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Coahuila

Siempre se puede ser (y hacer) mejor

Por Irene Spigno

Hace 7 meses

Hace unos días se estrenó la película Lilo & Stitch. Se trata del live action del clásico número 42 de las producciones de Walt Disney. Pasaron más de 20 años desde la llegada de la homónima película animada a la gran pantalla: era junio de 2002 y, en ese entonces, yo tenía poco más de 20 años.

Fue amor a primera vista. A pesar de haber sido, desde muy chiquita, una gran aficionada de todas las obras de Walt Disney, desde que me encontré con la pequeña niña hawaiana Lilo y el alienígena Stitch, no he tenido ninguna duda: esa película se ha convertido en mi favorita.

Creo que la mayoría de las personas que están leyendo estas líneas han tenido la suerte de ver la caricatura original y saben de qué estamos hablando. Para quien no ha tenido todavía la oportunidad de conocer tanto la película animada de 2002, como la recién estrenada live action, les recomiendo que no se las pierdan.

Muchas veces me he cuestionado por qué amo tanto esta película y a ese pequeño extraterrestre azul, muy esponjoso y a veces tierno, pero en realidad muy malo, por haber sido construido genéticamente para destruir todo lo que se encuentre.

También Lilo es una niña solitaria que vive bajo los cuidados de su hermana después de perder a sus papás en un accidente. Estamos muy lejos del mundo encantado de hermosas princesas e historias de amor con final feliz.

Sin embargo, Lilo & Stitch también es una gran historia de amor. Lejos de los ideales del amor romántico a los que la literatura, la música, el teatro y el cine nos acostumbraron, aquí estamos hablando de un amor mucho más grande y poderoso, que puede sanar a las personas, aliviar corazones rotos por sufrir una pérdida importante y permitirnos ser mejores seres humanos.

Es el amor que gira alrededor del concepto de “ohana”, una palabra hawaiana que significa “familia”.

La familia no son solamente las personas con las que tenemos una conexión biológica, sino que incluye a todas aquellas personas que cuidamos y nos cuidan. La familia es nuestro espacio seguro, donde damos y recibimos apoyo.

Lilo & Stitch nos muestran cual es la gran fuerza del amor: su capacidad de transformarnos para que podamos llegar a construir nuestra mejor versión. Pero también nos enseñan que el amor no aparece de la nada: el amor se aprende y se enseña, a través de nuestros comportamientos y de lo que hacemos a lo largo de nuestras vidas.

No hay excusas. No se vale decir “soy así” como justificación para no tratar de ser o hacer algo diferente. Stitch es el gran ejemplo. Es un experimento genético creado para ser malo. Su capacidad de destrucción es enorme. Nunca conoció el amor en su vida.

Llegó a la Tierra al tratar de escapar de su planeta de origen, donde lo quieren detener por su peligrosidad, y se acerca a Lilo con la finalidad de esconderse de la Federación Galáctica que lo está buscando.

Por otro lado, la pequeña Lilo sólo desea tener un amigo, alguien que no se burle de ella como hacen las otras niñas de su pueblo y que se quede con ella y no la abandone.

Lilo conoció el amor de su familia, pero lo perdió: quizás es muy pequeña para entender el dolor de la pérdida de sus padres, pero es suficientemente grande para poderlo sentir.

Lilo & Stitch se encuentran justo cuando ambos más lo necesitan, aunque quizás de la manera menos esperada. En ambos había algo muy importante que estaba roto, y justo por esa razón Lilo bautizó a su pequeño amigo azul con este nombre: “Stitch”.

En inglés, stitch significa “puntada” o “costura”, para indicar el movimiento que puede unir dos piezas de tela u otro tipo de material para arreglar algo o formar algo nuevo.

El amor es justamente esa puntada que permite arreglar algo que está roto para formar algo nuevo. Como le muestra Lilo a Stitch, el amor es el ingrediente mágico que puede hacernos cambiar a todas las personas, para ser (y hacer) mejor.

Porque, como bien dice Lilo, en realidad Stitch no es malo, simplemente a veces hace cosas malas. Y una vez más, el amor es la solución.

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