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Agencias
Publicado el jueves, 8 de abril del 2010 a las 14:05
New Haven, Connecticut.- Todos los que estábamos ahí pudimos leer perfectamente los labios del presidente de la FIFA. Sobre el pódium y mientras le colocaba la medalla que lo acreditaba como Campeón del Mundo Sub-17, le dijo claramente: “Eres un gran jugador. Sigue así, vas a llegar lejos, muy lejos”.
Lo recuerdo como si fuera ayer. Era el domingo 2 octubre del 2005 en el Estadio Nacional de Lima, en Perú y Joseph Blatter, al igual que gran parte del mundo futbolístico, suponía que estaba viendo en Giovani dos Santos el nacimiento de uno los grandes futbolistas de la época. Lo que pasó después, tiene muchas explicaciones y pocas justificaciones.
Buscar un vida paralela entre Giovani y el “rey del futbol” actual Lionel Messi podría ser demasiado atrevido (y podría adquirir tamaños de grotesca incredulidad) pero también nos serviría a los mexicanos y a la gente del futbol, en general, para tratar de entender qué fue lo que finalmente sucedió en el descarrilamiento de una carrera futbolística que apuntaba hacia niveles extraordinarios y que hoy ese mismo jugador del Galatasaray turco intenta recuperar a marchas forzadas.
No estoy comparándolos. Que quede claro. Estoy poniendo en la mesa un ejercicio para tratar de acabar con la hipótesis y encontrar esa teoría y nada. Olvídese de las comparaciones. Tonto parezco, pero no soy. Sé bien en qué latitud, en qué dimensión y qué universo esta cada cual.
Y no me vengan con una historia de genes, de cromosomas o de herencia. Giovani fue desarrollado en la misma escuela donde nació Messi: la del Barcelona. Y si se refiere a las células, habrá que decir que la sangre que corre por las venas de Giovani tiene antecedentes brasileños.
No, aquí hay algo más, hay algo que debemos buscar, hurgar, investigar y sobre todo saber.
Recién le pregunté al técnico de las Chivas, José Luis Real, qué necesitábamos en México para desarrollar un jugador como Lionel Messi. Real respondió con algo tan fácil y laborioso, que asusta: “Confianza en los niños. En México nos damos cuenta de que un jugador puede ser profesional de los 13 a los 15 años. En otras partes del mundo, le dan un seguimiento desde que ese niño o niña cumplen los 8 años de edad. Ahí está la diferencia”
Vuelvo al tema de Giovani porque es el más firme referente de un jugador de características extraordinarias que México haya tenido desde hace muchos años. Y quiero ser claro en que Giovani tuvo, en su momento, las mismas facilidades y oportunidades que encontró Messi y luego… ¿luego qué fue lo que le sucedió? Hubo algo que no pasa por la cancha, ni por las piernas, ni por la velocidad, la técnica o la inteligencia para jugar. Hubo algo más que término desvirtuando la carrera de uno y que no le permitió a Giovani sostenerse en ese nivel de competitividad.
No lo tengo ni lo tendré muy claro nunca. Meterse más significaría tocar fibras demasiado sensibles en la vida, en la infancia y en el crecimiento del jugador.
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