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| El Ejército Mexicano apoyó en el rescate.

Piedras Negras

Sigue abierta la herida a 20 años de la Inundación

  Por Orquídea López Allec

Publicado el jueves, 4 de abril del 2024 a las 04:17


Ha pasado el tiempo e indica que las familias han logrado recuperar poco a poco su patrimonio y la tranquilidad.

Piedras Negras, Coahuila.- Dos décadas han pasado y el eco de la catástrofe del 4 de abril de 2004 se hace presente en Villa de Fuente, un sector que aunque ha luchado por salir avante, hoy no ha vuelto a ser el lugar que antes era, luego de enfrentar una inundación de grandes magnitudes y tres años después un tornado.

Fue un Domingo de Ramos, un suceso que nadie esperaba, se había presentado sólo una ligera llovizna en la mañana, pero el día se tornó soleado y en Villa de Fuente se disfrutaba de un domingo familiar, cálido, lleno de música, de alegría, de visitantes por las vacaciones de Semana Santa.

El atardecer pronto trajo algunos destellos dorados en el cielo, cuando ya se observaba un movimiento inusual de elementos del Ejército Mexicano y de autoridades de Protección Civil en la Región Norte en El Vergel, un asentamiento irregular que daba vivienda a varias familias.

Con varillas, las autoridades medían el grosor del caudal y de acuerdo al crecimiento que tenía, pronosticaban que fuera hasta la mañana del lunes 5 de abril cuando pasara la mayor parte de una creciente que indicaban sería de más de 300 metros, por lo tanto se había decidido evacuar a las familias de El Vergel.

Doña Federica López, una señora de entonces 69 años de edad, precisaba que no se saldría de su casa, una vivienda que había construido y arreglado con material reciclado en 30 años de vivir en la zona.

Mientras cocinaba unos nopalitos en un fogón afuera de la vivienda, señalaba que era una exageración, pues generalmente cuando había una creciente del río Escondido, sólo subía pocos metros y no llegaba a la casita que había construido con su esposo Erasmo Martínez, de 74 años de edad.

La escena contrastaba con la preocupación de las autoridades de evacuarlos y la alegría que los habitantes del Vergel irradiaban en su Domingo de Ramos.

El crepúsculo se hacía presente y bañaba de tonalidades rojizas el cielo del 4 de abril de 2004, los minutos pasaban y al acudir al edificio que albergaba entonces el jardín de niños Rosaura Zapata en la calle Piedras Negras, el agua empezaba a entrar a su patio.

La directora apenas unos días se había quejado de la maleza que rodeaba el plantel educativo, al señalar que ésta generaba inundaciones en la escuela cuando había creciente del río.

Pronto el puente peatonal que unía a la colonia Periodistas con Villa de Fuente se vio rodeado de agua, mientras la oscuridad se hacía presente y algunos vecinos empezaban a inquietarse con el agua que empezaba a correr con mayor rapidez.

La calle Piedras Negras empezó a verse inundada del afluente, del agua que comenzaba a correr con una mayor fuerza y que traía sonidos muy peculiares, entre éstos un rechinar que al parecer era de algunos árboles y postes de luz que empezaban a moverse.

De pronto el agua hizo caer como si fueran piezas de dominó los postes de la calle Piedras Negras, desde el río hacia el interior de la colonia, un momento impresionante que pudieron observar quienes vivían alrededor y un suceso que dejó sin luz al sector.

Las chispas de los cables rotos asustaban, pero era sólo el preludio del terror que vivirían las personas que se encontraban en Villa de Fuente; los carros que entraban y salían del sector empezaron a frenar su movimiento, algunos automovilistas se encontraban extrañados y pensaban que se trataba de algún accidente.

Sin embargo, ya en la calle Carranza, así como Victoria y aledañas al afluente, traían consigo una mayor cantidad de agua al desbordarse el río y empezó un caos impresionante, donde familias empezaron a salir de sus viviendas al tratar de salvar su integridad.

Algunos no pudieron hacerlo, como la mamá, la abuela y bisabuela de Lucero Moreno, una niña de sólo seis años de edad que acudió a celebrar el cumpleaños de su mami al sector en unas casas de Infonavit ubicadas muy cercanas al río.

