en lo que digo”

Desde el poder hay un juego declarativo cada vez más cansado y torpe, gracias al cual los políticos leen o gritan lo que saben que no va a ser oído, ya al tanto del desvanecimiento de la lectura entre líneas —que era su gran elemento de transmisión informativa. Ahora, ¿quién lee entre líneas un pronunciamiento de Gómez Mont o un discurso de Francisco Rojas? Son lo que dicen si es que alguien los lee fuera de las cabezas de los periódicos.

6. Las nuevas creencias

No son estrictamente nuevas pero si son dogmas de la temporada: a) lo que no aparece en la televisión de manera destacada, no existe. b), lo que se diga, a menos que se acuñe una frase notable (“Comes y te vas”) nace para el olvido en el primer segundo (“Te desdices y te borras”). Es decir, tampoco existe. c) todo acontecimiento, por importante que sea, trae consigo su certificado de defunción rápida.
10 Enero 2010 05:05:22
Plan A y Plan B
Lucha contra el narcotráfico
Plan A
El primero de diciembre de 2006, Felipe Calderón, nuevo Presidente de México, divulga la prioridad fundamental de su gobierno: el combate a la inseguridad y la delincuencia organizada, el alivio a la pobreza, y la generación de empleos. Al principio el discurso prolonga la operación “México Seguro” del presidente Fox, del que nadie se acuerda en especial los delincuentes, pero Calderón convoca a las fuerzas militares y policías a destruir al narcotráfico de frente. Surge como en épocas muy históricas el ofrecimiento bélico. “El Estado mexicano tiene la capacidad, el despliegue, las atribuciones para ganar esta guerra[;] es una guerra muy compleja, pero es una guerra ganable”, dijo el titular de la PGR, Eduardo Medina Mora, en 2006. Calderón añade: será una guerra difícil, sufriremos pérdidas pero la ganaremos.

Por más que se desplieguen los cantos de hazañas y victorias, y por más que la sociedad está convencida de la necesidad de erradicar al narco, los resultados son, si se quiere el traslado a la psicología individual, muy deprimentes: algunas consecuencias de la escalada: en 2008 se reconoce a Ciudad Juárez como “la ciudad más violenta del mundo”, con 130 homicidios dolosos por cada cien mil habitantes, por encima de ciudades como Nueva Orleans, Caracas, Bogotá, y Bagdad. En esta misma lista de las fatalidades urbanas, Tijuana ocupa el cuarto lugar, con 73 homicidios por cada cien mil habitantes. Calderón resume en noviembre de 2009: “Jamás he pretendido engañar a los mexicanos. Dije el primer día de mi mandato que ésta iba a ser una lucha larga que tomaría tiempo, recursos y costaría muchas vidas humanas pero que valía la pena”.

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Mas datos ofrecidos por las publicaciones: entre el 31 de diciembre y el primero de enero de 2010 el crimen organizado agrega a su cuenta 55 asesinatos, veinte de ellos en Chihuahua, incluidos doce en Ciudad Juárez, que concluye su récord anual con dos mil 658 homicidios, incluidos cuatro militares, 32 estadunidenses, 60 policías, 125 menores y 164 mujeres, además de 23 decapitados y 168 enviados a la fosa común. En dos años, son cuatro mil 314 los ultimados en Juárez, que se añaden a los mil 656 ejecutados en 2008, 45 de ellos descubiertos en dos narcofosas. En 2009, por tercer año consecutivo, el gobierno federal sostiene en quince estados los operativos conjuntos contra el crimen organizado, a pesar de lo cual se acrecienta veinte por ciento el número de personas ejecutadas, en relación a 2008.

En el capítulo de secuestros, de enero a julio de 2009 la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal interviene en 101 casos; en 75 de ellos, pese a la investigación oficial, los familiares de las víctimas pagan rescate. Según fuentes oficiales en 2009 la capacidad armamentística del narcotráfico les permite adquirir no sólo los tradicionales fusiles de asalto AK-47 y AR-15, sino lanzagranadas, granadas de todo tipo y fusiles Barret, utilizados para defensa antiaérea en países en guerra. Los operativos se efectúan en Aguascalientes, Quintana Roo, Chiapas, Campeche, Tabasco, Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Coahuila, Michoacán, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas, Baja California y Veracruz.

Fuentes de la PGR y de la Secretaría de la Defensa Nacional contabilizan 17 mil 42 ejecuciones en el periodo que va del último mes de 2006 al 29 de diciembre de 2009. Siete mil 42 en 2009; cinco mil 903 en 2008; tres mil 537 en 2007 y 560 en diciembre de 2006. Y la guerra va. Según informes de funcionarios del gabinete de seguridad nacional, en un año se duplica el número de mujeres ejecutadas por el crimen organizado, al pasar de 195 en 2008 a 425 en 2009. La feminización del crimen. En el mismo periodo disminuyen los policías asesinados, de 535 a 470. En cuanto a militares, el número de bajas decrece comparativamente entre 2008 y 2009, al pasar de 52 a 35.

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Las cifras son vertiginosas y defraudan las promesas del blietzkrieg gubernamental. Las sociedades se van acostumbrando a “la otra normalidad”, la del miedo a ráfagas, el descenso de las salidas nocturnas de los jóvenes y las jóvenes, el pago de “contribuciones forzadas”, los levantones como entierros instantáneos, los sobresaltos en la calle al oír la llegada de un auto a toda velocidad, la zozobra en los restaurantes y los bares, la insolencia de los narcos en cuanto sienten negociada su tranquilidad, los fallecimientos aparatosos de los capos, las balaceras de tres o cuatro horas, la emergencia de vastos contingentes de las fuerzas del orden luego de los enfrentamientos, las quejas de los vecinos por el allanamiento de sus casas o departamentos, los reclamos inútiles de las Comisiones de Derechos Humanos, los enojos de clérigos y Pilares de la Sociedad que acusan a las Comisiones de Derechos Humanos de proteger a los delincuentes, los partes oficiales muy categóricos: “Con esta acción (la muerte del capo, la detención de un colectivo de sicarios, el confiscamiento de toneladas de mariguana o cocaína) el narcotráfico ha sufrido un golpe del que no se repondrá fácilmente”… Y además, las denuncias contra miembros del Ejército por violaciones a los derechos humanos.

Y en todo momento el recelo, la incredulidad social. “Esto no fue así/ Todos son cómplices/ Todos son socios/ ¿A quién quieren engañar?”. Así, a propósito de los arreglos funerarios de Beltrán Leyva en Cuernavaca se vigoriza el humor negro.

Manda una carta un lector: “Lo único que faltó, fue una cartulina junto al cuerpo que dijera ‘tómela varvon, aquí se respeta la lei y si no lla saven k les pasa. Atte. Para que vivas mejor’” (La ortografía corre a cargo de la burla). Las versiones más fantasiosas disponen de su rango de credibilidad, las declaraciones oficiales son el paisaje lejano de las versiones que se aceptan, las campañas de la mercadotecnia oficial hacen las veces del murmullo incomprensible…

Y las sospechas: este hotel o este edificio de departamentos de lujo o esta residencia o este restaurante esplendoroso o esta agencia automotriz o este mall o este automóvil incandescente son fruto del lavado de dinero. Para tristeza de la historia triunfal del capitalismo, ahora se asocia con frecuencia el derroche con el lavado de dinero. ¿Quién volverá a creer como antes? El esplendor de los zares no ocultaba el lavado de dinero.

Plan B
Si todo esto acontece y, de modo previsible, seguirá aconteciendo, siempre queda una alternativa: el gobierno puede declarar: “Se está ganando la guerra, iremos hasta donde sea preciso llegar, hasta más allá de las últimas consecuencias. No nos dejaremos amedrentar”. Además, ya Calderón profetizó: “2010 será un buen año para México porque es el año de la Patria”.
03 Enero 2010 05:00:56
Los aparadoristas
“Enigmas” de los días recientes: ¿qué sucedió el 16 de diciembre en Cuernavaca en el ataque al departamento del narcotraficante Arturo Beltrán Leyva, “El Jefe de Jefes”? ¿Quién ordenó la escenografía de los cadáveres, con todo y billetes de 500 y mil pesos cuidadosamente arreglados sobre el cadáver de Beltrán Leyva, y la proclamación de la derrota del capo evidenciada por su cuerpo semidesnudo y convertido en la orgía unipersonal de sangre? ¿Por qué, de modo inmediato, nadie aceptó la paternidad de los arreglos mortuorios, la Secretaría de Gobernación declaró que no era asunto suyo y que investigaría, la Procuraduría General de la República declinó la responsabilidad y rebautizó su inocencia señalando a la policía de Morelos, la Armada se dijo tan sorprendida como los lectores de periódicos o los oyentes de noticias, el Servicio Médico Forense de Cuernavaca se hizo a un lado? Además, ¿por qué la incursión en edificios con cerca de cien departamentos no se acompañó de órdenes judiciales?, ¿por qué no hubo el mínimo respeto a los habitantes no involucrados en el enfrentamiento, la gran mayoría?

Algunos saben pero nadie supo. Los seis peritos del Semefo de Morelos participantes en el levantamiento del cuerpo de Beltrán Leyva son categóricos (22 de diciembre): “Sólo cumplimos órdenes dadas por agentes federales para alterar la escena del crimen, pero no tomamos las fotos donde ‘El Barbas’ se encuentra semidesnudo o cubierto de billetes ensangrentados”. Según los peritos, naturalmente requeridos de anonimato, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) los separó del cargo el 21 de diciembre en la noche, pero ellos no atendieron la noticia de su despido, mismo que desmintió la PGJE: “No están cesados ni se los ha dado de baja aún, están trabajando de manera normal. Probablemente no se les suspenderá en estos días”.

Luego (28 de diciembre), la Procuraduría del Estado separó de sus cargos a tres preceptores (encargados de levantar cadáveres) y a un médico legista acusándolos de haber manipulado el cuerpo de Beltrán Leyva: “Están suspendidos provisionalmente bajo una medida precautoria, que la procuración de justicia está ejerciendo a través de la visitaduría, de sus actividades para que no continúen actuando de manera ilegal. Se está aplicando el derecho administrativo disciplinario para valorar su conducta y tener la sanción correspondiente”. La burocracia en acción que multiplica sus comisiones, amplía el organigrama y selecciona sus culpables. Se sienten en falta porque la opinión pública o la mera reacción racional se indignaron ante el montaje pésimo de un fin de acto. Doce días después de las fotos la PGJE se da cuenta: “Específicamente, los preceptores manipularon el cuerpo, los objetos y el dinero que pusieron sobre el cadáver. Hubo manipulación de los billetes con sangre. Esto es un incumplimiento a las obligaciones, que ellos manifiestan fueron instrucciones federales”.

Así que por su cuenta los preceptores y el médico legista se lanzaron a una instalación pseudoartística o, si se quiere, a la fotografía de grand guignol. Pesadilla en Elm Street a la carga. Y sin dar explicaciones convincentes, no están de moda, la Procuraduría perfecciona su cortina de humo burocrática: “Los preceptores faltaron a lo establecido en el artículo segundo del acuerdo 33/2009, publicado en el periódico oficial Tierra y libertad el pasado 9 de diciembre, el cual establece que el preceptor es un auxiliar del perito médico forense y dentro de sus funciones está el levantamiento y traslado del destino final de un cadáver, así como la aplicación y medidas de higiene y seguridad en el anfiteatro”.

Nos imaginamos la escena en el departamento, ya escenario gore: los marinos y los oficiales del Ejército y los agentes judiciales contemplan fascinados a los preceptores, dedicados a su obra maestra: convertir un cuerpo en un telón de fondo de la metamorfosis del narcotráfico. Los militares y marinos y agentes de la PGR no dicen una palabra, absortos en la creatividad del equipo forense, tal vez alguna felicitación o varias miradas de asombro. Pero no más. Con pleno olvido del acuerdo 33/2009 publicado en el periódico “Tierra y Libertad”, preceptores y legista se afanan en hacerle pasar un mal rato al gobierno federal que, por intermedio de la Procuraduría de Morelos, se sorprende muy tarde pero, es de suponerse, con la efectividad que por lo pronto nadie advierte.

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La escenografía de la Patria es complicada. Ante la muerte del marino Melquisedet Angulo Córdova, se requerían exequias de primer orden que destacaran la calidad épica de su muerte, algo seguramente cierto. El problema es la delación, si se quiere en alguna medida voluntaria, del participante en la ejecución de Beltrán Leyva, uno de los narcos más crueles de este periodo. Se aprestaron para el entierro los medios de comunicación, los Poderes de la Unión en cualquiera de sus representaciones, los funcionarios del pueblo Paraíso, en Tabasco, se fotografiaron de modo constante a la madre y la tía de Melquisedet, y los funcionarios se fueron felices a sus casas y a sus equipos de seguridad, seguros de que esa noche nadie los amedrentaría. Alertados sobre la identidad del marino y la ubicación de su familia, los sicarios del cártel correspondiente se presentaron a la medianoche, horas después del funeral y mataron a la madre, la tía y dos hermanos de Angulo, lo que era previsible pero lo que no impidió que las autoridades supremas proclamaran su decisión de no dejarse amedrentar.

Además de la maldad inherente al narcotráfico, los cuatro asesinatos tienen un origen inequívoco, señalado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos: las fuerzas de seguridad no cuidaron a los parientes cercanos ni en momento alguno buscaron protegerlos. Por lo visto, no han estudiado con el rigor indispensable los procedimientos de revancha y el desprecio absoluto a la vida humana de los narcos, lo que lleva a las escenas videograbadas y fotografiadas del velorio de los miembros de la familia Angulo, donde los marinos llevan un pasamontañas que protege su identidad. Los errores encadenados a esto conducen: a las fuerzas de seguridad que ocultan su identidad facial para resguardarse del Estado dentro y fuera del Estado.

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El desbarajuste, el desgobierno, la desfachatez de las declaraciones del “Llegaremos a las últimas consecuencias”. No escasean las acusaciones contra militares por su involucramiento con el crimen organizado, persiste la criminalidad con sus cadáveres como mensajes, el gran golpe de la muerte de Beltrán Leyva se diluye entre inculpaciones de toda índole y confusiones que ocultan las contradicciones o viceversa. Son demasiados los que insisten en la necesidad de regresar el Ejército a los cuarteles. Felipe Calderón se niega rotundamente. El miedo crece, agravado por la inmensa crisis económica, y pronto será excepcional que a un cadáver lo despidan envolviéndolo en billetes de 500 y mil pesos
27 Diciembre 2009 05:00:40
¿No me repite la pregunta? II
La ignorancia de la ley no impide la observancia de la fe. El 2004, como todos los años, fue pródigo en expresiones del conocimiento diferido. Así, el alcalde panista de León, Guanajuato, Ricardo Alanís Posada, no muy al tanto de las normas aprobadas por la Secretaría de Salud, se despachó con la cuchara grande del integrismo: “Le pido al Ayuntamiento de León su aval moral con el fin de elevar como política pública el rechazo a la píldora anticonceptiva, pues existen dudas acerca de si es un abortivo. Si la mayoría de la población de León votó por el PAN saben que nosotros somos Provida. Tres regidores ya dieron su apoyo para que el rechazo sea tomado en cuenta como una política pública”. (La Jornada, 5/ febrero/ 04).

Del Derecho Canónico como mercadotecnia teológica
En 2004, hace apenas cinco años, la campaña del clero contra la píldora del día siguiente incluyó el aletear de las excomuniones para los enemigos del diluvio demográfico. Al advertir el fracaso de la ofensiva, el castigo se reconsidera. El arzobispo primado de México, Norberto Rivera, aclara: “La excomunión no se dará de manera automática por ingerir la píldora, sino que se aplicará a todos los que tengan la clara intención de matar un ser humano y que el asesinato se consume” (La Jornada, 2/ febrero/04). Y entonces yo daré la media vuelta, pudo haber dicho José Guadalupe Martín Rábago, otrora presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM): “No se puede decir que automáticamente una persona que toma una pastilla estará excomulgada, porque se necesita verificar que se haya cometido un aborto, delito castigado en el derecho canónico”.

De modo que no hubo excomuniones por ese tema, porque no circuló el guapo que verificase, cuantificase y certificase los abortos. Y ya en plena huida, la retractación legislativa le tocó al diputado panista José Ángel Córdova, al conducir su titubeo por el desfiladero de la incertidumbre: “En el artículo 314, fracción 8, de la Ley General de Salud, y en el Reglamento General de Salud, artículo 46, fracción 3, se menciona que embrión es el producto de la concepción, desde el momento de la fecundación hasta la decimosegunda semana. Si tenemos en cuenta esto, y que la pastilla, en algunos casos, impide que se implante el embrión, de alguna manera esto es un microaborto” (La Jornada, 2 de febrero).

De aborto a microaborto, y eso, de alguna manera. El diputado Córdova, que luego llegó a la Secretaría de Salud, hizo de la necesidad trapecio ideológico y se fue con el sol cuando murió su tesis. El diputado intuyó el delito, ¿pero quién lo denunciaba? ¡Ah, límites de la fisiología! Porque, concluyó el panista ¡presidente de la Comisión de Salud!, “Lo que pasa es que el embrión no se puede manifestar”. Y ni modo de salir con la intimidación al embrión: “Habla ahora o calla para siempre”.

A propósito del sida, hace poco ‘pecado mortal’
En octubre de 1997 (La Jornada, nota de Raúl García) la diócesis de Ciudad Altamirano, Guerrero, distribuye a los católicos de la región de Tierra Caliente un volante contra el condón, en el que se afirma que recurrir a él es “pecado mortal”. Asimismo, critica al Gobierno “porque ha gastado millones de pesos a favor del condón, y aun así el sida ha cobrado miles de vidas”. El volante está ilustrado con una caricatura, en la que se representa a un Diablo con un condón en la mano y frente a él una pareja de novios —se supone que el Diablo los está incitando—, flanqueada por un sacerdote que carga una cruz, diciendo: “¡Hijo mío, no uses el condón!”. Aparece también un mensaje con el texto: “Si andas de andariego, usa el condón; si eres fiel a tu pareja, te recomendamos no usar el condón, porque estarías en pecado mortal, el Diablo te tienta y privas a una nueva vida”.

En la publicación se agrega la sugerencia a los sacerdotes de la diócesis de Ciudad Altamirano, la cual abarca municipios de las regiones Norte y Tierra Caliente de la Pastoral Sur en Guerrero, que en sus misas alerten sobre el uso del condón y les pidan evitarlo, así como una crítica al Gobierno federal.

Por su parte, el obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilpa, Efrén Ramos Salazar, dijo en una entrevista que en esta zona no se ha puesto en práctica ninguna campaña contra el preservativo, aunque aclaró: “Todos los métodos anticonceptivos sencillamente lesionan un orden natural; la Iglesia siempre proclamará que todos esos medios y todo lo que atente contra la vida son ilícitos”. En 1997, también, en “Signo de los Tiempos”, revista del IMDOSOC, el doctor Luis Cárdenas Bravo es fulminante: “No pretendemos negar el hecho inobjetable de que, en efecto, sí disminuye en un momento determinado el riesgo de adquirir el sida, pero este solo hecho, tomado así de manera aislada, nos conduce ante un planteamiento aislado de las cosas, y a pasar por alto un aspecto importantísimo: que el uso del condón como medida de protección sólo puede justificarse o tiene razón de ser en las relaciones sexuales de alto riesgo, las cuales, son evitables…”.

Del partido de la “modernidad crítica”
Hay noticias del pasado reciente que afirman en la idea de que en efecto, como dicen sus nuevos apologistas, el PAN lleva tiempo de ser un partido que vivifica la vida política mexicana. Véase esta nota de septiembre de 1997: “Ante la denuncia de prostitutas del municipio de Vicente Guerrero, Durango, de que se les impide el libre tránsito, se les extorsiona y se les bloquea la entrada a los servicios religiosos, el alcalde panista de ese ayuntamiento, Jaime Guzmán Franco, explicó que las regulaciones consisten en evitar el paso de estas personas exclusivamente cuando andan vestidas de trabajo. Entrevistado por teléfono, el Alcalde panista describió como ropa de trabajo las blusas ‘escotadas y faldas rabonas’, y consideró que esas prendas escandalizan a la población que acude a la plaza principal. Cuando estas personas andan vestidas decentemente no son molestadas por la Policía Preventiva, aclaró”.

De los álter ego de un buen gobernante
De una entrevista con el gobernador panista de Querétaro Ignacio Loyola Vera, (Nuevo Amanecer, 2 de septiembre de 1998): “—Es usual que los estadistas, los gobernantes, tengan su álter ego, ese alguien con quien uno platica, con quien uno se oye permanentemente… ¿Tiene usted alguien con quién hablar con esta frecuencia y con esta profundidad?

— Va a venir la crítica, pero es mi esposa y es Dios. Hablo también con los ex líderes patronales Bernardo Ardavín y Carlos Abascal y con el empresario local Alfonso Soto”.
20 Diciembre 2009 05:01:17
No se supo, pero qué importa I
Suerte te dé Dios que el saber poco te importa. El refrán hispano puede o no tener vigencia, pero su falla no es la escasa o nula importancia del saber, sino que la suerte no necesariamente la da Dios sino la pertenencia a una dinastía, la red de relaciones sociales, las buenas relaciones con los jefes. Por lo mismo, manejar o no entidades tan abstrusas como el idioma, la lógica, los conocimientos específicos, resulta francamente baladí, si la palabra todavía se usa.

Además, ¿qué es saber a estas alturas tan visuales? Los datos por escrito (la historia, maestra del tedio) no importan demasiado, lo que cuenta son las imágenes, los videos, las muestras del photoshop. No obstante, hay que conceder espacio a los conocimientos todavía no jubilados, y por eso excavamos en el archivo y encontramos algunos ejemplos del conocimiento fast-track.

1. El que bien ignora jamás se rinde

¿Quién fracasó primero: la educación pública o la educación privada? A los convencidos de la segunda opción, les conviene revisar la entrevista en Radio Red (enero de 2004) con el ingeniero José Luis Luege Tamargo, director actual de Conagua, veterano de Acción Nacional, ex procurador federal de Protección al Ambiente. El tema: lo dificultoso del examen para elegir consejeros del PAN.

Iván: Ahora, ingeniero Luege, según nos cuenta tardó 195 minutos en contestar, ¿qué?, más o menos unas 400 preguntas. ¿Qué le costó más trabajo?, ¿qué siente usted que fue lo más complicado?

Luege: Cada bloque era de entre 50 y 100 preguntas y para mí lo más complicado fue una parte que consiste en una lectura de comprensión.
Iván: ¿No me diga que ahí se trabó?

Luege: Yo no sé quién escribió eso, pues es la cosa más complicada.

Iván: ¿Usted sí puso atención en el autor?

Luege: No, es que menciona varios autores de esos incunables, mano, complicadísimos y muy rebuscada toda la lectura, ¿no? Entonces eso a mí se me complicó pero espantoso. Pero en general, si lo haces con atención yo creo que cualquier militante puede perfectamente acreditar el examen (subrayados son cortesía del artículo).

Todavía no se acaba esta fuente de la filosofía del buen gobierno

Iván: A ver, ingeniero Luege, rápidamente. ¿Qué decía ese texto de comprensión?
Luege: (Risas) ¡¡Nooooo!!

Iván: ¿Se acuerda, o no lo comprendió? Porque si le comprendió y contestó: se acuerda.

Luege: Hablaba sobre la filosofía —digamos— de un buen gobierno, de la modernidad en el ejercicio de un buen gobierno que toma como base experiencias del pasado y prospectivas de las experiencias que ha habido como gobierno en México y en América Latina, pero créeme que era de lo más complicado.

Iván: ¿Harto difícil?

Luege: Sí, qué bárbaro, es decir, esa sí estuvo dura esa parte... Evaluar digamos, habilidad de razonamiento, también es muy fácil, son respuestas lógicas. Lo único que debes de tener es un poquito de atención, pero si te das cuenta, con esas tres partes estás prácticamente ya del otro lado, ¿no?, porque son 20, 20 y 20, tendrías ya 60 puntos, si los contestas bien y prácticamente estás ya del otro lado.

Iván: A ver, ¿usted estudió bien? Esta guía de estudio que tuvo como base, entiendo también, el Informe, el último Informe del Presidente de la República.

Luege: Bueno, yo, yo, yo…

Iván: Aquí entre nos, la verdad, ¿lo había leído?

Luege: Bueno, yo afortunadamente había leído el documento que se llama A mitad del camino del gobierno federal que está en internet, ¿no?, y eso me sirvió para algunas, algunas…

Iván: ¿Pero le dieron su guía de estudio o no?

Luege: Yo… mira… (risas) la pude leer una sola vez por falta de tiempo pero pues sí me ayudó, ¿eh?

2. Apología de la contradicción

En 2004, Armando Salinas Torre, subsecretario de Gobernación encargado de Población, Migración y Asuntos Religiosos (la trinidad de las tareas idénticas), probó la nueva estrategia que a la letra dice: procede como te dé a entender tu corazón y si critican tus acciones, te corriges sin aceptar nada (“Los medios tergiversaron mis palabras... etc.”). Así, Salinas Torre declara: “No hay decisión definitiva sobre la píldora de emergencia y se constituirá un grupo científico para evaluar si es un procedimiento abortivo”. (La Jornada, 5/02/04).

Y se explaya sobre el encuentro entre la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar y los secretarios de Salud y Gobernación: “Uno de los temas que se abordaron fue esta preocupación (la píldora) y la conclusión es clara: no se debatió ni se deliberó en torno a ello ni se fijaron posiciones”. ¡Qué curioso! Abordar es distinto a deliberar y a debatir, qué trilogía de verbos más incomunicados entre sí.

Salinas prosigue: “Se acordó tener una serie de reuniones entre religiosas y la Secretaría de Salud, con sus respectivas representantes científicos, para discutir este tema en el ámbito médico”. Sin demasiada amabilidad, Salinas Torre corrige al secretario de Salud Julio Frenk, que un día antes asegura: “El Gobierno federal no dará marcha atrás en la incorporación de la píldora de emergencia en los métodos de planificación familiar”. Sin inmutarse, el subsecretario rectifica al doctor: “La píldora no tiene nada que ver con las relaciones de la Iglesia católica con el Estado laico”.

Sigue la entrevista:

P.: ¿La píldora es abortiva o no?

R.: No estoy calificado para comentar el tema porque no es un asunto que haya podido estudiar. Me la he pasado contentando entrevistas que me han impedido del todo ponerme a estudiar (dice don Armando contentando, no concertando, asunto que llevaría mucho más tiempo). Es un tema que no conozco a fondo sobre el que se delibere de manera cotidiana.
13 Diciembre 2009 05:00:54
Pobre del pobre que al cielo no va
El refrán antiguo no ha perdido vigencia: “Pobre del pobre que al cielo no va,/lo friegan aquí, lo friegan allá” (En atención a la decencia de siglos puse “friegan” en lugar de “ch*ngan”, como en la expresión original). Esto se relaciona con los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que el 10 de diciembre da a conocer cifras a modo de plazas sembradas en dispositivos de exterminio. Según el Coneval, hasta 2008 sólo 18 por ciento de los mexicanos —19.5 millones— disponían de los ingresos suficientes para vivir y tenían a su favor todos los satisfactores, de acuerdo con la Medición Multidimensional de la Pobreza. Con su traición habitual, las cifras desmienten a los gobernantes, desde Vicente Fox que aseguró haber erradicado la pobreza hasta Felipe Calderón, que da por resuelta la crisis y luego se declara abrumado por la condición de sus gobernados.

Con base en información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de 2006-2008, el Coneval encontró a 77.2 por ciento de los mexicanos con al menos una carencia social y a 30.7 por ciento que acumulan tres. Además, 16.5 por ciento se sitúa por debajo de la línea de bienestar mínima y 48 por ciento —una de cada dos personas— tiene un ingreso inferior a la línea de bienestar. El Presidente del Empleo es ahora el Mandatario de la Injusticia Social.

Según la medición multidimensional, el bienestar (ingreso) tiene que ver con la cohesión social y la carencia de derechos sociales: educación, acceso a servicios de salud y a la seguridad social, calidad, espacios de vivienda y servicios básicos en el hogar y alimentación. De acuerdo a esta metodología, una persona se instala en la pobreza cuando sus ingresos no le permiten adquirir los bienes y servicios indispensables para atender sus necesidades y presenta la carencia de al menos uno de los seis indicadores.

En cuanto a la población en pobreza multidimensional moderada (el término no es fácil de entender, pero lo que describe debe ser imposible de soportar), 33 por ciento de los pobladores está en ese nivel, es decir, 36 millones de mexicanos padece entre una y tres carencias sociales, además de que cuentan con menos de los ingresos ubicados dentro de la línea de bienestar que son de mil 262 pesos mensuales en el campo y de mil 921 en la ciudad.

