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Por
Cristal Romo
Publicado el jueves, 19 de marzo del 2015 a las 15:00
Monclova, Coah.- Infantes de hasta 7 años de edad con trastornos alimenticios tendientes a la anorexia, son atendidos por Fundación Vida Monclova, la mayoría de ellos víctimas de bullying por ser “gorditos”.
Casos detectados en instituciones educativas privadas, y no es que les sea un problema exclusivo, sino que en las escuelas púbicas “nadie le quiere entrar al problema”, declaró Melissa Siller, creadora de la fundación.
“En las escuelas ya no sólo es bullying, el niño sufre de desmayos o se queda dormido porque no come; los mismos directivos o maestros se dan a la tarea de revisar los botes de basura porque hay mucha comida, la tiran porque no quieren engordar”, reveló Melissa, quien a los 13 años de edad cayó presa de la anorexia.
Ante el dilema, la fundación propone la inclusión de clases de yoga o meditación en el espacio dedicado a educación física, para reducir el estrés del infante y expresen sus padecimientos, como el abuso en casa; pero al requerirse una inversión, el programa es desechado.
“En las escuelas públicas no se quieren meter a pesar de que ven el problema, no se dan cuenta que todo esto lleva a cuadros de ansiedad, depresión y hasta suicidios”, manifestó.
“Afortunadamente, en los Colegios revisan los botes de basura, saben de qué salones son, van a los grupos, platican con los alumnos, y así dan con los niños que tienen este tipo de problemas”, explicó.
Presión social por estar “flacos” que se extiende incluso al panorama laboral, donde los empleadores exigen un cuerpo esbelto que refleje salud y las personas lo primero que hacen es dejar de comer.
Aunque atienden más mujeres, reveló, la cantidad de hombres con problemas de comedor compulsivo, maltrato físico y sicológico, va en aumento. También se atiende a personas de la tercera edad por depresión severa.
Enfocados en trastornos alimenticios, la fundación llega a prestar hasta 30 servicios a la semana que incluyen depresión, ansiedad, bipolaridad y maltrato físico y emocional.
Todos atendidos por un grupo de especialistas integrado por dos sicólogas, un nutriólogo, y un siquiatra, además de la capacitación continua de Siller, en la Clínica Comenzar de Nuevo, en la ciudad de Monterrey, donde le ayudaron a superar su problemática, cuando a los 25 años de edad estuvo al borde de la muerte por anorexia.
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