Deportes
Por
Miguel García
Publicado el martes, 29 de marzo del 2011 a las 15:00
Saltillo, Coah.- La tarde era soleada, el viento fresco y un cielo con algunas nubes. Se sentía la incertidumbre desde temprano. Pocas cosas habían cambiado de un verano al otro, pero se percibían a simple vista. La tensión era una de ellas ante los preparativos del gran día.
Desde las 3 de la tarde varios automóviles ocuparon un espacio anexo al Parque Madero. Nuevos negocios de comida y bebida brotaron en su periferia. Los clásicos puestos de burritos, enchiladas y gorditas, fueron movidos al interior de la Ciudad Deportiva.
Algunas personas aún hacían guardia en las taquillas que decían “todo agotado”; otras recorrían las banquetas con la cabeza inclinada hacia el cielo, con la mirada en el techo, las lámparas o la nueva zona de bleachers. Estaban a la espera de la familia, un amigo, el novio o el revendedor.
El estacionamiento de la tienda del ISSSTE seguía vacío cuando antes era el sitio exclusivo para el aparcamiento, donde varios franeleros ya tenían su derecho de piso. Pero era muy temprano, esto apenas comenzaba.
Para las 6 de la tarde, la circulación por la calle Nazario Ortiz se hacía difícil. El movimiento general de los fanáticos era hacia las puertas del “Madero”. Se oía el rumor de la música, las franelas del bicampeón aparecían a cada paso y las edecanes reunían a su alrededor a los caballeros. El ánimo de fiesta se sentía en el ambiente, pero aún no había quien moviera a todos.
Los semilleros habían olvidado las canastas de dulces y cacahuates, ahora venían preparados para la escasez con cajas repletas de la “botana” que les da nombre. Desde el calor de las planchas, los guisos empezaban a soltar sus olores de atracción para el estómago.
Los aficionados se reunían poco a poco en la explanada del Estadio, que estaba renovado, pero hecho de concreto y acero como cualquier otro inmueble. Se veía desolado. La casa de los Saraperos de Saltillo estaba callada, casi muerta. El bicampeón tenía su fortaleza en silencio.
EL ‘MADERO’ REVIVE Sin embargo, el llamado “Monstruo Verde” cobró vida en cuestión de minutos. Las pinturas tribales decoraron los rostros de los seguidores de Saraperos de Saltillo. Algunos fanáticos cargaron hasta con el refrigerador para la zona de palcos elite. Otros llegaron en solitario o acompañados de un compadre. Las bebidas comenzaron a servirse para relajar el espíritu y hacerlo entrar a otro universo, donde hay monarcas, héroes y súbditos.
De pronto una voz irrumpió en la tranquilidad del momento. El sonido era débil, la decepción se vio en la cara de la gente. Gerardo Ballesteros había hecho su debut como la voz oficial del Estadio Francisco I. Madero y no había logrado cautivar. Dio una escueta bienvenida a la afición.
Y COMIENZA LA FIESTA Cuando el conejo favorito de Saltillo hizo su aparición, recibió la primera ovación de la noche. Oprimió el primer botón y la cuenta corrió. 5, 4, 3, 2, 1… y hubo una explosión. “Éste es el nuevo sonido del renovado Francisco I. Madero”, anunció Ballesteros.
Ahora sí, la afición hizo una corte merecida para el Rey del Norte. La ovación y los aplausos fueron dignos del doble campeón de la LMB y esto apenas comenzaba.
Cada imagen y cada aroma parecían el recuerdo de un día difuso en la memoria. Banderas verdes y blancas ondeaban de brazo en brazo, sombreros y gorras cubrían las cabezas de algunos fanáticos. Caminatas por la explanada, conversaciones indiferentes. Parecía que el tiempo se había detenido en la nada, parecía un día cualquiera. La atmósfera era de paz.
Pero se apagaron las luces instaladas en el techo del Madero. Kike Conejo volvió a pisar el pasto del Parque tras un frío invierno. Dos botones había en el centro del diamante, uno a cada lado del montículo propiedad del pitcher.
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