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06 Febrero 2010 04:00:07
¿Qué, quéeeeeeee?
Un día de esos que uno no tiene mucho qué hacer me encontraba navegando en Internet cuando leí una noticia que me sorprendió: “Los hombres se casan más que las mujeres”. Me froté los ojos y me dije a mí misma que probablemente había leído mal, ¿los hombres se casan más que las mujeres? Así que para saciar mi curiosidad entré en el sitio y leí la noticia que a final de cuentas confirmó muchas de esas dudas que ocurren de repente.

El texto decía que los hombres afrontan de forma diferente la soledad y que aunque las mujeres creemos que ellos no están dispuestos a tener un compromiso, es todo lo contrario, pues ellos son taaaan dependientes de nosotros que si la única forma de no estar solos es casarse, lo hacen.

Decía en la nota que: “Siempre se pensó que el hombre era el que estaba reacio al matrimonio, incluso se decían muchas cosas de ellos, se los trataba de miedosos, pero no es así, ellos a lo único que le temen es a levantarse y no tener quien les planche una camisa, o les alcance el jugo cuando están al lado de la heladera, pero bueno ellos son así”.

Después recordé que una vez escuché en la radio un debate acerca de la crianza de los hijos y comentaban que las madres tienden a hacer diferencias entre niñas y niños.

A las primeras se les enseña que tienen que ser fuertes, que cuando crezcan, serán las encargadas de llevar las riendas de su hogar y su familia, que DEBEN cocinar, planchar, barrer, criar hijos, atender marido y ahora, llevar una carrera profesional; mientras que a los pequeños del hogar se les enseña a ser dependientes por completo, o me van a negar que han dicho o escuchado la frase: “No, Juanito no va a lavar los trastes, que los lave Juanita que es niña”, tampoco los dejamos recoger sus cosas, su plato al terminar de comer, no los dejamos barrer, trapear, cocinar, porque “esas son cosas de niñas”.

Entonces de allí se desprende el hecho que los hombres se casen un mayor número de veces que nosotras, porque buscan y buscan a esa mujer parecida a su madre santa que les haga todo, que los consienta y mime de la misma forma.

Finalmente el texto sentencia: “Les cuesta pasar de estar atendidos por las mamás que siempre les alimentan el ego, gran error de las ‘mujeres machistas’, a estar solos, para irse de su casa deben de encontrar mujer que se parezca mucho a su madre, y si no es así seguirán probando y por eso se casarán hasta dar con el símil de su mamá”.

Lo último me traumó, quiere decir, que los hombres en lugar de buscar una mujer con quien compartir su vida y tener una familia, buscan una mujer que sea igual a su madre santa y les haga todo, para que ellos no tengan la necesidad de mover ni un dedo ni de sufrir en soledad.

Pero antes de echarme a la depresión, me di cuenta que la solución está en mí, el día que sea madre, recordaré que mi hijo merece tener la misma fortaleza que una mujer y poder afrontar su soledad, si eso le toca, si no, para que sea de esos hombres “que ya no hay”…

Laura Gutiérrez
22 Agosto 2009 03:00:26
Una buena terapia
En nuestros tiempos, en los que nos llenamos de actividades en la búsqueda del anhelado desarrollo personal, familiar, profesional y otros intereses, muchos llegamos literalmente con las baterías bajas al domingo, también llamado “día familiar”.

No tengo claro si la semana comienza o termina este día, aunque después de la hora de comida me daba igual, ya que era para mí el mismo resultado: aburrimiento completo, sin contar con la ola de calor que nos pega.

El fin de semana, aunado a la temporada de vacaciones, hace que la ciudad luzca desierta y las calles poco transitadas, por lo que ese día llegué a mi ¿fatal? destino mucho más rápido que lo acostumbrado, reclamando una terapia simple que mejorara mi estado de ánimo: ¡ir de compras!

Y es que en una encuesta llana entre amigos concluimos que para algunas personas es un efectivo remedio para combatir el mal humor, poco ánimo o desesperanza, aunque de ponerla en práctica también se recomienda que se adquieran objetos de uso diario, prácticos, no perecederos y mucho menos comida.

Pueden ser artículos de limpieza, para la casa o personales, o un solo gusto, por ejemplo una mascarilla o una loción refrescante, además de fijar la cantidad a gastar y limitarse a ella; nada de compras suntuosas.

Volviendo a mi tedioso domingo, y ya que mis deseos de ir a algún centro comercial resultaban poco menos que imposibles, recurrí a la tecnología para obtener mi terapia, para lo que resultaron bastante útiles algunos portales de ventas y subastas en Internet que me recomendaron.

Con sólo teclear “ropa para mujer” encontré variedad de ofertas y extenso surtido, de todos tamaños, colores, precios, marcas y hasta “piratería de la buena”; cosas nuevas, usadas, importadas y nacionales.

Después de varios clics vi perfumes, zapatos, muebles, electrónicos, accesorios para laptop y celular, además de toda clase de remedios, cremas mágicas para obtener una piel de bebé, bajar de peso, aumentar el busto y hasta la oferta de servicios de adivinas.

Casi creí esa frase “del mundo en un solo clic”, tienen que ver todo lo que se puede vender. Ya en las páginas recorrí varios anuncios de productos con mucha más diversidad de la que hubiera encontrado en alguna tienda, y obtuve distracción; en esta ocasión no adquirí nada, pero prometo volver.

Entre mis deberes y echar una mirada a las ofertas y estantes virtuales, para cuando volví a ver el reloj era la hora de volver a mi casa, en el camino reflexioné sobre esta terapia ocupacional y sus beneficios, por lo que no dudé en compartirla con ustedes.

Después de todo, los domingos tal vez no sean tan malos y aburridos, sólo se trata de encontrar algo que nos ayude a despejarnos y a obtener energía para continuar con nuestras actividades y planes.

Claudia Huerta
08 Agosto 2009 03:00:45
Una historia al revés
Durante un segundo, sólo durante un segundo, piensa que sería maravilloso poder avanzar el tiempo que le queda y encontrarse directamente con el final. Por una vez en su vida, no quiere tener miedo. Se tapa los oídos con las manos y aprieta con fuerza. No quiere escucharle. No quiere oír sus amenazas, sus insultos, su rabia…

No sabe cuánto tiempo aguantará la puerta. Se ha sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la bañera. No puede parar de temblar y su rostro está inundado de lágrimas. Todo el miedo que ha ido acumulando a lo largo de su vida, se encuentra encerrado con ella en el cuarto de baño.

Él golpea la puerta y grita furioso. Va a derribarla, tiene fuerza suficiente para romper el endeble pestillo que, en estos instantes, la mantiene a salvo.

Dos segundos. Ese es el tiempo que ha tardado en llegar del dormitorio al cuarto de baño. Durante esos dos segundos, todo su miedo se ha transformado en fuerza. Fuerza para correr, para huir, para buscar un buen lugar donde tratar de mantenerse a salvo.

No sabe por qué ha sido esta vez. A veces, simplemente, pasa. Ya no se molesta en buscar razones o disculpas. Ya sólo trata de encontrar la manera de sobrevivir a los golpes. Y, esta vez, esa manera es el jarrón que sus padres les regalaron en su boda. Un pequeño jarrón azul de cerámica, siempre vacío. Nunca le ha gustado ese jarrón y, sin embargo, está a punto de salvar su vida.

La convivencia no es fácil, sentencia su madre. “Es normal que discutan, no te preocupes”. Ella no dice nada. Pone su mano sobre su mejilla, aún caliente y cuelga el auricular. Recién casados, la vida cotidiana. Aún tiene que acostumbrarse, piensa. Y, sin quererlo, algo en su interior le dice que no será la última… pero no quiere escuchar. Sólo ha sido un guantazo, un par de gritos, un plato roto. Es mi marido, no puedo hacer nada. Le quiero, no puedo evitarlo. Y el golpe sigue quemando en su mejilla. Y las lágrimas se van amontonando en su mirada. Pero no dice nada. Aguanta.

Cásate conmigo. Con dos palabras, todo parece mejor que antes. De repente, todas sus dudas se alejan. Y dice que sí.

Sabe que lo que dice no es cierto. La quiere, siempre la ha querido. Nunca antes le había levantado la voz. Nunca habían discutido. Es un buen hombre, no podría encontrar nada mejor. Se disculpa. Saca algo del bolsillo. Sonríe.

Al final sólo son dos. Están en un sitio nuevo, han ido por cambiar un poco de aires. Los sábados empezaban a ser monótonos, siempre en el mismo sitio. Un chico se acerca a ellas. Sujeta a su amiga del brazo y le dice algo al oído. Ella le responde. El chico la mira y no dice nada. Luego se va. “¿Qué te ha dicho?”. Pregunta, curiosa. “Su amigo está loquito por ti. Quiere conocerte. Le he dicho que le traiga”. La mira incrédula pero, de repente, ve cómo el chico se acerca. “No seas boba, ¡puede que sea el hombre de tu vida!”.

Silvia Gómez
01 Agosto 2009 03:00:40
Confusa bohemia
Anoche, terminé de leer un libro que me hizo reflexionar sobre la imperiosa necesidad que tenemos determinadas personas de expresarnos con el arte. Dicha expresión puede ser a través de las palabras, la fotografía, la música, la pintura… Son formas de liberarnos de nuestro burbujeante espacio caótico, en el cual las ideas se deforman, acoplan, esconden, atropellan… Las mejores creaciones me acosan, repentinamente, en la cocina, en la cama, en el coche, en un probador… Se me escapan de las manos cual pavorosas ninfas, y me quedo absorta y pensativa intentando, inútilmente, recuperarlas…

Las palabras se me asemejan a fotografías de tiempo. Encontré un viejo cuaderno donde sus páginas albergan sueños, frustraciones, desamor, miedos, de una adolescente de 15 años. Me releo y me asusto, me pregunto en qué estaría pensando en aquella época para aceptar los desplantes de un hombre mentiroso compulsivo y mi obsesión por él.

¿Quién soy ahora? Sigo siendo una persona enamorada del amor. Sí, romántica, entregada, pasional, ¿obsesiva? No lo sé. Intento trasladar lo que mi mente crea en sus delirios de grandeza. El arte, qué grandioso medio de expandir el alma turbada por la efímera existencia. Hace unos meses, una persona anónima me dejó un mensaje con una realidad que no puedo negar: “eres la persona más compleja que no conozco”. La complejidad me hace elocuente y admirada por mí misma. Me critico, me niego, pero a la vez me sorprendo de mi fuerza, de haber sobrevivido a los avatares de un espíritu como el mío: el susurro de la mente bohemia, enclaustrada en elegantes tacones y traje de oficina.

Y me planteo contar mi historia. Siempre estuve de acuerdo con las personas que afirmaban que las personas jóvenes no deberían escribir su biografía. ¿Qué puede contar una mocosa? A veces, la juventud de otros reafirma la madurez del resto. Empezado está. No estoy segura de querer continuar. Aún quedan lazos que necesito reconstruir, entender, reparar.

