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Sólo la moda frena la adicción

  Por Redacción

Publicado el miércoles, 17 de diciembre del 2008 a las 16:05


Ex tomadores controlan sus deseos de embriagarse, al observar a los ebrios

Saltillo, Coah.- Mientras terminaban el postre, la mujer en el vestido rojo, se levantó y tambaleó hacia el baño. Su esposo coloca torpemente su lascivo brazo alrededor de la renuente anfitriona. Mientras el café salpica en las tazas de porcelana, la mujer en el vestido rojo regresa, y se tumba en su silla mientras intenta alcanzar su coñac. Alguien gentilmente aleja la botella. La mujer protesta: “¿Está jugando?, ¿acaso estoy borracha? Incluso a la luz de las velas me di cuenta de que el lápiz labial que había retocado estaba ligeramente a la izquierda de sus labios. Su esposo, repentinamente agresivo, se levanta de la silla para defender el honor de su mujer. Pero mientras atravesaba el cuarto resbala y cae estruendosamente. “¡Frank!, ¿estas herido?” gritó ella. De alguna manera había conseguido soltar su brandy. “No es nada”, le contestó él, “sólo me recostaba para tomar una siesta, ¿puedo fumar un cigarrillo?”.

Esa fiesta fue hace casi 10 años; esa fue la última vez que vi a alguien visiblemente ebrio en una fiesta en Nueva York. Los departamentos y punto de reunión que una vez fueron escenarios de cientos de borracheras, trastornos del habla, vajillas rotas, fractura de brazos y piernas, matrimonios y sueños rotos, son ahora el escenario donde ambas partes, las amistades y cristalería sobreviven intactos. Todos llegan a tiempo, se comportan, toman un poco de vino, comen unos pequeños canapés, y se van a tiempo. Todos ellos siguen tomando, pero nadie se alcoholiza más. Tampoco fuman. ¿Qué ha pasado en el mundo?

LA EMBRIAGUEZ YA NO ESTÁ ‘IN’

Si el alcoholismo es una adicción, -y vaya que lo es-, ¿cómo puede la gente controlar su manera de beber sólo porque ahora no es bien visto emborracharse? ¿Y qué hay de fumar?, otra adicción. Se supone que los adictos tienen poca fuerza de voluntad; ¿es una pequeña desaprobación social más fuerte que todos los centros de rehabilitación y los programas de 12 pasos y las famosas nuevas drogas?

¿A caso la moda triunfa sobre la adicción?

Los especialistas en adicciones y científicos han identificado tres causas de la mayoría de las adicciones: principios de trauma, genes, y el entorno. Aun así, las adicciones han eludido todos los intentos de una definición precisa o un completo entendimiento. En la mayoría de los modelos, el medio ambiente se piensa que es la menor de las causas mencionadas. Pero tal vez el medio ambiente sea la causa más fuerte. En un entorno en el que no es atractivo emborracharse, nadie se emborracha.

En su brillante libro sobre adicciones, “América Anónimo”, Benoit Denizet-Lewis describe un experimento realizado por el profesor Bruce Alexander , de Vancouver, en el cual ratas encerradas en pequeñas jaulas fueron comparadas con ratas en un ambiente paradisiaco especialmente diseñado para ellas, un cuarto donde las ratas de laboratorio tienen todo lo que pueden desear. Las ratas en la pequeña jaula se emborracharon tanto como la solución de morfina azucarada les permitió, 16 veces más que las ratas del paraíso. ¿Pueden las adicciones ser controladas sólo por las circunstancias? ¿Son las fiestas y vacaciones una forma pasada por alto de tratar el alcoholismo.

LAS BUENAS ÉPOCAS DEL ALCOHOL

En los viejos tiempos, embriagarse era parte de la gran sociedad de la ciudad de Nueva York, tan importante como la ropa de noche. Esta es la ciudad donde Zelda Fitzgerald saltó salvajemente en la fuente frente al hotel Plaza, la ciudad del “Desayuno en Tiffany’s”, escrito por otro fabuloso alcohólico: Truman Capote. Es la ciudad de las desveladas nocturnas con las celebridades en el Club Stork es la cuidad que dio su nombre a los cócteles Manhattan y Bronx, la ciudad de John O’Hara y Frank O’Hara, de la brillante embriaguez y de los ebrios brillantes.

Yo no bebo. Conozco el salvaje y destructivo poder del alcoholismo. Es un ladrón de almas. Sin embargo hay una traviesa parte de mí que extraña todo ese comportamiento extremista, todas aquellas sorpresas de alguna manera desagradables pero divertidas, todo ese glamour aun cuando mucho de ello terminó en dolor, instituciones y la temprana muerte.

Para nosotros, la gente sobria existe una clase de satisfacción al ver las cosas que le pasan a la gente ebria, viéndolos avergonzarse a sí mismos, revolviendo sus palabras y haciendo cosas de las que se arrepentirán a la mañana siguiente, si es que aún lo recuerdan.

ENTONCES, ¿TOMAR O NO TOMAR?

Después que nuestra anfitriona despachó a la mujer del vestido rojo y a su esposo en un taxi más tarde esa noche, todos nos burlábamos de su comportamiento.

Existen ciertos momentos cuando es vergonzoso no tomar. Un amigo comenzó a servirme un vaso de vino y luego se disculpó profundamente. En la fiesta alguien notó que sólo tomaba refresco y decidió empezar una conversación acerca de ello. ¿Por qué no puedes tomar un poco de vino? Pero existieron más momentos embarazosos cuando sí tomo, y eso es lo que mirar a otras personas embriagarse me ayuda a recordar.

Para mí, la psicología es a menudo inversa. He aprendido viendo lo que no quiero y evitándolo, más que viendo lo que quiero y aspirando a ello. He pasado muchas excelentes fiestas de Navidad en la última década y he visto muchas gloriosas mujeres comportándose con gracia y dignidad. No las recuerdo. Pero a la mujer en del vestido rojo nunca la olvidaré.

ADICCIONES

» Factores biológicos, genéticos, psicológicos y de personalidad, socio-culturales y familiares se unen en una interacción multisistémica produciendo primero la predisposición y luego con la exposición al factor desencadenante, que podría ser: sustancias psicotrópicas, juego, sexo, relaciones, comida, etc.; se evoluciona hacia la consolidación del proceso patológico llamado adicción.

» Numerosos estudios han demostrado que la adicción al alcohol es más frecuente en famliares de alcohólicos, que en familiares de personas no-alcohólicas; de modo que los hijos de alcohólicos muestran una probabilidad 3 ó 4 veces mayor de desarrollar el desorden alcohólico.

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