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Sobrevivientes de la violencia

  Por Redacción

Publicado el miércoles, 9 de abril del 2014 a las 04:22


Balazos y muchas muertes”. Así resume la pesadilla desatada por el comercio de la droga y la disputa del territorio.

Saltillo, Coah.- Balazos y muchas muertes”. Así resume la pesadilla desatada por el comercio de la droga y la disputa del territorio en la colonia Nuevo México, un niño que sobrevivió a años de enfrentamientos armados y de terror.

Tranquilo, como si hablara de cualquier cosa sin importancia, dice que le tocó ver cuerpos de vecinos tirados entre las angostas calles de la colonia.

A todas horas escuchaba balaceras. Al principio se asustaba, luego se acostumbró y ante cualquier disparo buscaba refugio donde fuera.

“Me metía a las casas para que no me dieran, para que no me alcanzaran las balas”. Si estaba en casa se sentía más seguro, pues ante el peligro sus papás y hermanos se escondían en un cuarto al que le pusieron ladrillo en la ventana para detener las balas.

Lo que más le impresionó fueron las fuertes detonaciones que se volvían ensordecedoras al recorrer el sonido los callejones estrechos y retachar contra la muralla del cerro.

La violencia era cotidiana. Por eso los delincuentes andaban armados entre los vecinos, de manera que para los niños aquello era, digamos, algo normal.

Destrucción y muerte

La calzada Colón, al poniente de la ciudad, apunta directo hacia el Cristo de las Noas, monumental escultura que domina, imponente, a la ciudad y a gran parte de la Comarca Lagunera.

Al pie de la imagen religiosa, montada sobre el Cerro de las Noas, se encuentran las colonias Primero de Mayo y Nuevo México. El contraste es evidente. En la primera las viviendas están habitadas y el grafiti apenas mancha el sector, no así en la segunda.

Desde lo lejos, antes de llegar a la calzada Madero, que lleva a los callejones de la Nuevo México, es posible ver un caserío en ruinas.

Las humildes viviendas asemejan cráneos. Las típicas ventanas al lado de las puertas parecen las cuencas vacías de los ojos. En ellas no hay luz, no hay vida.
En pocos minutos llegamos al lugar. No hubo contratiempos, no se encontraron retenes de los “malos” antes y después de llegar a las vías del ferrocarril que debemos cruzar para llegar a nuestro destino.

Fotógrafo y reportero de Ruta Libre íbamos sobre aviso. Iríamos a un sector azotado por la delincuencia en años recientes. Nos dijeron que las familias habían sido desplazadas de sus hogares por dos bandas delictivas y que el Gobierno del Estado, Federación y Municipio asumieron la responsabilidad de rehabilitar la colonia para el regreso de “los desplazados del pasado”, como los llamó Rodrigo Fuentes Ávila, secretario de Desarrollo Social.

Ajenos a la magnitud de la situación, simplemente imaginamos que encontraríamos bardas y frentes de las casas pintarrajeadas, con los vidrios quebrados, alguna que otra con la puerta forzada, basura y desperdicios en su interior, baldíos llenos de maleza y luminarias destrozadas.

Pero no. Impresiona la desolación del lugar, ubicado a unos cinco minutos de la Presidencia Municipal. Ni la presencia del Cristo de las Noas sirvió para frenar la saña delincuencial. Estar ahí es como encontrarse en una zona de guerra. Da la impresión de que estamos en Irak o Afganistán.

Entre dos frentes

Lo que ahí se cuenta horroriza. El lugar es estratégico por su ubicación y su geografía. Parece una fortificación imposible de penetrar. A espaldas el cerro escarpado y empinado, con grandes rocas lisas, impide llegar a la colonia. Intentarlo implica poner en riesgo la vida por una pisada en falso para precipitarse al fondo y caer en los techos de las casas. Quien se lo propusiera sería, además, blanco fácil para los disparos de armas de fuego desde abajo. Una locura.

Entrar en vehículo es imposible por los callejones. Conforme se sube por ellos se tiene una visión más completa de la ciudad para detectar de inmediato la aproximación de carros o camionetas extrañas, del Ejército o la Policía, varias cuadras antes de acercarse, con tiempo más que suficiente para defender la fortaleza o escapar.