Y recuerdo mis motivaciones iniciales: “practicar mi escritura”. No sabía en qué camino se encontraba mi desarrollo artístico. Me amparo que mi signo solar es piscis y mi ascendente igual. ¡Hasta soy zurda! ¿Qué puede salir de una persona avocada a la expresión de su fuero interno a través del arte? ¿Aspiro al reconocimiento? No busco el reconocimiento, sino la aprobación artística. Me gustaría conseguir una rutina de escritura, sentarme a seguir en mis proyectos, pero no puedo. Los días son infatigables, mis manos me piden expresarse y les niego dicha opción. ¿Por qué? Miedo.

Soy impetuosa y todo lo cuento, hasta los castillos de naipes. Y luego me reservo lo que más debería expresar. Soy una contradicción. Soy un repaso de mi boceto final. Me guste o no, necesito intentarlo. Cuando escribo mis anhelos, todos se hacen más alcanzables. La confusa bohemia se disipa ante mis ojos y se presenta un nuevo camino: la posibilidad de convertirme en mi propio sueño.

Male Lú
18 Julio 2009 03:00:08
Grandes inventos
Me considero una mujer afortunada. No sólo por tener salud, una pareja que me quiere y a quien quiero, una hija como la que tengo. La mayor suerte se debe al lugar y época en que nací. No es lo mismo ser mujer hoy que hace unos 30 años; no es lo mismo ser europea que africana.

Me apasiona viajar y a pesar de tener pavor al despegar el avión, hay que admitir que no me resisto. Por eso, un gran invento para la mujer de hoy en día son las compañías Low Cost, aerolíneas que ofrecen variados destinos y con costos muy accesibles. Por una módica cantidad puedes viajar y darte un descanso. Piénsalo, nuestras mamás cuando se enojaban a lo mucho se daban la vuelta a la manzana y si la cosa se ponía seria, iban a casa de su mamá aguantando que le digan “Te dije que no te convenía”.

El segundo invento primordial para la mujer de hoy en día y al cual yo tengo auténtica devoción, es el lavaplatos. Es el mejor electrodoméstico, no como su prima la lavadora que, bueno, sí, deja limpia la ropa, pero te la devuelve toda enredada, mojada y luego hay que sacarla, tenderla, destenderla y lo peor de todo, plancharla.

En cambio, el lavaplatos es para mí una auténtica gloria porque es un aparato que además de encargarse de lavar, lo deja todo limpio, brillante y SECO. Verlo todo tan ordenadito en los compartimientos me emociona. Me lo llevaría seguro a una isla desierta.

También las mujeres de hoy en día, tenemos a nuestro alcance esos templos del consumismo de chucheros que son los chinos. Los chinos son esos seres silenciosos que se parecen todos y que van sigilosamente poblando nuestras ciudades. Empezaron con sus restaurantes y en la actualidad se hacen con cualquier tienda que se traspasa y la transforman en un paraíso de cosas inútiles por 10 pesos. Entrar en un tienda china siempre me emociona, porque sé que por 100 pesos saldré con cuatro pinzas que nada más durarán menos de una semana porque se romperán o perderán, labiales, espejos y hasta un delantal con pechos de látex que encontré gracioso hasta que llegué a casa, recapacité y vi lo que es en realidad: una falta total de buen gusto. Pera da igual, cuando pasas por caja y el chino te dice “Son ciento tleinta pesos”, te notas poderosa, pensando “Qué bien he comprado, tres bolsas llenas por 130 pesos”. Qué gran invento para el ego.

Es más estoy pensando en proponerle a uno de los chinos que pongan un restaurante-lavandería-todo a 10 pesos. Imagínense, comida, lavado-planchado y baratijas a domicilio. Sería un negocio exitoso del que la mayoría de las mujeres seríamos adictas. Imagina que un día común tocan a tu puerta y aparece un chico vestido de uniforme con un logo conocido y te diga: “¡Hola, señora! Vengo del Emporio Chino con su pedido de una vajilla limpia y pulida, 4 camisas planchadas y almidonadas, sus collares y aretes… ahhhh y su comida del día”.
Cristina Álvarez
11 Julio 2009 03:00:14
Entre el amor y Facebook…
Una de las cosas que más odio en el mundo son las citas arregladas o citas a ciegas. Además de salir con alguien completamente desconocido, es una insinuación de tus amigas que eres una inútil para conocer hombres por tu cuenta, así que ellas, queriendo hacer su buena obra del día, deciden presentarte a alguien.

Mi mejor amiga creyó que lo mejor para mí sería tener una cita. Así que me propuso que conociera a un amigo de su novio, que según ella, nos llevaríamos muy bien. La idea no me convencía del todo, pero como mi situación amorosa no era de lo mejor, accedí. Me dio su correo electrónico para que lo conociera vía Messenger. Pero, antes de agregarlo a mi cuenta, hice lo que en la actualidad se le conoce como “Googlear”. Así es, abrí Google, escribí su nombre y comencé a investigar.

En mi primera búsqueda, me apareció su perfil de Facebook, no sabía si en verdad era él, pero no estaba nada mal, así que me arriesgué y lo agregué al Messenger. Mi amiga tenía razón, era muy simpático y divertido en el chat, pero había una prueba más antes de ponerle fecha a la cita.

En una de nuestras conversaciones, me preguntó qué hacía y le contesté que andaba de rol por el Facebook, lo que discretamente me permitió preguntarle si él también tenía Face. Me dijo que sí y nos agregamos. Ni tarda ni perezosa, me di una vuelta por su perfil. Allí me di cuenta que le gusta viajar, en qué prepa estudió y quiénes son sus amigos. También vi que le gusta el futbol y es fan de la música indie. Después seguí con sus fotos, como me aconsejó alguna vez otra amiga, “No te fijes en las fotos que él subió; todos subimos nuestras mejores fotos y las que suben sus amigos son más ‘reales’. Además, checando su perfil te das una idea de sus gustos y no hay silencios incómodos en la conversación”. Le dije que la idea me parecía un poco acosadora, pero ella aseguró que es como una garantía antifraudes.

Total, que para no hacer el cuento largo, me aventuré a la cita. La verdad es que la pasamos muy bien. Resultó un poco más divertido que en el chat y me di cuenta que hay atracción y química. Confieso que me siento un poco mal, ya que durante la cita saqué temas de conversación basados en lo que encontré en su perfil de Internet. En algún momento me sentí en secundaria, cuando uno llevaba acordeones para los exámenes, pero debo admitir que gracias a eso, la conversación fluyó y no estuve tan nerviosa como en otras ocasiones.

El Internet ha resultado una herramienta bastante útil en cuanto al tema amoroso se refiere, ya que a la distancia de un click podemos tener la vida de un desconocido en nuestras manos, saber sus gustos, sus lugares preferidos, sus comidas e incluso qué no le gusta. Después de la cita, llegué a mi casa dispuesta a prender la computadora y dejarle algún mensaje lindo en su Facebook, pero me arrepentí, no vaya a ser que crea que soy acosadora…

Amanda Valdés
04 Julio 2009 03:00:09
¿Esperando… te?
Muchas mujeres vivimos una infancia feliz, en la que los cuentos de hadas nos hacían soñar con que algún día la protagonista de uno de ellos sería, justamente, una de nosotras. Entonces, así nos quedamos esperando al hombre de nuestras vidas, y nótese: AL HOMBRE.

Antes de encontrarlo, muchas veces conocemos a una serie de otros hombres que en algún momento nos hicieron pensar que eran EL HOMBRE, el soñado, el príncipe que con un beso nos despertaría del sueño y nos llevaría a otro de felicidad eterna.

Yo sí creo en el amor, después de todo, a pesar de malas experiencias y de haber tenido que escuchar un “no eres tú, soy yo”, un “es que me di cuenta que era pasajero, ya no hay amor” o simplemente, de escuchar la nada misma, lo cual es un asco: primero, te ilusionan, luego, te consienten por un rato, para finalmente, dentro de algunos días, semanas, o meses, alejarse silenciosamente, sin explicaciones. ¿Cómo se siente una después? ¡Como la soberana tarada! Y no es que una no se valore, no. Una sabe muy bien lo que vale, lo tierna y amorosa que es cuando quiere o ama, lo perfecta que se puede ser como novia, pero lamentablemente, esas malas experiencias van causando miniestragos en el camino, o al menos en el mío ocurre así.

Tengo novio. Me regaló un perrito de peluche de lo más amoroso, para recordar que el primer día que salimos juntos como amigos, yo me había fijado en un perrito parecido. No entiendo cómo recordaba eso, porque lo que es yo… estaba nula. Ha sido muy tierno, muy amoroso, pero… hoy estoy molesta. Ayer quedamos de vernos a las 7, y me llama a las 8:30 para decirme que ya llegó a su casa y que si quiero ir a esta hora. De antemano él sabía que no podía quedarme mucho rato, pues debía levantarme temprano para ir a la escuela, y me siento molesta.

¿Por qué no me avisó antes? ¿Costaba mucho una llamadita al celular o a mi casa? Tenía su celular apagado, yo no tenía problemas en llamarlo antes para confirmar la hora y esperarlo. Me di una larga ducha, me alisé mi cabello por una larga media hora, me maquillé y me sentía hermosa y feliz. Ahora, al llamarme, parece que no notó en absoluto mi molestia, y me dice “nos vemos otro día entonces”, lo cual me hace sentir más iracunda aún. Y para más remate, a mi mamá no le agrada él y me vio esperando una hora y media, lo arregladita y lo contenta que estaba.

Ahora no quiero verlo porque la verdad me siento algo humillada, muy avergonzada y por qué no decirlo, con ganas hasta de llorar.

Quería pasar las penas con mi mejor amiga y ella se encuentra a kilómetros de distancia, así que… ¿qué hago? encerrarme aquí hasta mañana. Tengo rabia.

¿Estoy siendo muy exagerada o está bien mi reacción? No resisto que jueguen con mi tiempo. No quiero estar esperando siempre…

Ileana Domínguez
27 Junio 2009 03:04:15
No estoy, digo, no está…
Son las 6:30 de la mañana, aún te queda media hora antes de levantarte, estás soñando que por fin Brad Pitt abandonó a Angelina Jolie y viaja desesperado por todo el mundo en tu búsqueda, cuando por fin se encuentran el teléfono suena. Te niegas a levantarte y abandonar los brazos de Brad Pitt, pero a esa hora no es usual que llamen a menos que sea una emergencia. Como puedes, te levantas, te tropiezas, medio despiertas y cuando contestas modorra, escuchas una voz muy fresca y entrenada que te dice “Buenos días, mi nombre es bla bla bla y llamo del banco, ¿se encontrará la señorita bla bla bla?”.

En ese preciso momento te dan ganas de ahorcar al tipo al que se le ocurre que a las 6:30 de la mañana a ti te interesa saber de tarjetas de crédito, deudas, tasas, porcentajes y todas esas cosas que en tus cinco sentidos evitas a toda costa. Finalmente haces acopio de toda tu paciencia y respondes “No, joven, ahorita no me interesa, gracias”.