Conviene decir que la cultura, un bien indispensable, no es tomado en cuenta como satisfactor, quizás porque resulte evidente (y fatal, en la lógica de los gobiernos) su característica de recurso inconcebible en el mundo de los escasos recursos.

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Además de las realidades aparatosas hay que tomar en cuenta el darwinismo social que se presenta como fatalismo y que es aceptado incluso por sus víctimas.

Revísense las expresiones “que no dejan salidas”, a partir de la inexorable “Eres pobre porque quieres”, tan repetida por empresarios y denostadores de la idea de la desigualdad como hecho inevitable de la vida humana. Allí están otras afirmaciones de la inutilidad de la resistencia: “No te quejes de las condiciones de tu empleo, alégrate hasta las lágrimas de tener uno/ Dios nos recomendó el esfuerzo, tú te conformas con trabajar de sol a sol, y eso no es esfuerzo sino terquedad: Dios no te recomendó la rutina/ El perdón de Dios sólo alcanza a los que no rezongan por el salario mínimo/ Ayúdate que Dios te ayudará. Sí, pero Dios no ayuda a los que con tal de que no les digas flojonazos, trabajan como bestias/ Los pobres viven mal porque no quieren cambiarse de colonia/ Más vale rico y sano que pobre y enfermo/ El triunfo es un arca de Noé donde se entra de par en par y no con 11 hijos, la mujer, tres queridas que viven en el mismo edificio, la suegra y dos compadres a los que todavía no se les quita la borrachera. Si esta descripción te parece clasista y racista, consíguete una mejor.

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Las certezas del darwinismo social, o fatalismo, no han aceptado refutaciones: “Si naciste en la base de la pirámide, acostúmbrate a ser siempre un migrante pero de tus alrededores. Con las excepciones que son dones de la suerte o de la ilegalidad, la movilidad social no es lo tuyo. Ah, y por ilegalidad sólo se entiende la que se practica desde abajo”.

Hasta aquí lo habitual, pero la crisis lleva el paso redoblado que no detendrá el 2010, no obstante los exorcismo de los gobiernos (las frases sólo blindan a las palabra que las componen). ¿Cuál es el porvenir del darwinismo social?

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¿Qué entiendo aquí por darwinismo social? Si no el proceso de erosión o destrucción de las alternativas de valoración, sí el peso de las formaciones tradicionales (el conservadurismo religioso, el clasismo, la ideología patriarcal) a las que se añaden los mecanismos del poder autoritario, de los quebrantamientos educativos y de las industrias culturales.

Nada se puede hacer —es el mensaje transmitido de múltiples formas en los siglos del virreinato— si eres indio o mestizo; nada es posible, se decreta en el siglo 19, porque vives en este caos que ni siquiera es nación; todo será inútil, se proclama en el siglo 20, si no perteneces a la élite o si no tienes sitio de privilegio en la movilidad social.

El fatalismo es un elemento primordial de la visión de la pobreza: “Ser pobre es no poder dejar de serlo”. Desde el llamado de los curas del virreinato que les exige obediencia y resignación a los indígenas y los pobres urbanos, el fatalismo ha convertido las limitaciones económicas y sociales en rasgos de la idiosincrasia personal y colectiva. Si la desigualdad es rasgo inalterable de las sociedades, quienes la combatan fracasan de antemano. Y aquí no se debe olvidar a los políticos que a nombre del combate a la pobreza se promueven a sí mismos con intensidad, para no hablar de los protectores de la nación en el orden jurídico. Los magistrados del Tribunal Electoral ganan 4 millones al año, es de esperar que por su defensa de los pobres.

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Allí está la letra del vals peruano: “Mi sangre aunque plebeya/también tiñe de rojo… Señor, ¿por qué los seres no son de igual valor?”. O el infaltable José Alfredo: “Yo sé bien que estoy afuera/Pero el día en que yo me muera,/Sé que tendrás que llorar”. Los epitafios sobran.
06 Diciembre 2009 05:00:09
¿Es usted un candidato de clóset?
La expresión “de clóset” es un lugar común de las tinieblas. Hay encuestadores de clóset (la especie más abundante en las cenas), optimistas de clóset (la especie que finge hablar con puro sentido del humor), entrenadores de la Selección Nacional de clóset, etcétera, etcétera. Hasta ahora, la única especie inconcebible es la de candidatos presidenciales de clóset. Al respecto nadie se esconde y hay más comités de precampaña que votantes. En vista de lo anterior, y con tal de ampliar el debate público, presento un cuestionario irrefutable.

Reglas de juego o de ubicación

De acuerdo con el Test Freud-Cisen, el que no deja mentir, la calificación de un candidato de clóset le interesa en primer lugar a las agencias de publicidad, las representantes por excelencia del pueblo de 1810 en adelante. Colgados de los pulgares o domiciliados en un potro de tortura, los encuestados deben ser sinceros, porque desafían a los candidatos ya establecidos, todos llamados por coincidencia Enrique Peña Nieto, y deben también vivir muy resignados. Lea con cuidado y marque cada respuesta con F (Falso) o V (Verosímil).

I. Formaciones ideológicas

1. Cada que te perturban las injusticias sociales o la impunidad de los poderosos, tú:

a) Te vas a tu casa de campo porque los fines de semana le concedes asueto a la conciencia ética. F V

b) Te acuerdas de que entraste en política a causa de tu temperamento disidente (no crees en la muerte como beca del más allá, tienes el dinero suficiente para saber que necesitas padrinos que eviten que te lo gastes) y llevas dos décadas de no usar ropa interior, por si se ofrece un “quickie”. F V

c) Cuando finges modestia te dices a ti mismo en voz baja: “A otra mesa redonda con esa ponencia” (antes te hubieras dicho: “A otro perro con ese hueso”). F V

d) Relee la frase de un ex miembro del Partido Comunista, ex miembro del PAN y hoy candidato del PRI en su estado natal: “Lo más normal es tener convicciones y vivir como si nunca te hubiesen notificado de su existencia”. F V

e) Te controlas para no mostrar humildad y, también, no persignarte cuando pasas frente a Palacio Nacional. F V

II. Introspección sin subterfugios

1. ¿Tú te concibes a ti mismo como...?

a) Un ser humano como otros tantos grandes empresarios.

b) Una persona del pueblo traicionada por el pinche destino al que nunca le parece suficiente la cantidad de pobres llenos de frustraciones.

c) Un producto azaroso de la evolución de la humanidad en su lucha por eliminar la desigualdad, lo que se conseguirá uniformando a través de la pobreza o la miseria a 99% de los seres vivos o casi.

2. Julio Verne escribió muchos libros. ¿Cuál es tu predilecto?

a) Cómo manejar tus inversiones en las Islas Caimán.

b) La vuelta al mando en 80 off shores.

c) Las tribulaciones del materialismo histórico en el mercado libre.

Nota: Ocho de los libros antes citados no son de Julio Verne. Señala.

III. Citas citables

Una de las siguientes citas de la literatura clásica no es exacta. Léelas en voz alta y (en silencio) explícate a ti mismo cómo descubriste la impostora.

— “Vine a Comala porque me dijeron que aquí había buenas oportunidades de agitar y tirar al presidente municipal que obedece en todo al cacique” (Juan Rulfo) F V

— “Miré los lemas de la patria mía/ si un tiempo vivos, hoy discontinuados” (Quevedo)

— “Y a la ley del embudo que hoy impera/ sucederá la optimización de la ganancia” (Salvador Díaz Mirón) F V

— “Pasó con su madre,/ ¡qué raro complejo! (Amado Nervo). F V

— “Mire usted, catrincito, tan cierto como que me llamo Demetrio Macías, en cuanto nos atrincheremos en el poder no volverá a publicarse en este pueblo una sola de sus críticas rencorosas que ofenden tanto al mundo libre, eso a menos que en cada número salgan dos reseñas de mis fiestas. Ya lo sabe: o mis fotos en portada en una garden party o a colgar en el aire agitando los piecesitos” (M. Azuela, en su novela “Los de Arriba”). F V

— “Proletarios de todos los países, uníos. Lo único que tenéis que vender son vuestras cadenas” (Manifiesto Comunista). F V

IV. Pruebas de personalidad

Un presidente no se improvisa. Hemos tenido en las últimas décadas ejemplos de su capacidad para el manejo de la economía, la exhibición del carisma y la congruencia declarativa. Así, tú, en circunstancias difíciles, deberás mostrar tu perfil de estadista.

Y si te piden que compares a Juanito con un héroe del pasado clásico de México respondes:

— Con Hermenegildo Galeana, del que no sabes nada más que el nombre que te llevó toda la primaria memorizar.

— Con “El Santo contra el Tribunal Federal Electoral”, una película que viste de niño y en la que salían zombies que le llevaban a los magistrados cartas del Poder Ejecutivo.

— Con el secretario del Trabajo Javier Lozano porque tienen el mismo poder de convencimiento.

Moraleja: lo que bien se aprende jamás le sirve a uno en la vida. Así que si quieres ser candidato en 2012 encomiéndate al Señor del Sufragio que Llegó Desde Antes. Lo más probable es que no ganes, pero siempre puedes decir que tus electores votaron fuera de contexto.

O puedes aprovechar la estrategia puesta de moda recientemente: “El país está muy polarizado. Por eso no me voy a pronunciar sobre un asunto tan delicado aunque yo he sido consecuente con mis ideales, que no han sido consecuentes conmigo. Soy de una astucia extraordinaria, por eso no me peleo con el clero por si resulta que existe el cielo o que me pueden dar votos”.
29 Noviembre 2009 05:00:43
¿Qué conceptos trajiste para el postre?
Él recibió la invitación para un encuentro y cuando se le notificó la clase de reunión que era y oyó el título, “Un chapuzón en tu mente. Piensa que estás pensando”, no se molestó en preguntar “¿Y qué rollo es ése?”, ni tampoco se preocupó cuando le advirtieron que cada asistente al acto tendría que llevar como boleto una idea, la que fuera, pero que a juicio de los organizadores aguantara. Y no se angustió tampoco, ni dijo: “¿Y qué flipada es esa de llevar una idea, eso con qué se come?”, y cuando llegó el día anunciado llegó al encuentro con la mente sucintamente en blanco, y oyó con indiferencia la voz a la entrada: “¿Y con qué idea vas a contribuir hoy?”.

Respondió como de rayo: “Con la idea de no bostezar”, y notó que había contestado bien porque todos sonrieron, y de allí en adelante el acto le pareció muy cool, porque ahora sí ya conocía lo que era una idea, de esas que vienen de abajo hacia arriba y no al revés, cuando el azote del micrófono, así le dijeron, los interrogó: “¿Traen ganas de un chapuzón en la mente?”. Respondió sin brío pero sin levantarse e irse tampoco: “Chance que sí”.

En el transcurso del foro agarró la onda: el pensar que estás pensando es cosa que sirve a las personas no sólo un día sino toda la vida, porque, por ejemplo, si haces un viaje largo y te aburres, te dices a ti mismo: “¿Y qué idea trajiste para entretenerte en el viaje?”. Y te respondes, así nomás: “Ahora me traje unas mentalizaciones bien chidas, bien cool, sobre las diferencias entre la vida y la muerte, y también, por si se me agotan rápido, me traje una súper craneada sobre las distancias que hay entre el fracaso y el éxito”.

Y el rollo de “¿Qué onda con las ideas?” comenzó a circular fuerte en su grupo de amigos, y uno que parecía hastiado de la vida se lanzó con una sugerencia padrísima: “No, sí, la cosa está del carajo pero mis padres decían siempre que no hay cosa que no esté del carajo, y que el chiste del carajo es que se aparece en todas las cosas, y que cuando estás en un sitio y la cosa no está del carajo es que te distrajiste, así que lo mejor es aceptar que las cosas están así, porque si fueran diferentes a lo mejor ya no estaban del carajo y como que se perdía la identidad, y ya se sabe que uno sin identidad pues como que no, digo, o qué onda”. ¡Qué buena rola!

Y una chava que había sido su novia y que a él le parecía el hemiciclo del tedio emitió una reflexión que resultó una gran idea, apta para las memorias agradecidas: “Lo clásico es la vida frente al espejo, que es lo que a fin de cuentas cuenta, y lo que hace que una mujer se vea bien arreglada es el esfuerzo porque no la sorprenda el día siguiente igualita al día anterior. Yo les digo a mis amigas: ‘Cámbiate el look para que no crean que siempre eres la misma’. La mujer mexicana se ha preocupado mucho por cada día ser mejor en el aspecto laboral y en lo familiar, y si no consigue trabajo siempre se consigue una buena familia. Nos distinguen nuestros valores y nuestros atractivos físicos, y me temo mucho que la que no es guapa no es mexicana”. ¡Eso sí que era pensar!

* * *
Pronto no hubo quien no le entrara al chapuzón en la mente, y se dieron iniciativas padrísimas como la fiesta conceptual, con el titulazo: “¿Qué ropa te llevarás a la realidad virtual?”, donde los asistentes pretendían no verse y nada más se quedaban fijos ante las computadoras y luego se levantaban y exhibían su actitud de elegancia al natural, que demostraba que la mejor ropa es la que uno se imagina, y entre los conceptuosos de la universidad privada, donde más misas se escuchan de las 2 a las 3 de la tarde, se afirmó que es una gran idea andar desnudo con sólo una hoja de chips cubriendo la frontalidad voluntariosa (el que no sepa lo que quiere decir esto es que ha vivido atenido al vejestorio de la hoja de parra).

* * *
Y una idea muy padre, que él reconoce que está “diatiro llégale”, es el juego de la democratización universal. Se organiza una party y cada quien tiene que llevar una cámara fotográfica o una video recorder, que también valen como fuentes de ideas, y la mitad durante una hora la hace de celebridad y la otra mitad de paparazzi que toman fotos o graban desesperadamente (no se necesitan rollos, basta la actitud).

La siguiente hora los paparazzi se vuelven celebridades y también todos se toman muy en serio, porque ya llegó el tiempo de reconocer que todos tenemos derecho al anonimato durante 15 minutos en la vida, y el resto del tiempo somos celebridades. ¿Por qué, qué significa ser una celebridad? A estas alturas de la masificación, que todo el mundo que te conoce sepa que te conoce e incluso recuerde tu nombre, y esa es la mejor idea de todas: como en el fondo ya se sabe que no hay desconocidos, pues aceptemos que todos somos celebridades. Lo importante de la idea de ser una celebridad es andar con un bolígrafo a la mano como para firmar autógrafos, o saludar con aspavientos a los cuates que no conoces, pero que te responden con igual entusiasmo porque, viéndolo bien, ¿a cuántas personas se conoce realmente a lo largo de la vida?

Lo del juego de las celebridades universales ha tenido un éxito extraordinario, tanto que ya en determinadas colonias, Lomas Altas, Bosques de las Lomas, Pedregal de las Afueras, NezaYork y Ecatepec El Bajo, todos quieren reuniones para entrarle al role. Ya basta del elitismo de las celebridades de antes, que no querían que se les viera fuera de las fotos o las grabaciones. El mundo se ha hinchado tanto de gente que ya es notorio que los presumidos de la puerta estrecha carecen de ideas, y sin ideas ni caso vivir.

Una idea es como el viento fresco en las noches de invierno, como una pregunta inesperada en la entrevista. Una celebridad se distingue porque es poseedora certificada de una idea y el que tiene una idea que la cuide, que la cuide. ¿Qué sintió Newton cuando le cayó la manzana y de pronto se dio cuenta de lo relativo que es el dolor? Sintió una idea y gracias a eso llegó a la inmortalidad. ¿Qué sintió Napoleón cuando dijo “Soldados, desde lo alto de estas pirámides 40 siglos os contemplan”? Sintió que había inventado la mercadotecnia y por eso ya no le importó tanto el destierro en una isla porque eso también era una idea.

¿Y qué idea más chipocluda, como se decía antes de mucho antes, que la idea de ser una celebridad porque así se tiene una psicología de calidad?
22 Noviembre 2009 05:55:23
Lo que quiso decir mientras hablaba
La confusión era general, la torre de Babel de las frases que se volvían bumeranes. El fenómeno llevaba tiempo de existir. Antediluviano, pero agudizado en los últimos días. Y una tarde, en una discusión en la Cámara de Diputados, ocurrió lo irremisible: cada una de las partes contendientes le pidió a sus rivales la explicación de lo que decían porque no entendían ni una palabra. El presidente de la Cámara aseguró que él tampoco entendía ni madre (eso sí se entendió aunque no se supo a qué se refería), aunque ya estaba acostumbrado a no agarrar la onda porque en ningún sitio dormía tan plácidamente como en ese sillón.

Poco tiempo después quedó al descubierto la verdad: de tanto desconfiar de los críticos, de tanto darle crédito a sus improvisaciones, nadie descifraba las voces ajenas. El laberinto de Babel. El conflicto se agudizó cuando vino un debate primordial (la asignación de recursos), que exigía saber lo que alguien, quien fuera, decía. Inútil. Todos contestaban con furia a lo que nadie había dicho. Y lo que pasaba en la Cámara se trasladó a otros espacios notables. Ningún político de los reconocidos se expresaba de modo inteligible, y la palabra inteligible provocaba estupor: “¿Es un albur?”.

De nada sirvió un listado de vocablos útiles y frecuentes. Luego de juntar dificultosamente 100 palabras, se vio que eran muchos los que no entendían la mitad. El asunto se complicaba con los políticos de gran relieve (no es alusión corporal). De emergencia se crearon oficinas de “Lo que quiso decir el funcionario”, para responder a las críticas por expresiones inconvenientes o muy torpes. Se llegó al grado de mandar las explicaciones de lo que quiso decir antes de que el funcionario en cuestión hablara.

Tampoco se entendían disculpas, y los encargados de redactarlas confesaron que ellos tampoco estaban al tanto de las intenciones del funcionario, el mismo que en confianza confesaba que a él, por demócrata, lo gobernaba el discurso. Se instalaron las oficinas de “Me citaron fuera de contexto”, que como las de “Lo que quiso decir el funcionario” se volvieron redes burocráticas. El mensaje político, el que hubiera, no llegó a lado alguno.

El conflicto de las frases envueltas en las brumas de los siglos llegó a la sociedad, esa secretaria adjunta del poder. Al principio afectó a los que veían noticiarios y trataban de agarrarle la onda a los políticos, los magistrados, los eclesiásticos, los empresarios. Esos se adhirieron muy pronto al criptoñol, un idioma que tuvo mucho éxito en la Edad Media, y que usaron los servicios de inteligencia en la Segunda Guerra Mundial. El criptoñol se trasladó al país entero. Los amigos ya no se entendían, hubo pleitos frecuentes porque al no captarse las preguntas se respondía con un “No” o un “Sí” fuera de lugar. El marido, tal vez con propósitos salaces, declaraba a su ferviente esposa: “Tan hemos cumplido con lo que la ciudadanía, es decir, a propósito de lo cual, los empresarios, por qué no, se opusieron, es decir, me apoyaron, es decir, boicotearon, lo que ni siquiera me propuse, somos la cuarta economía del planeta neta y la primera que allí sigue; en la medida de las fuerzas contingentes, te convoco, ¿faltaste a la conjunción debida, Patricia?”.

Y la aludida, que creía que le expresaban las ganas de salir de vacaciones, decía simplemente “Sí”, y el balazo se producía de inmediato. La influencia del lenguaje del poder resultó catastrófica: en los negocios se entregaba lo que el cliente no había pedido, en las reuniones de los partidos políticos todos creían que las investigaciones sobre corrupción iban en serio y aseguraban que si se habían beneficiado era por amor a México, los viajeros llegaban al aeropuerto y, de modo invariable, se encontraban rumbo a Timbuktú (donde ya hay una colonia mexicana llamada “Perdón, fui una loca, me ofusqué”), los médicos operaban de sarampión, las inauguraciones de edificios tardaban años porque los funcionarios no sabían que aún no estaban las construcciones, en las universidades el maestro explicaba anatomía a estudiantes de química. Como el criptoñol dominaba, nadie propuso la refundación del idioma y de la lógica.

Un grupo de ingeniosos, que acababan de regresar a México y todavía no los dominaba el criptoñol, imaginaron un negocio formidable que de inmediato se posicionó en el mercado. Estos audaces empresarios, que ya no usaban la palabra y chateaban para comunicarse en el mismo cuarto, hallaron la solución: un sistema de alta tecnología, con terminales en cada persona, que consistía en un display en el que, con servicio de traducción simultánea, el usuario daba a conocer lo que tal vez había querido decir, o no pero daba igual. No fue fácil ni barato.

Resueltas las vías de comunicación entre personas, sólo faltaba enterarse de lo que decía la clase gobernante. Se recomendaron fórmulas ancestrales, las señales de humo, o mímica de programas de concursos, o coros que transformasen en cánticos las declaraciones: “Ay, oyente, no te rajes”. Las señales de humo no se podían traducir y dos funcionarios murieron asfixiados, la mímica daba lugar a equívocos, y los coros cantaban lo que les daba la gana, lo que no hubiera estado mal si hubiesen coincidido con los discursos y declaraciones, pero nunca era el caso. La angustia crecía y la sociedad sufría, especialmente cuando las restricciones de la energía eléctrica suspendían el uso de los displays.

Esto sucedió hace unos años. No hubo manera de vencer al criptoñol y la República se transformó en una muchedumbre de signos y señales que evidenciaban el fin del uso de la palabra, que alguna vez sirvió para algo, aunque ya nadie está al tanto de para qué. Y yo, escribano humilde, admito que es la última vez que anoto signos sobre la página. Si soy descubierto, se me tratará sin piedad, y si se sabe que entiendo, más o menos, lo que digo, seré desterrado a la Isla de las Conjuras Verbales. Triste destino de las ganas de entender.
15 Noviembre 2009 05:00:51
El regaño dietético de la senadora
“¿Qué mano fue? ¡A ver, enséñenmela!”. La antigua estrategia del golpe con intención didáctica revive en voz de la senadora del PAN María Teresa Ortuño, que le contesta al director del IPN, Enrique Villa Rivera, representante de casi un centenar de instituciones tecnológicas en demanda de recursos para la educación superior.

A Ortuño nadie la podrá acusar de condescendiente: “Es hora de que todos nos apretemos el cinturón y, por favor, no me vengan con esa demagogia de que nadie puede apretárselo, porque aunque la educación, el desarrollo social y la salud son temas prioritarios, perdónenme, dondequiera hay grasita y se puede cortar grasita sin llegar al músculo ni al hueso… no se vale echarle la pelota a Calderón… No, no, no. No me vengan a ¿cómo dice?: donde lloran ahí está el muerto. No, no; el dinero hace falta, pero no sirve de nada si no hay pasión, si no hay compromiso, si no hay decisión, si no hay vocación, si se pretende medrar y se busca que siempre se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre” (11 de noviembre de 2009).

El habla automática de la senadora (“Digo lo que se me ocurre y alguna vez diré lo que pienso”) se da a nombre de su partido, y tan es así que en esa misma sesión el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, la felicita: “Gente como Teresa Ortuño prestigia la política, le agradezco su inteligencia, entusiasmo y pasión”.

El regaño tiene que ver con la antipatía profesada por la derecha a las universidades públicas, vigorizada desde el acomodo de Fox en Los Pinos (no acuso a Fox de antiintelectual, él es más bien un espíritu libre de todo conocimiento). La lucidez conceptual de Ortuño va más allá: habla como capataz de hacienda o se expresa como adiestradora de metáforas cazadas al vuelo.

Formidable descripción del recorte presupuestal: “apretarse el cinturón/ dondequiera hay grasita/ se puede cortar la grasita sin llegar al músculo ni al hueso”. La metáfora se estaciona de inmediato porque su elevación depende de lo que Ortuño no entrega: el significado de apretarse el cinturón, la localización de “la grasita”. ¿En dónde se encuentra lo prescindible? ¿En los salarios de los profesores, en las prerrogativas de los trabajadores, en el número elevado de estudiantes, en la investigación científica, en las tareas editoriales, en los Pumas? ¿En la crítica que es una de las razones de ser de las universidades públicas? Nos gustaría que una dietista tan consumada pasase de la metáfora a la explicación rigurosa, lo que evitaría “la grasita” en sus declaraciones.

Cambio de referencias sin cambiar de tema. Mayela Sánchez entrega datos del apretonazo del cinturón gubernamental: el Gobierno federal gastó 5 mil 473 millones 476 mil 490 pesos en comunicación social y publicidad en 2008, lo que equivale a 1.4 veces el presupuesto que recibió la Universidad Autónoma Metropolitana el mismo año. El 52.3% de ese monto fue erogado por las secretarías de Turismo y de Hacienda y Crédito Público (SHCP). La Sectur gastó en publicidad mil 464 millones 248 mil 30 pesos, mientras que la entidad responsable de las finanzas públicas destinó a la promoción de sus programas mil 401 millones 302 mil 780 pesos.

A esto podrían agregarse muchos otros esfuerzos dietéticos. Carlos Fernández Vega informa de otra “reducción alimentaria” un tanto heterodoxa: en el tercer trimestre de 2009 (julio-septiembre, de acuerdo con el más reciente informe de la SHCP), esos abnegados cuan eficientes funcionarios se comieron 56 mil 500 millones de pesos en prestaciones (sueldos y salarios aparte). Es decir, en este periodo los burócratas de primer nivel se engulleron casi 628 millones de pesos cada 24 horas, casi ocho veces más de lo que deberán pagar los mexicanos por el incremento fiscal (82 millones cotidianamente a lo largo de 2010).

Ejemplo insigne: los gastos en publicidad del presidente Calderón, convencido de que su vera efigie debe contemplarse el día entero en el territorio de uno de los gobiernos subalternos de la República, la televisión privada. Con el criterio de Ortuño se podría decir: hay que apretar el cinturón a los spots del Ejecutivo, que, además de extraordinariamente reiterativos, deben, como todo (lo dijo Ortuño), “tener su grasita”. Las frases de la dietista del PAN no se dirigen principalmente a promover la esbeltez de la educación superior sino a subrayar el desprecio de su partido, uno más, a la educación pública.

¿Cuál es “la grasita conceptual” que irrita a la derecha? Sin duda, la consistente en la crítica. El rector José Narro Robles se ha referido enfáticamente a la refundación de la República, y esto desafía a los que obsesivamente dicen vivir en el “mejor de los países posibles”. Calderón se echó a sí mismo la pelota (el método del símil ortuñano es contagioso) y declaró, con énfasis un tanto inconvincente, que habían terminado la crisis y la recesión y, no lo dijo pero sí que estaba implícito, que el empleo volvía a colmar las arcas vacías de las familias, y el optimismo era un derecho concedido a los que apoyaban su política. A tal hacedor de milagros y a su grupo de discípulos que caminan sobre aguas declarativas sin hundirse, les resultará por lo menos fastidiosa la existencia de la educación superior pública que estimula la crítica, para ellos pura blasfemia, que confronta las palabras gubernamentales con la realidad. Inevitable recordar que Miguel de la Madrid se negó a aceptar la existencia de la sociedad civil porque ésta formaba parte del Estado, y por tanto no tenía por qué actuar en labores de rescate y reorganización urbana. Y el inefable Ernesto Zedillo: no se puede hablar de la transición a la democracia porque ya vivimos en la democracia.

No es mero juego de palabras. El PAN a través de la nutrióloga Ortuño da a conocer su programa educativo: todo el dinero inimaginable para la seguridad, para los salarios aéreos de la burocracia, para enfatizar, a través de los ingresos, la división del país en mexicanos de primera y mexicanos de quinta, para la comunicación social (el hechizo del funcionario, seguro de que la promoción onerosa y carísima de los elogios a su persona desemboca en textos de sinceridad desenfrenada), para los proyectos electorales de cacería de votos (Oportunidades es, en el mejor de los casos, un placebo en el que sólo cree la administración, si es que algo de lo asignado se salva de la merma de los repartidores).

¿En qué le aflige al PAN la inversión en ciencia, desarrollo tecnológico y carreras universitarias en general? En la existencia de territorios laicos, en la enseñanza libre, en la idea de una sociedad enorme fuera de la sociedad en la que ellos están inscritos. No hablo todavía de lucha de clases, pero sí de zonas de pertenencia. La derecha, convencida de que su larga ausencia del poder directo se debió a las maniobras de los subversivos, se entrega al sueño de la exclusión. Nadie entrará a este lugar,/ sin que afirme con la vida,/ que la pobreza afligida/ es un pecado mortal.
08 Noviembre 2009 05:00:12
¡Albricias, pastores!
No hay Estado fallido. Ya pasó a mejor vida el Estado a la antigüita, con todo y presidencialismo y lectura del Informe ante un Congreso que consideraba blasfemia las críticas al Presidente; queda como reliquia el espectro del Estado, hecho trizas por ineptitud, corrupción, represiones y culto a la impunidad que es la esencia del sistema. En el Legislativo abundan los representantes fantasmales de la voluntad de encumbramiento, y en el Judicial se acata la voluntad de los poderosos aunque no se molesten en emitirla. El desprestigio describe el manejo de imposiciones muy lesivas para la economía de casi todos y de trampas de lejano origen jurídico que buscan desalentar a quienes quieren participar en la política.