Las bardas y techos, en lo alto, dan ventaja a los tiradores al servir como trincheras naturales. Estas defensas fueron insuficientes. En los límites con la Primero de Mayo los delincuentes construyeron una pequeña trinchera en la parte más alta, imposible de atacar, para mantener a raya a cualquiera con potentes rifles y ametralladoras.

Se cuenta que en esa fortaleza, protegida por la mole pétrea del cerro, llegaron a vivir alrededor de 30 delincuentes, entre ellos kaibiles, todos con armas de alto poder y con diferente jerarquía delincuencial.

Las familias fueron rehenes que sobrevivieron entre la zozobra y el terror cotidiano. Si no había enfrentamientos con soldados y policías, el peligro asomaba con la invasión de miembros de otro cartel en busca de apoderarse del sector.

Sobrevivieron entre dos fuegos. Frecuentemente había balaceras entre los callejones y de una vivienda a otra. El intercambio de posiciones es innegable. Signos de las bandas marcaban el territorio; un tiempo dominaban unos y luego otros. El miedo era el mismo.

Tranquilidad secuestrada

Desesperanza que les arrebató la paz

El sonido de las balaceras, los gritos de horror de las víctimas y los rezos de las familias, se mezclaban en los callejones de esta colonia, quitándole el aliento a quienes vivieron en carne este suplicio (sumario)

La colonia Nuevo México se encuentra atrás de la antigua estación del ferrocarril. Era –es– un sector humilde, con familias trabajadoras: albañiles, empleadas de comercio, obreros de maquiladoras, vendedores ambulantes, sin más riqueza que su trabajo y escaso patrimonio.

La vida tranquila, fuera de los apuros para completar el gasto diario y el pasaje del camión, se fue perdiendo poco a poco. Todo empezó por el 2009, cuando se registraron los primeros dos homicidios y a raíz de eso, todo cambió y las ejecuciones y enfrentamientos se volvieron repetitivos.

De las 184 viviendas, al final sólo 10 quedaron habitadas. El resto de los habitantes huyó por las amenazas de los delincuentes. En sus 21 manzanas la destrucción es visible. Veintitrés casas están en ruinas, con techos desplomados, paredes y bardas destrozadas. No hay mucha diferencia con el resto. Todas carecen de protecciones y de puertas, tuberías y cableado eléctrico.

Despavoridos, huyeron del lugar. No había nada que negociar, que hablar. O salían de inmediato, sin más pertenencias que la ropa que llevaban puesta, o en el acto pagaban el precio con la muerte. Hay familias completas que ya no regresarán.

Los primeros indicios de inseguridad se percibieron desde 2008 con vehículos extraños que rondaban el lugar y gente desconocida que poco a poco fue entrando a la colonia, y dos años después fueron obligados a abandonar sus viviendas.

“Para el 2010 la gente se fue totalmente. Bueno, no se fue, nos dejaron que nos fuéramos todos porque llegaron ‘los malos’ con armas y nos corrieron de nuestras casas”, recuerda Ana María Zapata, madre soltera de dos pequeños: “nos amenazaban por medio de nuestros hijos de que nos iban a hacer daño. Así como me ven vestida, así salíamos con nuestros hijos: ni un trapo, ni dinero, ni un mueble nos dejaron sacar. Nada”.

Ni siquiera tuvieron oportunidad de sacar documentos personales. A quienes opusieron resistencia los desaparecían o ejecutaban en el instante. “Los levantaban, se los llevaban y ya no sabíamos nada de ellos. Mucha gente inocente, también se llevaban a niños y no sabíamos nada ni de la señora ni de los esposos. Llegaban los carros y se los llevaban. No pudimos hacer nada porque tenían armas muy fuertes. Nadie decía nada por miedo”.

Rehenes de la delincuencia sufrieron con impotencia el terror. No se atrevieron a denunciar por temor a represalias.

“Si entraban –la Policía o el Ejército– nos tenían amenazados diciendo que si hablábamos, ellos ya sabían y que iban a venir a levantarnos.