Mi pregunta es, ¿qué acaso esas personas no tienen vida social? Digo, así como hablan a las 6:30 de la mañana me han hablado a las 12:30 de la madrugada. ¿Nadie les ha dicho que esas no son horas “decentes” o “prudentes” para llamar a un desconocido que por lo general no se interesa en lo que ofrecen?

De un tiempo para acá mi casa se volvió una “central de recepción de llamadas imprudentes de bancos y asociados”. Llamaban preguntando por mi papá, mi mamá, por mí, por parientes e incluso por mis vecinos.

Sí, sé que muchas pensarán que por qué no he llamado a Profeco para que borren mi número de las listas que tienen los bancos para evitar esas molestas llamadas, pero, déjenme decirles que lo hice. Llamé al número que proporcionan, pero como se acostumbra ahora, me contestó un menú electrónico, de esos que te dicen “si quiere bla bla bla, presione 1”. Después de escuchar atentamente el menú, me di cuenta que para los bancos es un teléfono diferente en un horario de oficina del cual ya no me acuerdo.

Las llamadas siguieron, hasta que un día me cansé y decidí llevar a cabo varios planes. El primero fue que cuando me ofrecieron una tarjeta les dije que no trabajaba, que vivía de la caridad de mis padres y pues no era justo para ellos que me endeudara con su dinero. En otra ocasión me hice pasar por menor de edad… ¡Y me la creyeron! Después, me hice pasar por la chica de servicio y les dije que mi patrona no estaba y que yo no sabía nada de eso de tarjetas ni nada. Pero a pesar de mis tácticas las llamadas han seguido.

La decisión familiar fue tener un identificador de llamadas. Así que ahora antes de contestar el teléfono, vemos el número del llamante, si éste empieza con 555 o alguna lada no conocida, dejamos que la contestadora haga lo suyo y guarde en su memoria el recado de una persona entrenada que dice “Buenas tardes, me llamo Bla bla bla y hablo del Banco Bla bla bla, estoy buscando a la señorita Bla bla bla para ofrecerle el nuevo crédito de nuestro banco que ofrece la tasa bla bla bla…”.

Rossana Valdés
20 Junio 2009 03:00:38
Una extraña sensación
Cuando era universitaria y vivía en casa de mis padres, no hacía más que soñar con tener un trabajo para pagar un departamento e irme a vivir sola. Más que estar libremente con mi novio, fantaseaba con sentir mi propia autonomía, experimentar el no depender de nadie más que de mí misma. Hoy cumplo tres años de vivir sola, rento mi departamento, pago todos mis gastos y tengo esa independencia que tanto soñé.

Por mi propia voluntad decidí vivir sola después de terminar una relación de pareja. Confieso que al principio me dio miedo pasar por esta nueva etapa desconocida en mi vida y enfrentar el silencio de un lugar nuevo, solitario y vacío. Sin embargo fue curioso cómo en muy poco tiempo superé esa ansiedad y simplemente descubrí que realmente estaba disfrutando la experiencia, que se había transformado en un estilo de vida muy positivo porque me había permitido conocerme mejor a mí misma y dirigir mi propia vida. Vivir sola me ha ayudado a:

observarme por dentro. Al no vivir con otra persona, he descubierto que es algo muy agradable estar realmente conmigo misma y sin distracciones. Vivir sola me ha hecho crecer como persona, porque he podido vencer muchos de mis miedos. Al explorar mis capacidades he podido descubrir más mi potencial y definir mejor mis metas.

Hacer lo que quiero. Al vivir con alguien, aun sin desearlo entramos en cierta simbiosis con esa persona y renunciamos a algunas partes muy importantes de nosotras mismas que nos producen bienestar, desde consentirte con una mascarilla facial hasta quedarte escuchando música hasta la madrugada. Cuando vives sola, controlas tu propia vida y tienes tiempo para ti.

Aclarar mi mente. Es una gran oportunidad de estar más relajada para evitar conflictos familiares y distanciarme del estrés laboral, y en mejores condiciones para resolver los inconvenientes con una mejor solución, reconocer y corregir mis propios errores, reflexionar en mi vida sin que nadie influya.

Mejorar mis relaciones. Conocerme más a mí misma me ha dado una perspectiva distinta de las relaciones con los demás, me ha hecho valorarlas más, socializar mejor y construir lazos de mayor calidad.

Pensar mejor el vivir en pareja. Con la gran experiencia de vivir sola por mi propia elección, me he acostumbrado a “los dulces frutos” de sentirme autónoma y ahora lo pienso más, antes de decidir vivir en pareja y renunciar a esta encantadora independencia.

Si aún vives con tus familiares, te invito a que empieces a pensar más seriamente en independizarte. Es una experiencia no sólo placentera y satisfactoria por todo lo que has logrado, sino además sumamente enriquecedora para tu crecimiento personal y necesaria para tu madurez.

Catalina Lara
13 Junio 2009 03:00:46
Genéticamente compatibles…
“Why pay matchmaker prices when you can have chemistry? Our private, secure, personalized system will find you the most perfect matches possible…” (“¿Por qué pagar el precio de una cita arreglada cuando puedes tener química? Nuestro sistema privado, seguro y personalizado te encontrará la perfecta pareja posible”).

Así es como se presenta un nuevo sitio de Internet llamado “Scientific Match: The science of love” que es algo así como un buscador de pareja. Esta compañía ofrece no sólo que encuentres alguien que comparta gustos y preferencias, sino que en verdad sea compatible contigo con base en el ADN.

¿Cómo funciona? Es un proceso realmente sencillo. Para empezar, te tienes que dar de alta en la página
http://www.scientificmatch.com/, allí ingresas tus datos, además de llenar un formulario en el que le haces saber a esta empresa tus gustos, cómo te gustaría que fuera esa persona “ideal”. Al cabo de unos días, recibes en tu casa un “kit de ADN” que contiene hisopos de algodón esterilizados y otros objetos para tener la muestra de tus genes. Sólo basta que el hisopo lo frotes en el interior de tu mejilla y lo metas a un sobre especial que viene en el kit y reenviarlo a la compañía. En el laboratorio de Scientific Match analizan tus genes. Según leí en un artículo en “Quo” (donde descubrí esta empresa), los genes que analizan influyen de manera significativa en el olor corporal, un elemento importantísimo a la hora de conseguir pareja. Después de dos semanas, recibirás en la comodidad de tu casa un listado de personas compatibles, no sólo en gustos. sino en química (de la de verdad), además de una clave con la que puedes accesar en línea y conocerlas mejor. Polos opuestos se atraen, polos iguales se repelen y esto lo dice la compañía, personas con genes iguales o parecidos se repelen. Scientific Match te asegura que esa persona es la ideal, además que será de quien te enamores perdidamente; predicen poca o nula probabilidad de infidelidad, un sistema genético más fuerte para sus hijos y por si fuera poco, una vida sexual muuuy plena.

Ahhhh, pero no todo es de a gratis, hay que pagar la módica cantidad de mil 995.95 dólares, este es un pago único. “Nuestro periodo de membresía es por siempre, porque nosotros creemos en nuestro servicio. Creemos que encontrarás a la persona con la que vas a querer pasar el resto de tu vida. Si estamos bien, entonces no hay diferencia si te registras por un año o por siempre. Si no encontramos a tu pareja en un año, no debes tener miedo de pagar otra vez para darnos otra oportunidad...”.

si están cansadas de salir a la calle, ir a bares y conocer gente, tienen esta nueva opción de encontrar una pareja desde la comodidad de sus casas…

Ale Rodríguez
06 Junio 2009 03:00:20
Vestido verde ¿olivo?
Hace unos días, una de mis amigas se casó. La boda fue muy bonita, pero sobre todo, divertida. Los amigos que asistimos la pasamos muy bien, bailamos, cantamos, en fin, todo lo que se hace en una gran fiesta. Allí se nos olvidaron todas las penas y lo que sufrimos con el vestido verde “olivo”.

Resulta que la queridísima novia se le ocurrió, meses atrás, pedirnos a sus mejores amigas acompañarla como damas, lo único que tendríamos qué hacer sería vestirnos del mismo color y la misma tela.

Todas comenzamos a opinar cuál sería el mejor color para la ocasión, algunas propusieron sus colores favoritos, sin embargo, nadie contábamos con que la novia ya tenía en mente un color: verde olivo.

Algunos se preguntarán (sobre todo los hombres) ¿Existe un color verde olivo? Pues sí. Como existe ese, existe el verde militar, verde bandera, verde musgo, verde aqua, verde bebé, verde manzana, verde oscuro, y así, podría seguir enumerando infinidad de tonalidades de verde.

Justo cuando nos dijo, todas comenzamos a preguntar cuál era el tono exacto, afortunadamente, una de mis amigas traía su laptop y nos conectamos a Internet en búsqueda del dichoso color. Luego de como una hora de descartar verdes, medio nos topamos con el tono exacto.

Días después nos pusimos de acuerdo para ir a una tienda de telas y comprar el mismo color y tipo de tela, ya que los mandamos a hacer con una costurera. Confieso que duramos cerca de dos horas en la tienda tratando de decidirnos entre tres tonos de verde, finalmente le hablamos a la novia para que fuera y eligiera cuál era el color. Después de una hora más, todas salimos con nuestros metros de tela verde, de tono entre manzana y olivo, y con una cara de felicidad digna de un velorio. Ninguna salió conforme con el color, pero quisimos darle gusto a la futura señora.

Un amigo se burló de nosotros, diciendo que las novias hacían eso de las damas sólo para que las amigas no se vieran más guapas que ellas, por eso elegían un color tan raro como el de nuestros vestidos.

Después de un mes, muchos corajes por el color y de indecisión por el modelo del vestido, todas terminamos con los vestidos soñados. Llegamos a la boda sintiéndonos reinas, aunque luego nos dimos cuenta que las manteletas, los capelos y todo lo que a decoración se refiere eran del mismo color… Así que fuimos algo así como parte de la decoración, lo que resultó muuuuuy divertido. El animador del grupo musical se la pasaba diciendo por el micrófono “Las chicas de verde, a la pista”, “A ver, que las chicas de verde acompañen a la novia”… Y las chicas de verde para acá y las chicas de verde para allá… Cero que al final nos vieron más que a la misma novia…

Anaid Cortez
30 Mayo 2009 03:00:20
Sí, yo también caí en el vicio…
…del Facebook. Todo empezó por correo electrónico, comencé a recibir invitaciones e invitaciones de amigos que ya estaban en esta red social y me invitaban a unirme, un día de esos decidí hacerlo, total, una red más.

La página me pareció divertida, uno podía agregarle aplicaciones, regalos, figuras y no sé que tanto. Eso fue lo divertido, pero después, cuando le fui entendiendo, me fui adentrando a ese mundo.

Primero me volví fanática de las aplicaciones, páginas y grupos, después conocí los tests, pero luego encontré en el Facebook no sólo un lugar de diversión, sino una central de información (chismes, pues).

