Coahuila
Por
Javier Flores
Publicado el domingo, 7 de diciembre del 2008 a las 16:00
Ramos Arizpe, Coah.- Durante 29 años recorrió todos los pasillos del Hospital Ixtlero, atendió a miles de enfermos y convivió con infinidad de generaciones de médicos y enfermeras pasantes. A escasos días de jubilarse, la enfermera Martha Elena Baldenegro Hernández aún no sabe qué hará el primer día que deje de laborar, “yo creo que llorar”.
“Por mi profesión le quité mucho tiempo a mi hija (actualmente de 24 años) y a mi marido, quiero dedicarle todo el tiempo a mi familia, aunque quiero seguir con mi labor de servir a los demás, ya sea apoyando a un asilo de ancianos o un albergue para niños”, dijo.
Con sentimientos encontrados y sumamente nerviosa ante la entrevista, “Bolita”, como le dicen sus compañeras, dijo que después de casi 30 años de servir para el Hospital Ixtlero, su mayor satisfacción siempre fue ver la salida de los pacientes que recuperaron su salud en este nosocomio.
PARADOJAS DE LA VIDA
El trago más amargo que le ha dado la vida fue sin duda el fallecimiento de su segundo hijo a escasos 26 días de nacido. “Uno como enfermera atiende a diario a los bebés que acaban de nacer en los cuneros y de repente pierdo a mi hijo, es un dolor con el que cargo de por vida”.
Conteniendo las lágrimas y narrado ese doloroso episodio como si hubiera acontecido ayer, Martha Elena dijo que su pequeño presentó enterocolitis necrosante. Nació muy bien y de repente dejó de llorar como cualquier bebé… lo internamos y sólo duró 24 horas y murió… hubiera preferido ser una ignorante pero tener con vida a mi hijo…
LA VIDA SIGUE
Sin embargo, “Bolita” trata de olvidar ese triste recuerdo y reitera que no se equivocó de profesión, “ayudar a los demás es lo que más me hace feliz”.
Con orgullo habla de los 14 años que le tocó turno de tarde… “salíamos a las 10:30 de la noche y yo vivía en Saltillo, nos íbamos a la central a esperar a que pasara un autobús y en ocasiones llegaba a mi casa ya de madrugada, porque el único que nos levantaba era el que iba a Parral”.
Con más de cinco reconocimientos durante su desempeño, recuerda un caso que le dejó impresionada:
Era un paciente mayor con problemas de diabetes que le tuvieron que amputar una de sus piernas, de la rodilla para abajo, todo salió bien y a la semana tenía que venir a que se le quitaran los puntos de la sutura.
Cuál sería la sorpresa de Martha, cuando al quitar la gasa encontrara la herida completamente infestada de gusanos… “Me asusté mucho, era un paciente que no tenía familiares directos y nunca se hizo limpiezas después de la operación, afortunadamente se recuperó.
Después de iniciar como suplente, conseguir su plaza para seguir de roladora (como le llaman al hecho de los contra turnos), para finalmente los últimos cinco años estar en consulta externa, “Bolita” dijo que las áreas que más disfrutó siempre fue los cuneros y quirófano.
Me llevo muchos recuerdos, todos buenos, sobre todos de mis compañeros… dediqué mi vida a servir a los demás y hoy me voy a dedicar a mi familia, aunque quiero colaborar en alguna institución una o dos veces por semana como voluntaria, porque eso es lo que más me gusta”.
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