El debate (si así queremos llamar al jaloneo) sobre el aumento de impuestos revela la falta de convicciones y de información que ya es sinónimo de clase gobernante. En esto han coincidido los legisladores de PAN y PRI: actúan para luego contradecirse y decir que lo hicieron contra su voluntad, y que las cosas empezarán bien porque para eso las dejaron tan mal. El nivel doctrinario y cultural exhibido delata a la educación privada, formadora de la mayoría de los legisladores, y anuncia el fin del vocabulario amplio que alguna vez tuvo que ver con el uso en México del español. Se comprueba la ausencia de formas y de contenidos en la vida política. No saben qué decir ni cómo decirlo, crean laberintos en los que se enredan para descubrir que ya no saben a dónde iban.

Observen al secretario del Trabajo, Javier Lozano, hablando de la desaparición de LyFC: “No se trató de una acción represiva sino preventiva. Se nos ha criticado por lo que algunos llaman equivocadamente el sabadazo”. ¿A qué alude? Se podría suponer que la acción es preventiva para que la represión ya no sorprenda, o que prevenir con ánimo de exterminio es quitarle oportunidades de lucimiento a la represión, o mejor, que el secretario ignora que una represión nunca puede ser preventiva: “Te meto a la cárcel ahora para que después no te sorprendan las rejas”. Lozano responde a la pregunta “¿Cuál sería la reforma nuclear en la cuestión laboral?”, y lo hace en términos que llevan al desvarío: “El acceso al mercado de trabajo en modalidades que faciliten la productividad en las relaciones laborales y que aumenten la competitividad de nuestra economía”.

Esta respuesta desconcertará al que se proponga entenderla: así que la reforma nuclear en lo laboral consiste en el acceso al mercado de trabajo en modalidades que faciliten la productividad. ¿No me repite, por favor? La reforma nuclear da como fruto estatal el acceso (¿de quiénes?) al mercado de trabajo (¿en dónde y en qué condiciones?) en modalidades que faciliten la productividad en las relaciones laborales (¿hay quién pueda descifrar esta contribución al sonido de una sola mano, la del licenciado, aplaudiendo?). Y el final es ya un concurso de fuegos de artificio en noches sin pretextos para usarlos: todo lo anterior, las modalidades que fomenten la productividad no en el trabajo sino en las relaciones de obreros y patrones, son métodos preventivos, el que declare entender este discurso será reprimido.

Escúchese el dictamen judicial del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont: “Estamos tomando decisiones difíciles que afectan la estructura de poder existente para volverla más incluyente, pero la inclusión y la participación no pueden imponerse”. Maravilloso, ¿para qué se vuelve más incluyente la estructura de poder si sólo va a beneficiar a quienes así lo decidan? Ahora resulta que uno no se incluye si no le da la gana, porque no quiero del Estado sino lo que me apetezca. ¿Y de qué participación habla? ¿De las decisiones que sólo una minoría exigua toma, de la sorpresa al saber que la estructura de poder se deja afectar por actos naturalmente preventivos? Vacío de forma es desaparición de fondo.

¿A quién le creemos: a las palabras o a los votos? Si juzgamos por las votaciones en las cámaras, nos equivocaremos: los hechos nada tienen que hacer al lado de las declaraciones. Se han desgarrado las vestiduras alternas panistas y priístas alegando la urgencia de aprobar el plan Calderón en materia fiscal, y luego se arrepienten. Así, por ejemplo, el senador priísta Francisco Labastida: “El paquete no nos gusta porque no impulsa el empleo, es recesivo, impulsa la inflación. Es un Frankenstein que llegó y al que le hicimos algunos cambios para quitarle lo más nocivo”. Conclusión: no le quitaron al paquete todo lo nocivo, sino lo más nocivo que no se toma la molestia de señalar.

En la mentalidad de los políticos históricos el arrepentimiento sólo tiene sentido como jactancia. “Sí, lo hicimos mal, pero a ver, cámbienlo”. Beatriz Paredes dice que no sirvió para nada la golpiza fiscal; el líder del PAN, César Nava, afirmó que el aumento de impuestos no satisfizo a nadie (bueno, no exagere, el Presidente no es un don nadie); y al diputado líder priísta, Francisco Rojas, no le tiemblan los verbos y los sujetos aunque sí algo los complementos: “(votamos) aun por encima de costos políticos. Por lo que decidimos, en congruencia con el contenido de nuestros documentos básicos, rechazar el IVA en alimentos y medicinas”. ¿Qué habrá querido decir? ¿Qué son “los costos políticos”? ¿Qué tanto compensa su rechazo del IVA la aprobación de impuestos guillotinadores? No dudamos de los documentos básicos, sobre todo porque a manera del 100% de los ciudadanos, no los conocemos, pero como disculpa parece infantil: “Sí, votamos en contra del costo político que significa votos y prestigio, pero los votos nos llegan por el clientelismo y el prestigio llevamos décadas de no tenerlo, así que se aguantan y se llevan su costo político a otra parte”.
01 Noviembre 2009 04:00:49
Con su venia, señor Presidente
No todos los debates son querellas a gritos o escenas de cinismo en las que el mayoriteo se burla de las reclamaciones y razones de las minorías.

Ocasionalmente hay debates interesantes y, si se quiere, además de instructivos ya propios de un país democrático. Esto sucedió en la Cámara de Diputados el 27 de octubre de 2009, a propósito de la despenalización del aborto. Imposible resumir la discusión, y me conformo con momentos culminantes. Inició la contienda Leticia Quezada del PRD: “Una mujer es más que un cuerpo condenado por su biología. Puede reparar el error de un embarazo no deseado, producto de la fragilidad, de un descuido o del error de la violencia… Lamentablemente la problemática nacional vinculada al tema del aborto y la violación de los derechos humanos de las mujeres mexicanas está más vigente que nunca y día a día lacera más a las mujeres mexicanas, con la complicidad del PRI y del PAN en todo el territorio nacional”.

A continuación, Ana Estela Durán Rico, del PRI, en contraposición de la postura de la líder nacional Beatriz Paredes, dedicada a lanzar oscuridades cada que se le pregunta sobre el tema, fue contundente en su defensa del Estado laico, agraviado por la campaña del PRI y PAN, y cuestionó: “¿Pueden las mujeres ejercer su derecho a decidir? ¿Tienen la mayoría de edad para asumir responsabilidades? ¿Puede algún diputado, funcionario o gobernante atropellar los derechos de las mujeres? ¿Qué está detrás de esto? ¿Líderes de opinión? ¿Relaciones de poder? ¿Dictados detrás de las esferas eclesiásticas? ¿Líneas conservadoras recurrentes? ¿Confrontaciones personales? ¿Decisiones individuales producto de convicciones o creencias, o simplemente una confusión prohijada que ha distorsionado el verdadero debate pretendiendo que es un conflicto entre quienes defienden la vida y quienes pretenden apoyar a la muerte?”.

Ifigenia Martínez, del PT, fue también precisa: “México es un Estado laico; garanticemos decidir que llevar a término un embarazo debe ser reconocido como derecho sólo de las mujeres. No somos objetos, somos seres humanos y exigimos derechos plenos en todo el país”. A la defensa de una panista de la penalización del aborto, Porfirio Muñoz Ledo, del PT, contesta: “El concepto de derecho a la vida que acaba de ser esbozado corresponde a una definición religiosa, no a una definición del derecho público. El derecho público es muy claro y cuando se cita la Constitución debe, en primer lugar, citarse el artículo primero. Todo individuo gozará de las garantías que esta Constitución consagra… En el proyecto de reformas al Título Primero, habíamos propuesto ‘toda persona’. En dado caso sólo la ley puede determinar cuándo alguien es individuo. No hay ninguna rama del derecho que determine que el individuo existe antes del nacimiento”.

Paz Gutiérrez Cortina, del PAN: “Es hoy cuando lo natural adquiere especial relevancia ante la necesidad de proteger el medio ambiente, nuestras especies animales y conservar los recursos naturales, es hoy cuando se cuestiona la preservación de la vida humana en gestación. Se protege a las ballenas, a las tortugas y sus huevos; pero se cuestiona la existencia de humanidad en el embrión desde el momento de la concepción”. Responde Muñoz Ledo: “La muy respetable compañera ha dicho que protegemos a los huevos, me refiero a los huevos en su acepción original; ojalá y aquí también se respetaran. Está confundiendo a los ovíparos con los mamíferos, señora. Un huevo por definición, de gallina o de tortuga, está fuera del cuerpo de la madre, ya no tiene que ver con la entidad de la madre. Se establece la heteronimia de cuerpos y no todos los huevos se protegen; puede llegar a haber especies perniciosas. Supongamos que nos encontramos con huevos de dragones o huevos de esos animales que son mortíferos para la humanidad. Tendría que haber una definición. Tratándose de los seres mamíferos, el producto está vinculado al cuerpo de la madre, es parte de él, independientemente de que vaya adquiriendo una personalidad biológica propia, y es la ley y sólo la ley la que debe establecer cuál es el solvento”.

La discusión es larga, y por una vez colmada de razones o de lo que se piensa que son argumentos contundentes. Muñoz Ledo es brillante: “El oscurantismo es una reducción del pensamiento científico y del proceso educativo. ¿Durante cuánto tiempo quienes piensan como usted combatieron las ideas de Darwin, porque estaba en la Biblia la historia de Adán y Eva? ¿Qué sostuvieron contra Galileo, contra Copérnico? Tuvieron siempre científicos alquilones para ocultar una verdad que ahora se ha vuelto universal”. El diputado Gerardo Fernández Noroña remite a hechos recientes: “Le recuerdo que alguna autoridad municipal (las educativas en León, Guanajuato, que incineraron libros de textos de Biología del primer año de secundaria de la SEP) quemó libros de biología, porque enseñaban educación sexual. ¿Eso es una posición correcta? No. ¿Es una posición científica? No. ¿Es una posición a favor del conocimiento? No. Es una posición retrógrada”.

El panista Francisco Javier Salazar se enreda con los argumentos del ADN y resuelve la duda de los oyentes con su experiencia personal: “Termino con una anécdota personal. Hace poco más de un año me mostró mi hija una fotografía de ultrasonido de mi nieta de 11 semanas. Señores, de veras, se los digo con sinceridad, esa foto de ultrasonido la tengo en mi álbum de fotografías más queridas. Es un bebé; es un bebé con sus pies, su cabeza, sus manos, su corazón.

Es un bebé. Si alguien quisiera matar a ese bebé, ¿por favor?, contaría con mi absoluto rechazo y mi absoluta reprobación”. Contesta Fernández Noroña: “Si para usted un bebé es el producto, es un problema de su confusión, de su desconocimiento del lenguaje, de la biología, de una discusión filosófica muy profunda y de su concepción religiosa. Si usted cree en la Divina Providencia, puede creer en cualquier cosa, pero no tiene por qué imponérselo a toda una sociedad, que es un Estado laico. Yo soy también profundamente respetuoso de las percepciones que cada quien tenga, pero no tienen por qué imponérselas a las demás personas… Vea el diccionario de la Real Academia Española, vea lo que dice bebé y me dice si se considera bebé a un producto entre uno y nueve meses. La definición exacta es niño de pecho. Quiero que me explique cómo puede ser un producto niño de pecho”.

El debate es largo y, por supuesto, cada quien sale provisto de las convicciones que ya llevaba. Sin embargo, se deja leer con fluidez y es en verdad interesante. La prensa, la radio y la televisión lo ignoran por completo.
25 Octubre 2009 02:50:35
El movimiento revolucionario del Magisterio
En 1956 inicia el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), muy importante factor en la demanda de independencia sindical. Al negociar los líderes del SNTE un incremento salarial que llega a la mitad de la demanda inicial, Othón Salazar, maestro normalista de Guerrero, convoca a un mitin de protesta. Poco después, una asamblea independiente lo elige representante de lo que será el MRM, constituido a fines de 1957, ya muy presente en las primarias del DF. Dan comienzo las marchas y se reprime la del 12 de abril de 1958. El 30 de abril los maestros toman las oficinas de la SEP y obligan al Gobierno a negociar.

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En un manifiesto de 1958 los profesores argumentan: “De acuerdo con las cifras oficiales, en julio de 1956 ganábamos el 14% menos que en 1939, en tanto que en marzo de 1958 la diferencia es más de 35%”. Concluyen:

“Esta situación que señalamos sólo ha conducido a que los maestros resintamos los perjuicios consiguientes en nuestra salud y en la de nuestros familiares, carezcamos de la posibilidad de educar a los hijos y a que desmerezca nuestra capacidad profesional. Tal estado de cosas exige que le pongamos punto final mediante nuestra lucha unida y combativa. Proponemos a todos los maestros de primaria luchar por:

a) Elevación del sueldo nominal a mil 200 pesos;
b) Sueldo móvil al ritmo del alza de los precios;
c) Jubilación a los 30 años de servicio sin límite de edad, con el último sueldo y extensión de los aumentos a los pensionados;
d) Servicio médico extensivo a los familiares del maestro, con pago íntegro de medicinas;
e) Escalafón que considere la antigüedad y méritos del maestro, elección democrática de las comisiones de escalafón;
f) Pasajes de los maestros en general”.

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Estas demandas no informan de una lucha por modernizar, sino del paso previo; evitar que se profundice el anacronismo de los profesores, devolverse siquiera al nivel de 1939. Othón es un “líder natural”, y disciplinan su entusiasmo, su cordialidad y sus obsesiones. Inmerso en la organización del profesorado, opuesto a los que usan el lenguaje político sólo como vehículo del ascenso y la rapacidad. Él convive y anima a los que nunca serán oportunistas, los fieles al compromiso del cardenismo, los convencidos de su lugar (humilde, irrenunciable) en la lucha de clases.

El MRM obtiene la adhesión de numerosas maestras, las relegadas por el machismo de los radicales y que son, sin embargo, las más entusiastas, las hacedoras de comida en los plantones, las que se enfrentan a policías, granaderos y agentes judiciales (valentía de género). Son ellas el contingente que, apenas representado en los puestos de dirección (relegamiento de género), aporta la militancia más constante. Las distingue la esperanza en la independencia sindical, la lucha por el aumento salarial como recuperación de la vida cotidiana, el hartazgo ante las depredaciones sindicales.

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En agosto de 1958, en un congreso paralelo al del SNTE, los maestros de la Ciudad de México eligen a Othón como su legítimo representante, pero ante este gesto de autonomía sindical la posición del Gobierno se endurece. Se reprime la manifestación del 8 de septiembre y se detiene a Othón en su casa, donde se le amarra y venda. Se le somete a violentos interrogatorios y se le exige que confiese: “¿Cuántos rublos recibes de la Unión Soviética?”. Se le mantiene secuestrado nueve días antes de procesarlo. Acusado de disolución social, se le encierra en Lecumberri, pero, gracias a las grandes movilizaciones por su libertad, permaneció allí sólo tres días.

En 1958, las movilizaciones de telegrafistas, petroleros, ferrocarrileros y profesores conmueven al país o, más bien, a la parte del país que se deja conmover en un medio de intensa desinformación. Las luchas se originan en demandas económicas y en exigencia de democracia sindical. Con dureza caciquil, el Gobierno vence sin problemas a movimientos pacíficos, aunque no doblega a los participantes, empeñados en mantener vivas las causas populares.

Othón Salazar y el MRM se oponen a la devaluación de la imagen magisterial. El empeño es un tanto inútil. A los maestros de las misiones rurales y a los militantes del cardenismo los sustituyen los que primero a la fuerza y luego por inercia se amoldan a las ordenanzas de la vida institucional. En la nueva imagen, los maestros son semiprofesionistas, sin derechos políticos ajenos al cumplimiento de las tareas electorales del PRI, sin opciones de transformación académica, sólo dueños de la información parcial que un comité seleccionó en su beneficio. Por eso, la lucha de la Sección 9 de 1956-1960 se libra contra la reducción del magisterio a un sector informe, que transmite con mnemotecnia vacilante lo indispensable: izar la bandera algunos días del año, asistir a festivales tristísimos y promover el voto por quienes les digan. Esto, en la capital; en el resto del país, la función de los maestros es distinta, y en los pueblos son, con frecuencia, líderes naturales. Por eso, el PRI se empeña en hacer de ellos su base persuasiva.

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El MRM es notable por las lealtades que suscita y se mantiene. Hay entrega, confianza en que el adversario no reprima como ellos aseguran (es melancólico: los movimientos de oposición describen de modo preciso la represión y no creen en ella). Si en el MRM intervienen los comunistas, la suya no es sin embargo una movilización doctrinaria. ¿Para qué predicar la lucha de clases si se puede ejercerla? Están allí las discusiones sectarias y el balbuceo de las divulgaciones marxistas, pero lo primordial es el combate contra la desigualdad. Estos —los de los maestros, los ferrocarrileros, los petroleros, los electricistas— son movimientos regidos por el espíritu colectivo.

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Othón continúa su lucha en el magisterio y en 1960 participó en otra huelga en la Escuela Nacional de Maestros. La toma de la Normal por la corriente democrática de la Sección 9 del SNTE es violentamente reprimida en agosto, y como última represalia Othón Salazar es cesado y hasta su muerte en 2008 no obtiene la reparación de la injusticia.
18 Octubre 2009 04:01:58
“Los reprimo para que me entiendan”
Si es suya la fuerza es suya la razón

A su amor por la retórica hueca y por los viajes que le permiten saludar al planeta, el presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) añade un rasgo idiosincrático: por motivos autobiográficos no tolera la disidencia: “A mi izquierda y a mi derecha está el abismo”. Formado en el vasconcelismo (movimiento que en 1929 se propone llevar a Vasconcelos a la Presidencia), al sobrevenir la derrota, la dispersión y el retorno humillado a las filas del gobierno, adopta el dogma que rige el resto de su vida: ante el régimen no hay opciones. El Gobierno puede no tener la razón, pero si es suya la fuerza es suya la razón. Localiza en los disidentes el peor crimen: la impertinencia. Los criminales, la tesis se infiere por su actitud, lo son por instinto, no pueden evitarlo; los impertinentes desean usurpar a los funcionarios del señor presidente, el delito sin remisión.

A López Mateos no lo calman las pruebas de fuerza y quiere extirpar de raíz a los contestatarios. En 1958 se da a conocer Demetrio Vallejo (1910-1985), un dirigente seccional que encabeza los paros ferrocarrileros de Oaxaca en julio y agosto de 1958. Su temple de líder, su oratoria rudimentaria y sin ambajes lo elevan a la secretaría general del Sindicato Ferrocarrilero. Lo que este gremio ha ganado con la primera huelga le resulta insuficiente en lo tocante a salarios, condiciones de trabajo y respeto a la autonomía sindical. Ante la cerrazón de las autoridades inicia otra huelga que el gobierno no puede admitir. Los ferrocarrileros aguardan un ofrecimiento digno, pero el Ejecutivo se niega al diálogo. López Mateos, a la usanza priísta, convoca a Vallejo a Los Pinos para convencerlo o intimidarlo. Vallejo, según la leyenda, acepta pero avisa que llevará una grabadora, porque él no actúa a espaldas de sus compañeros.

López Mateos promueve la campaña previsible de linchamiento moral de los disidentes. Se les trata como enemigos de la patria, rojillos perniciosos, oprobio nacional. Otro episodio de la lucha de clases en el que a los trabajadores se les mide a través de los insultos y la negación de sus derechos. El sindicato se explica mal ante la opinión pública, pero aunque planteara su causa de modo óptimo ningún órgano de prensa publicaría sus alegatos. Casi sin excepción, los medios, “en nombre de la libertad”, agreden a los huelguistas (Luis Spota publica Las horas contadas, una novela en la que las fuerzas naturalmente oscuras conspiran contra México desde los escondrijos del Sindicato Ferrocarrilero). Hay movilizaciones de los maestros de la Sección IX, los electricistas, los telegrafistas y un sector de estudiantes de la UNAM, y esta batalla por los derechos sindicales y civiles alimenta la teoría de la conjura. El Zócalo se vuelve un espacio de la protesta sin cortesías políticas. El Gobierno sólo admite la rendición incondicional y acusa de terquedad criminal a los huelguistas.

El 25 de febrero de 1959, López Mateos responde como patriota ante el extraño enemigo y el 25 de marzo decide que a él nadie le levanta la voz ni le declara una huelga. Se produce lo que se llama entonces el “vallejazo”: en una operación a cargo del Ejército, 10 mil ferrocarrileros y el comité del sindicato son apresados el mismo día. “Una banda de subversivos no puede detener el progreso del país”, vociferan las ocho columnas de los diarios (una cabeza del 3 de octubre de 1968: “Una minoría sectaria pretendió desviar el rumbo de la Revolución”). En el blietzkrieg varios resultan muertos, y a un joven dirigente de Monterrey, Román Guerra, se le asesina en la tortura. Al cadáver se le pintan las uñas de rojo. “Fue un vulgar crimen de homosexuales”, es la explicación policiaca.

Se reprime el sindicalismo independiente y a los líderes ferrocarrileros se les condena por ataque a las vías de comunicación, sabotaje y por el delito de disolución social (artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal), creado para combatir a los partidarios del nazifascismo durante la Segunda Guerra Mundial, y que sólo se aplica contra luchadores de izquierda hasta 1952. Los procesos judiciales son una farsa patética y los conduce el magistrado Eduardo Ferrer MacGregor, un icono de la degradación del Poder Judicial (él sentencia también a los presos del 68). A los despedidos (cientos de ellos) no se les indemniza.

En las no muy abundantes manifestaciones de izquierda de 1959 a 1967, una consigna inevitable es: “¡Libertad a los presos políticos!”, la que retoma el Consejo Nacional de Huelga en 1968. Pero lo cierto es que el abandono, la indiferencia y el olvido son la respuesta a las justas exigencias del puñado de presos políticos. Éstos no ceden, mantienen su postura y nunca se declaran culpables de lo que no han hecho. De manera muy servil, el Poder Judicial, como lo refrenda en 1968, está a las órdenes del Poder Ejecutivo; senadores y diputados no registran la existencia de los presos; los “defensores del estado de derecho”, jamás preocupados por los grandes despojos a cargo de la clase en el poder, aluden de vez en cuando a los vallejistas para felicitar al gobierno por su mano firme. “Se necesitan esos tamaños”, se dice en las semanas siguientes al vallejazo. Y López Mateos es considerado el gobernante humanista que acuña su vanidoso apotegma: “En México no hay presos políticos, sólo delincuentes del orden común”

López Mateos es un ejemplo de la manía del propietario de la Presidencia. “Mientras yo esté aquí, se hará lo que yo quiera”. Entonces, no se tiene muy presente el poder de los empresarios y de la derecha organizada.
11 Octubre 2009 04:00:19
Se solicitan empleadores con referencias
Ante la composición y las acciones del Poder Legislativo, el Judicial y el gabinete (nótese el respeto a la investidura), descarto la admiración y doy sitio a las preguntas: ¿qué saben hacer y dónde lo aprendieron? ¿Qué saben deshacer y por qué eso les funciona tan bien? Son, sin duda, ocupantes de puestos magníficamente bien remunerados, tramitadores de aumento salarial de esos puestos, propietarios de un idioma que desafía el entendimiento y por el que cobran tiempo extra, paracaidistas del ascenso, profesionales del nomadismo ideológico, o también, y esto es muy frecuente, son creyentes devotos en que la creencia exhibida contra las leyes del Estado laico es la única universidad que cuenta: “Si rezo al que se debe, cobro aparte”. Son los miembros de la clase subalterna en el poder. Algún lejano día, quizá, serán los mandamases. Enumero algunas de sus características:

— Disponibilidad para aceptar cualquier puesto, cerca o lejos de su profesión certificada. Así, para mencionar ejemplos inconcebibles, un abogado puede pertenecer sin rubor alguno al Tribunal Electoral federal, o un economista (pero) de la Secretaría de Hacienda puede aconsejar a los pobres que si van a jugar en la Bolsa inviertan bien sus recursos, o un egresado de la Universidad de la Ilusión puede desafiar al mundo, y a un secre del Trabajo los juicios políticos le pelan los dientes.

— Eliminación de las distancias entre discurso y comportamiento. Se confía el discurso a un lenguaje que acude de tarde en tarde a palabras extraídas del español. Blindarse con la tortura judicial de la sintaxis, enviar el verbo a prisión y al sujeto a reclamar su identidad no es mala táctica. Se admite lo inexorable: es hora de hablar con la verdad, pero con señas. La verdad comprensible se presentará luego, cuando ya no estemos en este valle de lágrimas.

— Eliminación de la capacidad profesional, la que se tenga, tarea que en casi todos los casos se consigue con rapidez. Un funcionario no es ni debe ser un profesionista, por así decirlo, profesional. Eso es del tiempo antiguo; ahora le toca ser nada más un funcionario, ajeno a las destrezas requeridas, para eso tiene a los subalternos inmediatos, y éstos a los asesores, y los asesores manejan un equipo de mercadólogos, y los mercadólogos encabezan ejércitos de grupos focales, y la burocracia continúa hasta que ya nadie cabe en la oficina.

Un funcionario no dispone jamás de tiempo para ejercer su oficio inicial; de hecho, no conoce tales cosas como el empleo riguroso de tiempo. Su formación genuina ocurre en las tomas de posesión de la cadena de empleos o puestos, y su especialidad consiste en firmar papeles, contestar telefonemas al día (todos de anuncios de Telmex), dictar cartas o e-mails disculpándose por no saber redactar, llevar a juntas y ceremonias con rostro enérgico, inaugurar todo lo inaugurable, develar placas, negarse a los peticionarios y comer con sus iguales, que algunos habrá.

Dejé para lo último la habilidad principal: nunca abandonar la sensación de superioridad. En esto la tradición les heredó “el rostro de presídium”, mirada fija en el cielo o, en su reemplazo, el techo. Ahora, lo más común es la prisa del funcionario que quiere irse para no oír las críticas. Antes, el priísta oía sin inmutarse y decía: “Oye l’agua”. Ahora los panistas llaman a Seguridad Pública. Y que se quejen los agraviados a ver qué oídos quedan disponibles.

Durante siete décadas, los políticos de tiempo completo cumplieron profusamente con su magno deber: dejarse ver en relación a su ejercicio presupuestal. Tanto gastas, tanto te encumbras. No se discute: su proceso formativo profundo no depende de lecturas politológicas ni del conocimiento minucioso de teoría del Estado, de la historia o de la economía, sino de la confusión entre lo circunstancial y lo esencial (lo esencial es lo que no tiene para pagar un lobby). A los políticos a la antigua los sustituyen las energías al garete, fanfarrias grabadas que se implantan con un chip, publicidad televisiva que reemplaza al desvencijado juicio de la historia.

¿A quién le importa la pérdida de credibilidad? La clase en las afueras del poder verdadero no se inmuta ante la idea. ¿Qué es la credibilidad? Según ellos, es lo que los demás piensan de uno cuando no tienen algo más que pensar. Ya no hay credibilidad, sólo anuncios subliminales o cínicos en tiempo triple A.

Los panistas, en su letargo, también se volvieron publirrelacionistas, los que le vendían el hechizo de la política a las masas y se hacían pasar por embajadores de los contribuyentes ante los contribuyentes mismos. Eligieron las cifras oscuras y las amenazas y dijeron que si lo que ellos ofrecían no se aceptaba, el país languidecería en una tumba sin extremaunción. Se desistió de sacarle provecho al bien común y se pretendió vender acciones de la empresa quebrada que es el Gobierno. ¿Para qué insistir en la República cuando es más sencillo y veraz referirse al mercado? Y los priístas se fueron quedando con las elecciones y los panistas con las agencias de relaciones públicas; el paraíso fraccionable en la hora en que la mercadotecnia es el único lenguaje que aún hablan los funcionarios. “Otros 2 mil millones de pesos en frases significativas: la crisis ya se fue, quedaron sus consecuencias y nunca segundas partes fueron buenas”.
04 Octubre 2009 03:53:00
Autobiografía del honor sacrificado
Si accedí a darle la entrevista —¿me permite que le hable de usted?— es porque los de mi gremio de las magistraturas estamos padeciendo una de las campañas más viciosas que recuerdo, el ataque de la canalla. Y no quieren entender lo obvio: nosotros, los magistrados del Tribunal Electoral sólo escuchamos las consignas del pueblo, que como no sabe hablar nada nos dice. De que nuestras decisiones son justas lo prueba el hecho de que a nadie satisfacen, la incomprensión es nuestro testigo de descargo. Y que no obedecemos consignas es un hecho; atendemos recomendaciones en voz baja, algo muy distinto.