Por ese medio descubrí quién andaba con quién (digo los mensajes que dejan en el “muro” son demasiados obvios y muchos se olvidan que esos comentarios llegan a aparecer en la página de inicio de los amigos), quién había terminado, cuándo iba a haber fiesta y todo eso de lo que uno se entera mucho después.

Además de ser una central de chismes, en donde la vida de todos está expuesta, también es una buena forma de encontrar gente con la que hace mucho tiempo no se está en contacto. Gracias a Facebook encontré amigos desde kínder, hasta casi toda mi generación de la Universidad.

Muchos son los artículos en los cuales han “satanizado” las redes sociales, que los piratas informáticos están a la orden del día atentos a robarte la identidad, que también están secuestradores y delincuentes a los cuales “informas” sobre quiénes son tus amigos, qué lugares frecuentas; también han referido que muchos empleadores buscan tu perfil para conocer el “otro” lado del aspirante.

Sinceramente no puedo evitar leer esos artículos y a algunos darles la razón, pero otros me parecen una verdadera pérdida de tiempo, tanto de quien lo escribió como de quien lo leyó.

Creo que tanto Facebook como las demás redes sociales son mera responsabilidad de quien las usa. En el tiempo que dieron la alerta de que eran muy inseguros estos sitios recibí un correo electrónico de Myspace (sí, también estuve allí) en el que brindaban ciertos consejos de seguridad, pero en los que recalcaban que todo dependía del uso que uno le quisiera dar.

Facebook es una de las mejores redes sociales en las que he estado (contando que estuve en Tagged, Hi5, Myspace, Metroflog, Fotolog, Yahoo! 360, Live Spaces y actualmente en Blogger), ya que además de ponerme al día en chismes y saber en qué andan mis amigos, me ayuda a reencontrar a personas con las que hace mucho tiempo no tengo contacto. Yo sí estoy a favor de las redes sociales, siempre y cuando sean utilizadas de la mejor forma y sólo para lo que son: socializar.

Lucía Salas

23 Mayo 2009 03:00:48
¡Encuéntrale un sentido a tu vida!
La vida es un regalo que se nos da y que en ocasiones no se ve como tal, debido a que algunas personas aún no han descubierto qué es lo que los mantiene vivos. Desgraciadamente a lo largo de los años hemos visto cómo personas de todas las edades, condiciones sociales, religiones y nacionalidades han decidido terminar con su vida, debido a que no pudieron encontrar una causa que los aferrara a ella.

Los animales se aferran para mantener a sus crías, las defienden a capa y espada de sus enemigos; muchos enfermos terminales soportan tratamientos dolorosos para vivir cuando menos un día más; pero ¿qué es lo que los mantiene vivos?, ¿qué les da fuerza para sobrevivir?

Cada quien es dueño de su vida y tiene la libertad de elegir cómo quiere vivirla y cómo responder ante diversas situaciones. La fe es la única que te puede salvar. Es impresionante ver cómo tantas personas poco a poco terminan con sus deseos de vivir, sobre todo en la adolescencia cuando debido a cambios hormonales, físicos, psíquicos, el individuo cree tener todo en su contra y no poder con tanto y muchas veces recurre a la salida que encuentra más fácil: la del suicidio.

Existen hombres que luchan día a día por salir adelante, que no se dan por vencidos, que a pesar de todas las adversidades que se les presentan no dan su brazo a torcer, sino que se levantan y demuestran el gran valor que tienen por la vida y son un ejemplo para la humanidad; el mejor ejemplo que puedo nombrar es al papa Juan Pablo II que aún después de perder a su familia, sufrir un atentado, ser víctima de varias enfermedades, aún en su lecho de muerte tuvo fe y esperanza de seguir adelante; su sentido de vida estuvo bien definido, fue pescador de hombres, un ejemplo de vida, dejándonos a todos una muestra de que aunque algunas veces pensemos que ya nada tiene sentido, que ya no vale la pena vivir, en algún lugar del mundo existe una persona que tiene mayores problemas que tú y día a día agradece a Dios el estar vivo.

Reflexionemos cuántas veces tenemos presente el hecho de que podemos dejar de existir en cualquier minuto. Si tuviéramos que partir en un momento inesperado, ¿estaríamos listos?, ¿cómo nos sentiríamos si tuviéramos la seguridad completa de que aprovechamos cada instante de vida y cada oportunidad? Vale la pena tenerlo en cuenta la próxima vez que tengamos una queja sobre alguna circunstancia que parece muy grande e incluso le damos prioridad hasta que logra arrebatarnos la alegría de vivir.

Vivir es lo primero. Sin vida no tenemos oportunidad de nada. No podemos juzgar que sea mejor morir que vivir enfermo, que vivir con problemas, que vivir triste… de la vida se desprenden todas las potencialidades de nuestro ser y mientras estamos vivos es posible mejorar y luchar por construir lo que deseamos.

Vivian Catalina Adame Vargas

16 Mayo 2009 03:00:08
A dieta…
Hace unos meses tuve la grandiosa idea de ir con un médico naturista para que de una manera “ordenada” me ayude a bajar en flash los kilos que gracias a los tamales y demás burundangas se han acumulado en mi cuerpecito. Tengo tres meses para ponerme las pilas (es que seré dama en la boda de una amiga y como que el acumulado de mil kilos no ayudan pa’l vestido) así que eliminando el plan A: bajar de peso por obra del Espíritu Santo y el plan B: ignorar la condición, fui con una doctora ‘quesque’ muy buena y que con ella bajas de peso antes de que termines de decir la palabra “Chooocooolaaateee” (Mmmmmm).

Todo inició en plan sangrón. Llegué a la recepción y la mona que atendía allí me dijo que antes de pasar con la doctora me tenía que medir y pesar. Respiré hondo, me armé de valor y entré al cuartito con escasa luz, una camilla y una báscula. La mona me dijo que me quitara los zapatos, subiera a la báscula y me parara derecha. Por más santos a los que me encomendé la báscula pasó de los 80 kilos, lo que provocó que la mona se me quedara viendo despectivamente. Después siguió la cinta, me midió el cuello, los brazos, el busto, la cintura (sí, al parecer aún sigue allí), la cadera, las piernas y la muñeca. Para finalizar la tortura sacó una especie de pinza con la que me agarró mi lonjita más prominente y la midió con esa cosa, que para saber el grado de grasa en el abdomen. Salí de allí sintiéndome un puerquito, pero al ver a la doctora con una sonrisa amable pensé que entre tanta tortura había algo bueno, pero me equivoqué. En cuanto me senté y vio mis medidas y peso, me buscó en una tablita en la que según ella yo tenía una obesidad mórbida, que un chocolate más y estaba a punto de explotar.

Me dio una dieta que incluía lechuga, huevo (tooooodo el que quisiera comer), tomate, agua (muuuuucha) y chicle para cuando tuviera hambre. Ya no podía comer pan (no escucharé más “¿A qué hora sales por el pan?”), leche y sus derivados, pastas, harinas, azúcares y demás cosas.

Juro que me armé de valor, me tragué mis lagrimitas y salí resignada, pero con la actitud de que esto era lo que realmente quería y necesitaba. Los primeros dos días fueron un tanto soportables, seguía yo con toda la actitud. Me aguantaba a tragar huevo todo el día (¡wiuk!), pero después de cuatro días mandé la dieta muuuy lejos; a la salud de la doctora me fui a comprar un helado y recordé las delicias de saborear un delicioso trozo de carne asada.

Faltan exactamente 15 días para la boda, pero en lugar de preocuparme por no encontrar vestido, fui y compré metros y metros de tela, elegí un estilo de esos que disimulan las lonjitas y acudí con una buena costurera a que me haga el vestido. Aún tengo esos kilos de más, pero ya decidí que iré con otro doctor que me cobra más caro, pero del cual tengo mejores referencias e incluso ya vi sus dietas, que no están naaaada mal…

Natalia Gutiérrez

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
25 Abril 2009 03:00:34
¡Corran, ahí viene la influenza!
Ayer por la mañana que me desperté y prendí la televisión para ver las noticias, me arrepentí de haberlo hecho, pues la noticia del día es que hay un brote atípico del virus influenza en varias partes del país como el Estado de México, el Distrito Federal, San Luis Potosí, Oaxaca y Baja California.

Confieso que la noticia me asustó, aunque aquí en Saltillo no se ha lanzado la alerta del brote, pero no está de más protegerse.

Tal vez muchos piensen que no hay qué alarmarse tanto, que el virus no está tan presente y muchas razones más, pero lo que no saben es que si a algo le tengo pavor (sí, pavor) es a las enfermedades, sobre todo a aquellas que empiezan como algo simple y terminan mal.

La influenza tiene síntomas parecidos a los de una gripe: flujo nasal, fiebre, lagrimeo, dolor muscular y de articulaciones, tos y dolor de cabeza. Y eso es precisamente lo que me asusta. Bien podría uno creer que esos malestares son por una simple y sencilla gripa, pero en realidad es algo más grave.

En el país hasta ahora se cuentan con 20 muertes por este virus, aunque según leí y vi, la Secretaría de Salud comenta que la tienen controlada. El problema es que están diciendo que la vacuna que está actualmente en los centros de salud, no se ha comprobado que verdaderamente funcione, ¡imagínense!

Sé que tal vez en este punto parezco un tanto paranoica y lo soy. En cuanto a enfermedades respecta, sufro de una mezcla entre paranoia e hipocondría. Otra de las enfermedades que me vuelve loca es el dengue. Cómo un simple zancudito puede ocasionar tremendas enfermedades, pero diría Nana Goya “esa es otra historia”.

Retomando la influenza, resulta que en cuanto uno presente el cuadro de síntomas (soné a doctor, jajaja) debe acudir a la unidad médica más cercana para recibir un tratamiento de medicamentos que inhiben la actividad de las proteínas que se encuentran en la superficie del virus y sólo pueden ser indicados por un médico.

Como comenté, soy medio paranoica y buscando las recomendaciones para reducir la probabilidad de adquirir el virus se encuentra no acudir a lugares cerrados muy concurridos (cine, restaurante o centros comerciales sin ventilación), no viajar en avión, no acercarse a quienes tengan la enfermedad, no saludarlos ni de beso ni de mano, no compartir cubiertos o vasos y lavarse frecuentemente las manos.

No hay como estar atentos a las recomendaciones de la Secretaría de Salud y a las alertas de los medios de comunicación.

Espero que la influenza tarde o no llegue a Coahuila y mucho menos a Saltillo, porque entonces me volveré ermitaña, escondida en mi casa, acompañada de geles antibacteriales y dentro de una burbuja a prueba de balas y virus.

¡Aaaaachúuuu! ¡Noooooooooooooooooo! ¿La influenza? ¡Ah, no!, fue sólo el polvo…

Amanda Palacios

Invitamos a las lectoras de Zócalo a que expresen sus opiniones y vivencias que quieran compartir a la sociedad saltillense. Sólo tienes que mandar tu texto no mayor a una cuartilla al correo .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo). ¡Anímate y participa!

