Nacional

Publicado el martes, 11 de agosto del 2015 a las 17:10
México, D.F.- La pregunta le da vueltas en la cabeza: ¿Aventarse desde la azotea o empastillarse? La piensa, pero no se decide, pues teme no conseguir su cometido.
La idea en la señora Romero es persistente porque la enfermedad incurable que la aqueja avanza, cada vez la incapacita más, y lo hará por completo sin remedio. Ante su situación hace un llamado al Gobierno para que considere la eutanasia.
“Aquí no se da este servicio”, fue la respuesta que la señora recibió de médicos del ISSSTE cuando les hizo la petición.
“La vida pertenece a Dios”, le dijo una tanatóloga de la Comisión Nacional de Bioética de la Secretaría de Salud, y sus amigos y familiares se aterrorizan cada vez que expresa su deseo.
Vive sola y sólo ella debe lidiar con la esclerosis lateral amiotrófica que padece y que produce una debilidad muscular progresiva.
Para desplazarse arrastra los pies, apenas puede caminar, se sienta en la mesa e intenta tomar con las manos su bebida, pero el vaso se le resbala.
El cuidado que el médico y su familia le ofrecen es insuficiente. Debe arreglar su vida cotidiana como puede.
En la mesa de su casa se apilan los trastes, en el piso la ropa. Su cabello y vestimenta reflejan la dificultad que enfrenta para mover sus manos.
“Ya no puedo limpiar la casa, ya no puedo bañarme ni peinarme. No puedo hacer nada con las manos”, contó la mujer de 59 años, quien luce muy delgada y su ropa le queda enorme. Desde hace ocho meses que inició con síntomas ha bajado 15 kilos.
“No hay alternativa para pacientes terminales o desahuciados”, lamenta.
Las caídas por la debilidad en sus piernas son frecuentes. La última le provocó una fractura en el pie.
“Los doctores del ISSSTE me dijeron: ‘Para eso no hay nada’ ‘No tome nada’. Me dijeron que la enfermedad iba a ir progresando. Mi propuesta es que si no tienen medicina, entonces que oficialicen (la eutanasia), que me den la vacuna para dormir. Yo ya viví. Aunque me dijeran: ‘Va a vivir 10, 20 años’, para qué así”.
Las respuestas de los médicos privados que ha consultado tampoco son para ella alentadoras.
“Uno me dio un beso en la cabeza, otro me dijo: ‘Sólo un milagro’, y otra de plano comentó: ‘¿Por qué no te tiras al metro?’.
La señora Romero tiene un hijo, quien, aseguró, trabaja todo el día para “medio sobrevivir”, así que difícilmente se puede hacer cargo de ella. Contratar a alguien lo ve imposible, pues su pensión apenas le alcanza.
“¿Por qué los perros tienen derecho (a la eutanasia) y los humanos no? Si no tienen medicina que me duerman”, insistió.
En México la eutanasia está prohibida y se considera un delito, planteó Fernando Castillo, académico e investigador de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM.
Al médico que la aplique en el momento en el que el paciente la solicite, según el Código Penal, se le encarcela de cuatro a 12 años.
Los problemas éticos y las opiniones encontradas que hay alrededor del tema hacen complicada su legislación, agregó.
En México, el único recurso legal que tienen los pacientes desahuciados es la figura de Voluntad Anticipada, que permite al paciente decidir no someterse a procedimientos médicos que sólo le alargan la vida pero cuyo objetivo ya no es curar.
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