Nacional
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Grupo Zócalo
Publicado el viernes, 23 de enero del 2026 a las 20:54
Ciudad de México.– El gobierno de Claudia Sheinbaum analiza en privado si sigue enviando petróleo a Cuba, pese a que en público insiste en mantener el suministro. El dilema: no provocar a Donald Trump justo cuando México necesita proteger el T-MEC y convencer a Washington de que no requiere intervención militar contra los cárteles.
Tres fuentes de alto rango confirmaron que la política está bajo revisión interna. El temor en el gabinete federal es concreto: antagonizar a Estados Unidos podría salir muy caro.
La caída de Nicolás Maduro en Venezuela y el bloqueo estadounidense a sus petroleros dejaron a México como el único proveedor de crudo para Cuba, que enfrenta apagones masivos y una crisis energética sin salida. Lo que antes era un gesto de solidaridad ahora pesa como un riesgo geopolítico.
Las fuentes pidieron anonimato para hablar del tema. Ninguna descarta que el gobierno termine suspendiendo los envíos, reduciéndolos o manteniéndolos tal cual. La decisión final aún no está tomada.
Durante una llamada telefónica la semana pasada, el presidente republicano cuestionó a Sheinbaum sobre los envíos de crudo a Cuba y los miles de médicos cubanos trabajando en México, según dos de las fuentes.
Sheinbaum defendió ambas políticas. Le dijo que el petróleo es “ayuda humanitaria” y que el acuerdo con los médicos cubanos “cumple plenamente” con la ley mexicana. Trump no le exigió explícitamente detener los envíos, pero el mensaje quedó claro.
La Presidencia mexicana respondió a Reuters con la línea oficial: “México ha sido solidario con el pueblo de Cuba siempre”. Agregó que los envíos de petróleo y el pago por servicios médicos cubanos “son decisiones soberanas”.
Cuba no respondió a solicitudes de comentarios.
Funcionarios del gobierno de Sheinbaum están cada vez más inquietos por la presencia de drones de la Armada estadounidense sobre el Golfo de México desde diciembre.
Medios locales reportaron, con datos de seguimiento de vuelos, que al menos tres drones MQ-4C Triton de Northrop Grumman han realizado una decena de vuelos sobre la Bahía de Campeche, siguiendo aproximadamente la ruta de los buques que llevan combustible mexicano a la isla.
Los mismos aviones de reconocimiento aparecieron frente a las costas venezolanas en diciembre, días antes del ataque estadounidense contra Maduro.
“Hay un temor creciente a que Estados Unidos pueda llevar a cabo una acción unilateral sobre nuestro territorio”, dijo una de las fuentes.
La mandataria mexicana ha liderado una ofensiva contra el Cártel de Sinaloa y aprobó tres traslados masivos sin precedentes de casi 100 capos a Estados Unidos. Altos funcionarios estadounidenses han elogiado estas medidas.
Pero Sheinbaum ha dejado claro que cualquier acción militar unilateral de Estados Unidos en territorio mexicano representa una línea roja que no tolerará. Trump, por su parte, ha intensificado la presión en las últimas semanas, afirmando que México está gobernado por los cárteles y que ataques terrestres contra ellos podrían ser inminentes.
El miércoles, Sheinbaum defendió públicamente los envíos: “De lo que se produce de crudo en México es muy poco lo que se envía a Cuba, pero es un apoyo solidario para una situación de penuria, de dificultad. Eso no tiene por qué desaparecer”.
Entre enero y septiembre del año pasado, México envió 17,200 barriles diarios de petróleo crudo y 2,000 barriles de productos refinados a Cuba, por un valor aproximado de 400 millones de dólares, según reportó Pemex a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.
La isla más grande del Caribe depende casi por completo de las importaciones de crudo para generar electricidad, gasolina y combustible de aviación.
Dentro del gobierno de Sheinbaum existe la convicción de que cortar el suministro podría desatar una catástrofe humanitaria sin precedentes en Cuba, provocando una migración masiva hacia México. Por eso algunos miembros del gabinete presionan para mantener el flujo de combustible.
Con Venezuela fuera del juego, parece improbable que otros productores intervengan para compensar el déficit, dada la atención de Washington y su fuerte presencia militar en la región. Estados Unidos ya ha incautado buques petroleros que participaban en el comercio con Venezuela, Irán y Rusia.
Un funcionario de la Casa Blanca fue directo: “Como declaró el presidente, Cuba está fracasando por su propia voluntad. No habrá más petróleo ni dinero que llegue a Cuba desde Venezuela, y sugiere encarecidamente que Cuba llegue a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”.
La campaña de presión de Trump contra Cuba viene desde su primer mandato, cuando revirtió gran parte del acercamiento orquestado por Barack Obama. Desde que regresó al poder hace un año, la estrategia solo se ha intensificado.
El secretario de Estado, Marco Rubio —cubanoamericano—, ha sido uno de los principales impulsores de la política contra Venezuela, que él y otros funcionarios ven como una forma de debilitar a los aliados cubanos de Maduro.
Pero las limitaciones a la estrategia de Trump son evidentes: el apoyo regional e internacional de La Habana, el arraigo del liderazgo y las fuerzas de seguridad cubanas, y la capacidad que el país ha demostrado para resistir décadas bajo un férreo embargo económico estadounidense.
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