Saltillo

Publicado el domingo, 16 de noviembre del 2025 a las 09:30
Saltillo, Coah.- El Centro Histórico de Saltillo enfrenta el desafío de equilibrar un binomio escurridizo: tradición y modernidad. Este artículo plantea tres intervenciones urbanas que buscan revitalizar su imagen, mejorar la movilidad peatonal y rescatar la dignidad estética de su espacio catedralicio.
Primera propuesta: Demoler la casona color bermejo
El callejón Santos Rojo es un pasaje de trazo rectangular, con una longitud aproximada de 105 metros y un ancho promedio de 4. Está delimitado, al sur, por la fachada lateral de la Capilla del Santo Cristo y, al norte, por la conocida casona color bermejo. Durante la década de 1960 aún se permitía el tránsito vehicular; hoy funciona exclusivamente como vía peatonal angosta que comunica las calles Miguel Hidalgo (poniente) y Nicolás Bravo (oriente).
La propuesta urbanística plantea ampliar este espacio mediante la liberación de construcciones y usos inadecuados –comercios, estacionamientos y viviendas–, con el fin de mejorar la imagen arquitectónica del Centro Histórico.

Según especialistas en paisaje urbano, las ventajas serían múltiples: un espacio privado, construido con materiales como adobe, ladrillo, madera, mosaico, vidrio y acero, sería sustituido por un espacio público destinado a la convivencia, con dos corredores arbolados y pérgolas estratégicamente ubicadas. Se incluiría mobiliario urbano: bancas, arbotantes y cestos para residuos.
Desde una perspectiva patrimonial, la intervención permitiría recuperar la visibilidad de la fachada norte de la Catedral de Santiago, actualmente “invisibilizada” por edificaciones adyacentes. Este muro, de traza sobria pero armónica, alberga un par de discretos rosetones de notable altura, elementos característicos de la arquitectura novohispana que evocan la función de “ojos del templo” y refuerzan su verticalidad visual.
Cabe señalar que la empresa multinacional española que financió el diseño y la instalación del alumbrado artístico de la Catedral no contempló en su proyecto la iluminación de este costado. Incorporar dicha fachada al conjunto lumínico realzaría significativamente el valor visual del monumento.
Segunda propuesta: Convertir calle en pasaje peatonal
La calle Miguel Hidalgo atraviesa el primer y segundo cuadro de la ciudad en sentido sur-norte. El plan consiste en cerrar a la circulación vehicular el tramo comprendido entre las calles Juan Antonio de la Fuente y Juan Aldama, de modo que el atrio de la Catedral se prolongue visualmente hasta la Plaza de Armas.

En la zona peatonal propuesta se localizan menos de 10 viviendas, algunos comercios, un templo, museos y una escuela de idiomas, por lo que el impacto social sería reducido. El tráfico procedente del sur, al llegar al cruce con Juan Antonio de la Fuente, podría desviarse hacia la derecha y reincorporarse a Nicolás Bravo, continuando así su trayecto hacia el norte de la ciudad.
La explanada resultante convertiría la plaza principal en un gran espacio peatonal, liberado del automóvil. Desde este nuevo corredor urbano, el transeúnte podría admirar la fachada principal de la Catedral desde una distancia adecuada, que permita una perspectiva integral del majestuoso templo, imposible de lograr con el actual flujo vehicular.
Asimismo, la imagen de la Catedral mejoraría sustancialmente si se reubican los elementos añadidos con posterioridad a su construcción
–cruces, tableros de avisos parroquiales y la estatua de bronce–, y si se eliminan las protecciones metálicas de las ventanas de la fachada.
Tercera propuesta: remoción del piso
El Paseo Capital es un espacio contiguo a la Plaza de Armas que amplía la superficie peatonal del Centro Histórico, concebido para el tránsito y descanso de los visitantes. Fue construido sobre un tramo de la calle Benito Juárez durante el otoño de 2023.

La superficie adoquinada, de aproximadamente 5 mil metros cuadrados, está recubierta con un material conocido en el mercado de la construcción como piso rústico, elaborado con piedra, arena y cemento. Es probable que se haya elegido por su semejanza con la piedra volcánica pulida empleada en parques europeos. Su apariencia recuerda los recubrimientos pétreos de las plazas y jardines del siglo 19 en la Ciudad de México, aportando un innegable valor estético al Distrito Centro.

Sin embargo, desde su inauguración, la obra ha recibido fuertes críticas debido a la irregularidad del adoquinado. Diversos transeúntes y comerciantes han señalado la mala calidad del piso, los desniveles pronunciados y la falta de uniformidad en la superficie, lo que dificulta el paso de personas mayores o con movilidad reducida.
En el fondo, el problema parece tener un origen estructural: el proyecto no respondió plenamente a las expectativas ciudadanas, que aspiraban a un espacio de esparcimiento atractivo, pero sobre todo seguro y funcional para caminar.

A manera de conclusión
Las propuestas: demoler la casona bermeja para liberar la fachada norte de la Catedral, peatonalizar Hidalgo extendiendo su atrio hasta la Plaza de Armas, y remover el piso irregular del Paseo Capital por uno accesible. Buscan hacer un Centro Histórico más amigable con su pasado histórico novohispano, sin descuidar la seguridad peatonal, un entorno funcional y agradable para la convivencia.
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