Arte

Publicado el miércoles, 15 de octubre del 2025 a las 03:58
Ciudad de México.- En la cima de su carrera, el tenor veracruzano Javier Camarena (Xalapa, 1976) aspira a retirarse de los escenarios a los 65 años, siempre que mantenga una buena salud vocal.
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Siempre tuve claro que si llego a los 65 y puedo cantar de manera decorosa en ese momento, hasta ahí voy a llegar”, comparte en entrevista.
El cantante cumplirá 50 años en marzo próximo, así que ese retiro de los escenarios no será pronto.
Sin embargo, perfila nuevas posibilidades para su carrera llegado el momento: dedicar mayor tiempo a la docencia e incursionar en la dirección de escena.
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Me gusta mucho, no soy actor. Tendría que estudiar mucho, pero sí me gustaría tener la posibilidad de dirigir una ópera”, reflexiona el tenor, quien disfruta de la actuación. “Tendría que analizar; me quedan 15 años todavía y, en ese tiempo, analizar el abanico de posibilidades”.
El interés por dirigir se ha visto estimulado por su trabajo con los grandes directores de escena, con quienes ha colaborado, como el dúo franco-belga Moshe Leiser y Patrice Caurier, con quienes trabajó, por ejemplo, en el Otelo de Gioachino Rossini.
Alaba su manera de visualizar a los personajes y consolidar la “amalgama” entre ellos y la narrativa musical.
Aunque, antes, hay mucho repertorio que le interesa explorar y debutar en los años por delante.
La Hija del Regimiento, de Gaetano Donizetti, lo acompaña con Tonio desde el inicio de su carrera, y, como Camarena asegura, en los últimos años se volvió su rúbrica.
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Yo creo que el público siempre va a percibir cuando uno está en total y absoluto dominio de cada una de las exigencias en las partituras de las diferentes óperas”, plantea el tenor sobre la característica de los roles que terminan por convertirse en rúbrica de un cantante.
Ya sean los agudos de La hija del regimiento; el fraseo bello y elegante de Los puritanos o La Sonámbula, óperas “preciosas” de Vincenzo Bellini, o la gracia actoral de Nemorino en El Elíxir de Amor, de Donizetti, también necesaria en las óperas rossinianas que ha abordado, como El Conde Ory, La Italiana en Argel, El Barbero de Sevilla o La Cenicienta.
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Mientras uno se sienta cómodo y ligeramente sobrado de recursos, entre comillas, para enfrentarse a sus roles, yo creo que es lo que va definiendo que una ópera se vuelva una rúbrica para un intérprete. Hoy día yo quisiera estar asociado al Romeo de Romeo y Julieta de (Charles) Gounod, que hoy por hoy es la ópera que más me gusta”.
Con esta ópera, precisamente, volverá al Teatro Real de Madrid en mayo-junio de 2026, mientras que al Gran Liceu de Barcelona regresará con El elíxir de amor, la misma producción con la que debutó en España hace 13 años, el próximo 22 de noviembre.
Por lo pronto en México, tiene puesta la mira en Guanajuato para ofrecer un concierto, en el marco del Festival Internacional Cervantino.
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