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Publicado el miércoles, 16 de julio del 2008 a las 19:01
Saltillo, Coah.- La palabra matrimonio tiene su origen etimológico en “matri-monium”, es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo contrae para poder ser madre dentro de la legalidad. La palabra matrimonio como denominación de la institución social y jurídica deriva de la práctica y del Derecho Romano.
El casarse por la Iglesia como tradicionalmente es unir sus vidas religiosamente se puede definir como la unión de dos personas por medio de la religiosidad y basados en la fe, además de sus creencias.
Como todo tiene un comienzo y un fin, el término de un matrimonio es el divorcio, este tema es casi tan antiguo como el matrimonio, si bien en muchas culturas no lo admitían era por cuestiones religiosas, sociales o económicas.
Tradicionalmente el final del matrimonio era la muerte, “hasta que la muerte los separe” es un legado o consigna en la ceremonia por la Iglesia. Pero hoy en día existen otros motivos por el cual divorciarse: el adulterio, antiguamente el adulterio cometido por la mujer era penado con la muerte, específicamente en la antigua Babilonia.
El sacerdote Jesús Pedro Oyervides habló de otro motivo al cual le atribuye al divorcio.
“Son muchas las causas del divorcio, una de ellas es la falta de compromiso”, dijo Oyervides.
Agregó el compromiso que se debe tener entre las mismas parejas, en ocasiones no es sólida esa responsabilidad, y a la primera ven la facilidad de poderse divorciar, que esto en ocasiones sí es necesario, por salud mental y/o física.
“Las personas que se van a casar no están lo suficientemente maduras, conscientes y comprometidas”, añadió Jesús Pedro Oyervides.
Además hizo hincapié en que las personas les sacan la vuelta a las pláticas prematrimoniales y las ven como una cuestión burocrática, y estas pláticas ayudan a incentivar a que no se llegue al divorcio.
En este mismo sentido añadió que “las pláticas tanto religiosas como legalmente deben de mejorar, es una tarea en equipo”.
El efecto del divorcio es que repercute principalmente en los hijos, ya que es una amenaza a su seguridad personal. En ocasiones asumen la responsabilidad de reconciliar a sus padres, ya que sienten que son la causa de la separación.
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