Espectáculos
Por
@Frank Estrada
Publicado el domingo, 27 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo.- Desde hace unos años, constantemente surgen obras que se ocupan de la tragedia de Ciudad Juárez. Hay quienes apuntan que la repetición tiende a frivolizar. Iris Murdoch apuntaba que los artistas del siglo XX han sido incapaces de retratar la maldad.
En ese sentido el arte podría contribuir a suavizar el trasunto draconiano de los feminicidios; en muchos otros casos, también se advierte el oportunismo de aprovechar la tragedia para llevar público a las salas.
“Juárez: una Fragilidad Inocente” se ocupa de este tema exclusivamente desde el discurso dancístico, retratando el horror, dejando la denuncia para el espectador. Terpsícore, musa de la danza, desciende al reino de Hades.
Retrato del horror
La compañía Fascia Danza Contemporánea, originaria de Jalisco proyecta un violento lenguaje dancístico, apoyado con diversos recursos multimedia, donde la tragedia se manifiesta.
Así, un juego de lámparas sobre pedestales móviles arriba de las bailarinas nos da una idea del peligro de una calle en la noche. Concluye con la aparición de un hombre misterioso en un costado del escenario.
Otro momento intenso ocurre cuando una pareja prestidigita una danza entre víctima y verdugo, prefigurando una violación.
Un baile sensual enmarcado por un solitario haz de luz parece indicarnos esa rudimentaria esquina del pensamiento machista donde la sensualidad es una provocación y una invitación al crimen.
Un video proyectado en el escenario muestra a una mujer que llega gradualmente a un rostro desconsolado, mientras las bailarinas pasan corriendo desenfrenadamente a lo largo del espacio hasta quedarse inmóviles y proyectar su sombra contra el video.
También nos muestra otro rostro: el de un hombre que vive la tragedia de perder a una mujer amada, testimonio del dolor que alcanza a todos.
Mezcla de elementos
Este recital coreográfico mostró en plenitud un interesante camino no sólo para la danza contemporánea sino para las artes escénicas: lo multimedia y lo multidisciplinario.
La obra inicia con un vertedero de datos fríos sobre el suceso, a manera de documental; el video proyectado nos remite también a la poesía; la música tiene por igual intensos beats Techno que fragmentos sinfónicos, ritmos afrocaribeños o el rap de Control Machete.
Las luces, los juegos de tramoya, nos dan ideas de ambientes y proponen estructuras narrativas. Todo de manera muy sutil. El espectador hace su parte imaginando en esos juegos las calles peligrosas, presintiendo el peligro, perfilando el horror.
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