“Lo veo como el producto de una farsa triste”, afirmó Roberto Gargarella, en la entrevista que le hiciera Carmen Aristegui, al constitucionalista argentino y doctor en Derecho por la Universidad de Chicago, “es muy difícil sostener que esto no ha sido un tremendo fracaso, simplemente por el hecho de que casi todo el pueblo mexicano le dio la espalda, lo ignoró, y los que fueron, yo creo que fueron empujados, con votos ya definidos, puestos en el bolsillo porque, entre otras cosas, era imposible de entender para cualquiera”.
No obstante opiniones de expertos como el arriba citado, la Presidenta jura, perjura y miente al decir de la elección del Poder Judicial que fue “maravilloso” porque, según ella, más de 13 millones de personas fueron a ejercer su voto y, por si fuera poco, señaló que “la oposición apostaba a que nadie saldría a votar, pero que hubo más sufragios el domingo en total que los que tuvieron a su favor, por partido, en los comicios de 2024” (Reforma).
¡Qué manera de distorsionar la realidad evidente! ¿Que la Presidenta no sabe contar? ¿Por qué tanta negación, ceguera y obstinación? ¿Cómo a una académica y científica se le pueden escapar los números? ¿Estará ella misma convencida de sus modus operandi, tomando en cuenta los resultados? Es tan obvio su falso triunfalismo que resulta, como diría José Agustín, “tragicómico”. Y con esa misma cara dura que tuvo Sheinbaum en la “mañanera” del lunes, defendió el uso de los “acordeones” (por lo visto, ella de estudiante llegó a conocerlos muy bien), pues agregó que estaba permitido por el Instituto Nacional Electoral y por el Tribunal Electoral. No hay duda, la Presidenta es una mujer que no tiene idea de la vida real y que no acepta cosa alguna que se aparte de las enseñanzas de su amo, patrón, patrocinador, máster tutti frutti, creador, padrino, tutor y maestro.
Esto me lleva a imaginar el siguiente monólogo que seguramente sostuvieron unos días antes de la elección entre Sheinbaum y un López Obrador envejecido, pero conservando las mismas dificultades para expresarse como siempre. Probablemente, su encuentro haya sido en el interior del último salón de Palacio, lugar en el que el expresidente se encuentra más seguro. Nos preguntamos si la actual Mandataria no se encontraba un poco cohibida, es algo que no puede evitar ante quien la convirtiera en Presidenta. Qué extraña relación han de tener entre ambos a estas alturas; misógino como es López Obrador, le ha de dar por su lado a Sheinbaum llenándola de elogios, y ella a su vez también le da el “avión”, ya que le resultaría imposible, impensable y fuera de lugar contradecirlo. ¿Cómo convencer a un viejo necio, que todavía tiene mucho poder y que se cree aún jefe de Estado? No hay que olvidar que los dos son muy soberbios, muy autoritarios, muy ambiciosos y muy pagados de sí mismos. Ambos creen que son infalibles e indispensables.
“Gracias a mí, el 2 de junio, Morena cantará victoria. Tú no te muevas de lo que hemos acordado. Yo votaré en una casilla especial en Palenque. Convéncete, Claudia, Morena llegó para quedarse muuuuuuuchos años. Gracias a mí, vamos a tener al Poder Judicial en nuestras manos. Con respecto a la elección del 1 de junio, el día más democrático de la historia de nuestro país, ya ganamos. Hazte a la idea. Mi hijo Andy te va a ayudar mucho; él sabe exactamente qué hacer para ganar estados como, por ejemplo, Durango. Él tiene carta blanca. Si tienes alguna duda sobre lo que hay que hacer, consúltalo sin dudarlo. Ya le pedí a mi hijo Jesús Ernesto que vaya a votar, ya que llegó a la mayoría de edad. Él ya lleva su acordeón, el que revisamos juntos. Jesús es muy buen muchacho. Mi amigo Arturo Zaldívar también te puede dar muy buenos consejos. Él también ya tiene su acordeón bien aprendido. Si antes de la votación hay que repartir recursos, no escatimes, sobre todo con la gente de las casillas.
“Después de ocho meses de no aparecer en público voy a ir a votar, con mi acordeón en la bolsa de mi pantalón, aunque no lo necesite, porque es un hecho que vamos a ganar. Pase lo que pase, nunca se te olvide, que gracias a mí, tú estás donde estás. Finalmente me felicito por haberte elegido como la mejor Presidenta del mundo. No te preocupes, una vez que haya pasado la elección, me regreso a La Chingada, para seguir escribiendo mi libro, el cual te aseguro será, como todo lo que yo programo, un éxito”.
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