¿Que cómo veo esta andanada de infamias? ¿Qué quiere que le diga? Siempre me cuesta definir la ingratitud; puede ser el olvido de lo secundario para que nadie se acuerde de lo fundamental, o la puñalada por la espalda que se clava en el torso. Pero eso es lo de menos. Lo demás es la aparente inutilidad de tanto sacrificio y entrega de nuestra parte…

Sé que no lo incomodo al referirle mi vida, porque la verdad sí es apasionante y le servirá en su periódico ese libro de título tan excelso, Los Fallos del Tribunal sólo al Mal le Caen Mal”. Dicho sea de paso, qué bueno que usted aceptó nuestro encargo para hacer un libro independiente y crítico, como viudo intelectual del estado de derecho, que lo que sea de cada quien todos son independientes y críticos… Prosigo. Le refería mi historia. No es porque yo lo diga, pero he sido de lo más precoz. A los 12 años ya tenía clara mi meta: dirigir la Suprema Corte, pero sólo con fallos que irritaran a todos. Al respecto, juro que no contribuyó en nada el que mi padre fuese magistrado. Yo siempre he sabido valerme de mí mismo, y lo he ganado todo con el sudor de mis ponencias. No en balde el propio licenciado Colosio (q.e.p.d.) me ponía como ejemplo de la cultura del esfuerzo.

Cuando cumplí 18 se me incorporó a un tribunal colegiado junior. Me sentí feliz; sabía que no designaban a un recomendadazo sino a un joven entregado a su vocación jurídica. Mi padre, que dio una comida de lujo a los que iban a votar ese día, sin ganas de influirlos, me comunicó la noticia y me abrazó:
“¡Felicidades, güerco! Ganaste por unanimidad”. Me dio un gustazo. Ganaba nada más sobre la base de mis méritos. En la noche pensé en mi proyecto para el tribunal. ¿Qué podría hacer por México, por el sistema judicial, por las víctimas de la injusticia? Revisé las opciones: ponerme de justiciero, no, porque se acabarían las injusticias, y se le quitaría un rasgo esencial al país.

¿Qué otra ruta? Apoyar una injusticia sí y otra no, tampoco, porque lo salteado se presta a la confusión y en nuestro país sólo es víctima de la injusticia el que ya lo fue monetaria o políticamente. Dos opciones rechazadas. Arrepentirme públicamente de mis votos más escandalosos, ni de broma, porque siempre he sido responsable y una astróloga me dijo que nunca me echara para atrás en mis compromisos secretos porque me daría cáncer.

¿Qué hacer? No pude dormir. Mi destino era inmenso y a los 18 años ya era presidente de un tribunal importantísimo. Y como a las cinco de la mañana hallé la solución. ¡Órale!, grité como el sabio griego. ¡Desde luego! Crearía una nueva meta para los procesos, el molde de sentencias irreprochables que serían el modelo. ¿Y quién debería ser el magistrado que registrara esa fórmula jurídica a su nombre? Aquí nomás Juan Camaney. Si recién llegadito a la mayoría de edad mis merecimientos me habían llevado a ese puestazo, ¿qué éxito me sería ajeno?

La creación del gran ejemplo

Esa noche diseñé la estrategia, de manera un tanto rústica, debo reconocerlo, porque entonces no tenía a mi lado expertos en fórmulas jurídicas irreprochables por absolutamente ilegibles. Me dije: “Oye, Junior, ¿cómo vas a construir tu imagen de jurista probo?”. Y hallé una buena respuesta: estudiando donde estudian los Top of the pops, forjando desde la juventud lazos indestructibles.

Esa fue y sigue siendo parte de mi filosofía de la vida: “Trata a todos como si fueran tus iguales, una vez que te cerciores de que son tus iguales”.

La suerte me contactó con el padre Feliciano Millán Astray, que nos enseñó el desprendimiento cristiano. “Cuando quieras hacer el bien, fírmame un cheque”. Y me hice amigo íntimo del grupo que hoy tiene la ley en sus manos, y es víctima de la incomprensión de la envidia y el rencor. Todo lo hicimos juntos, entramos a los mismos clubes, fuimos a las mismas fiestas, ligamos con las mismas chavas, viajamos a los mismos resorts de verano, nos fuimos de reventón a las mismas discotecas. Nos hubieran tomado por hermanos salvo que nos llevábamos muy bien.

En unas vacaciones en Vail, estábamos cenando muy tranquilos, cuando el Bolo Cursilera, El Rey de los Apagones Mentales, como le decían sus novias, nos espetó su proyecto: “¿Por qué no le damos un ejemplo inolvidable a este pueblo de nacos? ¿Por qué no les enseñamos a que se avergüencen de su pinche creencia en la ley?”. La idea me pareció formidable porque ya la tenía desde hace rato.

¡Carajo! Y además, si tomas una decisión nunca la expliques porque se van a creer importantes. Si esperan de ti sólo canalladas, comételas para no defraudarlos; si creen que vas a atenerte a la verdad jurídica, no te conocen y se merecen su frustración.

Hay gente que piensa que no le hemos enseñado debidamente a los nacos. ¡Claro que sí! Estamos convencidos de que hicimos y hacemos bien, y de que el país necesita paradigmas. Si todavía hay quienes desconfían de nuestro recto proceder, podemos enjuiciarlos por haber lanzado la bomba atómica en la ciudad de Mitsubischi, y se los probamos.
27 Septiembre 2009 04:00:47
“Soy la ponencia que no has querido leer”
Me llamo Amparo Solís Click y soy hija de madre pospuesta, la que ocupa un sitio lejano en las preocupaciones del progenitor. Esto no quiere decir que nuestros padres no se hayan amado; sí lo han hecho, y no han tenido graves enfrentamientos. No, esta no es una queja, déjenme aclarar.

Siempre he creído que una persona crece educada por sus padres o por la madre, y también por la tutela de algunas fotos, no las digitales de ahora, sino bajo la de las fotos como se debe, muy bien impresas, bien enmarcadas, atentas a fomentar la impresión de la personalidad de los retratados, eternamente dignos.

Yo no he tenido fotos que cumplan el papel de tutores y he debido conformarme con la vaga orientación de las instantáneas.

Vuelvo a mi experiencia. Mi padre, y éste es el trauma de mi vida, no tuvo tiempo para mí. Demasiadas veces, mi madre me ha contado la separación. Todo comenzó cuando yo tenía uno o dos años de edad y al coautor de mis días lo invitaron a sustentar una ponencia en un Encuentro de Buena Voluntad Académica.

Por compromiso él aceptó, redactó las páginas necesarias sobre un tema, “Neoliberalismo y destino humano, dos fuerzas complementarias, dos oposiciones salvajes”, y las leyó ante el asombro creciente de los asistentes. El resultado: ovación de pie y felicitaciones interminables.

En mis indagaciones, he hablado con el mejor amigo de mi padre en aquella época, hoy investigador consagrado. Al preguntarle sobre el éxito inaudito de mi progenitor, me miró con suavidad paternal y me dijo: “Eres una mujer de gran madurez, por eso te seré franco, como académico, en ensayos o tratados o simples artículos: tu padre era más bien un segundón. Como ponente, y más estrictamente como autor y lector de esa que fue su primera ponencia y que yo he escuchado varias veces, siempre con la misma emoción, era notable. Con él, y no creo exagerada la afirmación, nace la categoría de ponente en su dimensión autónoma y muy creativa. No me acuerdo bien ni del tema ni de las tesis que sustentaba, pero no olvido el énfasis vibrante, la sonoridad de los conceptos, la vibración con que entonaba algunas frases, la técnica que le permitía alcanzar el sueño de los ponentes, que los asistentes se sientan parte del texto leído, es decir, parte de la solución de un problema”.

Sigo con mi investigación de hija asombrada. De allí en adelante, el éxito llevó a mi padre de un coloquio a otro, de un simposio al siguiente, de un congreso a los sucesivos. Se integró a esa especie avasalladora, el congresista profesional. De manera que a mi madre le parecía muy curiosa, al final le pedían que leyera la antigua ponencia que, otra vez, provocaba el mismo arrebato. Esto, me aclaró María de los Ángeles Veraza, académica distinguida, no es tan extraño como parece, porque en rigor a la mayoría de los ponentes eméritos les pasa lo mismo (aclaro que la categoría de ponentes eméritos se instauró hace apenas dos años que mi padre fue el primer homenajeado).

Hubo un ponente, del folclor internacional, que leyó un día su paper sobre “México en la conciencia”, y de allí se siguió repitiendo exactamente tesis y palabras con mínimas variantes en el título: “Conciencia, la de México”, “Sin conciencia no hay México”, “La inconsciencia no puede ser mexicana”, y así durante 40 años, hasta que murió mientras leía un texto insólito: “México, conciencia, conciencia, México”. Lo que también, me aclaró María de los Ángeles, no es insólito. Un número elevado de académicos actúa de modo similar, y nunca publican sus ponencias viajeras por temor de que algún intrépido las lea y eso aminore el efecto de sus intervenciones. Se ha dado el caso inaudito de un académico con tres décadas a horcajadas de su ponencia, que enloqueció y se presentó al Registro Civil para la adopción formal de sus páginas. Gritaba: “¡Esta ponencia no es como mi hija! ¡Es mi hija!”. Y la siguió leyendo en su cubículo acolchado en el sanatorio psiquiátrico.

Tengo una sola foto con mi padre, él y yo y mamá, los tres. Mi personita en la cuna y ellos contemplándome amorosamente. Así nomás. Fue el día en que salió de casa para ir a un Congreso de Semiótica Facilona. Desde entonces ha vivido en los aeropuertos, y el regreso al hogar se le ha dificultado por la irrefrenable explosión de encuentros internacionales. Y mi padre asiste a todo, aferrado a la consigna: no hay que perderse reunión porque, ya se sabe, quien falte a una perderá el ritmo ponencial.

No digo que en todo este tiempo no haya vuelto a casa, pero no me ha tocado verlo porque son visitas fugaces y o no estoy o duermo o mi mamá me ahuyenta antes para no compartirlo. Y todo ha sido leer sus postales o luego sus e-mails desde Singapur o Dakar o San Pedro Sula, o donde se realice el congreso. Una vez mi padre invitó a mi madre a juntarse con él en un simposio sobre Vocablos Prohibidos por Desconocidos, porque tendría dos días libres antes de un congreso muy importante. Se vieron, se abrazaron, se fueron al cuarto, y ella estuvo dos días intensos transcribiendo la ponencia que seis lustros antes había capturado por vez primera.

Me consagré a su persecución. El primer año nada conseguí. Me desesperé: “Es inútil”. Me di una última oportunidad. En internet vi que mi padre sería el orador principal de un simposio sobre “Amazonas extinguidas dentro de las especies”, que tendría lugar en Sydney. Como pude conseguí el dinero y me fui.

Con sobornos y amenazas obtuve sitio en la sala donde un admirador más hubiese causado una explosión nuclear. Al anunciar la nube de ovaciones al ponente más famoso del mundo, el éxtasis me llevó al desmayo. Nadie me hizo caso. Es un dogma: en una conferencia en verdad magistral sólo hay un protagonista.

Al volver en mí, ya era tarde. Mi padre se había ido a otro simposio en Piedras Negras y percibí con dolor la maldición: nadie, nunca, llega a conocer o tratar a un ponente de prestigio internacional, que sólo tiene tiempo para escribir o revisar ponencias en los aviones y duerme mientras las lee en los congresos.
20 Septiembre 2009 04:02:49
Consejos a los que gobiernan
Cuando el contexto está fuera de contexto.

Un político debe aprender lo esencial: el trato con los medios informativos, la estrategia de la respuesta correcta a la pregunta inhóspita o candorosa o francamente malévola. A este respecto, quizá el maestro más adecuado sea un ex alto funcionario, especializado en enfrentar los cuestionarios más abruptos y salir airoso. El ex dignatario recién publicó su tratado “De mi paso por la vida pública. Consejos a los que vienen”, de 17 mil 200 páginas (versión reducida), del que ofrecemos una primicia.

Que nunca lo sorprendan con la frase sincera o la verdad en la mano.
Jamás permita que se le pregunte así nomás. No es conveniente hacerlo porque: a) es falta de respeto para la investidura que se tiene o se ha tenido; b) son ganas de que usted y los lectores o espectadores pierdan el tiempo con un interrogatorio dañino para la moral de la República (todo lo que le molesta a usted daña la moral de la República); c) es de mala educación preguntar con tal de enterarse; d) es de mala educación saber lo que hay que contestar; e) a nadie le gusta que lo interroguen una vez que terminó su educación formal; f) quita la gana de estar a gusto; g) si uno deja que le pregunten sobre su gestión pública, traslada la República al horario triple A. Pongo ejemplos de entrevistas que he resuelto con mi método de disciplina de la elocuencia.

Periodista: ¿Qué dice usted a las acusaciones de que ganó el poder gracias a un magno fraude?

(Consejo: sonría primero con franqueza, mire a la cámara con ojos cándidos, vuelva a sonreír.)

Funcionario (o ex funcionario): Una pregunta muy interesante, amigo mío, que exige una respuesta meditada. Porque el tiempo es el mejor aliado del conocimiento. Es evidente, y lo que le voy a decir no es en modo alguno un agravio para su niñez, es evidente que hoy está usted más al tanto de lo que pasa en el país y en el mundo, que cuando tenía cinco años de edad. ¿Por qué es así? Porque la vida es un proceso, y sólo los que van de un lado a otro, del nacimiento a la muerte, pueden jactarse de haberlo recorrido de pie a pla. ¡Ah, no perdón! Se dice de pe a pa.

(Consejo: en este momento, el periodista intentará desviar el curso de su amena respuesta para preguntarle algo pesado. Atájelo de inmediato.)

Funcionario (o ex): Con todo gusto le respondo porque sé de su seriedad y profesionalismo. Pero antes, y como una cortesía para el público que nos está viendo (o que nos leerá), déjeme decirle: heredé el poder en condiciones tranquilas pero terribles, y desdichadas pero institucionales (equilibre siempre las respuestas para que no lo acusen de parcial o de claridoso). En mi periodo de gobierno (si todavía está en funciones, diga simplemente: vivimos en tiempos difíciles, y ninguna pregunta me sorprende, porque sé que todos debemos ganarnos la vida en algo), todo fue exitoso, y aquí está el testimonio de seis periódicos daneses, cuatro de Nigeria y uno de Noruega. Véalos con rapidez, que tengo que devolverlos ya a las respectivas hemerotecas. Todos coinciden en que yo hice (haré) más por mi país que todas las administraciones del siglo 18 juntas (a estas alturas, muy probablemente los periodistas estén furiosos o desesperados.

No dé señales de advertirlos, no los mire, siga con la vista fija en la cámara televisiva o en la grabadora, sonría siempre). Bueno, como le decía, no soy yo quien dice que mi gobierno fue (será) impecable. Lo dicen críticos de la realidad mexicana tan estrictos y tan conocedores como Mbatu Kruamah de Nigeria y Jors Nlfanten de Noruega, ampliamente conocidos en la zona del Bajío por sus análisis de las sanas repercusiones de la guerra cristera en la Edad Media (cuando uno hace estas afirmaciones eruditas, suele desconcertar). (Consejo: los periodistas van a estar tan exasperados, que conviene ceder un poquito, pero bajo condiciones.)

Periodista: ¿Cuál es su responsabilidad en la cadena de macrofraudes que cometieron varios miembros de su familia? ¿Y qué sabía usted al respecto? (Sonría en forma amable y con un gesto de confianza, algo que descodificado quiera decir: “Lo he contestado tantas veces, que no me explico dónde vivían ustedes”.)

Funcionario o ex funcionario: Una pregunta muy pertinente porque la sociedad, la nación y la tribu de las ONG tienen derecho a mi versión. Le diré, confiando en su responsabilidad profesional y en su amor a las instituciones. No sabía nada, absolutamente. Vamos, ni siquiera sabía que yo mismo era miembro de mi familia.

En rigor, me enteré cuando salió un reportaje en una revista cuyo nombre no retengo, en la página 26, tercera columna. Decía: “El primo abusadillo”. Le pregunté a una persona de confianza: “¿Y éste quién es?”. Me dijo: “Es su primo, señor”. Y le respondí, así como se lo estoy contando: “¿Cuál primo? Si yo no tengo parientes desde que llegué aquí”. Y me contesta: “Es su primo hermano, bueno, lo era antes de que usted tomara posesión”. Y nomás comenté: “¡Ah chispiajo!”. Y no, se los digo aunque les sea difícil creerme, pero luego les será más fácil, nomás que recuerden que yo siempre he hablado con la verdad, con la neta como dicen los jóvenes, ésos que tanto confían en mí y en las instituciones, en ese orden. Sí, no tenía idea de que mi tal pariente usara mi hombre y mi figura, porque me cuentan que se disfrazaba de mi persona para cometer ilícitos, si es que los cometió, y si es, cosa todavía no probada, que hubo ilícitos en mi temporada de gobierno. Así fue, sólo así fue.

Reportero: ¿Y su secretario particular, que anda prófugo por estar involucrado con el narco? ¿Y lo de los asesinatos? ¿Y...?

(Consejo: hay veces que los preguntones son muy rápidos, y apenas se desanda uno, ya le colocaron temas difíciles. En esos casos, lo adecuado es la estrategia “Al que madruga Dios no lo oye”.)
13 Septiembre 2009 04:00:02
Historias del triunfo y la victoria
Bingo Santana se puso al día consigo mismo: “Quiero ser estrella del fut, y tengo un modelo: Hugo Sánchez, el mejor jugador de todos los tiempos, de cuando ni siquiera había futbol incluso. Y como Hugo, yo también quiero ser Presidente de la República”. Bingo era un gran deportista, se empeñó y triunfó en las canchas y fuera de ellas, tanto que desde su debut, los aficionados le organizaban despedidas con tal de llorar al ver que se iba. Y él sonreía. Llegó el día de la verdadera despedida, nada menos que en el Mundial. Era el último juego, y los contendientes por la Copa, inevitablemente, eran México y Brasil.

Si México ganaba, la carrera política de Bingo sería irresistible, y por eso le anunció a los medios que le dedicaba sus goles al presidente de la República y sus metidas de pata a la oposición.

En el último minuto del partido todo dependía de la puntería de Bingo. La Copa sería de México. Bingo se persignó, estudió la pelota y el césped y… ¡falló! México había perdido su última y única oportunidad en el siglo 21 de ser campeón mundial. ¿Por qué la última y única? Porque ya lo dijo un secretario de Hacienda: “Lo que mal comienza jamás acaba”.

Si no es por la protección del Ejército brasileño, Bingo no sale del estadio. Nadie le volvió a dirigir la palabra, su madre se negó a volverlo a concebir y Bingo, desesperado, pensó en suicidarse. A pesar de que no sabía nadar, o quizá por eso, se lanzó a un río y lo rescató un viejo vigoroso que, al verlo a salvo, le explicó que la vida vale la pena. Bingo estuvo de acuerdo: “Tiene usted razón. Fui un loco y me ofusqué. La vida entre nosotros está hecha de oportunidades perdidas. Por ejemplo, un ateo pierde la oportunidad de contraer la influenza en una peregrinación a Bolivia. Pero dejémonos de cuentos, soy Bingo Santana y mi pecado fue no meter ese gol”. El anciano noble y dulce lo miró con amor humanitario y le replicó: “Sí, tú no debes suicidarte. No es justo para los que te conocen. Tú debes morir a mis manos”. Y entre gritos de rabia lo persiguió a tiros. En contacto con las aguas heladas del cálculo egoísta, el desdichado aprendió a nadar al instante y huyó a Dublín, donde, sometido a la cirugía facial, eligió como nuevo rostro el del ex presidente Salinas, menos peligroso para él que el suyo, el del mexicano que cometió un crimen de lesa patria al no anotar el gol.

Tanta generosidad es inaudita
Lo traté sólo una vez pero eso me sirvió para recordarlo toda mi vida, bueno, toda mi vida a partir de que lo traté. Don Nacho Sabritte era un hombre de empresa y, quizá por lo mismo, un cristiano ejemplar que velaba por la salud moral y las buenas costumbres. Por eso castigaba con seis meses de salario a los obreros sorprendidos en el acto de decir o pensar malas palabras, y es obvio que para don Nacho casi todas las palabras eran malas. “Un hombre de bien, decía, puede pasarse toda su vida con un repertorio de sólo 30 palabras: sí, patrón; gracias, diosito; ahorita vuelvo, mamá; no me dé aumento, mejor déme su bendición”, y así sucesivamente.

Convocó a los medios y habló: “Más bienaventurada cosa es dar que recibir, y eso me lo digo todo el tiempo. Por eso he decidido renunciar a mis bienes terrenales dentro de 70 años a partir de esta fecha”. Se le escuchó con azoro, y el país entero lo admiró. ¡Qué corazón de oro! ¡Qué filantropía! Algunos quisieron beatificarlo en vida y adonde quiera que iba Nacho Sabritte los aplausos le acompañaban. “¡Bien hecho, padre de la nación!”, le gritaban.

Murió prácticamente en aroma de santidad, 20 años antes de la fecha indicada para repartir su dinero. Éste pasó a manos de sus hijos que rebajaron el sueldo a sus empleados e instituyeron la Policía de las Costumbres Nocturnas, para certificar que nadie use condón, esté o no acompañado.

El tiempo del altruismo
Genaro Milmo, gran empresario, ha vivido para la filosofía y el pensamiento abstracto, sin descuidar sus industrias, por supuesto. ¡Ah, crear riqueza y conceptos a la vez! La riqueza es un concepto que muy pocos entienden, y por eso es concepto, para crear conciencia de culpa entre los ignaros. ¿Se han fijado cómo los que se creen muy pobres quieren afligir a los muy ricos fomentándoles los escrúpulos? Un día le cruzó un pensamiento. Lo dejó ir para no malacostumbrarse y prefirió una cita de almanaque: “El mundo que vivimos abunda en problemas generados tiempo atrás, que no pueden ser resueltos con la mentalidad que se tenía al crearse los problemas”. ¡Por supuesto! Antes de creados no se percibía a los problemas como tales, y uno de ellos es la dificultad de sus empresas para dar aguinaldo a sus trabajadores, porque al hacerlo, así fuera en forma mínima, disminuyen el beneficio que el capitalismo posmoderno exige en época de crisis.

“Un problema se resuelve con una buena acción”, murmuró, y la buena acción se le presentó de inmediato: dar el dinero del aguinaldo de sus obreros a los más pobres. Pero los más pobres eran muchos y el dinero de los aguinaldos no alcanzaría para todos. Quedaba claro: enterarse de cuáles eran los verdaderamente más pobres le llevaría años; mejor reinvertir en las industrias el dinero de los aguinaldos, mientras llegaba la hora de otorgárselo a los más pobres.

La fórmula era perfecta pero la inconsciencia de los obreros les hizo protestar y precipitarse en una huelga. Enfadado y juicioso, don Genaro Milmo habló con unos altos funcionarios amigos suyos que declararon inexistente la huelga, metieron a la cárcel a los líderes, despidieron a todo el personal administrativo para no crear favoritismos y, entonces, los trabajadores, aterrados ante la pérdida inminente de sus empleos, se rindieron, aceptaron ya no recibir aguinaldos el resto de su vida, y entre todos juntaron para dar al patrón Genaro su aguinaldo.
06 Septiembre 2009 04:01:58
Carisma mediático
Preguntas como una guía para evaluar el carisma mediático, el único realmente existente (si uno no la ve en pantalla, la persona no existe). No contestes ahora, no contestes después. Ya es tiempo que las preguntas no te obliguen a nada.

1. Estás, en un auditorio o ante la pantalla, ante un político calificado de inminente, es decir, del que se esperan grandes cosas o, mejor, pequeñas cosas con grandes presupuestos. Entonces:

–¿Te fijas en sus palabras o estás convencido (convencida) de que un político no habla para decir sino para bendecir?

–En las pláticas con tus amigos, ¿le asignan un valor a sus conceptos?

–¿Cuando hablas de un político, el que sea, sueles comentar: “¡Qué inteligente es!”? ¿Cuándo fue la última vez que le concediste atención no a las acciones o al fracaso de ellas, sino a las ideas?

–Según varios comentaristas de radio, las mejores ideas se expresan con un buen traje y un mejor perfil. ¿Es esto cierto?

–¿Qué registras más: la aparición de las imágenes y menciones de un político en la televisión, o la frecuencia con que sus puntos de vista críticos te ayudan a entender el presente?

–¿Te gustaría que hubiese encuestas en las que se indagara en la popularidad del pensamiento filosófico de un político? Se podría empezar con el presidente de la República.

–Cuando al político se le entrevista, ¿lo que contesta tiene que ver con las preguntas del interlocutor o es parte de un discurso memorizado que ni siquiera se toma la molestia de escuchar?

–¡Fíjate bien! El político (el presidenciable) está frente a las cámaras y micrófonos y comienza su discurso. Tú te dispones al aprendizaje, ¿cuánto de lo que dice ya lo habías oído o todo te suena a nuevo el único minuto que le prestas atención?

–¿Te acuerdas de la última vez que exigiste que los políticos fueran
inteligentes? ¿Y por qué te fastidiaron las carcajadas de tus amigos?

–Un presidente de la República lúcido y autocrítico es una pica en Flandes.

Hasta aquí, bien, ¿pero qué es una pica en Flandes? ¿Qué necesidad hay de metáforas estorbosas cuando todo puede ser sencillo como la vida? Ya no se puede decir “sencillo como el agua” desde que escasea tanto.

2. El carisma, que tantas referencias consigue, es un término inasible o por lo menos tan indefinible como la crisis y la rapidez con que se ha resuelto. Ponte listo, ponte abusado, ponte genial, y responde o cállate lo que quieras:

–¿El carisma va con el puesto o hay la posibilidad remota de un carisma sin sostén presupuestal?

–Un candidato o un precandidato necesita de varios cuerpos de asesores bien remunerados, con los cuales debe pasar algún tiempo al día o a la semana. Pero si su asesor principal es el espejo, ¿éste recibe salario? (Pregunta metafísica.)

–El carisma, se dice de varios modos, es la cualidad de la persona que consigue la atención unánime en el momento en que entra en una habitación, lanza un discurso o se queda, sin haber hecho nada, aguardando la ovación que llega de inmediato. Si esto es cierto, ¿puede hablarse de un carisma genuino, de un carisma chafa o de un carisma carismático?

–Alguien aparece muchas veces en televisión, sin que venga a cuento, aunque esté en una cuenta, ¿puede hablarse de su carisma, de su capacidad para atraer buenas voluntades nomás porque sí, o de las sospechas de los seres que nunca aceptarán que la excelencia puede estar acompañada de muchísimo dinero pero no por eso deja de mostrarse dadivosa?

3. Las encuestas son el paraíso del rigor científico. Supongo que ni tú y, desde luego, ni yo hemos encontrado una encuesta de la que sospechemos en lo mínimo. A este respecto, puedes ser sincero y abrirnos tu corazón:

–En la encuesta de la mañana, el político que busca la Presidencia tiene 89% de aprobación directa; en la tarde goza de 94%; en la noche dispone de 99% y ya para la madrugada está cómodamente instalado en 116% de aprobación. ¿Hay algo que te suene raro?

–Las encuestas para 2012, el año que viviremos candorosamente, son lo más parecido a la moda del chip como forma aristotélica de la conciencia. Una reciente da el siguiente resultado: el candidato del PRI tiene 90% de las intenciones de voto; el candidato del PAN tiene 87% de las intenciones del sufragio; el candidato del PRD goza de 80% de las simpatías para las casillas. ¿Crees que alguno de estos datos esté falseado?

–¿Es verdad como lo es, y por eso es verdad, que en la privacidad de tu fuero íntimo (dos cosas distintas) tú dedicas parte del tiempo a hacer tus propias encuestas sobre tu popularidad, basándote en los métodos estrictamente científicos de las compañías encuestadoras más confiables, y que de esas autoencuestas desprendes, por ejemplo, que 75% de quienes te conocen, incluidos tus padres, desearían haberte conocido antes; 100% de los que no te conocen se arrepentirán por su ignorancia; 60% de los que tú consideras tus mejores amigos, cuando no estás presente, hablan bien de ti, incluso muy bien, pero nunca se acuerdan de tu nombre o de tu aspecto; 50% de los que recién te han sido presentados están dispuestos a jurar que desde el momento en que te vieron se dieron cuenta de que tú eras distinto a todos, aunque no saben explicar por qué y están un poco aturdidos ante tu insistencia: “Perdona, ¿a quién te refieres?”?
30 Agosto 2009 04:00:59
No tiene la culpa el Diablo…
Me doy tregua y no abordo el tema omnipresente: el desmoronamiento del país. Y prefiero un tema que sobrevive porque no sólo han de fracasar las fuerzas del bien.

