Coahuila

Publicado el sábado, 21 de marzo del 2026 a las 04:30
Saltillo, Coah.- El “fidencismo” también es coahuilense; en el pueblo de Espinazo se encuentra la guardarraya que separa Nuevo León de Coahuila, justo a la mitad de la plaza. Este pueblo, enclaustrado en el desierto, es conocido por su misticismo al ser el centro de la fe fidencista en la que se venera a José de Jesús “El Niño” Fidencio Constantino Síntora, un hombre que ganó un gran número de fieles gracias a su don para curar personas con métodos fuera de lo convencional.
La evidencia de que Espinazo también pertenece a Coahuila es un letrero metálico oxidado que tiene la leyenda “ejido Espinazo, municipio de Castaños”. Esa es la prueba tangible de que Coahuila comparte con Nuevo León un pueblo conocido por ser cuna de una asociación religiosa que tiene miles de seguidores en México y Estados Unidos.

Cada año, miles de personas que aseguran que “la ciencia les ha fallado”, recurren a la sanación espiritual para curar sus enfermedades a través de su fe en el Niño Fidencio.
Es 19 de marzo, día en que la religión católica celebra a San José, por ello hay fiesta en Espinazo, porque los creyentes del Niño Fidencio acuden a venerarlo en busca de ser sanados.
El pueblo está lleno de personas que van a agradecer “al Niño” por los milagros concedidos, la mayoría, si no es que la totalidad, son personas que padecen alguna enfermedad, diabetes, cáncer, discapacidades, ceguera, sordera, males hepáticos y hasta adicciones.
Así lo menciona doña Magdalena Ibarra López de la Fuente, quien vive en la casa del Niño Fidencio, ella es la encargada de cuidar el recinto donde las personas acuden a presentar su agradecimiento.
“El Niño Fidencio ha sido muy reconocido por sus maravillosas curaciones según testimonios que existen; desde esa fecha y actualmente sigue siendo muy interesante toda la respuesta de curación de sanación que tiene la gente”, indicó.
”La respuesta a su petición, al hecho de tenerle fe al Niño Fidencio, sí existe respuesta positiva porque sí me han dado testimonio de gente que se ha curado, sobre todo niños”.

Doña Magdalena cuenta que el año pasado fue testigo de la sanación de tres Niños que después de haber estado en el hospital por mucho tiempo y de pasar por varias intervenciones quirúrgicas fueron llevados con el “Niño Fidencio” y sanaron.
Y es que no hay nada más poderoso que la fe, dice doña Josefina Reyes Murillo, originaria de Torreón, ella relató que fue salvada de un accidente que pudo haber sido mortal si no se encomienda a la protección del Niño Fidencio.
“Yo tuve un accidente en la carretera; el camión en el que yo viajaba salió volando de la carretera, antes de eso, segundos antes, yo vi al Niño que nos cubría. Gracias a Dios no nos pasó nada, pero hubo muchas personas que de ahí se fueron a los hospitales”.
Además de haberla salvado de la muerte, doña Josefina fue curada del asma que padecía producto de una bronquitis, se encomendó al Niño Fidencio y la curó.
“Yo le pedía mucho al Niño, a su espíritu, que me curara, y me curó; el Niño opera espiritualmente, aunque usted no lo crea, si tú le hablas, él te escucha; él me operó y sané de mi bronquitis asmática”.

Pero el Niño Fidencio no sólo sana de forma espiritual; de acuerdo con las creencias del fidencismo, el Niño murió sólo físicamente un 19 de octubre de 1938, pero horas después se manifestó a través de una persona.
Estos individuos, conocidos como “cajitas” o “materia”, canalizan al espíritu del Niño, lo que significa que sirven como cuerpo físico para que Fidencio siga curando a través de ellos.
Una de estas “materias” es Ariana, una joven de no más de 20 años, vestida de blanco, con la cabeza cubierta con una toalla de uno de sus seguidores, ella cuenta que nació con el don de la sanación a través del Niño Fidencio.
“Yo soy así desde que nací, yo nací teniendo un don en el cual soy vidente y pues mi mamá toda la vida ha sido fidencista, desde que nací soy así, siempre he visto, he sabido y he aprendido; a través de los sueños he aprendido todas las curaciones, rezos, en general”

Mientras la ciencia avanza con nuevas tecnologías, aún hay miles de personas que buscan en el Niño Fidencio su sanación, esto lo dice Ariana.
“Es mucho compromiso, es o lucrar con la religión porque es algo que se conlleva con humildad, con respeto y mucha fe; ser fidencista es tener la esperanza cuando la medicina se acaba. Hay cosas que la ciencia médica no puede atender más allá de la visión humana”.
Se nace con este don; Ariana relató que fue una de las elegidas por el Niño Fidencio para perpetuar su misión que es sanar a los enfermos. Como ella, el pueblo se llena de “materias” hombres y mujeres que acuden cada año con sus seguidores a presentar su veneración al Niño Fidencio.

En el pueblo existen lugares muy específicos que fueron utilizados por el Niño Fidencio para realizar sus sanaciones, uno de ellos es el columpio, ubicado en el patio trasero de la casa:
Ahí fue donde el Niño Fidencio hizo que algunas personas discapacitadas volvieran a caminar, los subía a su columpio y comenzaba a mecerlos, después los aventaba fuerte y las personas caían paradas, cuentan los fieles.
Otro de los sitios sagrados para los fidencistas es “el pirulito” que, se cuenta, el Niño Fidencio trepaba y desde ahí lanzaba frutas a las personas reunidas a su alrededor; los que recibían un “frutazo” eran sanados.
También “el charquito”, uno de los puntos más venerados, a donde los fieles ingresan en una pileta llena con agua lodosa la cual, dicen, tiene propiedades curativas debido a que este lodo sulfuroso era utilizado por el Niño Fidencio para curar.

El lugar donde más se demuestra la fe al Niño Fidencio se encuentra en una sala de oración de la casa:
Ahí está la tumba de José Fidencio, a donde los fieles llegan de rodillas o arrastrándose, también caminando.
Se postran ante el mausoleo, encienden veladoras, algunos llorar, otros rezan, todos agachan la cabeza en forma de respeto por el Santo Niño; se dice que si frotan su espalda contra el mausoleo serán sanados, es parte del ritual.
Los pobladores de Espinazo viven de la fe que profesan unas 50 mil personas provenientes de varias partes de México y Estados Unidos.
Durante estas fechas, los no más de 500 habitantes de Espinazo aprovechan para rentar cuartos, acondicionan sus patios como áreas de acampar o estacionamientos para los autobuses de los creyentes que llegan a venerar al Niño Fidencio.

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