El poder debe ser para servir, no para servirse. Es una verdadera lástima que quienes han tenido la gran oportunidad de llegar a un cargo, desvirtúen el concepto sagrado de lo que realmente significa servir.
Los ciudadanos estamos conscientes de que las promesas de campaña no siempre suelen cumplirse. Hemos sido testigos de que los ofrecimientos hechos durante un mitin donde se congregan vecinos de una colonia o sector quedan rezagados.
Se entiende que el dinero no alcanza para tanto o para todo lo que se ofrece realizar porque para hacer obras se requiere de presupuesto que proviene de impuestos al contribuyente.
El concepto equivocado que tiene la mayoría de los políticos es el de que, resultar ganador en elecciones, los convierte en propietarios.
Y no señores, están en un error. Obtienen el derecho a gobernar en un municipio, estado, país. En las Cámaras, son representantes de los ciudadanos, por lo tanto, las leyes deben pensarse para beneficiar a todos, no están ahí para levantar el dedito obedeciendo órdenes de un patrón, como ha sucedido.
México es de todos los que nacimos y amamos nuestra tierra. No se equivoquen. El llevar la Banda presidencial es un gran honor que conlleva enorme compromiso al realizar la siguiente protesta: “Prometo guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo momento por el bien de la Unión y si así no lo hiciere, que la Nación me lo demande”.
Compromiso también que se extiende a todos aquellos mexicanos que protestan en un cargo de elección popular.
Al parecer, esa protesta pronto queda en el olvido porque al llegar al poder se sienten todopoderosos, el ego es superior al compromiso adquirido. La soberbia de no pocos se eleva porque “la Nación” no castigará el robo, el saqueo de las arcas, la mentira, el engaño y tampoco la traición.
¿Por qué no ha habido castigo a responsables? Por una sencilla razón: porque fueron colocados tanto en la Cámara de diputados como en el Senado para hacer leyes que los beneficien. Es decir, maquilaron un “saco a la medida” de aquel que juró no mentir, no robar, no traicionar y su grupo responsable y culpable del mayor daño que se le ha causado a nuestro México.
Se han hecho enmiendas a nuestra Carta Magna al antojo y conveniencia de quien sigue ejerciendo un poder destructor desde el aparente retiro.
Si bien es cierto que no todo fue perfecto, por lo menos había respeto a nuestras instituciones. Nadie en tantos años de gobierno de un partido en el poder y luego en la alternancia, se atrevió a hacer lo que en poco tiempo un solo hombre, un individuo resentido que utilizó la calumnia en sus discursos con el propósito de envenenar la mente de los ciudadanos. Había que culpar a alguien y hacer creer que él era el único que podía “devolverle al pueblo lo robado”, algo así como el “salvador del país”.
Aunque nunca se supo a dónde fue a parar el dinero de todo lo “vendido”.
Las palabras impregnadas de odio fueron señalamientos infundados para desacreditar a sus oponentes. Una estrategia empleada al estilo de los dictadores, siguiendo la tesis de Joseph Goebbels “una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad”, que es igual a “miente, miente, que algo queda”
Se trata de sembrar el coraje, el resentimiento y el odio entre los ciudadanos. Así lo hicieron en Cuba, en Venezuela, en otros países y más reciente en México.
Todos ellos guiados por la misma ideología y retórica: “primero los pobres” sin decir a qué pobres se referían; porque bastó un sexenio para enriquecerse los que decían ser diferentes. De vivir en vecindades, hoy presumen vivir como reyes y tener propiedades; viajan al extranjero, gastan a manos llenas. Pretenden justificar su actual tren de vida con argumentos de risa. Resulta que inexplicablemente los señalados por su cambio de estilo de vida, son beneficiarios de herencias hasta en el extranjero ¿En serio?
Hubo voces que se alzaron para enviar mensajes y alertar lo que se estaba fraguando. No hay que olvidar que el espacio utilizado por las mañanas en Palacio Nacional se convirtió en ataque directo a los supuestos adversarios de quien decidió vivir en un palacio y no en Los Pinos.
“Si no hay Suprema Corte Independiente {…) esto está acabado; entraríamos en una etapa de autoritarismo irremediable”, palabras pronunciadas por el Ministro en Retiro Luis María Aguilar. Era la advertencia de lo que estaba por venir; de lo que vendría para México y para todos nosotros: la desaparición de la Suprema Corte y del Poder Judicial.
Especialistas, constitucionalistas, empresarios, gente que ama al país advirtieron repetidamente del ataque a los Poderes y su desaparición.
Así es como llegaron al poder, con engaños, entregando territorio a los criminales y culpando de todo lo malo al pasado. ¿Alguien lo duda?
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