— En mi tradición teológica el Diablo nunca jugó papel alguno. De niño lo asociaba con estampas de cuentos, reproducciones de Posada, delirios de monaguillos. A ninguno de mis compañeros les oí jamás hablar del demonio, que por lo visto desde hace mucho no forma parte de la cultura urbana. Lo que sí, el adjetivo diabólico calificaba con frecuencia crímenes o inteligencias y comportamientos.

— El Diablo como obsesión teológica fue engullido por el cine. No sólo pienso en “El Exorcista” o la interminable serie de “La Profecía” (The Omen), en la que el demonio, el Anticristo y la niñez inteligente son una y la misma cosa.

Hollywood, desde “Intolerancia” de Griffith, y el cine europeo con “La Brujería” a través de las edades representan el demonio en forma tan carnavalesca que obstaculizan su influencia sobre la gente.

— Lo más perdurable es la leyenda fáustica. Los más incrédulos en algún momento se sienten Fausto, y quieren cambiar su alma por la juventud. El demonio tienta y con energía a los millones de Faustos, insatisfechos con la edad y con la falta de una pasión arrebatadora.

— A cambio del demonio, que se extingue en el humor masivo con llamas y tridente y colas y cuernos, el mal se impone como realidad en el siglo 20. Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot son sus emanaciones, y al mal no lo desgastan ni el cine ni la novela, ni “El Silencio de los Inocentes”. El mal está en la tortura, en la nota roja, en los asesinatos.

— El Satán que tienta a Job es más un fiscal que valora el alcance de la virtud humana que un ser malo empeñado en destruirlo. Sin embargo, la rebelión de los ángeles, tan bellamente descrita en la pintura de los siglos 16 y 17, y tan admirablemente grabada por Doré, es uno de los momentos portentosos de la mitología, tanto que es complicado creer en su contenido alegórico. Si esto no sucedió, el mal se empequeñece. ¿Cómo prescindir del sueño de la existencia real de Belcebú, el señor de las moscas? Exclama Darío en Los motivos del lobo: “¿Te ha infundido acaso su rencor eterno Luzbel o Belial?”

— La muerte de Cristo garantiza la victoria final del bien sobre el mal. ¿Pero qué pasa mientras? Recuerdo Versículos 8-11:

“Otra vez le pasa el Diablo a un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria.

“Y dícele: todo esto te daré si postrado me adorares.

“Entonces Jesús le dice: Vete, Satanás, que escrito está: ‘Al Señor tu Dios adorarás y al Él sólo servirás’.

“El Diablo entonces le dejó, y he aquí los ángeles llegaron y le servían”.
Pero, arguye el ser humano, eso lo hace Jesús porque es Dios, ¿y yo por qué tendría que rechazar la oferta? Y aquí se instala la mercadotecnia de Satán.

— Satán en hebreo es oponerse. La Septuaquinta traduce Satán por diábolos y da origen a la voz diablo. Es el tentador, el impostor, el memorioso, el aspirante original a la inmoralidad. En la tradición judía forma parte de la atmósfera interior. En la cristiana radica en el infierno, el lugar bajo la tierra. Dice el Salmo 109, vers. 6: “Pon sobre él al impío, y Satán está a tu diestra”. Son lo imperdonable, según segunda de Pedro 2:4: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que habían pecado, sino que habiéndolos despeñado en el infierno con cadenas de oscuridad, los entregó para ser reservados al juicio”. Y en la epístola universal de San Judas Apóstol capítulo 1 (y único) versículo 9 se afirma: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el Diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a usar de juicio de maldición contra él, sino que dijo: ‘El Señor te reprenda’”. Y un poco antes San Judas señala las penas carcelarias asignadas a los rebeldes: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad mas dejaron su habitación, los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran día”.

Y Apocalipsis 12 del 7 al 9:

“Y fue hecha una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón, y lidiaban el dragón y sus ángeles. Y no prevalecieron, ni su lugar fue más hallado en el cielo. Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, sin serpiente antigua, que se llama Diablo...”.

— Según el Corán, el pecado del Demonio fue no inclinarse ante Adán. Para otros, el pecado del Demonio es su transparencia: es una fábula que disimula la existencia del mal, es un lenguaje cifrado de grupos judíos, es una manera antigua de nombrar males neurológicos (en el caso de la posesión).

— Cada vez más, el Demonio es un recurso de las series de terror, más infinitas que el pecado. Es de hecho un género fílmico, algo devaluado por previsible, lo que quizá explique por qué la película de Alberto Isaac, titulada originalmente Viejas jijas del demonio, se llamó al final El Rincón de las Vírgenes (sobre el cuento “Anacleto Morones” de Juan Rulfo). Pero el salto “dialéctico” se ha dado en la cultura popular y el Demonio, en vez de tentar conciencias, se dedica a sembrar el pánico en butacas y sofás. Si, como reconoció el Vaticano brevemente, el Infierno es en rigor la ausencia de Dios, el Demonio es ya la ausencia de atributos en verdad temibles.

— El genocidio le quitó al Demonio la titularidad del horror y ya nunca más la ha recuperado. Y el psicoanálisis despojó a Mefistófeles de la arrogancia de suponerse el dueño secreto y público de la conciencia. Por un lado, las realidades de la destrucción de lo humano, y por otro, la certeza de que no hay fuerzas del Averno superiores a los desequilibrios y desastres anímicos.
23 Agosto 2009 04:01:47
Cuando el destino se sigue de frente
Anuncio del GDF (agosto 2009)

“Febrero 2010: La ciudad puede quedarse sin agua. La Ciudad de México vive la peor sequía en su historia. Sólo queda agua para los próximos seis meses. No es una advertencia, es una realidad. Ahorrar agua depende de ti. ¡Cuídala!”.

La distopía, la utopía negativa, es ya la moda, la profecía y el estado de ánimo en el territorio de la ciencia ficción en cine y literatura. Baste recordar un puñado de películas: “Cuando el Destino nos Alcance”, el título inmejorable de Soylent Green, la película de Richard Fleisher sobre la sociedad que canibaliza a sus muertos; “El Día Después de Mañana”, sobre las catástrofes provocadas por el calentamiento global; “La Noche de los Muertos Vivientes”, el filme de George A. Romero sobre los cadáveres que emergen destructivos y antropofágicos de las radiaciones nucleares; las decenas de películas donde la humanidad no tiene por qué salvarse; “Farenheit 451”, la novela de Ray Bradbury y el filme de Francois Truffaut, sobre la persecución de libros y lectores (“Farenheit 451” es la temperatura a la que arde el papel); el nuevo icono, el virus de origen desconocido que llega como nuevo torbellino de fuego a destruir las masificadas Sodoma y Gomorra; los incontables filmes en una época donde la única señal de comportamiento humano es la violencia extrema (la saga de Star Wars, con el robot como la conciencia moral y Darth Vader como el villano que le hacía falta a las representaciones anquilosadas del mal), y todas las cintas en donde, al final, sólo queda una pareja entre ruinas, acariciando la posibilidad de poblar de nuevo la Tierra; la interminable historia de Terminator, con Sarah Connor, la madre que debe salvar al salvador de la humanidad, John Connor…

Todo es pesadumbre, desconfianza en cualquier forma de progreso que no sea autodestructivo, confianza en que la presente (la generación que está en las salas de cine o atiende el DVD) es la última generación feliz del planeta porque es la última que creyó que el futuro estaba delante, y que el presente aún no se veía devastado. Pero el saqueo del planeta ha cambiado el sitio de la distopía, que ve visiones ambulatorias de un porvenir hecho a imagen y semejanza de la guerra nuclear o bacteriológica a un mañana hereda las consecuencias del presente derruido. La moraleja es obvia: la culpa es del pasado que eliminó el porvenir.

Hay desde luego en la clase política herederos del Cándido de Voltaire, incapaz de concebir algo que lo aleje de la felicidad, así por ejemplo, el presidente Felipe Calderón que el 19 de agosto critica a los que difunden una imagen negativa de México de un país donde prevalece el caos y la inseguridad. “Hablar mal del país es para muchos, no sólo un esfuerzo cotidiano, hasta de eso viven…

Hay que hablar con objetividad de las cosas que tiene México, que sí ofrece nuestro país. En la medida en que se multiplique este esfuerzo por mostrar con claridad y seguridad las enormes ventajas que tenemos respecto de otros países y regiones, por mostrar verdaderamente lo que somos capaces es la manera en que se construirá, precisamente, el futuro del país”.

Todo depende de las palabras. Las realidades no cuentan, los pleitos literalmente morales por el agua en las comunidades campesinas, el robo de pipas de agua en Iztapalapa, el énfasis desdeñoso y autoritario del director de Conagua. Esto no existe porque si uno lo dice habla mal de México, un país que florece, magnífico en los informes, y luego no se reconoce en el desastre. Según Calderón, en México prevalece la armonía y la seguridad. Es cosa de hallarlas, de no desesperar, en algún sitio deben encontrarse. Hable bien de México y luego aplauda seis veces seguidas con la vista fija en el Oriente y vendrá el arcoiris y encontrará la olla llena de orden y fin de la violencia.

Hace tres décadas el novelista Frank Herbert dio a conocer “Dune”, la primera novela de una serie donde el elemento primordial, el objeto de las guerras, el secreto del imperio planetario es el agua, que existe en un planeta contenido en animales inmensos que surgen de la arena (se recomienda no ver las dos atroces versiones fílmicas que vuelven la novela un cuento de hadas, lo que a lo mejor sí es). “Dune”, filmada en México, corresponde a una literatura distópica cada vez más centrada en el agua, la redención que se aleja. (Ya lo escribió José Gorostiza: “Agua, no huyas de la sed, detente”) A la literatura se han sumado las exhortaciones de los gobiernos del mundo y el llamado a respetar el líquido precioso y siempre lo que imperaba era la indiferencia disimulada, que se conformaba con la emisión de comerciales: “Una gota de agua nos está quitando el sueño”. Y había festivales del agua y declaraciones de tempestad en vaso de agua y así sucesivamente.

De pronto la distopía desde el Gobierno: “La Ciudad de México vive la peor sequía en su historia. Sólo queda agua para los próximos seis meses. No es una advertencia, es una realidad”. ¿Y qué pasa ante este aviso escalofriante? Por lo visto, en las redes internas y externas de la sociedad el tema no existe. Ya se beberá cuando se acabe, mientras concentrémonos en la política o en hablar bien de México o en ignorar la gravedad de la sequía. Preocuparse ahora es ya fraccionar la pesadilla, operación neoliberal que todavía no encuentra los empresarios debidos. Alguna solución se encontrará, colonizaremos Júpiter donde el agua abunda o cambiaremos las exigencias anatómicas o veremos la próxima película distópica.
16 Agosto 2009 04:00:50
Narcoabogados
¿Cómo se multiplica una actividad profesional de inmenso riesgo? Por una variedad de motivos ya entrelazados, en los que intervienen la gana de aventuras, el afán monetario, las presiones del medio, las lealtades regionales, el desempleo, los vínculos amistosos y, en primerísimo lugar, el sentirse (en este caso, sinónimo de “el saberse”) dispensado de las consecuencias trágicas de la profesión.

Desde hace tres décadas por lo menos se acrecienta la actividad de algunos abogados penalistas, magníficamente pagados, lo que al parecer es más que suficiente. Defienden a defraudadores, asesinos, ladrones en gran escala. Y, una profesión sigue los pasos de una actividad masiva, a los narcotraficantes. El reciente asesinato en un centro comercial de Monterrey de la abogada Silvia Raquenel Portillo resume este proceso gremial.

Silvia Raquenel trabaja cerca de dos penalistas especializados en la defensa de narcos: Agapito Garza Treviño y Leopoldo del Real, ambos asesinados, ambos expresiones inalterables del abuso, la violencia, la prepotencia. Del Real, monstruoso en su ejercicio de la impunidad, se dedica al cobro de deudas y para obtener el pago, por ejemplo, hace que sus pistoleros desnuden a una mujer en la calle o secuestren a un deudor moroso y lo bañen en excrementos. Éstos son los maestros del oficio.

Según Ricardo Ravelo en “Los Narcoabogados”, uno de los volúmenes de su serie indispensable sobre el narco, al morir Garza Treviño Raquenel asume el compromiso del despacho. A lo largo de un cuarto de siglo, se ve envuelta en la turbulencia de expedientes, juzgados, cárceles, compra de voluntades de distintos tamaños, agentes del Ministerio Público, directores de prisiones, celadores, agentes judiciales, jueces, enviados de fuerzas desconocidas o que simplemente emergen de la oscuridad, periodistas, amenazas, informaciones detalladas sobre operaciones gigantescas…

Raquenel (en este caso el apellido es más personal que el nombre) consigue clientes, inicia su defensa de traficantes de mariguana y viaja por el país. Y tiene problemas de conciencia. Ravelo refiere uno de ellos. Raquenel busca a su amigo, el padre Raúl Morales Santamaría, y le describe la situación en que se encuentra. El sacerdote, también su confesor, la ilumina: “Hija, a veces los caminos que tú crees que son los que debes tomar no lo son. Dios tiene los tuyos para ti. Mucha gente deposita en ti la confianza y su fe en su libertad. Habla siempre con la verdad. Todo esto es un reto. Vienen para ti épocas muy difíciles, muchas de ellas por tu forma de ser porque no sabes quedarte callada.

Ten fe y sigue adelante”.

Hasta donde se entiende, don Raúl la encamina beatíficamente a su destrucción.

Raquenel consigue como cliente a José Carlos Reséndez Bermúdez, cerebro financiero del narcotraficante Juan García Ábrego. Raquenel obtiene su libertad, que es también su ruina. Perseguido por García Ábrego, que lo considera un traidor en potencia, éste huye y en su desesperación visita a su abogada, a la que le entrega un portafolio de piel:

-Ahí le dejo eso —dijo Reséndez colocando un bulto amarrado con ligas sobre el escritorio. Eran 350 mil dólares.

-Espéreme, don Carlos, yo no le estoy cobrando nada. No puedo aceptar esto.
-A ti te debo mucho y nunca me cobraste. Con nada te puedo pagar lo que has hecho por mí.

A García Ábrego, por informaciones de Reséndez a la PGR, lo capturan en Nuevo León y lo deporta a EU. Muy amenazado, Reséndez contrata los servicios de Raquenel para que le ayude a volverse testigo protegido, lo que la abogada consigue. Reséndez presumiblemente cuenta todo lo que sabe. Y a Raquenel los deudos del ya preso García Ábrego la acusan de haber recibido 3 millones de dólares. Ella alega sólo haber recibido sus honorarios. De allí en adelante todo es sucesión de clientes tan incómodos como ella, y manejo del miedo, el elemento que Ravelo sitúa en el centro de su historia. El miedo es la mayor sensación de vida, el miedo es lo que separa a los narcos de la irrealidad de sus vidas. El miedo la guía durante los atentados y los “avisos” como la explosión en su despacho. Y en 1998 sufre el gran atentado en el Hotel Imperial del DF a cuenta del cártel de Juárez en busca de un maletín que ella lleva, supuestamente con 2 millones de dólares. Que nunca aparecen. Ella, a los 52 años de edad, se confiesa ante la prensa:

“No es cierto que tenga mucho dinero. Lo más que he ganado son 350 mil dólares. Me los pagó Reséndez Bermúdez. Me los gasté con mi familia. Soy madre soltera, soy la hija que más dolores de cabeza ha dado en mi casa, no me he quedado con ganas de nada. He hecho lo que he querido. Le he faltado a Dios en todas las formas. Le falté a mis padres, le falté a mi hija porque no le di un padre. El día que más lloré fue cuando estaba en el hospital y me vi todas las heridas. Al fin mujer, soy vanidosa. Estaba yo toda abierta de la panza”.

Ravelo la interroga a fondo:

-¿Procede el amparo contra la muerte? ¿Qué va usted a hacer cuando le dicten esa sentencia?

-Apelar, no le tengo miedo a la muerte. No procede el amparo. No utilizaré ese recurso. Hay uno más eficaz que no falla.

-¿Cuál?

-El perdón.

“Los Narcoabogados”, de Ricardo Ravelo, es un documento impresionante y bien narrado de esa realidad que la gran mayoría sólo entrevemos en reportajes y libros. Raquenel sufre cuatro atentados, recibe un (fallido) tiro de gracia, difunde la inminencia de su muerte, se mueve siempre escoltada, pero no obtiene el recurso eficaz. En Monterrey el perdón no la alcanza y allí el tiro de gracia no fallido es el final de una carrera, si así se le quiere llamar, donde la fama suele ser el anticipo de los epitafios.
09 Agosto 2009 04:00:55
Profecías que se cumplirán por sorteo
La Secretaría de Hacienda no cobrará impuestos por concepto de puertas y ventanas, sólo por techos y pisos aunque sean de tierra.

A los que no quieran pagar la luz alegando el alto costo, la CFE les ofrecerá una promoción de electroshock gratis.

El dirigente Jesús Ortega impartirá cursos de carisma electoral en el PRI patrocinado por el PAN. Primer tema: “Cómo ganar elecciones con un solo voto: el del Tribunal Electoral”.

El presidente Felipe Calderón dirá un discurso en el que no aparezcan reminiscencias de infancia y juventud, reflexiones sobre la familia, consejos para manejar con elegancia sin estornudar, recomendaciones para llegar a casa sano y salvo después de una sesión mediática, enredos sintácticos que obligan a adjudicarles las frases al discurso de junto, salvaciones personales de los males del planeta, elogios a su gobierno, a su persona, a la sabiduría de su gobierno… Nomás será un discurso pero sus colaboradores lo esperan con ansiedad.

El secretario de Trabajo defenderá el derecho indiscutible de la clase obrera a no cobrar salarios para fortalecer el peso.

El secretario de Trabajo apoyará el derecho de los empresarios a no pagar impuestos para corresponder a la decisión obrera de no cobrar salarios para fortalecer las monedas de 10 pesos.

El secretario de Trabajo aceptó la promesa de las monedas de 10 pesos a no devaluarse mientras dure la crisis. Al ser informado de un hecho desconcertante: las monedas no tienen poderes anímicos, el secretario de Trabajo cesará de inmediato al encargado de Relaciones Públicas con la Economía Popular.

El secretario de Desarrollo Social ya no insistirá en manejar clientelas luego del resultado de las elecciones del 5 de julio de 2009. Ahora promoverá cursos sobre “Agradecimientos, una dimensión del espíritu” y “No votes por reciprocidad a los pequeños obsequios, vota porque se fijaron en ti, oh, mísera criatura”.

El Partido Verde, siempre lleno de ideas que nunca expresa por modestia, luego de su exitosa exhortación a favor de la pena de muerte, desatará su siguiente campaña: “Que no entierren a los delincuentes ajusticiados en su camposanto. No merecen la compañía de los justos”.

El Poder Judicial en pleno decretará: a partir de ahora en todos los casos, excepción hecha del de faltas a la moral y las buenas costumbres, no hay delito que perseguir. “Si se persigue a los delitos, explicaron, se les crean sentimientos de culpa, y los delitos son más peligrosos que los delincuentes”.

El sociólogo Juan Diego García Lorenzo, de la Universidad Anáhuac, presentará en el primer Congreso de Sociología al servicio del Estado y de Dios (no en ese orden) una muy interesante ponencia: “El diezmo, la otra tributación fiscal obligatoria”. Don Juan Diego sostiene que sin la entrega del diezmo todo dependería de las limosnas “y Dios no es un mendigo”.

Jaime Gómezhuerta Huertagómez, del PAN, llevó al Congreso de Guanajuato una iniciativa innovadora: llevar a la cárcel a las mujeres que aborten desde el momento de la concepción. “Habrá servicios de vigilancia que examinen a las mujeres preñadas en el momento mismo de serlo. Si el examen almamétrico revela su tendencia al aborto se les detendrá de inmediato para que los productos no corran riesgos”.

“Nadie se ha robado el petróleo de la paraestatal”, explicaron las autoridades competentes (que alguna debe haber), “se evitó que las antiguas manías del populismo continuaran boicoteando la privatización”.

Según la indagación mensual de la empresa Confía en mí y no rezongues, el resultado de la encuesta sobre Buenas Costumbres Mentales probó: a) 99% de los interrogados calificó a la pobreza de actitud voluntariosa de los holgazanes que exigen que el Estado les dé todo nomás por su linda cara como si la tuvieran, sin preocuparse antes de hacerse la cirugía plástica. El prerrequisito de la pobreza, argumentó un encuestado, es la existencia de la filantropía. Otro entrevistado, muy colérico, le echó la culpa a los pobres de promover el contraste con los ricos, la única clase productiva de la nación, como bien dijo el héroe epónimo Vicente Fox.

Enrique Peña Nieto, gobernador emérito del Edomex, hará caso de las críticas y no intentará comprar conciencias (las que encuentre) ni se promoverá en TV ni en las revistas de sociales (en portadas, porque muy pocos leen las páginas interiores) ni en los espejos (en este último espacio mediático no hay seguridad de que don Enrique logre retirarse). A cambio, Peña Nieto sólo se presentará en TV cuando haga falta (varias veces al día) y sólo hará gala de su maravillosa vida familiar cuando haga falta (varias veces al mes, porque la gente es muy olvidadiza). En el capítulo de las conciencias, don Enrique (Peña Nieto, lo repetimos porque la gente es muy olvidadiza) ya no comprará ninguna, a menos que localicen algún opositor recalcitrante, algo más que improbable.
02 Agosto 2009 04:10:24
La novedad de lo de siempre
¿En qué vas a invertir las tres cuartillas de tu artículo? ¿En opinar de la situación política nacional? ¿Y qué vas a decir que sea un aporte?... ¡No!... Tacha eso del partido que volvió no obstante el daño histórico que hizo durante décadas. Ni es novedad ni regañando a los votantes avanzas demasiado, ni es una explicación satisfactoria responsabilizar de la vuelta del priísmo a Calderón o a su gobierno, para eso estaban. Y también quita tu sentencia, justa pero ya muy vista, sobre la iniquidad de los señoríos feudales de Mario Marín y Ulises Ruiz.

Denuncias y protestas se han multiplicado, pero al góber precioso y al góber rijoso los han protegido el PRI, el PAN, una parte de la dirigencia del PRD y el gobierno de Calderón, distinto a su manera de las acciones de Calderón; en la competencia por ver quién es más ineficaz, cada día varía el rating: hoy aventaja el Gobierno por el manejo de la economía, aunque Calderón no es de los que se dan por vencidos fácilmente. Así que cálmate y fíjate bien en lo que redactas, porque a estas alturas ya no puedes salir con que el regreso del PRI es una afrenta, sin que te preguntes: ¿hubo compra masiva de votos? Si es una elección adquirida por dinero, ¿quién lo suministró y quiénes aceptaron que recibir no es pecado, el pecado es no comer?

Ya te veo venir con todo tu falso ingenio. Vas a hablar de Enrique Peña Nieto y a recordar todas las anécdotas sobre las funciones neuronales de su copete, el organigrama inmóvil y de cómo una trayectoria política se erige sobre las portadas de las revistas de sociales, la popularidad ahora viene del éxito y el éxito de la tv y en la tv no hay ideas que valgan ante los patrocinadores. Y no lances una diatriba contra la venta de tiempo y la manipulación. Peña Nieto no gana por la repetición de su imagen sino por la repetición de las imágenes en los billetes. Como galán de telenovelas él tal vez la haría en Cuarentañera pero los comerciales serían para él una competencia ruinosa. Así es que cancela esa parte de tu artículo; la política ahora no consiste en proyectos sino en productos, y Peña Nieto es uno que anuncia milagros, como corresponde a las campañas que deberían usar como spots únicamente parábolas.

Todo momento político requiere un protagonista, y esta vez tocó al producto Peña Nieto, cuya superficialidad es una trampa porque si la crítica se dedica a denunciarla, se queda varada en lo superficial. Si la esencia del producto es la apariencia, la crítica no lo alcanzará. Así que desiste, es una pérdida de tiempo o de frases. Y tampoco, oh, dioses de Tenochtitlán, insistas en que el PRI compró la elección, porque si es cierto, ¿qué queda por hacer ante un país todavía atado al cordón umbilical del clientelismo? No, no me interrumpas, ya sé que la metáfora es horrenda, pero te la recomiendo porque es mejor que “un país deformado por el poder de la compra al menudeo de las mayorías”. En fin, haz lo que se te antoje.

No me salgas con que “Ya todo está dicho, pero como nadie recuerda hay que decirlo de nuevo”. O no salgas con que el deber de un articulista es hacer el artículo porque a la revolución todavía le falta tiempo de maduración.

Pero qué esfuerzo más desdichado el tuyo. En un descuido y sólo para fastidiarme, vas a proponer una encuesta sobre antipatías electorales y vas a poner a competir a Calderón con su gobierno. No son la misma cosa, entiende. Calderón, ‘haiga sido como haiga sido’, conquistó la Presidencia, o se la quedó, y su gobierno se encontró con la mesa servida, las encuestas de postre y un grupo de fieles que siempre dirían que fuera de sus artículos comenzaban los peligros para México.

Calderón corrió riesgos, su gobierno no. Y está la otra hipótesis, según la cual el Gobierno, por su condición misma, sufre más riesgos, y Calderón, por ser él solo y tener responsabilidades consigo mismo, está a salvo y sólo tiene enfrente el juicio de la historia. Pero no te aflijas, mejor proponte otras disyuntivas fatales: ¿La conmemoración del bicentenario se traducirá en más juegos de artificio que discursos sobre el padre Hidalgo? Si por una puerta entra Benito Juárez y por otra el emperador Maximiliano, ¿a quién saluda primero la buena sociedad? Esos son dilemas, aunque claro, a estas alturas todos interrogan por la supremacía en el desastre de Calderón o del gobierno de Calderón.

Ya no sabes qué hacer para terminar el artículo porque te rompí tu esquema de regaños al pasado, al presente y al porvenir, los tres malos alumnos en todo articulista. Imagino que en esta parte dirías: “Se ha derrochado muchísimo dinero en el IFE, mientras esa institución, que podría llamarse Instituto Fallido del Estado, regala millones a sus multados, y se tarda lo suficiente como para favorecer las mañas de Demetrio Sodi”. Sí, por allí ibas, te conozco como si fueras distinto a mí, y por eso me apresuro a elogiar tu derecho al lugar común. Todos tenemos nuestro archivo de lugares comunes; es el depósito de reflejos condicionados de la palabra que nos permite circular en sociedad sin riesgo. Sé que estás a punto de emitir una condena al Tribunal Electoral por su docilidad ante… ¿ante quién, ante Calderón o ante el gobierno de Calderón? Que no son lo mismo lo dicen las noticias. Así, por ejemplo, Calderón acusó al ateísmo del crecimiento de las adicciones, y sin embargo todavía no hay un edicto real en el que se aumente la pena de aquellos infractores de la ley que, además, no crean en Dios.

Perdona que quiera evitar tu jogging de lugares comunes; por eso ganan las imágenes, porque aunque se repitan no son tan repetitivas como los bloques verbales. Ya sé que el lugar común es un puente entre dos reflexiones malogradas. Y, otra vez, no me resuelves qué es más contradictorio y fallido: Calderón o el gobierno de Calderón. Si tienes una respuesta no se te olvide situarla en tu próximo artículo.
02 Agosto 2009 03:00:15
La novedad de lo de siempre
Cada día varía el rating: hoy aventaja el Gobierno por el manejo de la economía

¿En qué vas a invertir las tres cuartillas de tu artículo? ¿En opinar de la situación política nacional? ¿Y qué vas a decir que sea un aporte?... ¡No!... Tacha eso del partido que volvió no obstante el daño histórico que hizo durante décadas. Ni es novedad ni regañando a los votantes avanzas demasiado, ni es una explicación satisfactoria responsabilizar de la vuelta del priísmo a Calderón o a su gobierno, para eso estaban. Y también quita tu sentencia, justa pero ya muy vista, sobre la iniquidad de los señoríos feudales de Mario Marín y Ulises Ruiz. Denuncias y protestas se han multiplicado, pero al góber precioso y al góber rijoso los han protegido el PRI, el PAN, una parte de la dirigencia del PRD y el gobierno de Calderón, distinto a su manera de las acciones de Calderón; en la competencia por ver quién es más ineficaz, cada día varía el rating: hoy aventaja el Gobierno por el manejo de la economía, aunque Calderón no es de los que se dan por vencidos fácilmente. Así que cálmate y fíjate bien en lo que redactas, porque a estas alturas ya no puedes salir con que el regreso del PRI es una afrenta, sin que te preguntes: ¿hubo compra masiva de votos? Si es una elección adquirida por dinero, ¿quién lo suministró y quiénes aceptaron que recibir no es pecado, el pecado es no comer?