04 Abril 2009 03:00:12
¡Feliz aniversario!
Hoy es mi aniversario de bodas. Cinco años ya de casados… ¡Y qué rápido se han pasado!, pero en realidad, ¿qué significa un aniversario? ¿Es hoy distinto a ayer? ¿O a mañana? ¿Por qué necesitamos ponerles fechas a las cosas para destacar su importancia? Nosotros tenemos dos aniversarios cada año, puesto que nos casamos dos veces… y ¡qué cosas! ninguno de ellos festeja el día en que nos fuimos a vivir juntos, que para mí es el realmente importante.

En la vida de pareja surgen muchas fechas importantes, que suponen puntos de inflexión en su evolución. ¿Por qué festejar sólo el matrimonio? No me parece lo más importante, la verdad. Yo no creo mucho en él, pero realmente, ¿no es más decisivo el día en que decides que sí, que quieres compartir el resto de tu vida con esa persona?

Con el tiempo de preparación que llevan ahora las bodas eso suele ocurrir como año o año y medio antes de la ceremonia como poco… y sin embargo, ¿quién se acuerda del día en que tomó la decisión? Salvo que coincidiera con algún festejo especial, no es fácil…

En muchas ocasiones ni siquiera hay un solo día, es algo que se viene hablando, o pensando, desde hace un tiempo y al final se pone fecha y ya está. Para mí el momento verdaderamente importante fue el día aquél en que de repente me di cuenta de que ése y no otro iba a ser el abuelo de mis nietos. Pero ¿cuándo fue eso? recuerdo el lugar, estábamos en su casa, y el año, claro, fue en el ‘99. Y sin embargo no nos casamos hasta el 2002… pero ¿el día concreto? ni idea… ni siquiera el mes… sería para primavera, supongo… y sin embargo ésa sí es una fecha importante para mí. La que me decidió a seguir luchando por esa relación a pesar de los problemas.

Y sin embargo no es ésa la fecha que festejamos. Es sólo la del día en que formalizamos por escrito nuestra unión. En este caso ante los hombres. Para septiembre tocará recordar la unión ante Dios y la Iglesia, que por razones obvias, aún significa menos para mí, pero mucho más para él… ¿y qué es lo que festejamos? ¿Que después de cinco años seguimos aguantándonos día a día? ¿Que seguimos queriéndonos?

En realidad lo que más me gusta de los aniversarios, aparte de darnos algún caprichito gastronómico a su cuenta y el intercambio de regalitos, es hacer repaso de la relación. Cosas que me ha aportado, cosas en que me ha podido perjudicar, cómo vamos mejorando nuestra relación día a día, conociéndonos mejor, complementándonos cada día un poquito más… Espero que no llegue el día en que el repaso consista en ver en qué hemos ido empeorando, pero hay que contar también con ello. Las parejas tienen crisis. Yo siempre he pensado que si se logran superar de verdad, fortalecen la relación, pero si no… la deterioran o incluso la terminan rompiendo.

Por ahora no es nuestro caso, pero ¿quién sabe? y si ese día llega, espero que el repaso de turno nos ayude a mejorar las cosas, y no a seguir empeorándolas, pero esto es sólo una buena intención más de día de aniversario.

Lía Zapata

28 Marzo 2009 03:00:24
A él no le gustas tanto…
Hace unos días tuve la oportunidad de ir a ver esta película del director Ken Kwapis que está basada en el best seller “He’s Just Not That Into You” de Greg Behrendt y Liz Tuccillo, en la cual tiene como tema central todas esas señales que las mujeres buscamos en los hombres como indicio de que les gustamos o que pretenden llevar la relación a un nivel más avanzado.

Confieso que desde que vi el trailer me llamó la atención, ya que de alguna forma todas las mujeres hemos sentido que un hombre nos manda señales “ocultas” para decirnos cuánto le gustamos, pero que en realidad no son más que cosas que nosotras queremos ver.

Comenzó la película y con ella, mi empatía por el personaje principal “Giggi”. Una mujer un tanto inocente que en una primera cita con un hombre creía que él era el hombre de su vida y era recíproco, pero al paso de los minutos uno se da cuenta que no es cierto. A partir de allí me puse a pensar en mi vida y los hombres que han estado en ella, sobre todo aquellos que de un amor platónico no pasaron.

Son muy pocas las mujeres que no buscan señales “ocultas” en el comportamiento del hombre que les gusta, señales como que te voltea a ver, cuando en realidad está viendo a alguien más allá; o cuando te conectas al Messenger y es de los que nunca te saludan y de repente ves que su ventana es la primera que se abre, tal vez sólo tenía ganas de saludar o estaba aburrido y eras su única escapatoria, pero nosotros ya casi casi nos ponemos a pensar en el color del vestido de nuestras damas y qué tipo de flores habrá en la boda.

He descubierto que los hombres son demasiado sencillos, con ellos no hay grandes explicaciones, es decir, que si ellos te dicen “¡Hola!” quisieron decir “¡Hola! y nada más! Mientras que una como mujer piensa que ese “¡Hola!” fue porque él se la pasó buscando un momento para saludarnos, pero no nos dijo nada más porque lo ponemos muy nervioso… Mujeres, aceptémoslo, son puras MENTIRAS.

Sé que es muy lindo tener ilusiones e imaginarnos de la mano de ese hombre ideal, pero lo que es cierto es que de todas esas ilusiones no nos queda más que un corazón roto, ya que por lo general, ese hombre no nos corresponde y no tiene la menor intención de hacerlo. Puede que le parezcamos simpáticas y graciosas, pero no somos lo que él está buscando.

Así que yo las invito a que reflexionemos si en verdad vale la pena gastar nuestros sueños en personas que no se interesan en nosotros, dedicar y dedicar canciones en la radio a quien no las quiere escuchar, escribir mil pensamientos y poesías a quien no las sabe apreciar…

Sé que en algún momento, en algún lugar, tendremos a nuestro lado ese hombre que llene exactamente el molde que buscamos, pero por lo pronto, aprendamos a que no le gustamos tanto y en lugar de tirarnos a la tristeza y acompañarnos de dos kilos de chocolate, mejor busquemos a otro, tal vez él sí sea “el bueno”…

Daniela Lozano
21 Marzo 2009 03:00:15
La lógica y la señorita Yo
Resulta que hay una lógica para todo. La lógica no es la misma para todo y para todos.

Mi lógica no es tu lógica. La culpa es mía por creer que mi lógica es la mejor y es la que tiene que regir al mundo.

Bueno, resulta que yo opino que el que llega primero tiene ciertos derechos. Los pongo en situación: es un centro de atención que tiene horario de 7:00 a 19:00 horas. Hay seis oficinas y muchos más profesionales. Así que las oficinas (a veces) se comparten. En el horario matutino hay mucha afluencia de gente, pero por las tardes todo es más tranquilo, hay menos profesionales y sobran oficinas.

Explico mi punto: el señor Ávila es un profesional con más de 30 años de experiencia. No sé si en el mismo lugar, pero 30 años de antigüedad tienen cierta importancia.

La señorita Yo tiene una antigüedad de cinco meses, no tiene comparación, ¿verdad? Él es “el señor Antigüedad”. Merece respeto por ser una persona mayor.

Estos dos personajes coinciden porque desde hace cinco meses comparten horas, porque trabajan en el mismo lugar y hace más de tres meses comparten oficina.

La señorita Yo llega a las nueve de la mañana al trabajo y el señor Ávila llega a la hora que quiere… Supuestamente debería entrar 12:30 horas, pero llega cerca de las tres de la tarde.

Como comparten oficina, la lógica de la señorita Yo es que el que llega primero ocupa la oficina hasta que termine su trabajo, pero de acuerdo con el señor Ávila, la lógica de la señorita Yo no es correcta. Se refiere que él tiene todos los derechos.

¿Cómo no lo pensó antes la señorita Yo? La oficina es del señor Ávila porque ya lo ha dicho y lo ha dejado claro, y también pidió a la señorita Yo que la desocupe antes de que él llegue. No sé por qué se le ocurrió pensar a la señorita Yo que si él llega después, y que por las tardes hay muchas oficinas desocupadas, él no podría ocupar otra de las oficinas.

Las cosas son como son y tienen lógica. La señorita Yo llega a las nueve de la mañana, ocupa esa oficina porque es la única que está desocupada en ese horario y después (antes de las tres de la tarde) debe tomar todas sus cosas y trasladarse para desocupar la oficina para el señor Ávila.

Conclusión. Hay lógicas y lógicas. La lógica de la señorita Yo, del respeto y la igualdad no son suficientes.

A partir de ayer, la señorita YO traslada sus cosas a la una de la tarde a la oficina de enfrente… Lo hace temprano por si alguna vez el señor Ávila llega temprano y quiere SU oficina.

Verónica López

14 Marzo 2009 03:00:21
Yoga, lo que necesitaba…
Hace algunos meses comencé a practicar yoga con regularidad, principalmente para relajar mi cuerpo y mi mente de las tensiones cotidianas. Pero jamás imaginé que esta milenaria disciplina hindú me llevaría a descubrir toda una experiencia de salud, plenitud y sobre todo felicidad. Una parte esencial del Ashtanga yoga es la respiración profunda Ujjayi, con la cual oxigenamos y energizamos el cuerpo y facilitamos el control de las posturas. La respiración genera una gran concentración y de esta forma logramos la unión del cuerpo con la mente, el contacto intenso con el espíritu y la vuelta al propio centro, al verdadero ser.

Yo sabía que practicar yoga me ayudaría a enfrentar desafíos físicos, pero una de las numerosas cosas que me han sorprendido fue al salir de las primeras clases, me sentía más reflexiva, emotiva e incluso con ganas de llorar. Esto tiene una explicación. Cuando hemos guardado sentimientos de enojo y dolor por algún tiempo, viven encerrados y reprimidos en nuestro pecho, haciéndonos mantener inconscientemente los músculos tensos del tórax, la postura rígida y los pulmones casi inmóviles.

Con el yoga aprendemos a respirar de forma profunda y consciente, la respiración ayuda a desvanecer esa tensión muscular y así empiezan a brotar esos sentimientos contenidos. En cada inhalación sanamos el dolor y en cada exhalación expulsamos los “desechos emocionales”. Este desbordamiento va disminuyendo su intensidad hasta desaparecer, haciéndonos sentir liberados. Entonces podemos respirar tranquilamente, nuestro interior se llena de energía positiva y nos sentimos en completa paz.

A nivel físico ejercitamos estiramientos, flexibilidad, equilibrio, fuerza y resistencia, y trabajamos músculos, articulaciones, circulación sanguínea, glándulas, órganos y sistemas. Con la práctica vamos adquiriendo mayor energía, fuerza y elasticidad, y sobre todo conocimiento de nuestra anatomía y conciencia del propio cuerpo. Pero mucho más allá de los beneficios físicos, liberamos endorfinas, que nos dan una gran sensación de bienestar y optimismo, sentimos una gran relajación mental y cada día vamos disfrutando mucho más de la práctica.