“No podíamos hablar con nadie, decían que era caso perdido. Aquí estaban los hombres armados como si nada, en el día, en la noche. Llegaban, tocaban, decían ‘hágannos de comer’ y con amenazas teníamos que hacerles de comer. No sabía ni pa’ dónde correr, nos tenían checados a qué hora nos íbamos, a qué horas llegábamos, sabían todo, quién era mi familia. Vivíamos en el terror total”.

Su casa, ubicada en el callejón Segundo, a pocos metros de la calzada Madero, presenta las huellas de la batalla entre delincuentes. En la parte baja debieron tapiar las ventanas con ladrillo para evitar que entraran las balas. En la parte alta, los vidrios están rotos por los balazos.

“Tapé por la inseguridad porque entraban las balas y arriba no podíamos ni subir. Ahí están los balazos que nos llegaban”, dice al señalar los agujeros en el cristal.

Al igual que la mayor parte de las familias también huyó a otra colonia y dejó sus pertenencias. Al regresar no encontró nada. Los muebles, la ropa, todo se lo robaron.

“Nos decían ‘aquí no es nada suyo señito, si quiere sus cosas o quiere su vida’. Agarré a mis criaturas y nos fuimos por miedo”.

Se fue a la colonia Monterreal donde rentó una casa en mil 300 pesos mensuales por varios meses, en 2011, pero era imposible sobrevivir así y se arriesgó a regresar, aunque sus hijos, ahora de 12 y 6 años, no querían y lloraban.

“Nada encontré y volví a hacerme de cosas de segunda, trabajando honradamente, no tengo ni luz. Iba con señoras, les lavaba, les planchaba para que me dieran un taquito para mis hijos y mis hermanos me ayudaban para sostener a los niños en la escuela”.

Juventud que se esfumó

Los días de angustia y temor no han desaparecido. Los colonos recuerdan las balaceras, los gritos de auxilio y otras cosas terribles que escucharon, que vieron y que prefieren callar y olvidar.

“Mucha gente fue desalojada, sacaban familias enteras, era horrible”, refiere René Tolentino, quien dice que la situación se complicó a partir de 2009 cuando en el lugar registraron los primeros dos asesinatos. Las víctimas, se asegura, no tenían que ver con la delincuencia: eran un elotero y el cliente que atendía.

-¿Qué pasó aquí, en la colonia Nuevo México?, se le pregunta.

“Fue escenario de una de las más cruentas batallas, yo creo, a nivel nacional entre dos carteles, aquí fue un campo de batalla impresionante.

“La gente quedó entre dos fuegos, desgraciadamente. Hubo una época en que vinieron y amenazaron con que si no desalojaban las casas, le iban a hacer daño a sus familias. La gente dejó aquí su patrimonio, todos sus recuerdos, no sacaron nada y se fueron sin voltear atrás”, dice, mientras permanece sentado en el patio de una vivienda abandonada.

A sus espaldas, unos cuantos metros atrás, se encuentra la trinchera levantada por los delincuentes, en el punto más alto del sector, desde donde disparaban a los soldados, policías y banda rival.

“Muchas cosas que tenían: refrigeradores, televisiones, recámaras, salas, estufas, tanques de gas, los vendían, fue un saqueo total. Pasaban camiones, bajaban a los choferes, iban y vendían las cosas junto con el camión. Así de fuerte estaba la inseguridad en la colonia”.
Poco a poco, con los operativos de seguridad de los tres niveles de Gobierno, las cosas fueron cambiando y los grupos delictivos se fueron replegando, con ‚por lo que ahora la gente quiere regresar a su casa.

Cauto en el hablar, señala que falta localizar a unas 30 familias que habitaban el sector.

“Me tocó ver la violencia y huir en 2009. Me tocó ver cómo sacaban a familias completas… Son muchas cosas que uno se guarda por cierto respeto a las personas, son situaciones dificilísimas, tiendas que cerraron por la extorsión. Son muchas cosas que puedo narrar, pero no tiene caso, hay que echar la hoja atrás y seguir.

“Hay una situación muy rara en esta colonia. Hay niños de 10, 11 años hacia abajo. Jóvenes no existen o están de 40 hacia arriba, ¿por qué?, en aquel tiempo los involucraban, plata o plomo. Fácil aquí había como 80 jóvenes, de 18 a los 28 años, que ya no están con nosotros. No están con nosotros, así de frío y tenebroso está el asunto. Aquí sucedieron muchos eventos violentos pero iban y los tiraban en otro lado”.