Ya te veo venir con todo tu falso ingenio. Vas a hablar de Enrique Peña Nieto y a recordar todas las anécdotas sobre las funciones neuronales de su copete, el organigrama inmóvil y de cómo una trayectoria política se erige sobre las portadas de las revistas de sociales, la popularidad ahora viene del éxito y el éxito de la tv y en la tv no hay ideas que valgan ante los patrocinadores. Y no lances una diatriba contra la venta de tiempo y la manipulación. Peña Nieto no gana por la repetición de su imagen sino por la repetición de las imágenes en los billetes. Como galán de telenovelas él tal vez la haría en Cuarentañera pero los comerciales serían para él una competencia ruinosa. Así es que cancela esa parte de tu artículo; la política ahora no consiste en proyectos sino en productos, y Peña Nieto es uno que anuncia milagros, como corresponde a las campañas que deberían usar como spots únicamente parábolas.

Todo momento político requiere un protagonista, y esta vez tocó al producto Peña Nieto, cuya superficialidad es una trampa porque si la crítica se dedica a denunciarla, se queda varada en lo superficial. Si la esencia del producto es la apariencia, la crítica no lo alcanzará. Así que desiste, es una pérdida de tiempo o de frases. Y tampoco, oh, dioses de Tenochtitlán, insistas en que el PRI compró la elección, porque si es cierto, ¿qué queda por hacer ante un país todavía atado al cordón umbilical del clientelismo? No, no me interrumpas, ya sé que la metáfora es horrenda, pero te la recomiendo porque es mejor que “un país deformado por el poder de la compra al menudeo de las mayorías”. En fin, haz lo que se te antoje.

No me salgas con que “Ya todo está dicho, pero como nadie recuerda hay que decirlo de nuevo”. O no salgas con que el deber de un articulista es hacer el artículo porque a la revolución todavía le falta tiempo de maduración.

Pero qué esfuerzo más desdichado el tuyo. En un descuido y sólo para fastidiarme, vas a proponer una encuesta sobre antipatías electorales y vas a poner a competir a Calderón con su gobierno. No son la misma cosa, entiende. Calderón, ‘haiga sido como haiga sido’, conquistó la Presidencia,a o se la quedó, y su gobierno se encontró con la mesa servida, las encuestas de postre y un grupo de fieles que siempre dirían que fuera de sus artículos comenzaban los peligros para México. Calderón corrió riesgos, su gobierno no. Y está la otra hipótesis, según la cual el Gobierno, por su condición misma, sufre más riesgos, y Calderón, por ser él solo y tener responsabilidades consigo mismo, está a salvo y sólo tiene enfrente el juicio de la historia. Pero no te aflijas, mejor proponte otras disyuntivas fatales: ¿La conmemoración del bicentenario se traducirá en más juegos de artificio que discursos sobre el padre Hidalgo? Si por una puerta entra Benito Juárez y por otra el emperador Maximiliano, ¿a quién saluda primero la buena sociedad? Esos son dilemas, aunque claro, a estas alturas todos interrogan por la supremacía en el desastre de Calderón o del gobierno de Calderón.

Ya no sabes qué hacer para terminar el artículo porque te rompí tu esquema de regaños al pasado, al presente y al porvenir, los tres malos alumnos en todo articulista. Imagino que en esta parte dirías: “Se ha derrochado muchísimo dinero en el IFE, mientras esa institución, que podría llamarse Instituto Fallido del Estado, regala millones a sus multados, y se tarda lo suficiente como para favorecer las mañas de Demetrio Sodi”. Sí, por allí ibas, te conozco como si fueras distinto a mí, y por eso me apresuro a elogiar tu derecho al lugar común. Todos tenemos nuestro archivo de lugares comunes; es el depósito de reflejos condicionados de la palabra que nos permite circular en sociedad sin riesgo. Sé que estás a punto de emitir una condena al Tribunal Electoral por su docilidad ante… ¿ante quién, ante Calderón o ante el gobierno de Calderón? Que no son lo mismo lo dicen las noticias. Así, por ejemplo, Calderón acusó al ateísmo del crecimiento de las adicciones, y sin embargo todavía no hay un edicto real en el que se aumente la pena de aquellos infractores de la ley que, además, no crean en Dios.

Perdona que quiera evitar tu jogging de lugares comunes; por eso ganan las imágenes, porque aunque se repitan no son tan repetitivas como los bloques verbales. Ya sé que el lugar común es un puente entre dos reflexiones malogradas. Y, otra vez, no me resuelves qué es más contradictorio y fallido: Calderón o el gobierno de Calderón. Si tienes una respuesta no se te olvide situarla en tu próximo artículo.
26 Julio 2009 04:00:37
¿Para eso querían el poder?
Al aprobarse la enseñanza laica, la derecha y la Iglesia católica deciden preservar una zona de exclusividad.

Un grupo de líderes del Partido Acción Nacional, a punto de celebrarse, o más bien dejarse de celebrar el bicentenario de la Independencia, descubre la autonomía. También ellos pueden ser independientes, también ellos pueden llamar a filas a su disidencia que, a pesar de ellos, existe. Y en este proceso lo que se transparenta es la ausencia de ideas, de un lado y de otro del conflicto, un desfile de carencias culturales e ideológicas que prueba lo que debería ser obvio: la educación de élite ha logrado deshacerse de su capacidad de enseñanza, por lo menos en lo relativo a su formación de líderes políticos.

Se han educado para concentrar el mando y no les ha ido tan mal, si se toma en cuenta que han dependido de todo menos de una formación rigurosa y de un entendimiento esencial del país y del mundo. ¡Oh dioses, oh fábulas del tiempo, oh indiscreciones de la historia! Una élite que en el momento de enojarse y sublevarse no encuentra a mano sino el habla partidaria del PRI y del PRD.

De estos dos partidos, también en ruinas en lo tocante a la articulación ideológica, el PRI ya en su mayoría proviene de esta forja de élites, a precio caro y bilingüe; el PRD en su mayoría aún proviene de la educación de masas, aunque los resultados en todos los casos, excepciones debidas, difamen a la enseñanza.

El proceso viene del siglo 19. Al aprobarse la enseñanza laica, la derecha y la Iglesia católica deciden preservar una zona de exclusividad: la educación de las élites, en la que necesariamente lo religioso ha de garantizar la unión del compromiso ideológico con las ventajas sociales. En este medio, la lealtad a los rituales, no a las convicciones, es también certificado de clase. Todos pueden ser creyentes pero sólo algunos reciben al mismo tiempo la fe y las garantías de pertenecer a la cumbre, con todo y pirámides de indulgencias.

A los liberales esto no les importa en demasía porque en la segunda mitad del siglo 19 lo urgente es el acceso a la alfabetización, de uso tan restringido hasta entonces. “Gobernar es poblar”, dice Alberdi en Argentina, y los liberales mexicanos podrían exclamar: “Educar es poblar”; porque, con expresiones distintas, están convencidos de algo esencial: el Estado tiene como punto de partida la construcción de la ética republicana. De allí la introducción a la Ley Orgánica de Instrucción Pública (2 de diciembre de 1867): “Considerando que difundir la ilustración en el pueblo es el medio más seguro y eficaz de moralizarlo y de establecer de una manera sólida la libertad y el respeto a la Constitución y a las leyes...”.

Entre 1860 (Leyes de Reforma) y 1867 (Ley Orgánica de Instrucción Pública) han pasado demasiadas cosas: guerras civiles, intervenciones extranjeras, debilitamiento y desprestigio del clero, “saltos mentales” en la población. Los liberales ya están al tanto: los pobres requieren de la instrucción primaria gratuita y obligatoria. En una investigación de primer orden, Nacionalismo y educación en México (Colmex, 1975), Josefina Vázquez señala los pasos del proceso: la incorporación de las niñas, la necesidad de estudiar las leyes fundamentales del país, la autonomía de la moral. “Era necesario —explica Josefina Vázquez— seguir el viejo consejo del doctor Mora de aprovechar la niñez para formar nuevos hombres. Había que arrancar la educación de las garras del clero y difundir ampliamente la enseñanza”.

Y Gabino Barreda, fundador de la Escuela de Estudios Preparatorios, sintetiza el proyecto: “No basta para uniformar esta conducta con que el gobierno expida leyes que lo exijan... para que la conducta práctica sea, en cuanto cabe, suficientemente armónica con las necesidades reales de la sociedad, es preciso que haya un fondo común de verdades de que todos partamos”.

Ese fondo común de verdades aprovecha la tradición (Roma no se deshizo en un día) y recurre a los nuevos conocimientos, a la sociología, a la filosofía. Se pone entre paréntesis a “las verdades reveladas” y se busca un corpus de verdades que vengan de la historia, la ciencia y la realidad (una selección de costumbres de la vida cotidiana).

A principios del siglo 20 la educación laica parece confinada a la Ciudad de México, y al estallar la Revolución se prodigan condenas de los insurrectos, se maldice a la Constitución de 1917 (en especial al artículo tercero), se declara a Plutarco Elías Calles el anticristo, y se prodigan mentiras, calumnias, necedades, tonterías. Y, de nuevo, las escuelas particulares son refugio del tradicionalismo.

En la sociedad, el clero busca el consenso en torno a un dogma: el que no es católico no es mexicano. Esto tiene más repercusiones de las previstas y, sin que se verbalice, acaba por creerse. La plena ciudadanía depende de la religión que públicamente se profese. La élite, todavía hasta 1967, juzga conveniente educarse en la UNAM, no confía en otros sistemas de conocimiento. Luego, el odio al radicalismo y la radicalización fortalecen los territorios a donde acuden los que, por clase y por sistema de poder, van a gobernar.

La crisis de valores tiene que ver en lo básico con el arrasamiento de los intereses colectivos en favor del individualismo más atroz. Ante eso no hay respuestas fáciles. ¿Qué lleva al estudiante de escuelas privadas o públicas a la adopción de valores “inaplicables” en la realidad? ¿Qué ofrece el ejercicio de la honradez y la honestidad en un medio regido por el capitalismo salvaje, y qué crédito darle al respeto por la naturaleza en medios guiados por la destrucción ecológica?
19 Julio 2009 04:00:03
Lo que se perdió para siempre
¿Cómo le hizo para ser la asesora cuya prosperidad terminó hace unos días?.

Te diré que cuando la conocí no daba un quinto por ella. Y la conocí desde hace mucho porque es mi hermana, y crecimos juntos, íbamos a las mismas escuelas, y por más que hice no pude ignorar sus limitaciones, las suficientes como para que sus novios me pidiesen siempre que los acompañase, para no quedarse a solas con ella y sus reflexiones. Así que me tomó de sorpresa saber del éxito de su empresa. Como que no me la creo todavía. Imagínate. Comenzó con un dinero que le prestó mi papá de su pensión (A riesgo de parecer parricida, te diré que no creo que la pensión de mi papá alcance para su forma de vida y sus carrazos y sus viajes. A menos que sea pensión de la Secretaría de Hacienda). Mi sister alquiló un despacho más bien modesto en el Centro Histórico, hazme favor, y allí esperó a los clientes que no llegaban. Y con razón. ¿Quién iba a ir al Centro a consultar su horóscopo político?

Hace seis meses, con la vista puesta en las elecciones de julio de 2009, mi hermana se mudó de look, contrató un modista exclusivo, y le dio otro sablazo a mi papá que, de nuevo, le prestó de su modesta pensión ya una cantidad maciza.

El resultado: despacho en Polanco, tecnología para dialogar con el siglo 22, muebles postmodernos, computadoras hasta en el elevador, lo que se te ocurra. Y con un cambio de giro: se olvidó del horóscopo político, y se concentró en la “arquitectura visual de los triunfadores”. Le dije: “Oye, no seas tan irresponsable. ¿Quién te contó que sabes algo de nada?”. Me miró feo y me respondió: “Tú métete en lo que te importa, que no yo no digo nada de que siempre duermes solo”. Hirió mi orgullo y le dejé de hablar. A ella qué fregados le importa si a mí no me da la gana ligar.

Mi mamá me ha ido contando luego del asunto. Miriam se inventó lo de “arquitecta visual de los triunfadores”, porque se dio cuenta, o alguien le informó, que los políticos, tan seguros que se ven, siempre traen en la mente su desempeño escolar y eso los tortura. Y requieren consejos, apoyo, estudios del perfil adecuado, selección del tinte para el cabello, renovación del lenguaje corporal (caminar como John Travolta en “Hair”), estilos de saludar (besar a la mamá como si llevara un niño a cuestas), manejo esbelto del frotadero de mejillas, lo habido y lo por haber. Y sin embargo, al principio Miriam tampoco la hizo, había demasiada competencia, necesitabas para persuadir del ceceo franquista, y te insisto, la oyes hablar y lo que menos le confías es el cuidado de tu osito Teddy.

¿Qué pasó entonces? ¿Cómo le hizo para ser la asesora cuya prosperidad terminó hace unos días? ¿En dónde encontró su mina de oro? En una cualidad que para mí era su peor defecto: es una boba irremediable, se ríe de todo, todo le hace gracia de veras, sin forzarse. Cuando éramos niños, mi papá dejó de contar chistes a la hora de la comida, porque mi sorella se reía tanto que a nadie le quedaban ganas de hablar. Un día fue a comer un cura bastante solemne y aburrido, que le decíamos el padre Letal, y contó una historia mortífera de un viaje suyo a Tierra Santa, y de cuando alquiló un borrico para revivir la experiencia del Maestro y entrar a Jerusalem aunque sin palmas. Mi hermana creyó que el relato era un chiste y se lo celebró a carcajadas. “¿Y quién iba encima?” le preguntó. El cura no volvió a la casa, mi mamá no le habló a Miriam durante un año, y nosotros tuvimos que soportar sus explicaciones: “En serio, creí que el padre Letal estaba echando relajo”.

Y le sirvió esa facilidad innata para localizar la gracia de los seres más pesados. Se dio cuenta de que si tomaba como inmensos chistoretes las frases de los políticos, éstos se sentían halagados y la seguían frecuentando. Y de pronto... ¡la inspiración! Que se modernizaran e hicieran del humor el eje de sus campañas. Que ensayaran con ella sus chistes para los programas de tele. ¡El exitazo! Lo que le dijeran, le pareció macanudo, destornillante, superduper. Los políticos, estremecidos por sus carcajadas, se fascinaban, memorizaba sus propios chistes y contrataban con su despacho. Y por supuesto, la llevaban a todas partes, porque si su risa no arrastra las demás, por lo menos el ruido sigue en el lugar del mitin ya cuando no hay nadie.

Debo aceptar el hecho: mi hermana inspiró la catástrofe de la actual campaña. Convenció a sus clientes derechistas de sus dones naturales para el humor y el chiste y los tuvo haciendo sketches, tomando clases con los políticos en retirada que ahora trabajan en fiestas infantiles, bailando, imitando artistas.

Y como les festejaba todo, los hipnotizaba y los persuadía a continuar por el rumbo de la Comunicación Corporal, Gestual y Humoral. Incluso los encuestólogos usaban risámetro para medir la popularidad. No lo dudo: ella sola es la mayor responsable del tono fúnebre de estos meses.

Hay que admitirlo: a casi ningún político Dios le otorgó la facultad de hacer reír voluntariamente, lo que en la campaña de 2009 se hizo ver con demasía. En el Cinturón del Rosario, el granero electoral de la derecha, las tácticas de mi sister fueron funestas. Persuadió a sus entenados de campaña a darle un toque alivianado al aspecto, y les mostró encuestas de otros países.

El resultado: el primer día de campaña, varios se presentaron en tanga, sin tener, por así decirlo, las disposiciones corporales objetivas (uno sí, pero estaba tan borracho porque quiso darse ánimos que salió al templete sin tanga, y ahí se le ausentaron las disposiciones objetivas). Y lo que sigue fue el acabose, mira que a estas alturas seguir con el numerito coreográfico de “Macarena”, nadie bailaba y uno de sus candidatos se resbaló, cayó fuera del templete y sigue con una fuerte conmoción cerebral. Ay Macarena.

Los priístas los alentaron para que siguieran ese camino fúnebre. Los perredistas ni se enteraron porque el líder, un tal Ortega, se empeñó en llevarse el partido enterito a su casa para que no lo fueran a despojar del mando.

Y en las zonas donde el conservadurismo había triunfado, no entendieron como se debilitaban las campañas de odio que eran su fuerte, a favor de exhibiciones de contramoda y de sesiones de Strippers por el Decoro. Bueno, mi hermana cobró un buen, y ya se verá en la siguiente campaña del 2012.
12 Julio 2009 04:00:42
“‘Peligro para México”
(De las divagaciones de un experto en mercadología que trabaja en el Partido Acción Nacional)

La primera vez que lo vi me impresionó. Traía su fama consigo, y eso los subalternos lo captan luego, luego. Él sonrió, lo que no tendría nada de particular salvo el hecho de que, según me dijeron, también tarifaba sus sonrisas. Bueno, apenas una semana en tierra de los aztecas y ya tenía a sus órdenes una operación gigantesca, hacer ganar a un hombre que no sobrenadaba en carisma, bueno, José María Aznar tampoco era un tablao flamenco y sin embargo ahí la llevaba bien hasta aquel día de marzo del atentado terrorista, pero, hombre, mi jefe se le había dicho: “Miente en abstracto y sólo cuando no te quede otra miente en concreto, que es allí donde te cachan”. Ay, Pepe, pues qué te dio por mentir tan en redondo, que fue ETA, que… Pero éste de aquí se ve más seriecito; me contaron que le recitaron chistes de Gila, de ese humor ibérico añejado, y no se rió y luego invitó a los presentes a una reunión en la que cantarían canciones del sur de Michoacán.

A mí me tocó ser parte de los encuestadores sobre las predilecciones del mexicano. Tuvimos muchas reuniones y al cabo obtuvimos una verdad de a kilo: mexicano es aquel que odia por razones de espacio en el Metro a otro nacional; mexicano es aquel dispuesto a jurar ante el juez que otro mexicano, en las noches, extrae la caja de cenizas de su hermano y le cuenta lo mal que le caía. Eso murmuró mi jefe; según, el Spin Doctor (dígale publicista), es información privilegiada, la campaña se basaría en lo mal que se caen los mexicanos entre sí.

Convocó a una reunión alucinante de grupos focales. El tema: “¿Cuál es la frase que más provocaría el odio, el recelo, la gana de arrojar a un tipo por la ventana?”. Hubo algunas interesantes: “Fulano es de los que le pegan a su mamacita el Viernes Santo./ Es un calumniador de la Selección Nacional, dice que va a ganar la Copa Mundial./ Es de los otros y cree que es de los nuestros”. Interesantes, pero no convincentes. Y mi jefe recordó una ya usada con alguna fortuna: “Un peligro para México… López Obrador, un peligro para México”. Sonrió, y anotó con rapidez la sonrisa en la lista de gastos de campaña.

El mánager de campaña (le puede decir el publicista) evocó aquellos días de 2006. ¡Qué bonito fue! Sonrió, pero se acordó de que ya las sonrisas no entran en gastos de campaña, y mantuvo el gesto adusto. Algunos idiotas se opusieron a la consigna en los periódicos, pero nuestros amigos, los intelectuales independientes y críticos, se les fueron encima alegando que violaban la libertad de expresión. Y hasta el final la frase siguió.

Acompañé luego a El Salvador al mago de la imagen (díganle mercadólogo), y lo vi hacer campaña por Arena, un partido al que se le pasa la mano de derechista.

Llegó muy confiado y, según me cuentan porque no estuve en esas reuniones, hizo su jamboree de grupos focales, con el gran tema: “¿Qué es lo que más odia un salvadoreño?”. ¡Qué curioso! Demasiados opinaron que lo que más odiaban era Arena. Ya se veía venir la catapulta. Y no tardó, ganaron los rojillos, y mi jefe se fue rapidito, a lo mejor para que no le pidieran que devolviera los anticipos.

Y ahora esto del 5 de julio. La campaña estaba bien pensadita. Con lujo de detalles y todavía más lujo de presupuesto. Había que encajonar al PRI, que era el rival; el PRD de Jesús Ortega es un chiste en expansión. Y como en el PRI son muchos y no se les podía aplicar lo de “un peligro para México”, porque además ya lo habían sido 71 años, era mejor una llave de lucha libre, la quebradora o la tapatía. Ya el cliente, no nos oponemos a que le llamen Presidente, había dicho que el que no estaba con su política de exterminio y militarización estaba a favor de la delincuencia, no lo dijo así exactamente pero cotejen las diferencias.

Entonces el David Copperfield de los mensajes subliminales (díganle rey de la reiteración) lanzó la campaña que ejecutó el jefe del PAN, don Germán Martínez, el que, en sus palabras, habla en superlativo mayestático: “Le pedimos que apriete las tuercas a la gobernadora, Amalia (García), no te rajes, porque el presidente Felipe Calderón no se raja y tienes que dar cuenta a los ciudadanos zacatecanos de lo que está haciendo en seguridad”. O en una de sus expresiones más benévolas: “Las acciones del Ejército y la Policía Federal no llevan consigna electoral… No se entiende que entre los priístas haya inquietud. Dicen que el que nada debe nada teme”.

Así que con Calderón o con El Chapo. Admítase que la disyuntiva era un peligro para México. Y mi jefe, el repartidor de odios (dígasele mercadólogo), estaba muy satisfecho. Esto mejoraba la despejización de México, obligaba a los priístas a apoyar a Calderón incluso con el voto, o fugarse cerquita de las Islas Caimán. Lo que esperábamos luego de las primeras intimidaciones era una rendición masiva, los priístas en las plazas tirando sus esclavas de oro y asegurando que jamás pensarían en arriesgar el patrimonio moral de sus hijos… Y nada, más bien se enojaron y pusieron en su sitio al jefe nato del PAN. A ellos, insistieron, nadie les iba a decir que eran delincuentes. No llegaron al extremo de pedir un cotejo de cuentas de banco porque allí todos perdían.

¿Qué se hace en esos casos? Mi jefe, A.S., sonrió y murmuró: “Están perdidos, cayeron en mi trampa” (yo no lo oí pero las paredes vuelan). Y esperamos el resultado, qué golpazo, qué manera de eludir responsabilidades, qué desprecio por las trampas semióticas, qué ignorancia. Han sido días de pesadumbre, pero qué se le va a hacer. Mi jefe no piensa renunciar, si no lo hace el difunto político de Jesús Ortega, por qué él que es mexicano recientito. Ya veremos.
28 Junio 2009 04:02:07
Tristísimo panteón, yo te saludo
Ofrezco una lista sumaria de algunas instituciones y parainstituciones enviadas al Diablo en estos días

En unos cuantos meses, varias instituciones nacionales se han ido al Diablo, enviadas a tan distante o cercano lugar por sectores amplísimos de la ciudadanía e incluso de la preciudadanía (los niños también no votan). La profecía autocumplida: tanto decir que nadie cree en nada y resulta que los encargados de la convocatoria de la fe son los más escépticos: “La gente ya se cansó de que le vean la cara y no soporta un minuto más su resignación”. Donde dice gente debe decir yo mero.

Como el tema es inevitable, ofrezco una lista sumaria de algunas instituciones y parainstituciones enviadas al Diablo en estos días:

La transición democrática
¡Cuánta sabiduría desperdiciada! ¡Cuánta sagacidad politológica que se desvanece en las brumas de mesas redondas, coloquios, simposios, paneles televisivos, artículos, sesudos ensayos de extensión que prospera al ritmo de las alegrías teóricas! Hacia allá vamos, se dijo durante décadas, hacia la democracia que definida con celeridad, quería decir el nuevo tiempo histórico, o la nueva perspicacia social, o la relación directa entre confianza y conteo de votos. Y se tomaban como signos de esperanza el que un candidato del PRI ganara sólo con 70% de los votos, o que alguien se insolentara con el alcalde. Eso, al principio, luego la crítica fue lo más común, así no fuera lo más atendido, el PRI perdía en algunos lados, la oposición ya no se sentía tan excluida y…

Hacia allá, hacia la Transición, se iba entre el río de ponencias y de artículos que alegaban lo mismo pero con cifras renovadas: “El 34% de los encuestados estuvo de acuerdo: si Pericles viviera con nosotros estuviera”. En un momento dado, se creyó en lo definitivo del avance; sacaremos a este buey de Los Pinos, gritó Vicente Fox, que fue presidente, hecho fatídico que se recuerda para que al país no le dé por envanecerse, y en el 2000 se volvió sonido triunfal el rumor de las tesis, las ponencias, los debates. Eso mientras la derecha analfabetizó las cimas del poder: donde dice “teoría del Estado” debe decir “¿Y yo por qué?”.

Nueve años después, el tumulto incesante de papers ya no vierte su lucidez en el análisis de la Transición, sino en variantes del desencanto: la transición a la regresión, el salto hacia atrás para algún día tomar vuelo, y me perdonas que interrumpa este diálogo pero aún no termino mi ponencia sobre “Desánimo y frustración a la hora de la crisis”.

Los partidos políticos
Un régimen de partidos. En la marejada de renuncias firmadas al candor, vayan o no en dirección al voto nulo, el régimen de partidos se deteriora o fragmenta. ¿Quién le cree a un sistema que hizo a un lado la ideología para que nada más cupiera la mercadotecnia? En lo que va de la campaña de 2009 las ideas y los proyectos de nación del PRI, del PAN, del PRD y del Verde Ecologista, estos últimos promotores de la pena máxima al presupuesto de la nación, no han hablado ni por llenar el tiempo de algo parecido a problemas y soluciones. Todo se ha ido en consignas: “México, creo en ti porque me tienes de candidato/ Fulano, te llevarás a la tumba mis promesas/ Vota por el partido que mejor represente los intereses de la religión de tu infancia, de la verdadera religión, el partido que resguarda la vida de la criatura desde el día en que los padres se conocieron hasta la impartición de los santos óleos”.

Hágase historia: el sistema de partidos se desenvolvió mal, pero sin demasiados escándalos hasta la irrupción del narcotráfico, la megaindustria que reinventa el pecado original. Y con el narcotráfico vino la Sospecha, el equivalente actual del pecado mortal: “Se dice que el narco le pagó su campaña/ La gente sospecha del alcalde porque no se le conocen nexos con el narco. ¿Con quién o en qué estará metido?/ Esa casota no la hizo con su sueldo de inspector de aduanas. Me sospecho otra cosa/ ¿No se te hace sospechoso ese mall siempre vacío y los dueños de los negocios tan prósperos?”.

La Sospecha es la más canallesca de las generalizaciones, y en esta época es también la más ubicua. El que sospecha se siente a salvo porque su actitud es una “declaración de bienes”: sospecho y este recelo me salva. Pero la Sospecha alcanzó a las campañas electorales y a las administraciones y a las instituciones y a la riqueza misma, esa que antes venía del cielo, precedida de la bendición de los clérigos. Y la Sospecha sitúa a los partidos como el archivo probable del sospechosismo (gracias, senador Creel, por esa contribución lingüística). Sospecha, sospecha, que algo queda.

La ineficacia probada
Y aun sin la sensación de que el delito es el oxígeno alterno de la República, ¿quién niega la profundidad del desencanto? Lo mínimo que se le pedía a los gobernantes era la eficacia institucional, pero, oh, CEO del Averno, los encargados de guiar a la nación en sus distintos niveles ni son eficaces ni resultan confiables. De Buenas Familias sí, algunos, si por Buenas Familias se entiende las que llevan haciendo negocios con el gobierno desde hace más de 30 años; de posgrado en ristre bastantes, y con el conocimiento suficiente como para que la vanidad no desplace a la soberbia; de vida social cuantiosa, sin duda alguna, en dónde más podrían comentar la grandeza con que salvan a la patria, ese concepto tan envejecido.

Todo esto sí, pero eficaces pues francamente no. No se trata de que ignoren la historia, la cultura y las necesidades del país, es que han invertido toda su sabiduría en el aspecto, los gestos, el amor por el currículum, el desprecio por el populismo (no les pidan que lo definan), y a fin de cuentas se han quedado enfurecidos cada que deben aclarar un asunto.

