En el entramado institucional de un país como el nuestro, donde los retos democráticos se cruzan con los desafíos históricos, con las desigualdades y con una ciudadanía cada vez más exigente, el derecho parlamentario y la técnica legislativa representan mucho más que disciplinas especializadas. Son el eje donde convergen la teoría constitucional, la acción política y la construcción ética del Derecho.
La semana pasada, en Querétaro, en el emblemático Teatro de la República, que nos invita a mirar el pasado, donde se alberga el espíritu de la democracia, donde se estrenó nuestro himno nacional, donde el consejo de guerra enjuició y condenó a Maximiliano de Hasburgo y con ello se restableció la República; donde previo a la Constitución de 1917, iniciaron los debates del Congreso Constituyente y donde acudió el presidente Venustiano Carranza —nuestro insigne paisano coahuilense— a entregar el proyecto actual de la Constitución, hoy nuevas generaciones de abogadas y abogados en formación, se comprometieron con el estudio de esta valiosa función legislativa. La alumna de la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC, Fátima Cristina Urbano Campos, y su equipo, protestaron ante legisladores locales y federales, académicos y estudiantes, como presidenta y como mesa directiva nacional del proyecto del semillero de derecho parlamentario y técnica legislativa como un espacio de formación avanzada, crítica y transformadora. Un semillero, que no pretende únicamente ser un espacio académico, sino una verdadera trinchera de análisis, reflexión y producción jurídica al servicio del derecho.
No se puede cambiar la realidad, si no se entienden con precisión, las reglas que rigen el proceso legislativo. En el semillero, las y los estudiantes, no son oyentes, son protagonistas del pensamiento jurídico contemporáneo. Comprenden que detrás de cada ley, reforma y debate, hay una batalla cultural; una decisión política, un razonamiento y un modelo de país que se quiere construir o en su caso, preservar.
En una democracia, la ley es el lenguaje institucional del consenso y la técnica legislativa es el arte y la ciencia de decir con claridad, precisión y racionalidad, lo que una norma jurídica debe establecer. Una ley mal redactada no es solo un problema de estilo, es una amenaza para la seguridad jurídica, para la justicia y para el Estado de Derecho. Por eso, formar juristas capaces de redactar, revisar y evaluar proyectos legislativos con mirada crítica y técnica, no es una tarea menor, es un llamado urgente en la agenda nacional. En el semillero, se siembran convicciones, no dogmas; se procura la crítica, no la comodidad. Se apuesta por una formación que no se limita al aula, sino que dialoga con los diversos grupos parlamentarios, con la práctica legislativa, con los órganos constitucionales y con la realidad social que exige respuestas actualizadas desde el derecho. El derecho, si no sirve para mejorar la vida de las personas, es solo papel. La ley, si no se entiende, no se cumple y el poder legislativo, si no se acompaña de conciencia jurídica, técnica y ética, puede volverse un instrumento vacío, o peor aún, un riesgo para las libertades.
El Semillero es una incubadora de liderazgo jurídico, donde se aprende a pensar con rigor, a escribir con claridad y a incidir con legitimidad. La Universidad pública tiene la misión no solo reproducir el conocimiento, sino de producir esperanza organizada, saber transformador y personas capaces de dignificar el ejercicio profesional en todas y cada una de sus expresiones. El futuro no se improvisa, se diseña, se redacta, se construye y en la Facultad de Jurisprudencia, sembramos a quienes sabrán hacerlo con inteligencia, pasión y compromiso.
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