El dominio de las posturas difíciles nos libera de tensión, ansiedad y mejora nuestra autoestima. Hasta el momento las enseñanzas del yoga me han ayudado a darme cuenta de que la mayoría de las cosas que me preocupan en la vida no valen la pena, sólo importa estar presente en el aquí y el ahora. El yoga es ahora para mí un estilo de vida. Es increíble cómo este cambio ha dado lugar a una nueva mujer, que no había experimentado, dándome un bienestar invaluable que no cambiaría por nada.

Rosa Medina
28 Febrero 2009 04:00:51
Cierra la puerta, por favor…
Desde que somos niños nos enseñan que no debemos dejar la puerta abierta porque puede entrar un ladrón, puede salirse nuestra mascota y nunca regresar, entran las moscas, se cuela el aire, mil y una razones por las cuales no debemos dejar las puertas abiertas.

Cuando crecemos, el asunto cambia un poco, conforme vamos conociendo personas les vamos abriendo la puerta, primero de nuestra casa y luego de nuestro corazón, pero cuando esa persona se va, es muy difícil cerrar la puerta por la que entró y, peor aún, se fue. Todos hemos escuchado que cuando una puerta se cierra, 100 se abren a su paso, y no lo puedo negar, porque abrir una puerta es mucho más fácil que cerrarla.

El proceso de cerrar una puerta no se trata sólo de empujarla y listo, sino requiere de mucho más. Es como cuando uno se cambia de casa, al momento de empezar a empacar, hay que ver qué sirve y qué no, qué nos llevamos a nuestro hogar y qué es simplemente basura, lo mismo pasa con los recuerdos y las lecciones que nos deja una persona. Es lindo tener presentes los mejores recuerdos, sin embargo, esos son, precisamente, los que no nos permiten cerrar la puerta.

Una vez, en un capítulo de “Sabrina, la Bruja Adolescente”, salió que ella andaba dando un recorrido por su corazón y descubrió que Aaron, el hombre con el que se quería casar, estaba sobre un pedestal en el pasillo, el guía le aseguraba que él era sólo una exposición temporal, pero que si quería ver al inquilino permanente por tiempo indefinido buscara el cuarto más grande y en él se encontraba Harvey; ella no lo podía creer y como verdaderamente quería a Aaron en su vida, le construyó un cuarto para él, que a final de cuentas no funcionó. ¿Qué quiero decir con ello? Que es muy fácil tratar de construir cuartos con nuevas puertas en nuestro corazón, pero, si no estamos convencidos de que lo que termina, termina, y no ponemos llave a esa puerta, siempre la tendremos presente y buscaremos la forma de volver a dar con ella, aunque sea sólo “por nostalgia, melancolía o para recordar”.

No es fácil cerrar una puerta, ni reconfortarnos con la esperanza de que cuando la cerremos se abrirán muchas más, pero un hecho es que si queremos seguir adelante, lo único que nos queda es buscar la llave o dejar de mirar esa puerta que no QUEREMOS cerrar. Dijo Paulo Coehlo “cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta, hay tantas palabras para significar salud mental, y cualquiera sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. Ésa es la vida”.

Ángela Fuente

21 Febrero 2009 04:00:12
Mi complejo de ermitaño
Creo que la palabra “Ermitaña” define perfectamente mi estado. Sé cómo soy. Me gusta cómo soy. Pero no soy capaz de ser así de puertas de casa, hacia fuera. No se trata de timidez. Es más que eso. Soy incapaz de afrontar lo que hay fuera. Me cuesta mucho relacionarme con la gente, cuando no me siento bien o salgo a la calle obligada, tengo la sensación de que la gente me mira (y algunos se ríen), me angustia hablar en público, a veces, incluso lo más absurdo, como ir de compras, se convierte en un dilema.

Esto es frustrante, sobre todo, porque siempre me ha gustado salir, siempre me ha gustado conocer gente, me encanta ver a mis amigos... Hoy todavía me gusta eso, pero desde hace unos años, soy incapaz.

Soy una chica joven, una del montón, y no me gusta mucho llamar la atención. Me sobran kilos, pero nunca había sido un problema. Y creo que desde que empecé con mi pareja ha comenzado a serlo. Inicié con la obsesión de gustarle físicamente solamente yo, pasábamos muchas horas solos en mi casa o en la suya, me acostumbré a eso, a no ver más allá, luego comencé a obsesionarme porque no le gustaba, porque no era suficiente, no llegaba a su altura, empecé a sentirme inútil. ¿El diagnóstico? Colecciono complejos. Muchas veces no quiero que mi pareja me vea desnuda, o con cierta ropa. Aunque él asegure que le gusta.

Muestro mi inseguridad de muchas formas (lo que me frustra todavía más porque la gente se da cuenta) Sólo tienen que dirigirse a mí (sea cual sea la cuestión) y me pongo roja, sudo. Juego con un anillo. Miro a todos lados. Me muerdo los labios por dentro. Me como las uñas. Lloro, muchísimo. Hay una persona en el mundo que “casi” sabe como soy realmente, lo que siento, lo que me angustia, pero creo que no lo comprende. Intenta darme soluciones rápidas, esperando que sea un berrinche y se me pase. Tampoco he insistido mucho contándole lo que siento, porque no quiero parecer más boba de lo que pienso que soy. Quiere decir que incluso él, no sabe ni el 30 por ciento de lo que ronda mi cabeza. Conocerme, me conoce bien. Pero no sabe hasta qué punto me atormenta esta situación y estoy desesperada. No sé qué soluciones hay. No sé qué hacer. Intento corregir cosas, pero acabo rindiéndome. No sé si mi problema será psicológico, pero me siento mejor después de escribirlo. No sé si alguien lo leerá, pero seguro que hay mucha gente que le pasa igual. Voy a intentar dormir un poco. Por cierto, hoy empecé una dieta (una de tantas), acabaré dejándola, recuperando lo perdido, añadiendo un par más... y a seguir engordando. Como me pasa desde los 18 años (cuando era capaz de comerme el mundo).

Griselda Márquez
14 Febrero 2009 04:00:47
¡Qué mal pensados!
Sinceramente no sé si yo soy la que no entiende o ellos sí son los mal pensados...

Resulta que hace unos meses, se llevaron a mi hermano detenido al Ministerio Público por “faltas a la moral”. A mí me pareció todo muy extraño, así que esperé a que llegara él para conocer su versión. Según me cuenta, venía de recoger una cámara que les prestaron a un amigo y a él. Venían en el coche de su amigo y se estacionaron para ver las fotos que traía la cámara. Su amigo venía manejando y cuando se detuvieron él fue quien empezó de mirón con las fotos. Puso la cámara en su regazo para que los dos las pudieran ver. Dice mi hermano que atrás de la palanca de velocidades traían los cigarros y cuando él se agachó a recogerlos pasó un policía que se los llevó detenidos por “faltas a la moral”. Los dos quisieron explicarle lo sucedido, pero él no quiso escucharlos y de inmorales no los bajó (insisto, ¿son ellos o yo los confundidos?). Les dijo muchas cosas, entre ello que le dieran gracias que no llamaba a la prensa para que levantara el reporte. El amigo de mi hemano dijo que era más fácil que le hablara a la hermana de un amigo que trabajaba en un periódico para que sacara la noticia, a lo cual el policía ya no contestó nada. Todo terminó con una multa de 450 pesos y una muy mala experiencia.

Otra situación parecida, fue la que le ocurrió a una de mis amigas y su novio. Salieron de guardia (son enfermeros) muy tarde y como tenían mucha hambre llegaron a una tienda a comprar algo para comer. No encontraron lugar y se quedaron frente a una plaza en el coche de mi amiga. Allí estuvieron cenando, entonces según me cuenta, el novio de mi amiga que venía de copiloto, se quitó el suéter y se lo puso en regazo a forma de mantel. Unos minutos más tarde se acercó una patrulla y les preguntó qué hacían. Ellos dijeron que estaban cenando, pero el policía vio algo en el novio de mi amiga “que no le gustó”, así que le pidió que se “bajara de la unidad”. Él quiso obedecer al oficial, pero la puerta del copiloto de repente se traba y no se abre, pues tiene un golpe que dificulta tanto bajar el vidrio como abrirla. Mi amiga le dijo que se bajara por el lado del chofer. Él se quitó el suéter de las piernas y estaba viendo cómo brincar la palanca de velocidades cuando el policía le dijo que no había problema, que ya no se tenía que bajar. (Insisto, ¿quiénes son los confundidos, ellos o yo?)

Y hace más de cuatro años a unas amigas y a mí nos sucedió algo parecido, sólo que a nosotros nos bajaron y nos catearon. Lo que me dio mucha risa de todo fue que una de mis amigas usa pantalones de mezclilla que simulan traer bolsas, pero no las traen y la policía que nos cateó le dijo que por qué no traía bolsas en el pantalón (¡o seaaaa!). El pretexto fue que había el reporte de un “coche sospechoso”, no fuéramos a ser nosotras unas maleantes, robachicos o asesinas en serie.

En fin, sigo confundida y no logro descubrir quiénes son los mal pensados, si ellos o yo.

Lucía Esquivel
07 Febrero 2009 04:00:24
¡Relájate, mujer!
A todas nos ha pasado, y hablo tanto de quienes trabajan, que van a la escuela o aquellas que son madres… Todas hemos sentido que estamos a punto de explotar, que no podemos más de tanto cansancio, que la cabeza nos da vueltas, y lo único que deseamos es un día en el cual no tengamos nada qué hacer, pero hablo de absolutamente nada, ni cocinar, ni órdenes, ni trabajo, ni tarea… ¡¡Nada!!

La vida tanto para ellos como para nosotras es cada día más demandante y exigente, y por eso tanto estresante… Pero, ¿qué podemos hacer? ¿Correr hasta llegar a un lugar desconocido? ¿Enclaustrarnos? ¿Desaparecer el mapa? Mmm, creo que no todas tenemos esa posibilidad.

Yo sufría de lo mismo (bueno, aún sufro de repente, no lo puedo evitar, jejeje), pero encontré una sencilla solución. Sí, sé que tal vez lo que les pueda decir son cosas que ya se saben, pero que siempre se olvidan porque hay cosas más importantes en qué pensar. Bueno, un día de tantos estaba taaaan estresada, que casi casi no recordaba ni cómo me llamaba, mi marido se preocupó al verme tan mal que me propuso que el domingo se llevaría a los niños sólo para que yo pudiera descansar, porque me dijo “una mamá feliz, es una mejor mamá”.