Su mamá contestaba una llamada de su padre, cuando vieron que comenzó a subir el nivel de agua, Lucero se quedó en el patio con sus primos y sus tíos, pero ellas se encerraron en la casa.

Del suceso Lucero recuerda cómo su primo Emmanuel la subió a la barda, donde ya se encontraban su prima Diana y sus tíos. Aún recuerda cómo vibraba mucho la barda y decidieron pasar al techo de la casa mientras el agua subía más rápido.

La barda cayó y entonces la vivienda se sentía vulnerable ante la fuerza del agua que ya llevaba ramas, basura, aparatos electrodomésticos y animales, por lo que decidieron resguardarse en las ramas de un nogal que luchaba con gran fortaleza el embate del desastre natural. 

La vivienda cayó también y se llevó la vida de su mamá, su abuela y bisabuela, sin saberlo Lucero, pero la niña pudo observar cómo algunos cadáveres pasaron a su lado.

En otro punto, en la calle Mina casi frente al Oxxo de la curva, los automóviles se encontraban sin poder pasar, algunas personas subían al techo de la tienda de conveniencia, pero otras ya no pudieron como la familia Aldana Dorado, quienes vivieron una de las situaciones más dolorosas que se enfrentaron en la inundación.

Los hijos de Rubén e Hilda Verónica se fueron con la fuerte corriente que arrastró la camioneta hacia el río; los pequeños José Rubén de seis años y Axel de tres años de edad y sus padres regresaban desde San Antonio, Texas y cruzaban el sector para volver a su hogar en la capital de Coahuila.

La familia Viaña García fue otra de las familias que recibió un golpe muy fuerte aquel 4 de abril, transitaban por el libramiento Venustiano Carranza, cuando una gran ola de agua proveniente del río Escondido arrastró su camioneta.

Sólo un cuerpo de una pequeña integrante de la familia fue encontrado, pero su hermana Karen Elizabeth de 7 años, su mamá Elizabeth García de 31 años y su papá Rodolfo Viaña Soto de 31 años desaparecieron.

En la madrugada del 5 de abril, el viento fuerte hizo volar la negra cabellera de Lucero, quien despertó al darse cuenta de la llegada de un helicóptero de la Border Patrol de Estados Unidos que se unió al rescate de sobrevivientes; la niña fue rescatada con vida.

Pero muchas personas no, como dos de los hijos de la familia Rojero Alvarado, quienes se sumaron a la cifra oficial de 38 fallecidos, cifra que los habitantes del sector desestimaban al señalar que eran muchos más, lo mismo que más de 7 de desaparecidos.

Unos días después el cuerpo del pequeño Axel Aldana Dorado fue encontrado cerca de la Nogalera, pero nunca se encontró a José Rubén de seis años, a quien su familia aún espera.

 

Un día de luto

Para Armando Martínez, integrante de la Comisión por la Verdad de Villa de Fuente, este día ha marcado a todo Piedras Negras y debe de ser recordado para que no vuelva a pasar, una tragedia que se llevó a muchas vidas.

Precisa que Villa de Fuente ya no volvió a ser la misma, con cada lluvia o cada viento fuerte, quienes han vivido inundaciones y el tornado, vuelven a vivir el terror y la angustia.

No obstante, quienes decidieron quedarse a vivir en el sector se han fortalecido y precisan que han sido pruebas que les ha puesto Dios.

Externa su preocupación por las áreas aledañas a Villa de Fuente, específicamente frente a la empresa Labasa, donde había vega y no existe luego que han dejado caer mucho material y el agua topa en ese lugar, por lo que tienen miedo que pueda suceder otra inundación.

Ante ello, piden a las autoridades poner atención y que retiren todo ese material que se encuentra cercano al río y enfatiza que todos deben tomar conciencia.

Ha pasado el tiempo e indica que las familias han logrado recuperar poco a poco su patrimonio y la tranquilidad.

“ Son pruebas y tenemos que aceptarlas, sacar adelante a nuestras familias, en las dos ocasiones la inundación y el tornado nos quedamos sin nada, sin equipo, sin trabajo, ni nada, gracias a Dios aquí estamos”, expresó.

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