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Publicado el domingo, 27 de febrero del 2022 a las 23:10
Ciudad de México.- La entrega, el valor, el arte y el temple de Diego San Román mantienen vigente su idilio con el público de la Plaza de Toros Nuevo Progreso.
Su emocionante toreo nuevamente caló en los tendidos en su presentación como matador de toros en el coso tapatío y se alzó como el triunfador absoluto de la segunda corrida de la Feria de Aniversario 2022, al cortarle tres orejas a su lote.
Como novillero en 2019 grabó su nombre en la historia al pasear los máximos trofeos después de 32 años y dejar constancia del torero que es.
Esa entrega que prometió días antes, la refrendó sobre el albero con otra actuación que levantó a los espectadores de sus asientos y los hizo gritar jubilosamente “¡torero-torero!”, algo cada vez menos ordinario en Guadalajara.
Se lidió un encierro de La Estancia, bien presentado pero sin opciones de triunfo para los alternantes, destacando el cierra plaza.
El ejemplar de nombre “Cerros Blancos” acudió con fijeza y recorrido a los muletazos templados de San Román.
Muy asentado y dándole la distancia al toro, entendió a su enemigo de principio a fin de la faena. La evolución artística y técnica del queretano formado en España es evidente.
Tandas ligadas de derechazos y al natural con remates muy toreros. Pases cambiados por la espalda con la sensación constante de peligro. Los pitones rozaban su taleguilla y el diestro se mantenía con las zapatillas plantadas en la arena. Una estocada hasta la empuñadura provocó los pañuelos blancos en el tendido y las dos orejas le fueron otorgadas.
El tercero de la tarde fue un burel débil que perdía las manos, pero en el tramo final de la faena su quietud ante el peligro para sacar meritorios pases, un valor inconmensurable y estar fino con la espada le valió la primera apéndice de la tarde.
“ Cuando te entregas con esta gente… ufff, se sienten cosas especiales. Me sentí con tranquilidad y me llevo esa pasión de todos”, dijo San Román con el sentimiento a flor de piel.
Antonio Ferrera brindó una faena emotiva con el primero de su lote.
El toro de La Estancia acusó falta de fuerza pero iba con franqueza al engaño en los lances con el capote.
En la faena de muleta, el español mostró ese toreo distinto que lo distingue. Cuando comenzó a dibujar tandas por ambos lados se deshizo del ayudado y toreó sin el.
La música se escuchó pero el pidió que se detuviera. La melodía fueron sus entonados muletazos al compás de los olés. Con su capacidad para expresarse de distintas maneras ante el astado de nombre “Barba Blanca” gustó y se gustó.
Los pinchazos con la espada lo privaron de los trofeos, pero el respetable reconoció su labor con una vuelta al ruedo.
“ Una pena el pinchazo, pero fue una faena y rotunda que he podido sentir con mucha alma y el público lo ha saboreado con mucho sentimiento. La Plaza tiene una manera de sentir el toreo muy especial, me hubiese gustado haberla redondeado, pero ha habido momentos que hacen que se quede uno con sensaciones buenas y bonitas”, relató Ferrera.
El quinto de la tarde fue un toro soso con el que Ferrera tuvo que abreviar y que mató de fea manera en la colocación de la espada.
Alfredo Ríos “El Conde pechó con el peor lote. Voluntarioso con el abreplaza que mantuvo la cabeza arriba todo el tiempo y con el cuarto en el orden de lida únicamente pudo lucir en el tercio de banderillas con tres pares bien colocados. En la suerte suprema falló reiteradamente al descabellar y escuchó un aviso.
“ Me llevé los toros más malos que he toreado en Guadalajara. La gente, si hay algo que han visto en mí, es que soy un torero muy dispuesto con lo bueno, lo malo y lo regular”, aceptó “El Conde”.
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