For God’s sake, no se puede aceptar al mismo tiempo el puesto y las responsabilidades. Gimme a break.
14 Junio 2009 03:00:21
“¿De quién fue la culpa? No quiero saberlo”
No hay ni, por lo visto, puede haber culpables en la tragedia de la guardería ABC en Hermosillo, si acaso el azar y su informalidad devastadora porque la ciudad carece de responsables de lo que sea, y porque las guarderías son territorio del accidente. Algunos discreparán, pero la PGR, el IMSS, el GDS (Gobierno de Sonora) y otras siglas intachables ya lo han dicho. La PGR, por ejemplo, asegura: “Podrían configurarse delitos culposos, pero nadie irá a la cárcel por el caso de la guardería. El incendio no fue intencional; si hay delito se alcanzaría fianza”. El secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, arriesga toda su lucidez: “Deseo de corazón que no haya accidentes en estancias de Sedesol”. Se supone que acto seguido nombró a su corazón Comité de Vigilancia.

No hay culpables sino héroes declarativos, del equipo de salvación de la humanidad, hay funcionarios de buen corazón que acuden al lugar devastado y dan el pésame, y miran a las dos madres que dejaron entrar y les extienden su compasión como cubriéndolas con todas las devociones. El funcionario otorga el pésame, con copias a los medios y dos para el Archivo de Qué Mala Onda (los damnificados cambian un pésame del alto funcionario por 100 de sus vecinos), y el encumbrado político otorga dos o tres abrazos breves pero suntuosos y reparte condolencias y no se preocupa si no se las devuelven; son condolencias con las que pueden quedarse los interesados.

No hay culpables. El funcionario lo dice con pesadumbre: “Si quieren un consuelo adicional, búsquenlo en la religión, mis ayudantes les darán domicilios o correos electrónicos de los templos más próximos, y aguarden los favores del Seguro que vienen envueltos de buena voluntad, son a su modo graffitis en las paredes del alma, los últimos muros desocupados sobre la Tierra”.

(A propósito de condolencias, recuerde, señora, señor, no se les olvide, jóvenes, el antiguo presidente Vicente Fox, tesorero del voto útil, que en ocasión de la tragedia de Pasta de Conchos dijo a un grupo de madres de familia, es de suponer de familia aprobada por Dios o el partido en el gobierno, algo conmovedor: “El gobierno a mi encargo las quiere mucho por su sencillez y les comunica su pena por la muerte de sus deudos”. Eso dijo porque es de sabios no recordar el lugar donde dejaron su opinión: “Les comunica su pena por la muerte de sus deudos”. Muy bien, don Vicente; desde entonces los deudos son los muertos, tal vez porque se quedaron esperando a enterarse de la suerte de sus desaparecidos.)

No hay culpables en la tragedia de Hermosillo. ¿Podrían existir? El IMSS no lo es, desde luego; es institución y la culpa es de los hombres, y ahora también de las mujeres. La subrogación tampoco porque es iniciativa de funcionarios para nada adeptos al error, que han visto en las guarderías subrogadas la devolución del cuidado de la tierna infancia a los que sí saben hacerlo, los funcionarios.

Ya el director del IMSS habló de los 50 millones de pesos que el gobierno tiene destinados para los niños de aquí a que fallezcan a la edad en que eso acontezca. De veras que no merecemos, me corrijo, de veras que no merecen estos niños tanta misericordia, sobre todo porque no habiendo culpables, el gobierno asume una culpa que no es suya y que no existe, para acabar con la maledicencia de los que no están de acuerdo con la infalibilidad de las decisiones gubernamentales.

No hay culpables. El presidente Calderón confía en las guarderías subrogadas: “Son excelentes opciones y no cuestan carretadas al Estado. Casas particulares o cocheras son adaptadas para brindar atención. Los padres de familia pueden estar tranquilos con ese servicio”. También se enorgullece de “la sociedad subrogada” y de “las elecciones subrogadas”, ya encargadas por contrato a los partidos, que dado el nivel de su inteligencia podrían también subrogar neuronas. Y por eso culpar a contratistas subrogadores por su rapacidad es tanto como demandar a Caín por la falta de documentos de adquisición y venta de la quijada de burro y eso sí que no.

No hay culpables. México requiere un Estado débil y un empresariado vigoroso, al que tonifica a diario la agonía del Estado débil. Por eso dan lástima las campañas de odio, los populistas que exigen el fin de las guarderías subrogadas; sí, cómo no, y con qué otra van a salir, con que ya no quieren una nación subrogada, con que dudan de la omnipotencia del salvador de la humanidad: la crisis nos ha hecho los mandados; la economía, oigan a Carstens, sigue un rumbo seguro, el de la eternidad a corto plazo, la más productiva o rentable, la eternidad a largo plazo no está a la alza en el mercado cambiario.

No hay culpables ni favorecidos ni empresarios voraces ni políticos que se casan para ser felices y para que sus mujeres los representen en los negocios. A una familia la pueden llevar al éxtasis financiero sus relaciones consanguíneas, pero oponerse a las ayudas entre parientes es como si se quisiera talar todos los árboles genealógicos disponibles, quedan tan pocos que sería un ecocidio oponerse a las ayudas entre familias.

No hay culpables. Hay fuerzas malignas que acusan al Subrogato de la República; quizá no han oído este término, pero es porque nadie ha querido subrogarlos, dense cuenta de su nulo sitio en la sociedad, ni siquiera necesitan el nulo voto, basta con que nadie los subrogue. ¡La República ha muerto, viva el Subrogato!

No hay culpables. El titular de Sedesol, que algo debe saber de algo, o no sabría nada y seguiría siendo secretario de Estado sin saber lo que dice, con lo cual estaría a punto de no decir para poner de relieve que lo que no sabe es lo que estuvo a punto de intuir, y que se me perdone este viaje por las suposiciones porque quise ayudarlo con la esperanza de que algún día sepa algo…

Declara muy ufano: “Las guarderías subrogadas son más seguras que los lugares de origen de los niños”. ¿Podría demostrar este prócer de los trabajos de campo que esos niños viven en un campo de batalla en Afganistán, o que los llevan periódicamente a Atenco durante las demostraciones de fuerza de los peleadores de Peña Nieto? ¿O podría decirnos por qué está tan seguro de que nadie lee sus declaraciones? ¿O lo que dice no tiene que ver con lo que piensa, porque lo que piensa nunca llega a tiempo de enterarse de lo que dice?
24 Mayo 2009 04:00:31
Diles que no se fuguen
Un penal en Zacatecas. A una hora determinada llega una caravana automovilística con 80 zopilotes bien armados y un helicóptero de sacristán. Sin disparar un solo tiro se adueñan del reclusorio, pasan lista, eligen a 53 internos y, sin siquiera decir “con permisito”, se los llevan. En el penal, por decir algo, le adjudican a los del gran escape la pertenencia al grupo de Los Zetas. El SWAT gangsteril no se ufana de su proeza o, por lo menos, no hace declaraciones triunfalistas a los medios. Mientras, los gobiernos federal y zacatecano viven un bochorno mitigado por su colosal indiferencia.

¿Qué sucedió realmente? Aquí van algunas hipótesis, todas verificables.

I. El agobio de la sobrepoblación
—Como todos, este penal está sobrepoblado. En cada celda hay un montonal y dentro del montonal se esconde otra pandilla. A estas alturas ya es abrumador el “Delinquid y multiplicaos”; se trata de empresarios muy piadosos o de los inquilinos de los penales, porque por más costumbre que se tenga de vivir entre demasiados, siempre flotan en la memoria los restos de la costumbre de la intimidad. “Éramos muchos y robó la abuela”. Cómo de que no. En las cárceles uno se sabe de memoria los ritmos fisiológicos ajenos; no entro en detalles pero no son secreto: he sabido de unos presos que ya se entrenan para roncar a dúo, graban su ruiderío nocturno y lo estudian para compaginar sus estrépitos.

Como te digo, lo de la sobrepoblación es terrible, y como a la mayoría la detuvieron por delitos contra la salud, se reproducen los enfrentamientos de los cárteles y los pleitos por los puntos de venta del narcomenudeo… y todo esto se debe al titipuchal; esa es la bronca principal, ese sobrecupo que obliga en las celdas a turnarse el uso de los colchones. Hay asesinatos porque a los más encanallecidos no les gusta dormir de pie tres días a la semana. Y así va la onda: cada preso quiere sus ratos de paz y aislamiento; lo más duro de la prisión es la ausencia del monólogo interior, les urge reconciliarse con Dios, no sabes cuánto. ¡Qué friega nunca estar solo! La cárcel es el peor lugar de todos, porque a la semana ya te enteraste a fondo de la triste historia de todos los reclusos y sabes que vas a seguir oyendo ese drama y que, de hecho, también perteneces a sus familiares. “¿Por qué no había venido Lupita? No me diga que también la apañaron”. De allí que se note más felicidad que envidia cuando alguien cumple su sentencia. Uno menos…

Por eso, Los Zetas o Los Equis le exigieron a su dirección colegiada que los sacara de allí. Vivir todo el día apretujados con cuatro o cinco tipos que, además de todo, adoran a su familia es algo pavoroso. Ese es el motivo de la huida, para no repartir sus cuitas y sus pensamientos entre los compañeros de celda.

II. Los condenados injustamente
—Fíjese nomás, señor. ¿Cómo no se iban a desesperar y buscar la salida esos reclusos? Día a día se enteraban, y con gran detalle, de los motivos del encarcelamiento de sus compañeros en desgracia, y día a día se cercioraban de las injusticias monstruosas del Sistema (así le dicen). Estaban en chirona (¡qué bonita expresión aunque ya nadie la use!) los pobres que no pueden pagar ni abogados defensores ni nada, y lo más que habían hecho era robarse un reloj despertador o una foto original de Edward Weston, nada que valga la pena en realidad. Eso mientras los grandes ladrones, los del Fobaproa, por ejemplo, duermen en sus casotas y con su obispo de cabecera. A muchos de los presos los encontraron junto al cuerpo del delito, pero no estaban sus huellas en el arma homicida o en el cuello tan severamente estrujado. Y de los presos por deudas o por fraude, la mayoría son inocentes o cómplices muy menores, y de eso los prófugos no se enteraron porque sí, que es el método habitual de conocimiento en la cárcel, sino por las confesiones de medianoche y los informes de las familias. Todos inocentes, y los casi únicos que se sentían y se declaraban culpables eran los 53 escapados, que sufrían al ver las desdichas de los incapaces de cometer delito alguno.

¿Cómo ve? Necesitaban largarse para que no se burlaran de su condición de culpables únicos en el mar de la pureza.

III. Los hartos de convivir con el pecado
¿Que por qué no se quedaron a cumplir esforzadamente con su sentencia en Zacatecas? ¿Que por qué defraudaron las esperanzas de cumplimiento de justicia de los jueces que los sentenciaron a muchísimos años en el tambo? ¿Que por qué eligieron la salida colectiva y desdeñaron a la individual?

Según cuentan, y créanme que no es broma, la causa de la estampida fue la búsqueda de la virtud, y lo digo en serio que es el único lenguaje de las fábulas. Estos 53 prófugos hablaron con sus jefes que, conmovidos, les enviaron 80 de sus correligionarios y un helicóptero como testigo de honor, porque su conciencia ya no soportaba la atmósfera de las prisiones; ya saben: bebida, drogas, habla profana, malos tratos, sexualidad que disuelve en orgasmos las tensiones, visitas conyugales con sólo uno de los cónyuges (esto, para renovar el prestigio del vicio solitario). ¿Quién soporta tanta perversidad? Desde luego, ninguno de los 53 que decidieron largarse para tranquilizar su conciencia según la cual una cosa es la delincuencia y muy otra la inmoralidad...
Ustedes dicen si les creen.

IV. Por causas correspondientes a su voluntad
Lo más común entre los presos es atribuirle su permanencia en la prisión a “causas ajenas a mi voluntad”. A nadie que no sea un homeless requerido de lecho y techo le interesa la cárcel, siempre ajena a la voluntad de los ansiosos de libertad. Por eso, los 53 evadidos aceptaron la salida simplemente por la gana de decir: “Me fui por causas que sí tienen que ver con mi voluntad, aunque la decisión la hayan tomado los jefes luego de asistir a un simposio sobre seguridad en las prisiones… Eso fue un empoderamiento insolente, un empoderamiento del hartazgo, y este fue el razonamiento: “¿Cómo que mi vida es una causa judicial ajena a mi voluntad? No, ni madres, la voluntad no me puede ser ajena porque entonces ya sería una réplica de la historia del pueblo de México”.
10 Mayo 2009 04:00:28
La versión correcta del escándalo
Lancemos, por decir algo, una hipótesis. Se publica un libro de escándalo que denuncia malos manejos, aceptaciones de sobornos, organizaciones de complots contra un candidato presidencial, escenas de fraternización entre un ex presidente de la República y una dirigente de la izquierda democrática, en fin, lo que ustedes imaginen y gusten.

El libro, perniciosamente, provoca comentarios, satura las líneas telefónicas, distrae del ocio a los políticos, se vuelve un tema inevitable porque no hay mayor dolor, lo dijo Dante, que no tener nada de qué escandalizarse. Y los medios, la mayoría de ellos al menos, se lanzan a preguntar a los involucrados en el libelo: “¿Usted qué opina de lo que dicen de usted? ¿Está de acuerdo en la descripción? Si naciera de nuevo, ¿volvería a juntarse con el autor de ese diabólico panfleto?”.

¡Qué cosa tan triste! En la hora de madurez de la República hay quienes aportan confusión, calumnias, dolo. Por eso, he acudido con varios de los atrozmente mencionados para obtener la versión fidedigna de lo ocurrido. Las versiones difieren, desde luego, pero para mí tienen algo de lo que, en abundancia, sólo goza el régimen actual: credibilidad. A continuación, algunas escenas de lo que sí tuvo lugar:

Un altísimo funcionario del estado de México
—¿Que si conocí a ese sujeto? Oigan, señores, ¿por quién me toman? Por supuesto que no, y tampoco, desde luego, nunca le entregué dinero a cuenta de unos videos que un señor me pidió le diera a su nombre… ¡Por favor! Jamás lo haría, yo soy de una pieza y muy bien amueblada, soy congruente con mis ideales que me han llevado hasta aquí, hasta la más alta magistratura (pero de aquí) y que me llevarán hasta allá, si no en 2012 sí en el año siguiente a 2011. Y con todo ese porvenir que me sigue dócilmente, ¿voy a dar dinero o excusas a un delincuente?
¿Por quién me toman? Bueno, pasemos a lo importante: en abril de 2013 presentaré al Congreso mi plan para pavimentar las presas de riego… ¿Que las presas no se pavimentan? Yo jamás diría eso, debe ser otra intriga del difamador ése en su libro.

Escena en casa de un ex jefe nato de las instituciones. Presentes: el autor de las calumnias, el patriota incomprendido fuera del periodo 1988-1994 y la ex dirigente. Doy fe: lo que viene a continuación es lo que pasó, la neta.

Ex presidente: ¡Ah, chispiajo! ¿Y qué es lo que traen con tanto sigilo?

Autor del libelo: Es un refrigerador y allí están los videos.

Ex Prez: ¿Y qué contienen esos videos?

Autor: Son grabaciones de las agonías de personajes de la historia de México: Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Benito Juárez, Porfirio Díaz, Venustiano Carranza. Allí hablan de su pasión por México y cuentan lo que van a hacer después de muertos.

Ex Prez: ¡Ah, qué interesante! ¿Algo como mi programa de Solidaridad? Recuerden: “Repartimos 434 camas en seis años y rifamos departamentos para ubicar al menos tres de ellas”.

Dirigente de la hoz y el sablazo: Licenciado, usted se las sabe de todas todas y además algunas. Dígame, ¿cómo le hizo para mantenerse tan bien en su sexenio luego de la victoria transparente y legal de 1988?

Ex Prez: ¡Qué buena pregunta! ¿Estás cómoda? ¿No quieres que te preste la Silla que usaba en Palacio Nacional?

Dirigente: ¿A poco se la trajo? ¿Y a pie?

Ex Prez: ¡Qué buen humor!
Dirigente: Es el humor de las mujeres incorruptibles en la política, es el humor que va a tono con la dignidad de las fuerzas progresistas, es el humor autorizado en la asamblea 14 mil 244 de mi partido, un humor que denuncia las injusticias laborales en Wal-Mart.

Ex Prez: No hagas publicidad que están grabando y me van a multar. Déjenme ver los videos… ¡Ah, caray! A Guerrero lo van a fusilar y sin embargo se da tiempo para despedirse de mí y felicitarme por mi sexenio. ¡Caramba! Me interesa. Y aquí está don Porfirio haciendo jogging en París. ¡Qué bien se ve no obstante la silla de ruedas! Este material me cuadra. ¿Cuánto quieren por él?

Autor: Señor, nosotros no somos mercaderes. El material se lo regalamos, pero el refrigerador cuesta 430 millones.

Ex Prez: ¡Caramba! Ustedes sí son patriotas… ¿Quieren probar las delicias de mi cava? Aquí tengo esta botella de sidra comprada en una barata de Ciudad Neza.

Dirigente: Licenciado, usted fue un gran gobernante de la burguesía parásita, como decía yo de niña, y por eso me atrevo a hacerle una pregunta: ¿qué se siente cuando a uno le ciñen por vez primera la banda presidencial?

Ex Prez: La emoción no cabe en las palabras, así que voy a rentar un departamento para que quepa.

Dirigente: ¿Ya ve la diferencia entre el humor ramplón de la burguesía y el mío fresquecito y regocijante?

Ex Prez: ¡Ah, chispiajo! Tú siempre haciendo que se rectifique el rumbo de la República. ¿No quieres probarte la banda presidencial?

Dirigente: No, licenciado, porque a mí desde niña me enseñaron el valor de los símbolos, y nadie ni usted me va a despojar de ese patrimonio.

Ex Prez: ¿De cuál patrimonio?
Dirigente: De haber sido niña… Pero recapitulo y le afirmo: este autor que me acompaña piensa traicionarnos y por eso le pido me traiga un ejemplar de la Constitución para que jure sobre ella (el Ex Prez va por la Constitución).

Dirigente y Ex Prez: ¡Jura que nunca serás desleal!
Autor: ¡Lo juro!... Cae un rayo, lo reduce a cenizas, y los sobrevivientes se van a leer la obra completa de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Escritor
26 Abril 2009 04:00:43
¿Qué se fizo de la provincia?
El Ejército patrulla las calles de las ciudades afligidas por el narcotráfico de aquí a 2013 (información de Sedena); las atrocidades de los narcos son el tema recurrente en las conversaciones y los pavores aquietados a fuerza del sueño de la huida; abundan los relatos de muertos y prófugos en cada región; las economías “sospechosas” son el tema de habladurías y de admiraciones no muy marginales; se comenta de varias maneras el fin de la tranquilidad que había durado demasiado para ser cierta.

El narcotráfico rehace con violencia la imagen interna y externa del país y modifica una visión histórica de la provincia.

Por más de un siglo se vivió la creencia que aún no se disipa: en México sólo hay dos regiones. La capital y la provincia. La capital concentra los poderes, las zonas de expresión libre (relativamente), los estímulos, las interpretaciones “planetarias”; a la provincia le toca el otro catálogo: la significación que se le quiere conceder a la insignificancia, las revueltas, la indefensión ante los desastres naturales, la represión moral, las migraciones de la gente valiosa, los éxitos mínimos y el catálogo de la violencia, que es en lo básico las impunidades otorgadas por los intereses creados al machismo primitivo. Según la visión arrogante del centralismo, a la provincia, término forzosamente peyorativo, la han distinguido la historia lineal, la historia que lleva el nombre y el apellido de los hombres fuertes, la historia de las manías circulares del tedio. Y el regionalismo (cualquier regionalismo) ha sido por antonomasia lo insuficiente, lo mezquino, lo payo. Regionalismo y localismo son las categorías opuestas por principio a lo nacional.

Una descripción precisa de lo que antes del despegue de la violencia se entiende en América Latina (y en el mundo) por vida provinciana, la da en un gran texto el poeta puertorriqueño Luis Palés Matos:

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo donde mi pobre gente se morirá de nada! Aquel viejo notario que se pasa los días en su mínima y lenta preocupación de rata; este alcalde adiposo de grande abdomen vacuo chapoteando en su vida tal como en una salsa; aquel comercio lento, igual, de hace 10 siglos; estas cabras que triscan el resol de la plaza; algún mendigo, algún caballo que atraviesa tiñoso, gris y flaco, por estas calles anchas; la fría y atrofiante modorra del domingo jugando en los casinos con billar y barajas; todo, todo el rebaño tedioso de estas vidas en este pueblo viejo donde no ocurre nada, todo esto se muere, se cae, se desmorona, a fuerza de ser cómodo y de estar a sus anchas.

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo! Sobre estas almas simples, desata algún canalla que contra el agua muerta de sus vidas arroje la piedra redentora de una insólita hazaña...

Algún ladrón que asalte ese banco en la noche, algún Don Juan que viole esa doncella casta, algún tahúr de oficio que se meta en el pueblo y revuelva estas gentes honorables y mansas.

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo donde mi pobre gente se morirá de nada!

Es abrumador el costo político, cultural, sicológico, del prejuicio que, por casi dos siglos, a “la provincia” le depara “la minoría de edad”. El centralismo se constituye también por lo que no sucede en las regiones: los desarrollos culturales que no se dan, las liberaciones que no se producen, el rechazo del caciquismo y la intolerancia que no prospera. El camino a la integración nacional ha pasado por el desprecio a regiones y pueblos, y por una certidumbre sardónica: el atraso es la realidad cultural y sicológica que “le va” a lo alejado del centro. Se santificó el juego de los opuestos: civilización y barbarie, capital y provincia, cultura y aislamiento. Hombres fuertes, comunidades débiles. Intelectual que se quede en el terruño, intelectual que desaparece.

En las batallas políticas entre el centro y los grupos regionales, invariablemente gana el centro, aun si a la depresión económica le siguen de tarde en tarde concesiones políticas. En 1929, la conformación del Partido Nacional Revolucionario, con su unificación de facciones, es un homenaje a la gloria del centralismo y a la pequeñez comparativa de las regiones.

En el periodo de la primera domesticación institucional del país (1940-1970), los gobernadores suelen cifrar su mérito en el desconocimiento de la entidad que dirigen, y hay diputados y senadores que son, en el mejor de los casos, embajadores ocasionales del centro. En este panorama, el regionalismo deviene estrategia de las compensaciones: las identidades locales son guías candorosas en el laberinto de la postergación.

A lo regional le tocan el arrasamiento del equilibrio ecológico, el saqueo de materias primas, la carencia de autonomía política, la endeblez o la inexistencia de oportunidades culturales, la inserción desventajosa en la economía nacional. A principios del siglo XX, varias ciudades tienen grupos culturales importantes, si no comparables a los de la capital sí, por lo menos, con actividad sistemática. Ya en 1960 la capital lo retiene todo, y en 1983, por dar un ejemplo básico, sólo en 12 de las capitales de los estados hay bibliotecas públicas en algo dignas de ese nombre.

Es muy diversificada la operación que despoja a la provincia de posibilidades de crecimiento proporcional y de trato justo. El centralismo despolitiza a fondo, expulsa a los ciudadanos de la esfera pública, desinforma para secuestrar las interpretaciones críticas. Para esto se sirve del control rígido en radio y televisión, y de ese periodismo al servicio del ocultamiento y la perversión de la noticia, aún hoy activísimo.
19 Abril 2009 04:10:51
El “boom” de los nazarenos
Por Carlos Monsiváis
Escritor
Agencia El Universal



El pasado Viernes Santo (10 de abril de 2009) se desbordó en el país y en América Latina un fenómeno casi antiguo, las escenificaciones del Calvario, con los protagonistas básicos: los muchísimos que, por un número variado de razones, emprenden la imitación de Cristo en la cruz (el lema podría ser: “El que no fuere varón de dolores, experimentado en quebrantos, no entrará al reino de los cielos”).

Lo más estrepitoso, quien les compite, es la representación en Iztapalapa: 2 millones de asistentes, según la policía del DF. Allí se precipitó un alud de nazarenos, creyentes, curiosos, fuerzas de seguridad, sociólogos en ciernes (sinónimo de maestros de sociología), sicólogos sociales (sinónimo en esta ocasión de coleccionistas de pistas que desembocan en el punto de partida), periodistas, cronistas con iPod, actores que ensayan las posturas salomónicas del inevitable Poncio Pilatos (“¿A qué mitad del niño queréis que suelte?”) y los gestos del centurión que le corta la oreja a Pedro (¿O fue la nariz? ¿O habrá sido la mano? ¡Consulta Google, Enrique! ¿Qué le cortó el centurión a San Pedro?”).

¿Cuál es el mensaje de tantos “crucificados”, de tantos amarrados sin rigor a maderos, de tantos intérpretes que ante las cámaras fotográficas improvisan el dolor y se abisman en la incomodidad? La reflexión de los nazarenos, esos émulos del Hijo del Hombre, podría ser la siguiente: “Nuestros sufrimientos son el único grupo de presión de que disponemos, nosotros nos movilizamos política o moralmente al extender los brazos y juntar las piernas, y quedar así durante unas cuantas horas. ¿Por qué lo hacemos? Por lo obvio, queremos llamar la atención y ya se sabe: para ser protagónico en estos días hay nomás dos rutinas: ganar méritos con Dios o vacacionar con estilo, y nosotros los nazarenos hemos elegido la tercera vía: hacerla en los atrios, las calles, las plazas, las prisiones. Dénse un quemón con nuestros padecimientos, mirones”.

(El Viernes Santo se registraron en el estado de México 289 representaciones de la muerte de Cristo y 226 representaciones religiosas.)

* * *

Obsérvese algo del flujo de la Pasión: 18 profesores de la CNTE en Morelia se crucifican ante el Palacio de Gobierno para exigirle lo retenido desde hace seis meses: el pago de los salarios de 5 mil maestros. Algunos de los disidentes, como Antonio Ortiz Hernández, dirigente estatal de la CNTE, se extraen sangre que usan para atacar al gobierno y al SNTE de Elba Esther Gordillo.

A las dos de la tarde los profesores, cerca de la entrada de Catedral, instalan las cruces. Afirmó Ortiz Hurtado: “Estamos valorando otras medidas, porque se tiene que tener conciencia de lo que implica no tener salario por más de seis meses. La nuestra es un protesta pacífica como lo hizo Cristo en su tiempo o Gandhi”.

Luego discuten con los representantes del arzobispado de Morelia, que piden el retiro de las cruces que obstaculizan las ceremonias religiosas. Los profesores aceptan la solicitud y al concluir la Procesión del Silencio reanudan su sembradío de cruces (En La Jornada, 11 de abril de 2009, nota de Ernesto Martínez Elorriaga).

* * *

En Iztapalapa (edición 186), la figura de Cristo es legión. Con las cruces sobre los hombros que los han distinguido siempre de los fariseos, los centuriones, los saduceos y los meros policías de los ocho barrios, los nazarenos hacen suya la atroz penitencia del Mesías para que ya nadie les eche en cara que son creyentes desmemoriados como la mayoría de los mexicanos, ya desentendidos del significado de los días en que se fundó el Vaticano. No, eso a los seguidores del Viernes Santo no les pasa, ellos sí lo recuerdan con detalle porque Iztapalapa es la nación de la memoria devocional, y cada familia contiene y ha contenido representantes de los gremios y las clases sociales y litúrgicas de Jerusalén, tales como los nazarenos, los ponciopilatos, los judíos en calidad de testigos, los cristos, los ladrones buenos y malos, los soldados romanos…

Aquí lo importante es la relación de cada persona con la cruz: cargarla es asumir que la fe es un esfuerzo físico, la fe que no fatiga ya es igualita a la indiferencia.

* * *

La cruz, lo expresó muy bien Tomás Méndez, no pesa; lo que cala son los filos. Y en Tijuana, los migrantes expulsados de Estados Unidos comparan a Jesucristo con las víctimas del racismo y de la mala suerte (una sucursal del racismo), y afirman que más de 5 mil migrantes han muerto (el número anual no se determina, pero es muy alto, y en 10 años son bastante más de 5 mil). Otra vez el símbolo de la cristiandad ahorra discursos, tomas laboriosas de conciencia, debates, alegatos: “Si me trepan a la cruz es porque mi vida ha sido el suplicio continuo…”.

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En el Reclusorio Oriente de la ciudad de México, otra teatralización de la Pasión de Nuestro Señor, el hecho fundacional que cada año distancia al sufrimiento real de la felicidad ficticia. Si los reclusos buscan el perdón de sus pecados, algo para ellos tal vez más provechoso que el indulto, o si manejan sus culpas para convencer al gran y definitivo Ministerio Público de los cielos, nunca lo sabremos. En todo caso, si tal conocimiento llega, siempre nos dará vergüenza aceptarlo. En su oportunidad, en cualquiera de las escenificaciones de la ciudad de México o el estado de México la reflexión se dirige a localizar culpables de los pecados que desataron la crisis. Dios mío, ¿por qué me has abandonado en el desempleo?

