Saltillo

Publicado el lunes, 26 de junio del 2023 a las 03:59
Saltillo, Coah.- Un libro tiene muchas historias: la que está impresa y las de los lectores que la leen, y en las páginas amarillas de los libros de segunda mano, uno encuentra dedicatorias, flores secas, recibos de pago, líneas subrayadas y fotografías antiguas que cuentan fragmentos del dueño anterior.
El aroma es inconfundible y el tiempo parece detenerse cuando uno se da el lujo de visitar alguna de las librerías de viejo que hay en la ciudad, que ya son pocas, ya casi no venden, pero siguen resistiendo por puro amor, si no, ¿qué sería de los libros?
Pensar en una recicladora de papel les eriza la piel: que los tesoros de la literatura universal terminen triturados sería un pecado; por eso se niegan a cerrar sus puertas, y por sus contados clientes siguen abriendo todos los días, con la esperanza de que un día los saltillenses se despierten con ganas de leer.
En la librería Santa María, ubicada en la calzada Antonio Narro, está “la hermana del dueño”, pero le da mucha pena ser entrevistada, así que platica sin cámaras ni grabadoras.
Su hermano murió hace unos años, y ella decidió continuar con este negocio que ya no es negocio, porque le gusta leer y estar rodeada de libros, porque así no se siente sola.
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A ojo de buen cubero, serán unos 10 mil libros”, dice la señora, “tengo libros hasta en la cocina”.
Los clientes vienen a cuentagotas, y más después del Covid-19, afirma.
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Tenía compradores asiduos, adultos mayores que les gustaba mucho leer y venían a buscar novelas clásicas, pero muchos murieron con la pandemia”, dice con tristeza, “los libros y yo los extrañamos”.
Guardar y sacar todos los días los libros sería una labor agotadora, así que sólo los tapa para que no se mojen ni les caiga mucho polvo, segura de que no se los llevarán pues los ladrones no leen y los que leen, no roban.
Calles más arriba está otra sucursal de Santa María, ésta la atienden los sobrinos, pero a pesar de lo que diga el horario, está cerrada.
En el aparador están los títulos y las ofertas, obras de grandes firmas y literatura infantil, pero nadie se detiene a verlos. Los libros esperan en silencio al próximo lector.

‘Aquí seguimos’
En la esquina de Emilio Carranza y Múzquiz está una casa familiar multifacética: es un cibercafé, sacan copias e impresiones, venden ventiladores, instrumentos musicales, ropa de marca, discos de vinilo y libros desde 5 pesos.
Ahí está el señor José Luis Cardona Rivera, quien le ha dedicado más de 20 años a esta librería de segunda mano.
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Pues ya nos dedicamos a esto, no es mucho lo que deja, pero sobrevivimos”, expresa, “antes era negocio, pero ahora ha sido menos, la gente ha dejado de leer pero aquí estamos”.
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Puedo decir que en cinco años, el número de clientes bajó un 40%, yo creo que fue por la facilidad de los medios electrónicos, el celular, el internet”, explica.
Son más de 5 mil libros los que el señor José Luis tiene en el patio de su casa y en dos habitaciones, y también oferta discos y revistas.
Los descuentos son tentadores, son revistas antiguas que inevitablemente transportan al pasado y huelen a melancolía.
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Sí vienen jóvenes, a muchos todavía les gusta leer”, afirma, “aquí viene gente de 18 años hasta los 70, motivados más que nada por el precio, porque con lo que compras un libro nuevo aquí te llevas tres”.
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Y también vienen por las ediciones, hay unas muy bonitas”, señala, “a mí me gusta mucho leer, bastante, antes leía más, pero ahora leo como dos o tres libros al mes”.
Sólo en estas librerías, que parecen estar en peligro de extinción, podrían convivir Gabriel García Márquez, Agatha Christie, Oscar Wilde, J.K. Rowling y Carlos Cuauhtémoc Sánchez en el mismo lugar, cuyas obras pueden estar al lado de Pearl S. Buck, de Paulo Coelho o de Jordi Rosado y su serie “Quiúbole con…”.
Hay títulos para todos los gustos y precios que se adaptan a todos los bolsillos, quizá lo único que falta y que no se puede comprar, son las ganas de leer.
¿Librerías de viejo?
Una librería de viejo es un comerciante que vende libro usado de segunda mano. Los más famosos son los buquinistas de París, que se encuentran en las riberas del Sena, también están el Mercat de Sant Antoni en Barcelona, y en Madrid la Cuesta de Moyano.
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