Coahuila

Publicado el lunes, 23 de septiembre del 2024 a las 04:29
Saltillo, Coah.- Peleas entre automovilistas, gritos en la caja registradora, ataques de pánico en el baño de la oficina: la cordura de los funcionales pende de un hilo.
Quizá las estadísticas que muestran que más 970 millones de personas en el mundo padecen de ansiedad, estrés y depresión, sean minimizadas al no comprender la magnitud del problema, pero las repercusiones son latentes.
La llamada “generación de cemento” subestima los padecimientos mentales y se rehúsa a buscar ayuda sicológica, sin saber que el insomnio, la neurosis, el alcoholismo o los trastornos alimenticios, son signos de que su estabilidad emocional es una olla de presión a punto de estallar.
Mientras tanto, “la generación de cristal” trata de ser más consciente con su salud mental pero, al mismo tiempo, le resulta cada vez más difícil mantener relaciones afectivas saludables y duraderas.
Rodeados de caos
La doctora en sicología, Karla Valdés, explica que los celulares y las redes sociales hacen más visibles los episodios de insensatez protagonizados por todo tipo de personas: señoras golpeando el mostrador de una pizzería; un taxista bajándose de su auto para golpear a un motociclista; un oficinista rompiendo su computadora, y otros incontables ejemplos.
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Hoy más que nunca nos damos cuenta de cómo las personas pueden reaccionar de una manera desproporcionada, o a veces tener arranques de ira, de tristeza, de otra emoción”, señala.
En palabras de Berenice de la Peña, docente investigadora y terapeuta, hoy abundan los estímulos externos que alteran nuestros nervios y merman nuestra capacidad de conducirnos con prudencia, al grado de perder la sensatez para dialogar, razonar y controlar las emociones, resultando en un cóctel explosivo.
Ambiente es clave
La realidad es que, entre las presiones del día a día, las deudas, las exigencias sociales, la mala alimentación y la nula gestión de las emociones, hacemos malabares para no caer en la locura, aunque este término ya no sea utilizado por los profesionales.
Ángel Alarcón Cortés, responsable del programa de Salud Mental de la Secretaría de Salud de Coahuila, asegura que así como el ambiente influye en nuestra salud física, el contexto en el que vivimos afecta directamente nuestra salud mental.
Entornos seguros
El doctor explica que de los tipos de trastornos existentes —de ansiedad, del estado de ánimo, del desarrollo, trastornos de la conducta, de la personalidad y del sueño—, la mayoría de la población padecerá alguno en algún momento de su vida, mientras que otros quizá sólo tengan episodios esporádicos.
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Por eso la estimación a nivel mundial, es que al menos una persona de cada 4, o 3 de cada 10, en algún punto de su vida van a tener un problema de salud mental, sería el equivalente a decir que en algún momento de nuestras vidas vamos a tener un resfriado común, no quiere decir que vamos a tener un trastorno muy complejo en los pulmones, simplemente, un resfriado común”, detalla.
Mientras tanto, la ira crece, y el panorama es complicado.
Karla Valdés afirma que la regulación emocional se ve afectada por la falta de tiempo de calidad en las familias, por los trabajos absorbentes, el sistema económico, el deficiente transporte, los salarios precarios, y las nuevas generaciones están desprotegidas.
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Tenemos mecanismos menos adaptativos: sí regulo mis emociones pero las reguló a través del grito, las regulo a través de la explosión, de la conducta violenta, y no se trata de que no las tengamos, porque las vamos a tener, pero tenemos que saber cómo encausarlas, cómo manejarlas, cómo encontrar esos mecanismos adaptativos para poder procesar las emociones y para poder actuar en consecuencia de ellas, sin afectar a un tercero o sin afectarnos a nosotros mismos”, expresa.
Y Alarcón Cortés lo refuerza: lo principal es contar con herramientas para saber cómo conducirnos en la vida, y aprender lo fundamental, que es la comunicación asertiva.
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Debemos aprender sobre la regulación emocional: no podemos tener total control sobre nuestras emociones, pero sí podemos controlar, hasta cierto punto, nuestras acciones, el tener más educación emocional para poder identificar lo que estoy sintiendo, identificar qué situación me está haciendo sentir eso, e identificar qué estoy haciendo después de que estoy sintiendo eso, me puede llevar ahora sí a generar cambios”.
Alarmante
En 2022, el suicidio fue la cuarta causa de muerte más común en niños y adolescentes de 10 a 14 años
34.8 millones de mexicanos han experimentado algún episodio depresivo
Tiene presencia el Covid
Los problemas relacionados a la salud mental también se agravaron con la llegada de la pandemia:
En 2020, miles de defunciones fueron por suicidio; dos años después, la cifra aumentó de 7,896 a 8,239 casos.
En un promedio del grupo OCDE, la prevalencia de depresión y ansiedad es de 20% más que antes de la pandemia, al menos al corte del 2022.
Con ello, en la última década los casos de suicidio han aumentado cerca de 50 por ciento.
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