Opinión

Publicado el domingo, 7 de diciembre del 2025 a las 03:35
Desde que entré al Seminario (1989), escuché hablar de una leyenda, que luego supe que se trataba de una novela de 1886, que se llamaba: “Quo Vadis, Domine”, y que hacía referencia al momento en que San Pedro huía, después de haber predicado afanosamente entre los romanos, quienes perseguían a los cristianos para torturarlos y llevarlos al Coliseo para ser devorados por los leones, y que justo cuando el apóstol escapaba por la Vía Apia, se encuentra con Jesús, a quien, deslumbrado y desconcertado, le pregunta: ¿a dónde vas Señor? Y éste resuelto le contesta: “Voy a Roma a morir de nuevo”. Y es cuando Pedro, después de postrarse humilde y avergonzadamente ante su maestro, vuelve a Roma a completar su difícil y al mismo tiempo extraordinaria misión: instaurar e implantar el cristianismo en la Ciudad Eterna.
Luego descubrí que su autor era un polaco, Enrique Sienkiewicz, premio Nobel de literatura en el año 1905. El libro me lo habían regalado en polaco, en edición de lujo, que por supuesto no leí, y recientemente en español, editorial Porrúa, el cual, ese sí, acabó de terminar.
Bueno, pues esta novela, se incorpora a mi Top 4 de clásicos inmortales. Siendo de aquellos libros que, por su trama, no quieres que se acaben. Pues bien, dentro de este selecto grupo de obras, que hasta el día de hoy, han marcado feliz y profundamente mi existencia, se encuentran en orden cronológico de lectura: La Divina Comedia de Dante Alighieri (1320); El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (1615); Notre Dame de París de Víctor Hugo (1831); y Los Pasos perdidos de Alejo Carpentier (1953). No dije top 5, porque tiene la categoría para competir con los otros 4, mas no sabría decir, a ciencia cierta, a quien desbancaría. ¿Coinciden mis libros con tu Top 4, o si no, cuáles son los tuyos?
= Alfonso G. Miranda Guardiola
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