Saltillo

Publicado el miércoles, 1 de noviembre del 2023 a las 04:02
Saltillo, Coah.- Uno aprende mucho de los panteones de la ciudad: toda la historia de Saltillo está reunida en un mismo lugar.
Aquí descansan por quienes las calles tienen nombre: fundadores, políticos, revolucionarios, intelectuales, poetas, pintores.
Pero también, y no menos importantes, aquí yacen padres, madres, hijos, hermanos, esposos: los personajes cotidianos que, sin aspavientos, hicieron posible el crecimiento de este valle.
Panteón de Santiago
En el Panteón de Santiago recordamos que lo único cierto e ineludible de la vida, es la muerte, y que a pesar de que no nos vamos a llevar nada al más allá, hay unas tumbas mejores que otras pues, desde el origen de los tiempos, todo depende de la clase a la que corresponde la familia del difunto.
En el Artículo 25 del reglamento publicado en noviembre de 1899 dice: “una fosa en las calles central y sur cuesta 150 pesos; en primera clase 100 pesos; en segunda, 80 pesos; en tercera 65 pesos; en cuarta clase 15 pesos; en quinta clase 10 pesos”, y “en la fosa común serán inhumados los cadáveres de las personas de notoria pobreza, pagando solamente un peso por la apertura de la fosa”.
De ahí que los mausoleos más fastuosos estén en la entrada del panteón, con estatuas de vírgenes renacentistas en cantera y mármol cuidando los restos de los Purcell; mientras que en una calle trasera, un montón de piedras y ladrillos rotos protegen los restos de la familia Quiñones.
Una silla amarrada a un árbol, a los pies de una tumba y un bote de cerveza, es señal de que alguien viene seguido a platicar con el difunto, quien seguramente se siente menos solo que aquel que yace tras las rejas de una construcción que le hace competencia a una casa de interés social.

Cada quien su vida
A pocos días de celebrar el Día de Muertos, don Sergio pinta una tumba de azul cielo, el color favorito de su padre.
“
Mi mamá tiene desde el 2003 y mi papá tiene como unos 5 años”, cuenta con brocha en mano, “yo cada mes o cada dos meses vengo y limpio, y cada año le doy su pintada”.
“
Somos como ocho hermanos, todos viven aquí, no sé si vienen, no les pregunto, cada quien tiene su vida, pero yo creo que sí vienen y les dejan flores el día 2, yo nomás vengo y nunca les ando preguntando nada”, expresa.

Cada quien sus sentimientos
Más adelante está José Ángel Cepeda Pérez resanando la tumba donde yacen su papá, su mamá y su esposa, a quienes viene a visitar el 10 de mayo y el 2 de noviembre, pero tampoco sabe si sus hermanos vienen a verlos.
“
Somos como seis hermanos, pues algunos vienen y otros no, pues ya cuando uno se muere se acaba todo”, comenta.
“
Para mí significa que aquí están los que me dieron la vida, y la que me dio hijos, es una cosa muy bonita, pero bueno, cada quien tiene sus sentimientos, y aquí estamos todavía, en esta vida, y qué tanto nos puede faltar”, dice entre risas.

Se trajeron a los muertos
En su libro Espacios Geográficos, Urbanos, Públicos y de Tránsito de Saltillo. Siglos 16 al 20, el historiador Carlos Recio Dávila da cuenta de los antiguos cementerios que fueron reubicados para evitar la propagación de enfermedades.
El camposanto de la Parroquia, el del Templo de San Esteban, el Panteón Principal de Saltillo y el Panteón de los Americanos funcionaron hasta finales de 1800, y aunque la mayoría de las tumbas fueron trasladadas a su nueva morada, muchos cuerpos quedaron enterrados bajo las calles Ocampo, Allende, Victoria, De la Fuente y en la Escuela Coahuila.

Les nacen flores
El Panteón de Santiago ocupa una superficie de siete hectáreas divididas en 15,500 lotes que albergan a unos 50 mil cadáveres, que reposan en tumbas elegantes, de colores, humildes, fastuosas, pequeñas y grandes.
A unas les llevan ramos y a otras les brotan las flores.
Unas están selladas y otras bastante agrietadas.
Unas se aprecia que son muy visitadas y otras, están escondidas entre el olvido de la maleza que crece a su lado.
Unas dan cuenta de todos los años que vivió una persona, de los hijos que tuvo, de la huella que dejó…

Camposanto de la Parroquia: Los primeros panteones de la Villa del Saltillo y del pueblo de San Esteban, se localizaron al interior de los templos, como en los atrios y los alrededores de los mismos, en los sitios que ahora ocupa la Catedral y la iglesia San Esteban. Los restos mortales de los personajes ricos de la Villa fueron inhumados en la Capilla de Santo Cristo.
Camposanto del Templo de San Esteban: Desde los primeros años de la existencia del pueblo de San esteban de la Nueva Tlaxcala, a fines del siglo XVI y aun a lo largo del siglo XVIII este cementerio se localizaba en la cuadra formada actualmente por las calles Ocampo, Allende, Padre flores y Abott. Los entierros alrededor del templo continuaron, incluso en la actual calle Victoria, hasta las primeras décadas del XIX.
Panteón Principal de Saltillo. Campo Mortuorio: Debido a algunas epidemias como el cólera y el tifo, se buscó dejar los panteones hacia la periferia de la ciudad. Al de Villa del Saltillo lo ubicaron en el extremo oriente de la ciudad. El pueblo de San Esteban lo instaló en el extremo poniente de su propia población, en el terreno delimitado por las calles Juárez, Matamoros y Abasolo. En 1859 se promulgó un decreto que prohibía hacer entierros en las iglesias, sin importar la dignidad o carácter de la persona.
Nuevo Panteón de Belem: Ya estaba concluido en enero de 1888. Al parecer se localizaba al suroriente de la ciudad, cerca de la actual colonia González, aunque fue utilizado poco tiempo.
Panteón de los Americanos: existió donde hoy existe el edificio de la Escuela Coahuila. Al inicio de la intervención estadunidense en Saltillo, algunos soldados murieron de tifo y otras enfermedades. Unos se enterraron en huertas de casas particulares. Después de la Batalla de la Angostura, los oficiales estadunidenses asignaron un terreno anexo al cementerio, en las calles De la Fuente y Matamoros.
Panteón de San Esteban: también conocido como Campo Mortuorio del Pueblo de San Esteban, en este cementerio se sepultaba principalmente a los descendientes de los tlaxcaltecas del Valle de Saltillo. A finales del siglo XIX algunos de los restos fueron trasladados al Panteón de Santiago.
Panteón del Santo Cristo: Se inició en 1946 en la parte poniente de la ciudad, por la antigua carretera a Arteaga, conocida como Jesús Valdés Sánchez. Aún en funcionamiento.
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