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V domingo del tiempo ordinario

  Por Zócalo

Publicado el domingo, 5 de febrero del 2012 a las 16:00


Los médicos saben muy bien que las medicinas no lo hacen todo

Monclova, Coah.-Los médicos saben muy bien que las medicinas no lo hacen todo.

Decía un doctor: “Nosotros podemos curar pocas veces, aliviar muchas más y consolar siempre”.

La curación de una enfermedad es una reacción favorable del organismo a las medicinas, y esta reacción puede facilitarse por la fe del enfermo y la presencia de alguien a su lado.

Dicen que la mejor medicina del hombre es el hombre mismo.

El enfermo se encuentra en una situación en la que se da cuenta de lo poco que somos, palpa la realidad de la vida y comprende la dependencia que tiene de otros para moverse, lavarse, alimentarse.

Y esto le resulta muy penoso. El enfermo es muy sensible a las muestras de cariño y a los detalles de condolencia de los demás. Puede ser entonces la hora de la gracia.

Hay tiempo para la reflexión; y son más los que se han vuelto a Dios en la enfermedad que en la salud.

Y así, el escritor Jacques Loew, nos cuenta que su conversión empezó a partir de las atenciones de una enfermera.

Un enfermo necesita del amor de alguien que esté a su lado; por lo general a los enfermos les gusta que los visiten, a no ser que la enfermedad no lo permita.

Lo comprobé en el Hospital de Cee, en donde, como voluntario, visité a miles de enfermos, a cada uno de ellos durante días, semanas o meses.

Es importante visitar a un enfermo, pero a veces uno se encuentra cortado ante él y sólo se nos ocurren frases como éstas: «¡Así es la vida!»; «¡Qué se le va a hacer! » …

Lo más importante es estar a su lado. Lo más importante es interesarse por él y hacerle ver que no está solo ni sufre solo. Decía un capellán de un hospital: «He visto llorar a muchos enfermos porque a su lado no veían a nadie».

Hermanas y hermanos: que el enfermo pueda vivir de verdad esta oración: Gracias, Señor, por mi familia.

Es lo mejor que tengo en el mundo.

Desde que estoy enfermo la valoro y la quiero más. ¡Qué sería de mí sin ella! Gracias a su cariño no me siento solo.

Gracias a su comprensión y paciencia puedo desahogar mis preocupaciones y a veces, el mal humor.

Si no fuera por su apoyo y compañía perdería las ganas de luchar y de vivir.

Siento mucho, Señor, lo que estoy haciendo sufrir a mi familia y el trastorno que le causo.

Ayúdala y protégela, Señor, para que no se vea sola; dale salud y consuelo y mantenla unida.

Bendícela, Señor, con tu gracia. Amén.

Que la familia pueda vivir de verdad esta otra oración: Señor, nuestro familiar, al que tú amas, está enfermo.

Toda la familia hemos enfermado con él. Ten compasión de nosotros y socórrenos, Señor.

Si es posible, que pase de él y de nosotros este cáliz, pero no se haga nuestra voluntad sino la tuya. En Ti ponernos la esperanza.

Haznos sensibles a las necesidades de nuestro familiar enfermo y comprensivos con sus limitaciones.

Ayúdanos a hacerle más llevadera la enfermedad. Danos fuerzas para cuidarle el tiempo que haga falta. Señor, el que amas está enfermo, tu familia está enferma.

Haz que comprendamos como Jesús en la cruz que nada hay más seguro en esta vida que ponernos en tus manos. Amén.

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