Lo primero que hice fue dormirme hasta tarde, me olvidé que tenía que lavar la ropa, hacer el desayuno, atender a mi familia, me sentí otra vez una adolescente sin obligaciones. Según sé, el sueño perdido nunca se recupera, pero yo me sentí joven otra vez. Después de despertar me hice un desayuno que no me llevó tanto tiempo, sólo un sándwich, jugo de naranja, fruta y me di el gusto de no recoger los platos. Al fin tuve tiempo para leer el periódico sin que unas personitas de un metro me estuvieran diciendo “mamá, los colores… mamá, la comida… mamá, el perro… mamá, mamá, ¡mamá!”.

Decidí que aunque era mi “día libre” me tenía que bañar, me di el lujo de tomar un largo baño, tuve tiempo para alisarme el cabello y maquillarme como sólo lo hago para ir alguna fiesta. Pude revisar mi correo y ponerme en contacto con algunos amigos. Vi un maratón de películas que tenía pendientes y comí puras cosas “chatarra”.

El celular sonó en varias ocasiones, pero sólo le contesté a mi marido quien esperaba que mi día fuera bien, el cual concluyó con una cena familiar y un precioso ramo de flores que mi “querubín” tuvo la atención de regalarme.

El lunes que regresé al trabajo, todas mis compañeras me preguntaban si había hecho algo extraordinario, que si me había escapado con mi marido de fin de semana (mal pensaaaadas!), que si había ido a un spa, que si me había hecho tratamientos faciales y no sé qué tantas cosas. Cuando les contesté que en realidad no hice nada, no me quisieron creer. Definitivamente fue uno de los mejores domingos.

Sarah Palacios
31 Enero 2009 04:00:06
Seis grados de separación
Antes de salir a mi rutina diaria, tuve oportunidad de ver las noticias. En un noticiero de la localidad hablaban sobre la teoría “Seis grados de separación” en la que se trata de probar que el mundo es un pañuelo y que en la Tierra cualquiera puede estar conectado con otra persona del lado del mundo a través de una cadena que no tiene más de cinco intermediarios, es decir “Yo tengo un conocido, que tiene un conocido, que tiene un conocido, que tiene un conocido, que tiene un conocido que conoce a Brad Pitt”.

Basándome en esta interesante teoría surgida en 1929 por el escritor húngaro Frigeys Karinthy que originalmente se llamó “Chains”, puedo decir que fui víctima de esta teoría.

Al principio me pareció algo cómico, pero hace poco reencontré a una vieja conocida del jardín de niños (sí, del jardín de niños). Ella me encontró por el facebook de su novio, quien a su vez es amigo de una amiga mía. Esta cadena no fue más allá de 2 grados.

Cuántas veces nos topamos con estas “casualidades” de la vida y las creemos así, cosas del azar, sin embargo, la ley de la causalidad hace su aparición en el juego y nos explica esto de los 6 grados. Y nuevamente, la causalidad (y no la casualidad) nos dice que todo en este mundo pasa por alguna razón.

Y aunque yo fui víctima de esta teoría tuve que constatarlo con uno de esos correos electrónicos cadena que tanto molestan. Recibí el mismo correo en un aproximado de cuatro veces, la primera fue de una persona conocida y las otras tres de personas que me conocían, pero no tenían mi dirección electrónica, pero gracias a ese correo cadena la obtuvieron.

Yo no conocía el revuelo de esta teoría, comencé a platicarla entre amigos y conocidos y no faltó quien dijera que algo parecido le había ocurrido. Algunos reencontraron amigos de tiempos pasados, otros descubrieron que conocidos de ellos conocían a conocidos de ellos (aunque suene a trabalenguas).

Mis más reciente caso cercano con esta teoría fue a través de un hombre que conocí en mi trabajo, la verdad nunca me le había acercado ni mucho menos, pero un día que estábamos platicando (de esas veces que uno no sabe cómo se dieron las cosas) resulta que él conoce al novio de una amiga mía, quien a su vez tiene un amigo que es fanático del mismo grupo de rock local que me gusta, lo que quiere decir que el amigo del novio de mi amiga, amigo de mi compañero y yo alguna vez hemos coincidido en los mismos conciertos de rock.

La teoría de los seis grados de separación se está haciendo muy popular en Internet y un claro ejemplo es el Facebook, donde hacen recomendaciones de amigos con base en tus amigos y probablemente descubras personas que no tenías idea de que estuvieran relacionadas contigo.

Así que la próxima vez que tenga oportunidad de conocer a algún conocido de un amigo, me aseguraré de encontrar a ese “contacto” que conoce a Brad Pitt o al Príncipe William, uno nunca sabe...

Martha Hernández
24 Enero 2009 04:00:57
¿El príncipe azul?
El príncipe azul es un personaje que nos ha acompañado desde que somos pequeñas. Nuestros papás nos arrullaban con cuentos de hadas, en los que una débil princesa se encontraba atrapada por una malvada bruja o un temible dragón y un apuesto príncipe, caballeroso, gentil y romántico venía a rescatarla sobre su fiel corcel blanco. Después de salvarla del peligro, inmediatamente quedaban enamorados, se casaban y eran felices para siempre.

¿O me van a negar que todas escuchamos este cuento alguna vez? Y peor aún, esperamos que ese gentil caballero aparezca un día a nuestra puerta y nos diga “Te he buscado por toda la tierra, pero mi corazón me dijo que estabas aquí y no se equivocó”.

Sinceramente, yo dejé de creer en eso de los príncipes azules desde que me di cuenta que el asunto de la sangre azul era debido a un mito sobre la realeza que como no se asoleaban eran más blancos de lo normal y se les notaban más las venas. Y que los príncipes azules ¡¡No existeeen!!

Otra historia que nos han metido en la cabeza es que hay que besar sapos para encontrar a nuestro príncipe, lo que se traduciría en nuestra vida a encontrarnos con muchos hombres que “no valen la pena” a ver si alguno se convierte en todo lo que soñamos y sea el apuesto príncipe que tanto necesitamos.

Yo ya me cansé de besar sapos y esperar que el príncipe azul llegue a rescatarme de la torre. Me cansé de buscar la perfección y creer que ese Adonis en cuanto me vea se enamorará perdidamente, nos casaremos y seremos felices por siempre. Claro que existe un hombre perfecto para cada una de nosotras, pero al decir perfecto me refiero a que sea un ser humano común y corriente lleno de defectos, como nosotras, pero esos detallitos son precisamente los que los hacen perfectos, la simpleza, la sencillez, el sentido del humor, la sinceridad, son cualidades mucho más valiosas que las que cualquier príncipe azul pueda tener.

He de confesar que siempre me fijo en el sapo y jamás pretendo que se vuelva príncipe, puesto que me fijé en él como es, un sapo y eso es lo que me encanta de él.

Además sería un poco aburrido tener a un hombre perfecto siempre, que nunca te discuta (eso me encanta en una relación, poder discutir con alguien y mostrarnos tal cual somos) y siempre te dé la razón, que te llene de mimos siempre y se vuelva tu eterna sombra.

Así que a la otra que escuches un cuento de hadas con príncipes y princesas, acuérdate que sólo es eso, un cuento, que los príncipes no existen, sólo hay hombres normales. Aunque eso no es malo, sino lo contrario… estamos acostumbradas a que todos quieran parecer príncipes, perfectos; y cuando aparecen hombres normales la vida se vuelve más fácil y terminas agradeciendo no encontrarte sólo una envoltura, sino con una persona, un ser humano…

Dalia Medina
10 Enero 2009 04:22:34
Y tú, ¿para cuándo?
En las recientes fiestas decembrinas sufrí uno de los peores ataques de parte de mis tías.

La reunión familiar de Navidad no fue nada a lo que me esperó en Año Nuevo, pues según ellas a mis 22 años yo ya debería de estar mínimo organizando la boda de mis sueños.

Para su asombro soy una mujer soltera que no tiene novio ni nada por el estilo. Mis tías empezaron con su ataque de “¿Por qué no te casas?”, “¿Ay, m’ijita, ya estás grande” ¡O seaaa! “Luego se te va a pasar la edad para tener hijos”, “Mira tu prima que ya tiene 3 años con su novio”.

Escuché pacientemente cada uno de los comentarios de mis tías, a los cuales acertaba con un confuso movimiento de cabeza. Cuando por fin terminó el martirio les conté que no es que no me quisiera casar, es que había descubierto mi verdadera vocación, Dios me había iluminado el camino llevándome a su lado para ser su fiel sierva. Les dije que estaba en pláticas en un convento para volverme religiosa. El silencio que se creó después de eso fue lo más maravilloso del mundo. Me dijeron que si eso era lo que yo quería estaba bien, que ser religiosa era algo muy noble de mi parte y no sé qué tanto, justo en el momento en que pensé que la tortura acababa, una de ellas se levantó y me dijo que si no quería tener hijos, casarme, mi casa, un perro, unas cortinas y volvió a lo mismo.

Mi hermano que estaba presente, se atacó de la risa de cómo mí plan no había funcionado. Traté por todos los medios de explicarles a los que estaban en esa mesa que no es que nuuuunca quisiera casarme, simplemente aún no es el momento y no he encontrado a la persona adecuada. Seguí calmada diciéndoles cómo me sentía y la razón por la que no tenía novio, pero no fue suficiente para ellas. Hasta que no lo pude evitar y la “diarrea verbal” se hizo presente, sí, es que una vez que sale no puedes detener.

Les dije que yo no quería casarme nada más porque sentía que se me iba el tren como mi tía la más chica, ni por despecho como mi otra tía, mucho menos porque él sea rico y me ofrezca todo lo que quiero como la mayor de la camada, tampoco pretendía casarme con el primero de mis novios porque estoy segura que “es el amor de mi vida”. Noo, mi plan para casarme era porque realmente quisiera estar con alguien, porque tengo un futuro a su lado, porque sé que voy a crecer con él, porque vamos a compartir tristezas y alegrías, porque las peleas van a ser hasta divertidas, porque envejeceremos juntos, en fin por una y mil razones que ellas no tienen en sus matrimonios. Concluí esa “diarrea verbal” diciéndoles que si no me casaba no pasa nada, no es el fin del mundo ni de la raza humana, pero que eso no le quita lo divertido de seguir buscando.

Claro que en la siguiente reunión (la rosca de Reyes) nadie hizo ningún comentario al respecto y estoy segura que no volveré a escuchar “Y tú, ¿para cuándo?”.

Paola Salazar
03 Enero 2009 04:00:47
El mal tercio
Según la Real Academia Española, “hacer mal tercio” es estorbar; hacer daño en una pretensión o cosa semejante. En un diccionario online en 10 idiomas, significa: resultar molesta o impertinente [la presencia de una persona] cuando otras dos están juntas y preferirían estar solas. O sea, en pocas palabras es ESTORBO. Y si lo sabré yo, que he sido mal tercio en innumerables ocasiones.

Sinceramente, no hay nada más molesto que andar de mal tercio y lo peor es que te dicen “Nooo, nada que ver, no haces mal tercio, sólo somos amigos” cuando tú sabes que están “en planes amorosos”, que ya están a nada de tener algo más, pero uno, allí estorbaaaando.