Confía en que las autoridades les brindarán la seguridad que requieren para repoblar la colonia y en que los mismos vecinos no permitirán que regrese el pasado, con el apoyo del Gobierno.

“Creo que les faltó ocupación a los jóvenes de aquel tiempo. Esperamos que pongan talleres de oficio y más atención al deporte, eso es lo que les falta a los jóvenes, que se ocupen”.

El señor Ángel Santoyo es otro de los afectados. “Hace dos años toda la gente se fue porque hubo mucha inseguridad con eso de las bandas. Aquí se estacionaron, se metieron en las casas y la gente se fue”.

Los delincuentes se apoderaron de las viviendas y de la colonia completa, no dejaban entrar a nadie extraño, ni siquiera a los empleados de la CFE o del Simas, ni a vendedores. También a ellos los extorsionaban.

Afuera de su casa, en la calle B, recuerda que las balaceras ocurrían día y noche y luego, sin saber por qué razón, supone que por una mayor vigilancia policiaca, la situación empezó a cambiar.

“Ya cuando se empezó a componer, la gente empezó a venirse. Nosotros vamos a cumplir año y medio que nos vinimos. Era una cosa tremenda, no se podía y salimos perdiendo porque hasta se llevaron las ventanas, puertas, la ‘luz’, los muebles, todo, pero gracias Dios que ya se compuso”.

Durante algún tiempo, refiere, no entraba ni el Ejército ni la Policía y los “malos” andaban como si toda la colonia fuera su casa. A los hombres jóvenes y aún menores de edad, incluso mujeres, se los llevaban por la fuerza, por eso, quienes tuvieron opción, prefirieron huir y perder todo el patrimonio. Algunos regresaron y a otros no los volvieron a ver.

Ahora, la situación es otra. El trabajo de reconstrucción del sector anima a las familias a recuperar su hogar.

“Prometieron arreglarnos todo y la gente como que está tomando más confianza y nos han pedido que limpiemos todo… Dios quiera que ya no vuelva a suceder eso.

“El Gobierno nos ha prometido que va a arreglar esto, que va a meter la luz y el Presidente Municipal hasta prometió que van a poner un teleférico para subir al Cristo, fíjese”. Antes, asegura, no se podía ni hablar con extraños; ahora, se puede caminar sin temor entre los callejones.

Doña Julia Cuevas no desea ni recordar lo que sufrieron en el pasado reciente, sólo dice que el terror empezó hace varios años. Su esperanza es que las autoridades les cumplan todo el apoyo ofrecido para que renazca la colonia, a la que ahora ve triste.

“Nací en esta colonia y aquí nacieron mis hijos. La gente se fue huyendo al pasito y yo también, no dejaban de otra más que irse uno, como se fue toda la colonia, pero me regresé a mi casa porque es lo único que me dejó mi marido, pero ya hay tranquilidad, gracias a Dios, ya la gente se está viniendo.

“Me da mucho gusto ver que nos están apoyando. Tengo la esperanza de que cuando se vengan las personas vuelva a ser la misma colonia que era, aquí era una colonia muy bonita, gente muy trabajadora que con sacrificio hicieron sus cosas”.

Otro menor de edad asegura que los policías no entraban y los soldados lo hacían de vez en cuando. También recuerda a los hombres armados que recorrían los callejones. Al escuchar balazos se escondía debajo de la cama para mayor seguridad, aunque no tenían ventanas pues las taparon con blocs después de que una bala penetró a la casa, sin herir a nadie.

Todos fueron víctimas de la violencia, en especial los niños, que a muy temprana edad aprendieron a enfrentar la inseguridad, el miedo, la angustia, el terror que les provocaba escuchar gritos de rehenes ocultos en alguna de las tres casas de seguridad del lugar.

Los gritos de auxilio, “feos”, salían de hombres y mujeres jóvenes, y junto con el llanto de las víctimas se mezclaban con los rezos de las familias. El ruido de motosierras por las noches es algo de lo que nadie quiere hablar. Sólo saben que en cualquier momento los delincuentes llegaban con personas atadas de manos y con el rostro cubierto. “¿Para saber?”, dicen.

