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Coahuila

Toda una novedad a mediados del siglo pasado

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 horas

En la orilla de la ciudad de los años 50 del siglo pasado, ahí donde formaban una cruz las carreteras a Piedras Negras y a Monterrey, un visionario michoacano, don Luis de Jesús Tena Álvarez, fundó el novedoso Café Tena en la confluencia de las Avenidas Constitución (ahora Venustiano Carranza) y Universidad.

La idea la había traído don Luis de Estados Unidos, donde radicó por algún tiempo, con platillos rápidos como los sándwiches, luego las hamburguesas; después se incorporarían platillos a la carta.

El servicio de restaurante Tena trasciende no sólo por la novedad de la entrega rápida de la comida, sino en la atención al cliente, sin duda una experiencia basada en la hospitalidad, la empatía y la atención al detalle, que el cliente se sienta bienvenido y valorado.

El Café Tena se consolidó por introducir el servicio drive-thru (para llevar o consumir comida sin bajarse del auto), especialmente para viajeros nacionales y extranjeros. Luego, pasó a ser un restaurant en toda forma.

A la muerte de don Luis pasó a manos de sus hijos Luis y Alfonso, quienes decidieron primero rentarlo y luego venderlo; la atención y el prestigio se vinieron abajo. Después del Tena, ahí fue el Café Universitario y finalmente Cántaros. Los muchachos decidieron irse a vivir y hacer negocios en Cancún, Quintana Roo.

 

La anécdota

Don Luis era el encargado de una gasolinera, propiedad de un hermano y, en la década de 1950, ganó un premio de 5 mil pesos de Bonos del Ahorro Nacional, lo que le permitió al señor Tena crear el famoso Tena’s Quick Lunch, en el cruce de las carreteras a Monterrey y Piedras Negras, actualmente bulevar Venustiano Carranza y avenida Universidad, donde hoy es el restaurante Los Cántaros.

Contaba con una barra interior, mesas y sillas tubulares. Se caracterizaba por las papas fritas a la francesa y su ice cream soda en un ambiente muy agradable para los jóvenes estudiantes de esa zona y viajeros de la época.

Don Luis de Jesús Tena Álvarez, originario de Panindícuaro, Michoacán, llegó a Saltillo procedente de Los Ángeles, California, para hacerse cargo de una gasolinera en Victoria y Purcell; su hermano Alfonso, quien la manejaba, tuvo que regresar a la Ciudad de México a hacerse cargo de otros negocios.

Don Luis contrajo matrimonio con Julia Flores de la Fuente, originaria de San Buenaventura, Coahuila, juntos iniciarían y atendieron el restaurante Tena, referente de buen servicio y mejor comida.

El negocio duró 32 años ininterrumpidos hasta que los hijos de don Luis decidieron ya no lidiar más con un rígido contrato colectivo de trabajadores, que prefirieron cerrar las puertas del novedoso restaurante.

Ahí quedan, en el recuerdo, algunos de los trabajadores como los hermanos López y otro mesero, de apellido Arreola, así como Dimas Vázquez, “Chencho”, y otros cocineros y empleados que escapan a mi memoria.

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