Tengo tres historias muuy parecidas entre sí respecto al tema. Hace unos años, una de mis amigas me invitó a su casa para que conociera a su pretendiente, resulta que después de haber estado con ellos como 10 minutos (que parecieron eteeeernos), se hicieron novios, justo después de que me fui. Duraron como cuatro años de novios y actualmente tienen dos meses de casados.

Con otra de mis amigas coincidí en un concierto de Fernando Delgadillo hace unos meses, obviamente fue acompañada por “su amigo” que a los ocho días cambió ese término por el de “novio” y hace una semana acompañé (con engaños, porque se suponía que íbamos solas) a mi mejor amiga y su “compañero”, mismo que hace unos días se convirtió en novio. Otro de los detalles es que el día que estuve de mal tercio fue o en el cumpleaños de los novios o en vísperas de su cumpleaños.

Los tres han resultado buenas personas y sé que adoran a mis amigas, lo que me hace realmente feliz, pero cada que puedo les recuerdo que me choca andar de mal tercio y no es por ellas, sino por mí; es extraño ver a una pareja demostrándose cariño y una allí, tratando de distraerse jugando cartas, tomando fotos del cantante o de los insectos a gran tamaño, según sea a donde me lleven.

No sé si sólo es una coincidencia o que realmente haya algo “místico” en que yo ande de mal tercio, porque al final, dan el paso y terminan como novios.

Lo cierto es que eso de andar de mal tercio tiene sus ventajas, como quieren quedar bien y creen que puedo influir en las decisiones de ellas (obviamente no) me llevan a mi casa o me dicen “no, no, yo pago”, jajajaja. Como salió en un capítulo de la “Familia P.Luche” ganan sus “cartuchos” de novios de mis amigas que en algún momento pueden requerir.

En fin, ya cobraré mi comisión por estas parejitas y me tocará vengarme.... ya me tocará...

Alejandra Puente

13 Diciembre 2008 04:00:02
¡Bienvenido Lupe-Reyes!
Para las lectoras de Zócalo está abierto este espacio en el que pueden expresar sus opiniones acerca de sus vivencias y temas en general de gran interés para la sociedad.


Cada año, empieza esa temporada de amor y paz, pero sobre todo es tiempo de festejar. Ayer, precisamente se inauguró uno de los maratones más importantes de todo el año: el Lupe-Reyes 2008. Empieza el día en que celebramos a la Virgen de Guadalupe y termina en el Día de Reyes, de ahí su nombre Guadalupe-Reyes.

Son 26 días de fiesta tras fiesta en donde celebramos distintas razones, el 12 de diciembre es el día de la Virgen de Guadalupe; del 16 al 24 de diciembre son las posadas (si no es que empiezan antes las “preposadas”); el 24 es la Nochebuena; el 25 es Navidad; el 31 de diciembre es el fin de año; el 1 de enero recibimos al nuevo año y finalmente el 6 de enero es el día de los Reyes Magos.

Tal vez muchos no se habían dado cuenta de cuántos eventos son los que tenemos en este maratón ni cuántos días exactamente son, por eso me sorprendí cuando lo supe.

Buscando en Internet encontré esta simpática descripción del sagrado maratón: “Surgido como tal en la década de los noventa del siglo 20 consistente en maratónicas jornadas, dentro del indicado periodo, donde se vive un poco en el exceso y abuso en la ingesta de alimentos, muchos de ellos típicos como los llamados ‘romeritos’ y el guajolote o pavo comúnmente servido en las cenas de Nochebuena y fin de año, y bebidas, tanto alcohólicas como no alcohólicas. Las personas que inician este ‘maratón’ suelen realizar competencias para ver quién logra mantenerse él. Claro, es hasta donde puedan aguantar. Es muy común entre los jóvenes”. (wikipedia.org)

Así que la palabra que describe esta temporada es: excesos. Excesos en comida, excesos en bebidas, excesos en fiestas, excesos en desveladas… y ni para qué seguir la lista.

Y el 6 de Reyes haremos el conteo final de los daños: insoportable resaca, como cinco kilos más, unos cuantos accidentes ligeros y nuestro bolsillo se ve seriamente afectado. Peeeeeeero (como diría un crítico de un reality show) lo bailado nadie nos lo quita, ya que los mexicanos somos conocidos por ser alegres y bailadores.

además también tenemos fama de ser fiesteros y convertir cualquier festejo del carácter que sea (religioso o profano) en una pachanga de esas que duran hasta que el cuerpo aguante.

Y a diferencia de muchas otras culturas, celebramos todas las épocas del año; no hay una sola fecha que se nos escape, vivimos para festejar y eso es algo maravilloso además de muy característico de nuestro estilo de vida, somos privilegiados al formar parte de un pueblo plagado de tradiciones y rituales colectivos tan ricos tanto en tradición como imaginativos.

Reyna López

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22 Noviembre 2008 04:00:49
Extraño… ¡la tecnología!
Soy lo que se dice por ahí, una amante de la tecnología. Me encanta el tema y actualizarme en softwares y esas ondas. Soy dependiente de mi laptop la mayor parte del tiempo. Llego a la casa de trabajar y lo primero que hago es prenderla y conectarme al cosmos de la red.

Por todos lados se escucha que vivimos en un mundo cada vez más dependiente de la tecnología, la computación y por supuesto el internet. Mi rutina frente al ordenador empezaba al iniciar sesión en el mensajero con el que me comunico con mis amigos, después revisar mi correo electrónico, en realidad las cinco cuentas que poseo, por cuestiones personales, de trabajo y más, que sé y estoy segura muchos me entenderán. Luego me doy una vuelta por los blogs de algunos amigos que he hecho en la red y también reviso si el mío tiene comentarios nuevos. Después es turno de los metroflogs y fotologs, el myspace, un foro, una página de radio por internet local, las noticias y al final de este “ritual” inicia ahora sí el trabajo pendiente.

Hace unos días me di cuenta que perdí mi memoria USB, misma que recientemente compré como reemplazo de una que había pedido y reencontré, por lo que aún no desisto de la idea de volver a tener al pequeño “usbi” (como le puse de cariño a ese aparatito); y para colmo el cargador de mi laptop se descompuso, según me dijo el técnico se trozó un cable y necesita reparación.

Esto pasó desde el viernes de la semana pasada, es decir hace exactamente una semana y un día. Llevo la cuenta como una enamorada que cuenta los días que tiene separada del “amor de su vida”.

Definitivamente esto vino a arruinar mi vida tecnológica, pero también me hizo darme cuenta de cuán dependiente me he vuelto de ese aparatejo que me conecta al mundo, sin embargo también me roba la oportunidad de descubrirlo por mis ojos y disfrutarlo con todos los sentidos.

No puedo negar que me he sentido extraña sin la computadora, en el trabajo obviamente tengo otra máquina, pero no es lo mismo, aquella tiene el internet bloqueado (por la pérdida de tiempo en páginas improductivas) ni puedo disponer de ella como de mi laptop.

En la casa también hay otro ordenador, pero pertenece a mi hermano, que al igual que yo le presté en contadas ocasiones la laptop, él equitativamente me presta su computadora sólo para emergencias.

No me queda más que esperar a mañana, ya que me entregarán el cargador y podré tener de vuelta mi vida tecnológica para ponerme al día, al cabo sólo me conectaré un ratito, sólo un ratito, lo prometo…

Amelia Valles

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13 Septiembre 2008 04:00:09
¿Por qué a mí?
No es la primera vez que me pasa y siempre es lo mismo. Me gustaría que existiera una vacuna para prevenir este tipo de males. Todo empezó después de una noche fantástica junto a él, en la que vimos las estrellas y la lluvia fue el complemento perfecto. Fue un bello momento, pero al día siguiente todo quedó en recuerdo.

El sonido del despertador sólo me recordó un espantoso dolor de cabeza que no me dejó dormir. Me miré al espejo, tenía los ojos pequeñitos, rojos e hinchados de tanto llorar, la piel empezó a resecarse y sentirse áspera; tenía una extraña sensación que me erizaba los vellos; me sentía demasiado débil para levantarme de la cama, no tenía ganas de nada, simplemente la vida no tenía sentido.

Recibí la llamada de una amiga con la que había quedado de ir a almorzar, era el pretexto perfecto para distraer mi mente y olvidarme un poco de aquello que apesadumbraba mi alma, pero mis ánimos se encontraban por los suelos. Ella notó algo raro en mi voz y prefirió cambiar el almuerzo del restaurante a mi casa. Al verme en el espantoso estado que me encontraba, inició el interrogatorio de la situación. Me obligó a bañarme mientras preparaba algo de comer. La verdad me sentí una niña otra vez, necesitaba el abrazo de mamá, su sopa caliente que siempre me reconfortaba. Me metí a la regadera con más ganas de escurrirme por la coladera que de recobrar los ánimos de seguir. Recordé esa noche, todo era perfecto, ¿dónde estuvo el error? Preferí dejar de torturarme buscando respuestas y me enfoqué en comer la sopa caliente que estaba en la mesa.

La primera cucharada no me supo a nada, la segunda tampoco. Mi sentido gustativo se había ido de vacaciones y nada de lo que probaba tenía sabor.

Mi amiga decidió cuidar de mí ese día, siempre había sido solidaria y más en este tipo de situaciones. Me recomendó dormir un poco, tal vez recobraría algo de ánimos. En cuanto puse la cabeza en la almohada sentí que me asfixiaba, no podía respirar por la nariz y la boca se resecaba. El dolor de cabeza regresó y las lágrimas también. Los pañuelos desechables estaban por terminarse, no eran suficientes para calmar la mucosidad a causa del llanto. La nariz me ardía, sentía una opresión en el rostro, las piernas me temblaban, mi piel reseca, la cara de tristeza y todo por esa noche… esa noche.

Justo estaba por recordar de nuevo, tratar de encontrar el error, “eso” que me llevó hasta donde estoy, a ser una masa en la cama que no tiene ganas de nada, cuando de pronto sonó el teléfono. Sin muchos ánimos contesté, la voz que me respondió del otro lado del auricular me pareció conocida. Era él... Sí, estaba preocupado por mí.

En cuanto escuchó mi voz, se dio cuenta de que algo estaba mal: “Te dije que te ibas a enfermar de gripa, pero no me quisiste hacer caso, ¿cómo te sientes?”. Así es, tenía una gripa espantosa a causa de una noche que nos salimos a pasear, vimos las estrellas y la lluvia nos quiso arruinar la noche. Mientras él se refugiaba bajo un pequeño techo, yo decidí disfrutar del agua que gota a gota caía del cielo, lo que era de esperarse, la gripa se apoderó de mí y no podía ni levantarme de la cama.

La nariz la tenía roja de tanto limpiarme los mocos, insistentes en salir, pero que no me dejaban respirar. Los ojos estaban hinchados de tanto que me lloraban y por supuesto, el cuerpo cortado no podía faltar. Ahora estoy en cama, espero mañana sentirme mejor y entonces retomar mis actividades diarias. Ahhh, pero la próxima vez,no se me olvida el mugre paraguas.

Altaír Monsiváis


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