Una madre de familia, que está a punto de regresar a su hogar abandonado, asegura que los niños se traumaron al escuchar los balazos y al ver a los delincuentes –que eran muy jóvenes, de 15 a 19 años– lo mismo que a los soldados que entraban en las casas para realizar cateos.
 

La difícil labor de rehabilitar

Borrando huellas del terrible pasado

El combate frontal a la delincuencia ha dado resultados, pero tras las cruenta batalla ahora el reto es llevar a esta otrora colonia de gente trabajadora la calma y el desarrollo social (sumario)

El 7 de febrero pasado, Rodrigo Fuentes Ávila, secretario de Desarrollo Social, sostuvo una junta de trabajo en una colonia cercana y hasta allá fue a buscarlo René Tolentino, quien a cada momento interrumpía al funcionario hasta que logró llevarlo en ese momento al sector.

Aunque la visita sólo duraría unos cuantos minutos por estar fuera de agenda y tener otros compromisos pactados, durante dos horas el secretario dialogó con los vecinos y recorrió los callejones. De inmediato giró instrucciones a su equipo de colaboradores para diseñar un programa de reconstrucción del lugar.

Así, se constituyó el Comité de Recolonización a través del cual se reciben las peticiones de los vecinos y se coordinan las actividades para limpiar los callejones y viviendas abandonadas, con un control sobre cada inmueble. Asimismo, en la colonia el Gobierno del Estado abrió una oficina de atención y gestoría permanente que funciona los siete días de la semana porque hay mucho por hacer.

Para reponer puertas, ventanas, cableado eléctrico, tubería de cobre del agua, sanitarios, reconstruir techos, paredes y bardas, pintura interior y exterior, se requieren varios millones de pesos.

A esto hay que sumarle la reposición de luminarias y arbotantes, construcción y rehabilitación de banquetas en los callejones, ampliación y rehabilitación de líneas de drenaje y agua potable, entre otras obras de beneficio comunitario, para que el sector vuelva a ser completamente habitable y seguro.

Los gobiernos federal, estatal y municipal trabajan en diversos proyectos por un monto cercano a los 50 millones de pesos. Si todo avanza conforme a lo planeado, en seis meses tendrán un Nuevo México, sin huellas de un pasado violento, por lo menos en el aspecto material.

“La instrucción del Gobernador es que la Secretaría de Desarrollo Social pueda estar acompañando a las familias que han decidido regresar, que fueron desplazadas por la violencia del pasado”, explica Fuentes Ávila.

“Las familias están regresando. La SEDESO, lo mínimo necesario que va a apoyarles es con puertas, ventanas, instalación eléctrica, hidráulica en cada una de las viviendas para regresar a sus hogares, dado que la mayoría de las familias están pagando casas de renta o están viviendo con familiares”.

La mayor parte de las familias son legítimas propietarias de las viviendas, en su momento las pagaron o las construyeron, pero con el desalojo obligado perdieron todo tipo de documentación. Por esa razón, también, se les apoyará en la reposición de escrituras, actas de matrimonio y de nacimiento, en todo lo que requieran, con respaldo de la Secretaría de Gobierno, sin costo.

“Hay que ayudarlos. La inversión es muy significativa porque no nada más vamos a trabajar en la rehabilitación de viviendas, también hay que recuperar los espacios que le corresponden a la sociedad”.

Así, la cancha de basquetbol destruida será sustituida por una de usos múltiples y un pequeño gimnasio urbano al aire libre; además, repondrán postes de electricidad, mientras que en los callejones se colocará
concreto estampado y trabajarán en la remodelación de las viviendas.

De igual manera abrirán una preparatoria cercana a la colonia para atender a los jóvenes de éste y otros sectores, a los que también se involucrará en actividades deportivas y culturales con talleres de música, canto, danza y teatro.

“Tiene que hacerse cultura popular, llevarla a donde están los problemas de inseguridad, donde en el pasado no se podía transitar por esas áreas. Es importante que las familias, principalmente los niños y jóvenes, puedan compartir y convivir.

