Ciudades
Publicado el domingo, 2 de mayo del 2021 a las 04:01
Piedras Negras, Coah.- Puntuales se daban cita a las 4 de la tarde. Una hora era de plática, de cosas que no fueran lastimeras, hablaban de política, de sucesos, de anécdotas diversas.
Por ahí de las 5 de la tarde alguien decía “¿cómo ven, desenfundamos?” y salían a flote las guitarras.
-¿Con cuál empezamos?
– Con la que sea, siempre que sea de José Alfredo.
Todo era comenzar y la inspiración se hacía presente, versos, poemas, trova, rancheras, cubanas, tangos y la bohemia iba subiendo de tono.
“Le cantamos al amor y al desamor, siempre a la mujer”, relata el doctor Ángel Humberto García Reyes, al recordar la bohemia que por más de una década unió a un grupo de amigos, teniendo como gran anfitrión al buen “Gocha”, José Luis Ortegón Rodríguez.
“Salud” decían al alzar las bebidas. “Copas que no se chocan, amistades que no son sinceras”, era algo que expresaban cuando brindaban.
Después, “oye Gocha, ¿por qué no nos deleitas con algún poema?” y él tenía un dicho que decía: “A rajarse a ver a dónde, acompáñenme por favor”.
Y así empezaba con poemas como “El vino”, ése que Alberto Cortés dedicó a José Alfredo Jiménez cuando éste acudió a uno de sus conciertos, “El toro desbancado” y muchos otras con un sabor muy especial que solo él le sabía imprimir.
“Hasta que nos retirábamos de uno en uno por ahí de las 9 de la noche, durante poco más de 10 años, sábado a sábado nos dábamos cita con alegría y con gusto”, precisa García Reyes.
Hoy 24 de abril estuvimos puntuales todos a la cita a las 4. Se canceló, murió el buen “Gocha”, con toda seguridad estará sonriendo en alguna parte disfrutando la bohemia celestial.
“ Algún día continuaremos la bohemia allá todos, como lo hicimos aquí en la Tierra, con respeto, nostalgia y afecto”, puntualiza en las líneas que ha escrito para despedir a su amigo del alma.
Una semana antes celebrarían su última bohemia con la presencia de todos y algunos invitados como el compositor Humberto Galindo. En esa ocasión estuvieron en el rancho Villa García.
El cabrito y las carnitas no se hicieron esperar. El aire soplaba, los rayos del sol bañaban las tierras mientras las conversaciones sobre diversos temas emergían.
“Gocha” se paró y habló, dijo que estaba muy contento porque su hijo estaba presente en la bohemia.
“Gocha” casi no salía de su casa por un problema que aquejaba a su pierna. Se tomó algunas fotos, cantó y declamó “El toro desbancado” como solo él sabía hacerlo y es que se emocionaba, lo sentía. Luego las guitarras hicieron presencia. Estaban todos los amigos.
Su amigo Ángel Humberto lo vio otras dos ocasiones, platicaron muy a gusto, y es que solían charlar para olvidar problemas, se tomaron una cervecita o dos.
“ Nunca platicábamos del trabajo, ni de enfermedades, ni de nada que no fuera amistades, anécdotas, canciones, oye te acuerdas de aquello, de esto, era la tónica de la bohemia”.
“ Me dijo te espero mañana te espero temprano”, recordó.
Fueron 30 años de amistad, primero hicieron bohemia solos, luego empezaron a ir los invitados “pagados” como se decían de broma, Héctor Esquivel, Alejandro Arellano, el licenciado Ricardo Olivas, el doctor Arturo Botello y Josué Rodríguez, en algunas ocasiones acudieron Julián Rodríguez, Juan Rodríguez, entre otros amigos.
“Gocha” fue un amigo leal que se desvivía por atender a la gente que llegaba a su casa, a pesar de que a fechas recientes por su problema en la pierna tenía que usar silla de ruedas o apoyos para poder caminar.
Un hombre con gran sentido nacionalista
“Gocha” era un hombre muy nacionalista, le gustaba lo mexicano, lo ranchero, tenía un sentido patriótico muy importante y sobre todo era una persona leal, muy buen amigo.
Nunca se quejó, cada que le preguntaban ¿cómo estás? Respondía: Perfectamente bien. Estaba agradecido con la vida.
José Luis Ortegón Rodríguez nació el 14 de mayo de 1949 en Nueva Rosita, Coahuila, hijo de don Zaragoza Ortegón Jiménez y doña Cecilia Rodríguez de Ortegón.
Estudió en el Internado Sección B del Pentatlón Deportivo Militarizado Universitario de 1967 a 1971, posteriormente ingresó al Instituto Politécnico Nacional a Ingeniería Civil, de donde se graduó.
Se casó con Eloísa Arrambide quien también era originaria de Nueva Rosita, con quien tuvo a sus hijos Ana Cecilia, Eloísa, Jesús Zaragoza y Blanca Mireya.
Se dedicó a la minería, a la extracción de carbón y la extracción de arena sílica y al proceso de la arena sílica para hacer el vidrio.
Tuvo una sílica rumbo a la carretera a Nuevo Laredo durante muchos años, era proveedor de AHMSA hasta que cerró y después se dedicó a la extracción de carbón con tajos a cielo abierto o los pocitos, hasta que ya llegó un momento que se jubiló hace unos cinco años y empezó a vender barbacoa.
Era muy aficionado a la fiesta brava, le gustaban mucho las corridas de toros, además de ser por mucho tiempo un priísta empedernido que era admirador del expresidente de México, Luis Echeverría.
Sus hijos le dieron varios nietos: Ana Lucía, María Cecilia, Isabella, Eugenia, Marco Antonio, Marian, Montserrat, Manuel, José Zaragoza, y María Luciana.
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