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Por
Carlos Chávez
Publicado el lunes, 26 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Son las 8:00 de la mañana en el bulevar Nazario Ortiz Garza, la circulación fluye con mucha calma, aunque poco a poco los automóviles se multiplican y la agilidad del urbanismo se entreteje. Mientras, los operarios comienzan con la rutina diaria, en la que se alistan para operar las excavadoras, aplanadoras y demás maquinaria.
El ruido de los taladros, martillos y soldadoras resuena sobre las columnas de acero que darán vida a los puentes vehiculares, distribuidores y, sobre todo, a la modernización de la ciudad. Ante el abrasante sol, más de 80 personas se dedican incansablemente a trabajar ante la mirada de cientos de ciudadanos, que de reojo, observan sin prestar mucha atención al esfuerzo que realizan y al peligro al que se exponen en las alturas, los accidentes y la falta de seguridad en los aditamentos que necesariamente deben utilizar para poder ganarse el pan de cada día.
A pesar de que el encargado de la seguridad se encuentra caminando de un lado a otro, verificando que todo esté bien, algunos trabajadores no cumplen con las medidas que, en palabras del mismo, son necesarias para que un trabajador pueda ser autorizado a trabajar. Se sienten alentados al estar en la sombra o ante la frescura de la brisa y el olor de la tierra mojada, sin embargo, sus raídos chalecos, la falta de cascos, guantes y zapatos de seguridad expresan las carencias y la necesidad de trabajar, incluso arriesgando su integridad física.
Para que ellos puedan trabajar es necesario que cumplan con las medidas de seguridad. Al menos que traigan casco y chaleco. Guantes y zapatos de seguridad los pueden traer si quieren, señala el encargado de seguridad. Aunque algunos trabajadores no poseen los recursos y difícilmente cumplen con todos los requisitos.
En lo que próximamente será una vialidad con gran fluidez y versatilidad, el agua es esparcida sobre las piedras y la tierra para ser moldeada por una aplanadora que constantemente realiza movimientos por el lugar.
Al mismo tiempo, trabajadores se encuentran aplicando mezcla o acomodando varillas en los extremos para dar solidez a la estructura y algunos más sueldan o ponen tablones sin estar atados a la viga que está a casi cinco metros de altura, situación que por orden directa de los encargados de la obra no debería ocurrir, para evitar accidentes.
RIESGO INEVITABLE Mientras las constructoras reciben exorbitantes presupuestos, los trabajadores son empleados a través de contratistas independientes, por lo que la relación entre constructora y trabajador es muy impersonal.
Algunos trabajadores informaron que no pueden realizar ninguna labor sin estar asegurados, pero aún así se exponen ante diversos riesgos debido a la falta de protección aproximadamente durante 10 horas, por lo que las oportunidades de sufrir un accidente son muy Al llegar las 6:00 de la tarde, y con un cansancio que se refleja en sus rostros, todos estos trabajadores anónimos se alejan del lugar y el poco dinero que ganan lo destinan a cubrir las necesidades básicas de sus familias.
Durante este año se espera la creación de más obras públicas, lo cual además de ser un beneficio, es una oportunidad para continuar trabajando y evitar que los riesgos ya señalados se repitan y pongan en peligro la vida de los
“La verdad es que, pues, aquí sí es un poco riesgoso trabajar, hagas lo que hagas. No ve cómo, por ejemplo, andan allá trepados y uno no sabe si pueden caer y lastimarse para siempre. Aunque debemos estar amarrados, algunos no lo están y eso pone en riesgo sus vidas”, dice un trabajador que martilla y da forma a algunas varillas.
elevadas.
trabajadores.
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