“La violencia se combate con educación, con arte, con cultura, por eso también estamos trabajando para que en el sector oriente de la ciudad, en coordinación con el Gobierno federal y el Ayuntamiento, se pueda abrir una preparatoria y tengan acceso a educación media superior en las instalaciones de la vieja Jabonera, lo que beneficiará a las colonias Nuevo México, Primero de Mayo, Zacatecas, Torreón y Anexas, Compresora y Morelos”.

La oficina de atención y gestoría, atendida por funcionarios estatales y municipales, estará abierta hasta concluir la rehabilitación integral de la colonia o hasta que regrese la última familia que así lo haya decidido.

-¿Por qué la importancia de rescatar este sector?, ¿es simbólico?, ¿es mandar el mensaje de que es posible recuperar la vida normal?

-“Es muy simple. Tenemos que mandar un mensaje como sociedad de que este tipo de situaciones que se vivían en el pasado, de descomposición, no vuelvan a suceder. Tenemos que tomar de ejemplo a la colonia

Nuevo México para que los tres órdenes de Gobierno, como se está haciendo actualmente, se continúen coordinando para combatir al crimen organizado, pero sobre todo para que generen oportunidades para los jóvenes y para las familias.

“En los 38 municipios de Coahuila no conozco otro caso en las mismas condiciones de la Nuevo México. Por eso es muy importante que lo que sucedió ahí no nos vuelva a pasar en Coahuila ni en ninguna otra parte de México”.

La colonia, que tenía alrededor de 680 habitantes, se encuentra entre los polígonos de extrema inseguridad y extrema pobreza, identificados por las autoridades a nivel federal, estatal y municipal, por eso es fundamental recuperarla y decir a la sociedad que la paz y tranquilidad regresan.

“Con el regreso y la presencia del Gobierno y de las familias a sus hogares estamos dando un mensaje de que el México del pasado tenemos que enterrarlo, pero coordinados de tal manera que este tipo de situaciones no se vuelvan a presentar jamás en la sociedad”.

La coordinación del proyecto integral está en manos del arquitecto Fernando Dipp Martínez, con un trabajo de lunes a domingo porque en cualquier momento llegan familias desplazadas que desean recuperar sus hogares, su vida normal, ya no pagar renta y dejar de ser una carga para otros.

“Con la intervención del Gobierno del Estado se ha venido creando certeza en que la gente quiera regresar a sus casas. Ahora en este momento tenemos 69 familias que ya tienen la certeza de regresar y la promesa del Gobernador de que les va a llegar su apoyo, por lo menos con lo mínimo necesario para que vuelvan a ocupar sus viviendas”.

Otras 74 familias también fueron ubicadas y de ellas se tiene la promesa firme de que van a regresar. El resto no ha sido localizado ni se han acercado a las reuniones de vecinos en busca de información. Quizá no tienen interés en regresar.

Brigadas de trabajo retiran el escombro, basura y maleza de las viviendas y callejones, con lo cual el aspecto es menos desolador, pero falta mucho por hacer.

En algunas viviendas se entrega material, como vigas, aislante térmico y láminas para colocar techos de manera provisional, en tanto llega el apoyo para construir techos de varilla y concreto.

A los vecinos se les apoya con diversos programas como 65 y Más, Piso Firme, Seguro Popular y atención de salud con medicamentos y brigadas de vacunación sin costo alguno.

También se les incluirá en el Programa Alimentario y se llevarán los programas de prevención de adicciones, además de habilitar un centro comunitario y un comedor para adultos mayores en las viejas instalaciones de la Escuela Primaria Madero, en abandono desde hace más de 15 años.

“Y hemos tenido misas de acción de gracias que nos ha pedido la gente… Hay cientos de historias aquí, hay cosas que da temor hasta platicarlas, que la gente quiere olvidar”, dijo, al señalar que también brindan terapias psicológicas a las familias por parte del DIF Estatal, actividades que han sido de gran ayuda para sanar internamente.

Protección hasta de Dios

En la colonia Nuevo México sufrieron años de terror. Los afortunados, que sobrevivieron a la guerra entre bandas, ven con esperanza el mañana. Los niños y adolescentes ahora pueden andar sin temor entre los callejones y las risas infantiles detrás de una pelota retumban entre las casas en abandono, acallando los gritos del pasado, de apenas unos meses atrás.