Y la pregunta es circular: ¿cuál es el origen de la tradición: la culpa colectiva o la culpa personal, el nazareno colectivo que expía por cuenta de la responsabilidad de todos o la presión de la mala conciencia que se hace cargo de la cruz? Ante eso, ¿qué importa si alguno de los cristos se embrolla con el orden de las siete palabras? Basta con un manejo hábil de las circunstancias como el de aquel cristo de teatro comercial que hace unos años, al olvidarse en escena de las siete palabras, las reunió en una sola: “Padre, en tus manos encomiendo tu texto”.

Escritor
12 Abril 2009 04:05:13
La mística de las afueras
¿Cuáles son los límites de la sacralidad en medios de intensa privación? Ni los siglos de cristianismo y de racionalismo, de guadalupanismo o de religión concebida como instrumento del decoro y garantía de la propiedad privada, ni el avance de la sociedad laica, requisito de la modernización, han evitado la explosión demográfica marginal: a lo largo del siglo millones de mexicanos (y su número se multiplica) han confiado en espíritus y curanderos, en todas las formas del milenio y en el tránsito hacia el milenio. Allí están, aunque no se les acepte, entregados a convicciones insospechadas, adheridos a grupos que son familias ampliadas, llenas de fervores proselitistas, representados nutridamente en los ambientes rurales y de marginación urbana (aunque también en otras clases haya muchos adeptos). Allí están, desdeñados y persistentes, los espiritistas, los espiritualistas trinitarios marianos, los seguidores de iluminados y brujos.

En México y en América Latina se extiende el universo de mitos, rituales, centros sagrados, emociones carentes de frenos sociales, peregrinaciones anuales, prácticas especialísimas, relatos maravillosos, santorales al margen del santoral, personajes carismáticos. A esta nación del milenarismo y la religiosidad popular se le aísla o desdeña por “primitiva y supersticiosa”, regalándosele las prerrogativas de la “religiosidad-como-Dios-manda”. Y sin embargo, persiste.

La crítica y el desdén de la nación visible no eliminan costumbres y convicciones de la nación marginal. Al respecto, hay una explicación que no ha perdido vigencia pese a los esfuerzos de teólogos de la liberación, historiadores y sociólogos: la religiosidad popular es la incapacidad de asimilar plenamente (en toda su complejidad) el dogma, es la aprehensión del fenómeno de la creencia a través de ritos y símbolos, y de la experiencia de una fe memorizada y heredada. Y por ser al mismo tiempo tan profunda (lo único que se tiene) y tan externa (lo que decora las conciencias porque nunca hay oportunidad de otra cosa), esa fe está siempre en el límite del dogma mal aprendido y la superstición adoptada con entusiasmo.

Esta es la explicación, pero los partidarios de las otras devociones no se dan por enterados. Para quienes viven en el límite de la supervivencia (física o síquica), o para los desconfiados de las visiones del mundo que se les obligó a venerar, las doctrinas mesiánicas son muy convincentes: si el fin del mundo no se produce, por lo menos se vive en una atmósfera en la que lo sagrado tiene que ver con lo inminente. Y esto interviene en la abundancia de profetas en México que a diferencia de los estadounidenses no recurren ni piensan recurrir al apoyo tecnológico.

De los milenarismos desautorizados

El milenarismo, la fe en el estruendo del fin de los tiempos, la creencia que delega el sentido de la vida en un desenlace universal próximo, es en México una de las manifestaciones más extremas y difundidas de la cultura de la marginalidad y, subterráneamente, de toda la cultura. En un país católico, el punto de partida del milenarismo es por fuerza el Apocalipsis o Libro de Revelaciones, el texto más interpretado y menos asimilado de la historia de la cristiandad, con su conjunto de visiones espléndidas y terribles, y su llamado a la congregación de los escogidos que sobrevivirá a la gran hecatombe: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos... Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto ni clamor ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas” (Apocalipsis 21:3-4).

La promesa del brillo eterno que-no-podrá-tardar-mucho conduce la Iglesia rutinariamente, y —con brío— los profetas que fundan sectas se ofrecen como instrumento de expiación y grandeza, incitan al frenesí y al éxtasis, instauran un discipulado (principalmente de mujeres) cuyo tono arrebatado crea microrreligiones sobre la marcha. El milenarismo y los profetas mesiánicos penetran en grandes capas de la población, a las que revelan un “sentido transformador” de su vida que la religión tradicional ya no les ofrece o nunca les infundió. Son vigorosos los vínculos entre la exaltación religiosa y la marginación social y, en ocasiones, entre la rebeldía política y la disidencia religiosa (un curandero mesiánico, el Niño Fidencio, declaró: “Que porque el hombre para llegar a Dios necesita sentir el hambre y la sed y estar bajo el sol, bajo el cielo, entre la tierra, entre la propia miseria y pobreza, entre el cansancio y el sudor de sus demás hermanos; que Dios no asiste a lugares lujosos ni perfumados; que Dios no se acerca con gente que por su vanidad y arrogancia son meticulosas con sus ropas y sus carnes”, en El Niño Fidencio de Manuel Terán Lira).

El milenarismo por así decirlo “ortodoxo” es el guadalupano, cuyo arranque estudia Jacques Lafaye en su libro sobre Quetzalcóatl y Guadalupe. Ante éste, se despliega un milenarismo heterodoxo, poco documentado en el mejor de los casos, engendrado en el sincretismo, hecho posible por la persuasión de iluminados, personalidades vigorosas surgidas de las clases populares. El contexto general es la ley no escrita: en sociedades donde la vida de las mayorías está sujeta a miseria y persecución, la gente busca consuelo de sufrimientos y frustraciones en su práctica religiosa, y a todas las manifestaciones de la cultura nativa —económicas, sociales, políticas o filosóficas— las impregna el pacto con las fuerzas extraterrenas.

En el virreinato, el descontento de los indígenas, ansiosos de rechazar a los intrusos apoderados de su tierra, genera cultos religiosos que, a su modo, expresan una disidencia. En el ocultamiento o en la semiclandestinidad, al apropiarse de lo que les interesa del catolicismo y ligarlo con sus antiguas creencias, resisten a la segregación racial y económica. Sus posibilidades son escasas, la Inquisición vigila y cualquier retorno al “paganismo” o mezcla de creencias es severamente castigado. Por la represión extrema, en México tardan en darse visiblemente los cultos que abundan en otros lugares, como las religiones nativistas de África, con su odio al hombre blanco, o los profetas armados brasileños. En México sólo excepcionalmente llaman a la liberación seres carismáticos de la índole de Antonio Conselheiro, perpetuado por Euclides de Cunha en Los Sertones, quien con intransigencia y fanatismo heroico afirma el lazo entre la historia y la cosmogonía.

Escritor
22 Marzo 2009 03:52:24
“Confieso que soy culpable”
En enero de 1968, en el Congreso de Intelectuales en La Habana, Fidel Castro compara favorablemente a los intelectuales con los militantes de los partidos comunistas de América Latina, en especial, es de suponerse, el boliviano, que dejó solo al Che Guevara.

Ese mismo año, en agosto, Castro apoya a la invasión soviética de Checoslovaquia y reitera la incondicionalidad. El estalinismo ha perdido su clientela básica, y Castro, al disciplinarse, no convence aunque apenas se le critique por la necesidad de enfrentar como se pueda el acoso (muy real y criminal) del imperio de EU.

El de 1971 es el año del caso Padilla. Heberto Padilla, un buen poeta que ha ganado el premio de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), con su libro Fuera del juego, se empecina en la disidencia, y critica a la Revolución en conversaciones que graba la seguridad del Estado. Se cree a salvo por su condición de escritor. No es así. El Estado o el grupo de Fidel Castro no admiten tanta desfachatez y el “estalinismo tropical” lo detiene.

En un manifiesto, protestan 64 intelectuales de América Latina y Europa. Reaparece Padilla en una sesión de la UNEAC y emite la típica confesión estalinista con elogios desmesurados a sus captores y autodenigraciones burdas: “Yo he cometido muchísimos errores, errores imperdonables, censurales, incalificables, y yo me siento verdaderamente ligero, verdaderamente feliz, después de toda esta experiencia que he tenido, de poder reiniciar mi vida con el espíritu con que quiero reiniciarla”.

La “confesión” de Padilla, que a la distancia parece intencionalmente paródica, y que recuerda las mucho más trágicas de las purgas de Moscú (1936-1939) y las de países del socialismo real (ver en La confesión, de Costa-Gavras, el testimonio del checo Arthur London), obliga al siguiente manifiesto de condena de los procedimientos y del exterminio de la libertad de expresión.

No todos firman el segundo texto, Casa de las Américas responde con virulencia y Julio Cortázar, firmante de la primera carta, publica un poema, “Policrítica a la hora de los chacales”, quizá no su mejor texto, pero sí la expresión afligida de un escritor que no quiere ver dañada su utopía.

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Luego, en una sesión digna de la gran historia del melodrama latinoamericano, otros escritores reconocen sus culpas, alguno resiste (Norberto Fuentes) y José Lezama Lima produce una de sus grandes parábolas: “En el antiguo Egipto no se podía edificar a orillas del Nilo por culpa de los cocodrilos que infestaban y devoraban.

Nadie sabía qué hacer hasta que un egipcio, naturalmente sabio, propuso capturar ratas y soltarlas a orillas del río. Los roedores cumplieron su cometido y devoraron los huevos de los cocodrilos, lo que permitió construir la ciudad”. Y Lezama Lima concluyó con la moraleja inesperada: “Los escritores son como las ratas”.

El caso Padilla deshace sin remedio la unanimidad de un amplio sector intelectual en el mundo que desde Casa de las Américas se extiende a Castro y las hazañas de su gobierno, verificables en educación y salud. Antes, en ocasión de la persecución de los gays, se han dado juicios públicos y confesiones.

Después de Padilla, ya restringido el escándalo tienen lugar en La Habana otras detenciones y otros juicios. En su libro póstumo, Antes de que anochezca (1992), Reinaldo Arenas describe uno de esos hechos típicos y arquetípicos de esplendor de la homofobia, ahora calificados marginalmente de “errores de la Revolución”:

“Uno de los escándalos más sonados de aquel momento fue el arresto de Roberto Blanco y su juicio público.

Era uno de los directores teatrales más importantes de Cuba entre los años 60 y 70, pero había cometido la imprudencia de mirar el falo erecto de uno de aquellos hermosos jóvenes y, esposado y pelado al rape, fue conducido a un juicio público que se celebró en el mismo teatro del cual era director.

La humillación pública ha sido uno de los métodos más utilizados por Castro: la degradación de las personas ante un público, siempre dispuesto a burlarse de cualquier debilidad ajena o de cualquier persona caída en desgracia.

Y no sólo la acusación, sino el arrepentimiento, entre golpes de pecho, ante un público que aplaudía y se reía. Y después, naturalmente, rapados y esposados, la purificación de sus debilidades en un campo de caña o cualquier otro trabajo agrícola”.

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En materia de extraer confesiones, abjuraciones, arrepentimientos sonoros y autoflagelaciones síquicas, nadie desafía a la Santa Inquisición, ese Tribunal de la Fe por cuyos crímenes, casi de soslayo, pidió perdón el Vaticano. Pero como sistema de aplastamiento de la conciencia el estalinismo no es menospreciable.

Era tal el poder del régimen y era tan aplastante el saberse fuera de todo, de la Patria de los Pueblos, de la Revolución, de la mínima aprobación social, que las confesiones eran en rigor autoepitafios. Todavía en la primera etapa del castrismo las confesiones, en especial emitidas en grandes auditorios, eran aplastamientos rigurosos de los confesos.

Ya Heberto Padilla puede disfrutar en lo íntimo su ejercicio de la parodia, algo negado a los soviéticos o los checos. Luego, por la gravedad de las acusaciones y del juicio mismo, el comandante Arnaldo Ochoa, el militar más condecorado de Cuba, es fusilado tras una confesión desgarrada y en algo parecida a la de los generales soviéticos.

En 2009, 20 años después del fusilamiento de Ochoa y Tony de la Guardia, las cartas idénticas y escuetas de Lage y Pérez Roque, calificados por Fidel Castro de “indignos” y de seducidos por “nuestros enemigos”, ya carecen del brío para exigir la hoguera que los depure. Son textos desganados, casi “renuncias por motivos de salud moral”, que ya no buscan convencer. ¿Quién les va a creer que “la traición” de dos discípulos cercanísimos de Castro apenas se descubra ahora si es que se dio como lo dice el comandante? Fuera de Cuba, nadie ha defendido el acto “justiciero” de la Revolución.

No sólo faltan pruebas, ha desaparecido la voluntad de creer, tremolante en 1971 cuando el caso Padilla y aún conspicua cuando los juicios contra “los traidores a la Revolución” no merecieron el mínimo comentario de la izquierda que aprobó los campos concentracionarios para homosexuales, testigos de Jehová y antisociales.

Todo cambia, Lage y Pérez Roque han renunciado a sus numerosas encomiendas en el aparato, su perfil burocrático se desvanece y en estos días lo más estimulante ha sido la declaración de Lula ante Obama, al pedir el cese del bloqueo en Cuba y el trato justo a los gobiernos de la izquierda sudamericana.
25 Enero 2009 04:38:19
De los derechos humanos en 2009
La llegada de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos ha provocado la apoteosis de la esperanza, tanto más encendida cuanto que se le compara con el perfecto horror que fueron los años de George W. Bush.

En su discurso, Obama fue enfático: “Somos los defensores de este legado (la democracia estadounidense); guiados por estos principios podemos encarar esas amenazas que requieren un mayor esfuerzo, más cooperación y entendimiento entre las naciones; comenzaremos de manera responsable dejando a Irak en manos de su pueblo y para consolidar la paz en Afganistán con viejos amigos y enemigos, trabajaremos incansablemente para reducir la amenaza nuclear y el fantasma de un planeta en calentamiento”.

En primera y última instancia, Obama se refiere a los derechos humanos, tan violados en Guantánamo y Abu Ghraib, o muy recientemente en Gaza. Lo de Irak, además de los crímenes de guerra evidentes, ha sido una operación regida por los procesos deshumanizadores. Si se revisan las movilizaciones recientes de protesta y reivindicación en cada país y en escala internacional, se verá la presencia de ese concepto, esa práctica, ese dato ya imprescindible en la conciencia: los derechos humanos.

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En unos cuantos años, se agrega a México el término derechos humanos (una interminable movilización, un patrimonio moral y político, un instrumento de uso jurídico y burocrático). Nada distinto a lo de casi todos los países, en muchos de los cuales resultan el dique básico contra la impunidad. En estas décadas, ningún otro asunto expresa con tal claridad el desarrollo de la conciencia social y de la ética colectiva y personal e, incluso, el desarrollo y las limitaciones de las fuerzas políticas, los movimientos sociales, las reclamaciones familiares y personales.

Donde la barbarie lleva de nuevo al humanismo

En 1945, el fin de la Segunda Guerra Mundial libera un caudal informativo sobre el nazifascismo. Las informaciones sobre los campos de concentración (Auschwitz, Treblinka) se vuelven certezas trágicas que se van ampliando. En momentos especiales no hay límites tanto en la transformación del ser humano en verdugo, como en el poder de resistencia de la víctima que lo transforma en símbolo moral.

A la matanza de millones de personas por motivos de raza, filiación política, conducta “ilegítima” (orientación sexual) o fuerza de trabajo, se añaden las catástrofes de Hiroshima y Nagasaki y las revelaciones sobre los inmensos daños de la contaminación radioactiva. Para entonces resultan tan incontrovertibles como inaudibles los alegatos de los pacifistas luego de la Primera Guerra Mundial: las guerras son inútiles y abominables y siempre las aprovecha una minoría rapaz que detesta el pacifismo por ser tan poco rentable. La Segunda Guerra Mundial se explica y se legitima por la urgencia de contener al nazismo y al fascismo, pero la tecnología de guerra, la bomba atómica y el altísimo costo en vidas le ponen cerco al patriotismo, difundido como la voluntad de dar la vida por la patria tal y como la representa el grupo gobernante. Si la guerra contra el nazifascismo es justa, no consigue eliminar las dudas sobre la naturaleza inevitable de los esfuerzos bélicos.

¿Qué guerras son necesarias? Se requiere detener a Hitler y el Holocausto, se exige justicia para los millones de seres liquidados por el nazifascismo, ¿pero qué justicia hay para los destruidos en el holocausto atómico en Japón? ¿Y por qué durante largo tiempo nada se dice de las veintenas que a causa de su “anormalidad” son también exterminados en los campos de concentración: los comunistas, los gitanos, los homosexuales? Y se establecen dos vertientes de conflictos éticos y morales.

La primera surge de lo inconcebible de la Segunda Guerra, que obliga a numerosos intelectuales y literatos, en especial de origen judío, a reflexionar sobre la deshumanización: ¿dónde se origina la pérdida de la sensibilidad moral? ¿Se vive en las sociedades la muerte de Dios o la muerte del espíritu ético? ¿Cómo es posible que, por ejemplo, Mengele y Eichmann, buenos católicos, amorosos padres de familia, sean tan eficaces instrumentos de la barbarie? ¿Por qué motivos, en el centro de “la civilización occidental”, se aniquila a millones de personas?

La segunda versión es la pacifista, a la que intenta manipular el aparato de propaganda soviética, y cuyo vigor genuino se desprende de las grandes interrogantes: ¿cómo es posible que mueran tantos a causa de guerras provocadas por la lucha por el poder y el control de los recursos naturales?
19 Octubre 2008 04:00:05
¿Quién defiende a los líderes obreros?
A la memoria de Fidel Velázquez (la que quede)

En la peor crisis de la que aún no existen los recuerdos, está a punto de la invisibilidad perfecta el liderazgo obrero, una de cuyas últimas salidas al exterior fue el apoyo al gobierno de Felipe Calderón quien, por cierto, correspondió elogiando el patriotismo y la certera dirección de sus agremiados de dos próceres mal comprendidos por el pasado, el presente y el porvenir:

El líder petrolero, digo, es un decir, Carlos Romero Deschamps, y el gran exterminador de especies en África, Joaquín Gamboa Pascoe, líder supremo de la CTM, y bien merecido que se lo tiene. En estos días, el liderazgo obrero, de algún modo hay que nombrarlo, no ha dicho una palabra, no intenta movilizaciones, quiere pasar desapercibido, no regala Hummers y ni siquiera se acuerda del fantasma del salario mínimo. Desaparecido el presidencialismo, la CTM no tiene a quién dirigir sus plegarias.

* * *

Las instituciones, si han durado lo suficiente, sobreviven algunas temporadas a su muerte y por ello mismo aún son capaces de victorias postreras. Y la tardanza del obituario oficial podría evitar el despliegue de lo póstumo, algo que no está en las intenciones de estos líderes cetemistas, que prefieren la soledad de las alcobas de la agonía.

Y las instituciones fallecidas, que abundan, al no corresponder a ninguna de las formas de lo actual, se atienen por entero a rituales ininteligibles y ahora inaudibles; nada más dejan ver su aletargamiento en las conmemoraciones. Un gran ejemplo, la Confederación de Trabajadores de México (CTM), instrumento de control férreo que es hoy un manejo de inercias nebulosas.

De 1936 a la década de 1980, la CTM parece invicta. Cierto, la arrinconan los empresarios y desde la década de 1960 es más bien un tigre de papel especializado en amenazas y ultimátums, pero el apoyo gubernamental le suprime a sus adversarios (la cárcel para los líderes del sindicato ferrocarrilero en 1959 y 1960; el aplastamiento de la Tendencia Democrática del SUTERM en 1972; la represión continua del sindicalismo independiente).

Fidel Velázquez, el líder sempiterno, retiene el poder a cambio de lealtad incondicional, y de asumir a fondo su prepotencia. Es el autor más ardoroso partidario de la guerra fría, el linchador moral de los disidentes, el obsequioso cantor de las glorias presidenciales (elogia a Miguel Alemán Valdés: “El Primer Obrero de la Patria”, apoya la reelección de Carlos Salinas), el cruzado de la fe antiindígena que exige el exterminio del EZLN. Los cetemistas lo buscan para obtener a raudales nombramientos de gobernadores, senadores, diputados, funcionarios de nivel medio y él, en el centro de un sueño progresivo, decora el presídium, el símbolo casi diamantino del control y el apoyo.

En sus años últimos, Fidel Velázquez es apenas decorativo, y un hecho que minimiza al símbolo es su retirada de los desfiles del 1 de mayo, antes su marcha triunfal, y el confinamiento ese día en el Teatro Ferrocarrilero. Se le traspasa la celebración de la fecha a la disidencia o a los paseantes y, humillada, la CTM acepta sin verbalizarlo que sería un desastre el desfile con líderes hostigados por sus bases sindicales. Al líder indiscutible de la CTM el poder se le deshace en las manos y debe cederle su prestigio a la memoria nacional: “Es poderoso porque fue poderoso y porque tanta fuerza acumulada sólo se dispersará a su muerte”. Esto se dice para exceptuarlo de la jubilación.

A su muerte, el imperio está en ruinas, vigilado por una nube de cortesanos decrépitos, no tanto por la edad como porque la edad revela con dureza lo que siempre han sido. Y el sucesor de don Fidel no es un golpe del azar, sino la consecuencia lógica de este proceso. Líder electricista, personaje folclórico (léase de un pintoresquismo vergonzoso), sólo dotado para la lealtad cerril y el abuso de autoridad, Leonardo Rodríguez Alcaine es, más que un líder, una alusión distorsionada a uno de los poderes complementarios del sistema en demolición.
14 Septiembre 2008 05:00:00
¿Qué tanto sabes de lo que ignoras?
En la era del PRI, a la cultura política la definen la inermidad ante el autoritarismo, los fraudes electorales, la autonomía de la demagogia y la fuerza de la corrupción avalada por la represión. Esto requiere un lenguaje específico. En su magnífica parodia Los relámpagos de agosto, no tanto de la Revolución Mexicana, sino de las versiones oficiales de la Revolución Mexicana, Jorge Ibargüengoitia da una versión clásica del habla cínica, la fase culminante del enloquecimiento de la lógica. Luego, el panismo introduce un proyecto de cambio: la mentira piadosa.

¿Por qué ser cínicos? Muy probablemente, con tal de preservar la salud mental en la élite del poder y sus alrededores. El cinismo fomenta un sentido del humor peculiar, el gran antídoto contra las mentiras petrificadas del discurso público; se evocan con sonrisa maliciosa o entre risas los ideales perdidos o jamás adquiridos con el objeto de atisbar, por contraste, el sentido de la realidad, si tal cosa existe, y los políticos hacen del vértigo del cinismo su criterio de verdad. El procedimiento es tortuoso pero no hay más.

Test que mide la capacidad de privatizar la realidad

1. Usted carece de experiencia política, lo que de acuerdo a su criterio quiere decir “sin nada de qué avergonzarse frente al gremio empresarial”. Sin embargo, quiere purificar la vida pública y, con ese objetivo en el corazón, gobernar su entidad. Por un milagro (definido científicamente como un “corcholatazo”) gana las elecciones con cierta tranquilidad porque los votantes no lo conocen y eso ahora es lo único que inspira confianza. Su lema de campaña es: “Una es la mazorca, pero los granos son míos”, y eso entusiasma. Sin embargo, además de las frases, de vez en cuando se requieren acciones de gobierno, las que sean. Diga tres de las que se le ocurran para sus próximos seis años.

2. Usted se ha formado en escuelas y universidades privadas de México, hizo su doctorado en administración de empresas en Estados Unidos, se confiesa orgullosamente creyente (“Dios es el presidente del Consejo de Administración de mi alma”), y ve en la versión oficial de la historia a la gran mentira que infunde el odio contra la única clase aportadora de recursos y dignidad a la nación, el empresariado.

Y ahora tiene un problema: debe asistir a una ceremonia en honor de ese canalla premoderno, Benito Juárez. ¿Qué hará? ¿Enviará a su secretario particular para que lo represente con la consigna de que bostece ostentosamente mientras dure el discurso laudatorio? ¿Hablará y dirá que Juárez funcionaba en la época en que no había criterios de productividad? ¿Dirá con gesto de menosprecio que Juárez le acortó la vida de Maximiliano pero sólo por el apoyo de grandes inversiones francesas y austriacas interesadas en la hotelería?

3. Tú, que has hecho política como obligación familiar y de grupo, has ascendido en el Cielo de las Preferencias Electorales de modo vertiginoso. Eres guapo y rico, es decir, eres un buen partido; sabes decir lo propio en cada circunstancia, es decir, te ajustas a lo que te han redactado tus asesores; sonríes cada minuto y medio y muestras el perfil con ahínco; gastas muchísimo en publicidad no porque la necesites sino para ayudar a los medios informativos.
En fin, eres un éxito. Pero viene un gran concurso: el Rey del Carisma Natural, y en contra de la opinión de tus asesores, por lo menos de 200 de ellos, no debes participar y mejor aguardar al 2012. ¿Qué piensas?
28 Agosto 2008 04:00:00
Toledo: las fábulas sin principio ni fin
México.- Como Tamayo, como cualquier gran artista, Toledo es también el autor de su tradición, y viene de la asimilación, el olvido, la metamorfosis de sus circunstancias.

Inventor de tradiciones: nada de lo que aparece en su obra (el universo de Toledo) había existido antes, ni las leyendas específicas, ni el animismo cachondo en su interminable ars combinatoria, ni la sexualización de las imágenes que no perturba la sensualidad de la forma; todo, también, viene ya de lejos, y visto en la infancia, en la adolescencia y la juventud, que Toledo somete a las otras palabras del color y del trazo y de la textura: las consejas y leyendas del istmo de Tehuantepec, la visión de Oaxaca como el viaje al fondo de la experiencia que se inicia en un coito o en una matanza, los relatos que la atención de las generaciones esencializa (y por lo mismo desvirtúa), los mitos en la pasarela que porta creaciones exclusivas de la fantasía. Y a la materia prima, cuyo nombre es Toledo, se le agrega un vasto conocimiento pictórico, los años en Europa y Estados Unidos, el aprecio por los artistas radicales y por la experimentación, todo lo que también se llama Toledo.

Preguntas contiguas: ¿cuál es el vínculo entre una tarea pictórica y la cultura oral? ¿Es el argumento de los orígenes un relato de las formas sexuales? ¿Existe algo parecido a la “pintura oral”? Con frecuencia, la trampa de Toledo es su decisión fabuladora, que genera hechos artísticos que son también narraciones capturadas en instantes de quietud o de exaltación. ¿Qué hacer?

* * *

En la obra de Toledo lo antropomórfico y lo zoomórfico son parte de la misma operación que la adjudica a principios y fines los sitios precisos y mudables de la imaginación. Sí, ya estamos al tanto: las anécdotas son prescindibles y si todo artista excepcional se afilia a un número de soluciones o de temas, es con tal de aclararse (de seguir aclarándose) ideas y visiones del color y la forma. “En el mar de los ojos hay plantíos / de peces luminosos...” escribió Carlos Pellicer y Toledo encuentra por doquier plantíos de peces, de serpientes, de tortugas. Afirma Luis Cardoza y Aragón: “Toledo no requiere revisar su estirpe. No ha puesto los ojos en ella, la lleva dentro; ni en París o Nueva York, antes bien en la pintura misma. El río real de la infancia es la memoria”.

Toledo se diversifica con tal de garantizar la continuidad de su especie, tan única. De pronto, irrumpen nuevos temas: la domesticidad (la mujer ante la máquina de coser), la lucha libre a la que tal vez llega por las suplantaciones de la apariencia (una máscara es un rostro que huyó a la superficie) y, en una serie que no lleva trazas de concluir, la figura de Benito Juárez, algo distinto a la celebración del prócer oaxaqueño de la Reforma Liberal que, insiste Toledo, maltrató a Juchitán. De acuerdo a Toledo, la Historia multiplica a tal punto el semblante de Juárez que lo convierte en costumbre y lo siembra en las cocinas, a la orilla de los ríos, en las tarjetas postales, en los alrededores de los monumentos, en las camas revueltas, en la pista de patinaje, en las asambleas de los bestiarios. La gran figura se vuelve el testigo del mundo que lo decapita sin cesar, y la fuerza del héroe radica en su condición ubicua. En la selva del instante las iguanas y los conejos copulan mientras Juárez persigue con flechas al apotegma. Pero también, insisto, Toledo no es sólo el fabulador sino el artista atento a lo no narrativo, así por ejemplo sus acercamientos a la flora, sus captaciones del reino vegetal, la finura, la precisión.

En las abstracciones o en las vibraciones como de ala de mosca, Toledo es también el artista que identifica Naturaleza y forma.

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