Coahuila
Por
Zócalo
Publicado el jueves, 22 de enero del 2009 a las 16:00
Minas de Barroterán, Coah. – Mientras que algunos de los familiares de los 13 mineros caídos en la inundación de la Mina La Espuelita ocurrida un 23 de enero de 2002, se preparan para conmemorar el séptimo aniversario de aquel trágico día que cobró la vida de hasta tres miembros de dos familias, otros simplemente han perdido el interés en acudir a la ceremonia.
Tal vez varios de los familiares de los mineros caídos han tenido que emigrar de Barroterán en busca de mejores oportunidades de vida, pero el caso es que la ceremonia del 23 de enero cada vez cobra menos interés y son menos las personas que acuden.
Tal fue el caso de la familia Avitúa Pérez y de la familia Garza Arias, y de otros jóvenes de muy corta edad que ya se ganaban la vida en la arriesgada labor de la minería para llevar comida a sus hogares.
Juan Ángel Garza Hernández y Blanca Margarita Arias, padres de familia de tres de las víctimas, vuelven a recordar aquella dolorosa tragedia este viernes 23 de enero del presente y piden que los familiares de los demás mineros acaecidos en ese “pocito”, acudan a la ceremonia luctuosa que año con año se ofrece en el lugar del lamentable acontecimiento.
Como se recordará, Juan Ángel Garza Hernández era el encargado de la operación del pozo La Espuelita, y recuerda aquella mañana como si fuera hoy, porque tres de sus hijos se encontraban en el interior del pocito cuando sobrevino la inundación, ya no alcanzaron a salir, ni ellos ni otros diez mineros que acababan de ingresar para iniciar el turno.
Desde aquel fatal desenlace que mermó gravemente su seno familiar, ambos, Juan Ángel y Blanca Margarita, se han propuesto que cada año no debe faltar una ceremonia en recuerdo todos los mineros fallecidos. Al realizar un homenaje para todas las víctimas en su mayoría muchachos jóvenes, algunos recién casados, una peregrinación desde el lugar de los hechos hasta le parroquia de San Juan de Lagos, donde al final de la ceremonia se pide a Dios, por el eterno descanso de su alma.
Ambos señalaron que ya están listos y que será de nueva cuenta el padre José Calvillo, quien oficie la misa y quien también los acompañe en la ceremonia que se realiza directamente donde fue clausurado el pocito ubicado a un costado de la carretera estatal Minas de Barroterán y Mina La Florida, donde siguen de mudo testigo de aquellos hechos las trece cruces en honor a cada una de las víctimas y una modesta capilla que con ayuda de los familiares y autoridades se logró construir en memoria de aquellos jóvenes que perdieron la vida en el cumplimiento de su deber.
“Ya se están olvidando de acudir a la ceremonia, tal vez porque las familias tuvieron que emigrar en busca de mejores oportunidades, pero lo que les queremos decir es que recuerden a sus seres queridos, que debemos de recordar siempre a nuestros hijos, padres, hermanos, tíos o sobrinos, y a la población también les pedimos que nos acompañen en esta fecha que enlutó todos los corazones del municipio y de la región, y lo mismo le pedimos a las autoridades que nos acompañen en nuestro dolor, porque en lo que a nosotros respecta, siempre, mientras podamos habremos de recordarlos, no sólo a nuestros hijos, sino a todos los que sin importar el peligro bajaban para trabajar y sacar el sustento de sus familias a un a costa de que peligrara su vida”, comentó Juan Ángel Garza.
Para quien perdió tres de sus hijos en aquel fatal accidente minero, la señora Blanca Margarita Arias, su rezo no acaba ni con la misa ni en el lugar de los hechos, ella por su parte, construyó una capilla en su domicilio y es donde diariamente ora por sus tres hijos, ahí tiene las fotografías de cada uno, ahí entra y platica con ellos, les prende
sus veladoras y es donde los vive y vivirá recordando pidiéndole a Dios por el eterno descanso de sus almas”.
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