Las familias, confían en que las autoridades no les abandonarán y les darán la seguridad que exigen para vivir en paz.

En lo alto del Cerro de las Noas, la figura del Cristo sigue imponente, no los abandonó, y como dice don Ángel Santoyo: “Dios quiera que ya no vuelva a suceder eso”. Que así sea…

“Llegaron ‘los malos’ con armas y nos corrieron de nuestras casas. Nos amenazaban por medio de nuestros hijos con que nos iban a hacer daño. Así como me ven vestida, así salíamos con nuestros hijos: ni un trapo, ni dinero, ni un mueble nos dejaron sacar. Nada”.
Ana María Zapata

“Fácil aquí había como 80 jóvenes, de 18 a los 28 años que ya no están con nosotros. No están con nosotros, así de frío y tenebroso está el asunto. Aquí sucedieron muchos eventos violentos pero iban y los tiraban en otro lado”.
René Tolentino

“Era una cosa tremenda, no se podía y salimos perdiendo porque hasta se llevaron las ventanas, puertas, la ‘luz’, los muebles, todo, pero gracias Dios que ya se compuso”.
Ángel Santoyo

“Tengo la esperanza de que cuando se vengan las personas vuelva a ser la misma colonia que era. Aquí era una colonia muy bonita, de gente muy trabajadora que con sacrificio hicieron sus cosas”.
Julia Cuevas

“Tenemos que mandar un mensaje como sociedad de que este tipo de situaciones que se vivían en el pasado, de descomposición, no vuelvan a suceder”.
Rodrigo Fuentes Ávila

Secretario de Desarrollo Social

Colonia Nuevo México

Ubicación: Poniente de Torreón, al pie del Cristo de las Noas.

Población: 680 habitantes.

Viviendas: 184.

Al final: Sólo quedaron 10 familias.

*De 69 familias se tiene la certeza de que van a regresar.

*Otras 74 familias prometen que van a volver.

*Un total de 23 casas están en ruinas.

Disputa del sector

*Dos bandas delictivas lucharon por su control.

*Su ubicación estratégica le permitía anticipar la llegada del Ejército y Policía.

*El mismo Cerro de las Noas, por su naturaleza rocosa, convertía a la colonia en una fortaleza.

*Hasta 30 delincuentes encontraron refugio en ese lugar.

*Obligaron a las personas a abandonar vivienda y patrimonio.

*A los jóvenes los reclutaban a la fuerza.

***numeralia***

50 mdp Invertirán la Federación, el Estado y el Municipio en las tareas de reconstrucción y readecuación de espacios de esta colonia.

6 meses podrían durar los trabajos de rehabilitación del sector.

Obras de mejoramiento

*Ampliación y rehabilitación de redes de drenaje y agua potable.

*Colocación de concreto estampado en callejones.

*Reposición de postes y luminarias.

*Colocación de puertas, ventanas, cableado eléctrico, tubería de cobre de agua y sanitarios en las viviendas.

*Reconstrucción de techos, paredes y bardas, pintura interior y exterior.

*Habilitación de un centro comunitario y comedor.

*Apertura de una preparatoria.

Cristo de las Noas

*Se localiza en lo más alto del Cerro de las Noas, convertido en lugar de turismo religioso con réplicas de Tierra Santa, como la Cueva de Belén, El Calvario y El Santo Sepulcro. Tiene un santuario con capacidad para mil 500 feligreses.

*El Cristo de las Noas, que mide casi 21 metros y es el segundo más alto de Latinoamérica, con un peso de 580 toneladas, domina a la ciudad y a gran parte de la Comarca Lagunera.
*Con la cabeza levemente inclinada hacia abajo, tiene los brazos extendidos como quien recibe a un ser querido.

Noas

*Proviene de una planta cactácea que era muy abundante en esa zona. Su nombre científico es Victoriae-Reginae (Reina Victoria) en honor a la Reina Victoria de Inglaterra.

*Para el pueblo es el Cristo de las Noas y oficialmente para la Iglesia católica es el Cristo Redentor.

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