Monclova
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Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 24 de junio del 2026 a las 04:00
Monclova, Coah.- Antes de que suene la sirena, Jorge Arturo Pérez Garza, ya está listo. Sabe que al otro lado de la llamada puede haber una vida en riesgo, una familia angustiada o una emergencia que exigirá todo lo que ha aprendido en 15 años de servicio.
Es bombero y paramédico del heroico cuerpo de Monclova, donde ha formado una fraternidad con sus compañeros, quienes como él, viven al filo del peligro.
Tiene apenas 32 años, pero la mitad de su vida la ha dedicado a ayudar a otros.
Su historia comenzó cuando era apenas un adolescente. A los 15 años ingresó como voluntario al Cuerpo de Bomberos de Monclova, atraído por la vocación de servir. Dos años después inició su formación como Técnico en Urgencias Médicas en la Cruz Roja, donde vivió sus primeros servicios a bordo de una ambulancia.
“Nos preparan para evaluar pacientes, atender emergencias y prolongar la vida de las personas mientras reciben atención médica. Pero más allá de la técnica, hay que estar preparado en cuerpo, mente y corazón”, expresa.
Su trayectoria lo llevó también al Cuerpo de Bomberos de Altos Hornos de México. Cuando la empresa cerró sus puertas, Jorge tuvo que buscar una nueva oportunidad laboral. La encontró donde todo había comenzado: en el Departamento de Bomberos, al que se incorporó hace tres años como elemento operativo.
Hoy desempeña una doble función. Lo mismo puede conducir una motobomba hacia un incendio que abordar una ambulancia para atender a una persona lesionada en un accidente.
La realidad que enfrenta diariamente no es sencilla. Accidentes automovilísticos y de motocicleta forman parte de las emergencias más frecuentes que atiende, escenarios donde cada segundo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Aun así, reconoce que ninguna capacitación logra eliminar por completo el impacto emocional que dejan algunas situaciones.
“Sí existe miedo. Sí hay impacto. Pero tenemos que aprender a sobrellevarlo porque esto nunca se acaba”, señala.
Lejos de quedarse atrapado en los recuerdos más difíciles, Jorge ha encontrado una manera de protegerse emocionalmente: concentrarse en aprender de cada servicio.
“No pienso tanto en el caso o en el paciente después. Pienso en qué pudimos hacer mejor, qué área de oportunidad tuvimos, qué nos falta como equipo para estar más preparados la próxima vez”, expresa.
La capacitación constante es una de sus prioridades. Considera que las emergencias cambian, que los incendios son cada vez más complejos y que el conocimiento puede convertirse en una herramienta tan valiosa como una manguera o un botiquín.
Pero si hay algo que le recuerda por qué eligió este camino, son los niños.
Con frecuencia participa en pláticas escolares y simulacros. Ahí descubre otra dimensión de su trabajo: la admiración con la que los más pequeños observan el uniforme rojo.
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