Coahuila

Publicado el jueves, 12 de mayo del 2022 a las 03:58
Ciudad de México.- Rosario Cano dice que su corazón sabe que su hijo está vivo.
Piensa que fue reclutado por el crimen organizado y lo quiere de vuelta, afirma que no parará hasta encontrarlo. De las autoridades no ha tenido mucho apoyo, solo frases como “¡Ay señora!, es que su hijo era militar, y en esta zona, un militar es valioso”.
Cada que habla de él ante micrófonos, en medios de comunicación, en redes sociales, le manda mensajes de amor, de fortaleza, con la esperanza de que, donde quiera que se encuentre, Mario Alberto Morales Cano pueda recibirlos.
Interceptado por camioneta
Desapareció en Coahuila el viernes 2 de julio de 2010 cuando tenía 24 años. Él y su familia vivían en Chihuahua. Alberto Morales Cano era militar, pero dejó el puesto porque se enamoró de una mujer en Coahuila, donde buscó trabajo como policía municipal en Torreón.
Ese día se ofreció a llevar a la prima de su esposa a la parada del camión y de paso ir por un refresco para comer. Fue interceptado por una camioneta con tres hombres, que se presume “lo estaban cazando”. Lo bajaron a punta de pistola y con amenazas, según relató la testigo. Desde entonces no han dado con su paradero.
12 años de búsqueda
Hace casi 12 años que Rosario camina con la fotografía de su hijo en las manos o colgada a su pecho. El primer paso fue acudir a la Policía Municipal de Torreón, en ese entonces a cargo de Bibiano Villa Castillo, que posteriormente fue titular de la Secretaría de Seguridad de Quintana Roo, durante la administración de Roberto Borge, actualmente encarcelado.
Sin proceso en curso
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¿Así de rápido?”, cuestionó la madre, que exigió que se interpusiera una denuncia por los hechos. Tres años después, con ayuda de organizaciones como Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México (Fundem) escaló el caso a nivel federal. Ahí descubrió que no había procesos en curso, su solicitud fue ignorada.
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Tenía apenas un mes y medio que acababa de entrar a las filas de la Policía Municipal. Aquí en Chihuahua trabajaba para la Fuerza Aérea, pedí ayuda a la milicia y tampoco quisieron buscarlo.
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En el periódico vimos que se necesitaban exmilitares para la Policía de Torreón, era el requisito. Estábamos en la llamada guerra contra el narco, y él era militar. De las autoridades no tuve ayuda, se negaron, solo me dijeron que un militar en esa zona era valioso, para mí también es valioso”, resalta.
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Yo solo quiero verlo otra vez, abrazarlo, besarlo, que vuelva a casa. Él era el de en medio, tengo dos hijas, él era el que organizaba mis 10 de Mayo, desde que se fue ya no festejo. Lo último que me dio fue una pashmina fucsia que me puso en el cuello, eso y sus palabras de amor de ese día las atesoro, me dan fuerzas. Sus palabras las tengo en el oído, lo llevo en mi corazón. A él no le gustaba verme triste”.
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