Espectáculos
Por
Eduardo Santos
Publicado el viernes, 18 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.- Seis crónicas monologadas, mismo número de actrices sobre el escenario, con personajes desventurados que mostraron contrastes que fueron del silencio al grito desesperado.
Bajo la dirección de Armando Quiñones fueron seis los monólogos que se presentaron el miércoles por la tarde en el Teatro de Cámara de la Casa de la Cultura, recinto que lució a su máxima capacidad con la presencia entre el público de actores de teatro de la talla de Juan Antonio Villarreal, Martha Matamoros y Jesús Valdés, quienes ocuparon la primera fila.
Eran las 18:00 horas cuando, puntual, dio inicio la puesta titulada “Seis Crónicas Desventuradas”, comenzando con un oscuro, para después ver a seis mujeres caminando por el escenario como ensimismadas cada una en su mundo.
Del autor Yupanki Aguilar, “A Quien Corresponda” fue el título del primer monólogo, a cargo de la novel actriz Alexandra Michell Lara Morín, quien comenzó su parlamento con palabras altisonantes y lo terminó de la misma manera.
“Buenas Noticias”, de Elizabeth Welsh, fue el monólogo con el que la actriz Alejandra Ugalde demostró su calidad histriónica al llorar con sus parlamentos, que mostraban a una mujer embarazada en un estado de angustia.
Con el tema musical “Paloma Negra” como fondo, “La Bohemia”, de Juan de Dios Barrueta Rath fue el tercer texto, a cargo de Nayeli García Posada.
“La Entrevista” de Sergio Betancourt Ortiz con la interpretación de Julia Nohemí Castillo García llevó al espectador a imaginarse los diálogos de un segundo en el escenario.
Un sueño inventado por alguien que aspira a más y no alcanza sus metas se abordó en “¿Hay Alguien Ahí?” Con la participación actoral de Denis Nieto García con un guión de Roberto López Marure.
El poco movimiento que se tuvo a lo largo de cinco monólogos se rompió cuando se completaron las “Seis Crónicas Desventuradas” con la titulada “Pa’ qué me Sirve la Vida”, un texto de Margarita Mondragón Orozco.
Con la mejor caracterización de la tarde, Fedra Alba entró a escena, no como una actriz tratando de interpretar un papel, sino como una indigente, sola, viviendo una tragicomedia, desarrapada, sucia, con un lenguaje y unos movimientos justificados en escena que le valieron la atención total de los asistentes al recinto cultural.
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